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I
Antes de ser crucificada en el espacio, su rostro hundido en el dolor, abierta la mirada sobre el alisio del mal, ebria su boca �pues las aves nocturnas se hab�an confiado a su oscuridad-, y aun reconocida en su vano testamento, as� fue, pasi�n de tanto d�a, virgen consagrada al olvido, �nica imagen que los espejos nunca devolver�n.
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