
Lo que el ojo derrama es una perla de sombra Caldeada con el fuego que se apaga en la serena Eternidad: sobre el vago polvo y sobre la piedra, Sobre los campos, el asfalto y el aire O sobre el frágil pañuelo que en las manos tiembla Ella permanece, capital que crece por dentro Al ser engendrada por la muerte.Turn back to Veinte poetas franceses del siglo Veinte