Álvarez Ortega traductor de Alfred Jarry


La regularidad de la urna

Clara urna en donde duerme mi amor casto y querido,
En tu sombra infinita y encantadora me refugio
En el suelo de las tumbas donde es tierra la carne…
Mas hacia tu cuerpo friolero haces volver tu manto.

¡Sueña! ¡Sueña y descansa! Oye, murmullo adormecido,
Volar hacia el vano cielo las voces vagas de las vírgenes
Que no supieron hilar el sudario de sus hermanas…
¡Pasad, oh dedos de cera de los lívidos cirios, mano

Enflaquecida y maldita en donde amenaza la muerte!
Oh Tiempo, no derrames más la urna de las campánulas
En pesadas gotas… Aparte de la llama que muerde
Nace una nave ahogada en oscuras noches inútiles

Pues las pulidas pilastras se yerguen como pinos
Y los hachones son lo mismo que puños de parricidas.
Y la llama temerosa oscila entre las pintadas vidrieras
Que lanzan hacia la noche sus láminas traslúcidas…

El órgano suspira, hace rugir en su trompa de bronce
Unos sonidos sordos y siniestros, unas voces como las
De los muertos que ruedan sin tregua en la corriente subterránea…
Unas sílfides hacen cantar a sus claros violoncelos.

Es el baile del abismo donde el amor no tiene fin,
Y la danza os ahoga entre el oleaje de su alcoba.
La boca de la tumba siempre abierta tiene hambre,
Pero mi mano delgada muerde el mar de muaré malva…

Pues el letargo delicioso de las noches viene a posar
Su brazo poderoso en mi cuello, y levemente me rozan
Los vuelos suaves en los muros cargados de velos negros…
Sólo lámparas de oro abren sus llorosos ojos.

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