El humo de los años
Quiero, con amor reconocido, tocar la piedra hasta el delirio,
hacer de este pueblo que antaño iluminaste un nuevo reino,
desterrar las lágrimas que coronan tu pasada leyenda
entre libros, flores, hilos, pequeñas cosas como muerte:
el polvo de una edad que olvida en la marea su entrega,
tanto amor como la vida prolongándose en nuestro cuerpo hizo.
Aquí quiero escribir: noche, tierra mía, madre, patria sola.
Llorar en tu ventana de sal dulce y lluvia mortuoria, abrir
el fuego de mi piel salpicada de lutos a tu sueño, tocar
la gloria de tu escombro coronando el invierno, la resina
de un martirio que ha ido dejando sus sílabas ardientes
sobre mi corazón traspasado de marina pesadumbre.
Pero ¿quién podría devolver a esta ribera el humo de los años
que en torno a tu estatura se congregaron para amarte?
¿Quién abriría tus ventanales mojados de luz triste y sombra,
cuando el invierno llora entre hogueras y pájaros ciegos
la total destrucción de un patrimonio que fecundó con sangre
la delgada, oscura, multiplicada anatomía de tu sexo combatiente
Diosa de adorable cintura, germinal tierra: quiero mi muerte
plantar en tu ladera, navegar por tu arteria de amor sostenido,
crear mi territorio de nostalgia y llanto planetario a solas,
renacer a otro mundo en tu noche de eterno manantial fundido:
quiero tener mis manos mojadas en la tristeza de tu cuerpo
y cantar en ese suelo de vida paralela con tu boca bajo la mía.