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La huella de las cosas
Mi cuarto tiene presa el alma de los d�as pasados, entres los mudos libros se agolpan los recuerdos, versos, cuadros, flores, acaso una rama reseca de jara, con su temblor, rompen el olvido que me oculta. Mas de s�bito en mis labios se hiela un deseo y yo a todos pregunto� y nadie, nadie sabe decirme el porqu� de mi vida.
Por la ventana abierta el invierno ti�e las cosas de un color �ntimo y nuevo, la bouganvilia balancea en sus hojas una sombra sin perfume, y en el solar de enfrente los perros corren aullando al oto�o y los p�jaros de La Torre se dispersan en bandadas desacordes. Y el porqu� de mi vida es el filo de un cuchillo que desgarra mis venas y pone en mis manos un gesto de desesperaci�n.
En el jard�n bostezan los naranjos melanc�licos y en sus troncos de cal los rosales envuelven la impaciencia roja de sus tiernas corolas. Y se transfunde la tarde al reflejarse en la pupila muerta del pozo o en el agua de la acequia, y yo, que me siento apagado, s�lo sombra, alzo mi rostro a las cosas y les pregunto� y nadie, nadie sabe decirme el porqu� de mi vida.
Y por el cielo pasan flotando las nubes y los montes son una l�nea oscura en la lejan�a y el arroyo ensordece la ca�ada y bajo la tierra la hierba se encharca de aromas. Y es al coraz�n oscuro del pueblo, que desde el hondo valle se me clava en los ojos, a quien pregunto el porqu� de mi vida, y no me contesta.
Y no me contesta porque mi vida acaso no es sino humo que sin forma se esparce en el tiempo, all� donde todas las cosas hicieron su huella, su herida profunda y dolorosa.
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