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Puedo llenar de nombres
Puedo llenar de nombres tu adorable penumbra, romper la circular tristeza de tus muros entre ramas, papeles, menudas cosas como polvo: la ceniza de una hoguera familiar que recoge el adiós de tanto muerto esparcido en los años.
Puedo decir: Dios, casa, sombra, mediodía. Gritar en tu pared deshecha por tanta horrible lluvia. Puedo herir tu corazón, la huella de tu escombro, tu gris cabeza carcomida por el trémulo aviso de unos hijos que adoran tu esqueleto sencillo.
Pero ¿qué ciego homenaje romperá entonces esa lava que ha ido por el suelo tanto tiempo llamándote? ¿Quién descubrirá tus maderas deshechas al final del verano por el fuego, los insectos suicidas, la desesperación de unos seres heridos un día y otro por tu olvido?
Sur doliente, tierra viva: puedo mi cadáver pasar por tus aguas. Beber tu cielo derramado en sollozos. Escuchar el correr de tus lluvias mordidas por la luna. Puedo apoyar mi espalda sobre tu muerte, y llorar, llorar mi tristeza como un hombre, dios diario, fugitivo.
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