|
����������������������� Al�jate, disu�lvete para siempre en la nada: no espero tu compasi�n desde esa rama en que te pudres sonriendo, no quiero descender a ese infierno de noche improvisado, no compartir� tu red con la ara�a que gobierna la sangre, me niego al negro escalofr�o que por tu lengua circula, quiero escaparme eternamente de esa marea continua con que me cercas, mojas mis sue�os de lento peligro. Est�s en otra �rbita, definitivamente despedida en el Tiempo. Nunca, nunca m�s la sombra de esa pasi�n descompuesta, la pregunta me hiere, la risa devorada, el enga�o: no te oigo ya, me encierro en mi meoria, se�alo, juego mi cap�tulo humano a otra suerte, te cedo la total estaci�n de mi cad�ver, mi escoria, lo que soy: la imagen endurecida del hombre que llevo por el mundo.
Oh, compr�ndelo: no existes ya, y, si existes, no quiero conocer tu historia aduladora. Extiende por otros meridianos tus arterias, entrega tu locura a otros territorios. Estoy en el Sur, frente a tu costa escribo, te acuso, y as� me defiendo de tu eternidad de m�scara enlutada, del aliento sonoro de tu lengua vendida, del torrente de halagos e improperios que circunda mi existencia, la c�rcel en donde soy mi escombro, mi h�roe, mi dios �nico�
|