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| 1 No se me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija. Le doy una importancia igual a cero al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisiaco o con un aliento insecticida. Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacar�a el primer premio en una exposici�n de zanahorias; �pero eso s�! -y en esto soy irreductible- no les perdono, bajo ning�n pretexto, que no sepan volar. Si no sabe volar �pierden su tiempo las que pretendan seducirme! (...) �Qu� delicia la de tener una mujer tan ligera... aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas! �qu� voluptuosidad la de pasarse los d�as entre las nubes... la de pasarse las noches de un solo vuelo! Despu�s de conocer a una mujer et�rea, �puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre? �verdad que no hay diferencia sustancial entre vivir con una vaca o con una mujer que tenga las nalgas a setenta y ocho cent�metros del suelo? Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender la seducci�n de una mujer pedestre, y por m�s empe�o que ponga en concebirlo, no me es posible ni tan siquiera imaginar que pueda hacerse el amor m�s que volando. [Oliverio Girondo, del Libro "Espantap�jaros", 1932] |
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