EL MEJOR EQUIPO DEL PERU
Orlando Mazeyra Guillén
30 de setiembre del 2003

En un país como el nuestro pasan cosas que a algunos les parecen saludables; pero, que otros las perciben como una muestra tan patética como didáctica de esa creciente urgencia que tenemos de ver a nuestros mediocres futbolistas dejando en alto el nombre del país en las distintas competencias internacionales.

En 1997, por ejemplo, cuando el Cristal llegó a la final de la Copa Libertadores, se decía ––o mejor dicho, nos decía la exaltada prensa deportiva–– que inclusive los más acérrimos hinchas de la U y del Alianza debían alentar a los celestes en la final copera. ¿Por qué raro motivo se podía emitir esa descomunal solicitud? ¿Acaso, le podemos pedir a un fanático merengue o a un barrista blanquiazul que apoye a los colores de un equipo rival? Bueno, en el Perú sí podemos hacerlo, ya que existe una simple razón (que no debe ser entendida como una justificación).

Y es que como somos un país tan sediento de triunfos, cada vez que un club asoma por las fases decisivas de algún campeonato internacional todos parecemos estar obligados a alentarlo en aras del prestigio del fútbol nacional. En todo caso, las sinuosas circunstancias del azar futbolero nos obligan a adoptar una actitud camaleónica, porque nos transformamos en una especie de hinchas comodines o temporales, ya que a veces, un determinado equipo X pasa a representar al ¡Perú! Y eso nos basta para vincularnos efímeramente a sus colores. Después nos sucederá lo mismo cuando el equipo Y de el batacazo y clasifique a octavos de final, o cuando el Z se haga fuerte de local.

Una cosa parecida nos ocurre cada cuatro años. Como, lamentablemente, hace ya más de dos décadas que nuestra rojiblanca no asiste a una final mundialista, no nos queda más que consolarnos apoyando al equipo sudamericano con el que más simpatizamos: la mayoría adopta a Brasil como patria suplente, otros alientan a la albiceleste argentina que en el último mundial fue mucho ruido y pocas nueces.

Yo, por ejemplo, aliento a la Argentina desde el año de 1990. El culpable fue un tipo apellidado Maradona. Yo quedé impactado al apreciar como el prodigioso talento de su mítica pierna izquierda sometía al balón y lo obligaba a hacer piruetas que, tal vez, nadie volverá a hacer en una cancha de fútbol.

¿Apoyar a otro equipo o seleccionado nacional que no es el nuestro es bueno o malo? Creo que, al fin y al cabo, es malo. Porque, por necesidad, suplantamos lo nuestro y adoptamos peligrosamente algo foráneo, y, lo hacemos en distintas escalas: en la regional y en la nacional. Si uno se acostumbra a alentar a equipos ajenos terminará cambiando definitivamente de chaqueta, lo que bien podría llamarse un “hincha tránsfuga”.

Yo soy hincha del decadente FBC Melgar, y he visto muchos casos de “supuestos hinchas rojinegros” que cansados de no ver a nuestro equipo en los torneos internacionales ––los arequipeños de mi generación sólo lo hemos visto participar sin éxito en una devaluada, y hoy extinta, copa CONMEBOL––, y cansados también de alentar a “los representantes del Perú” se cambiaron de equipo. Me dio mucha pena verlos después por la calle con alguna camiseta crema, celeste o blanquiazul.

Todo melgariano bien nacido sabe que nuestro acérrimo rival es el Cienciano; con el equipo cuzqueño protagonizamos el llamado Clásico del Sur que, lamentablemente, cada año que pasa va perdiendo convocatoria, más por culpa del Melgar que del Cienciano. Hasta hace unos años, el Melgar tenía la hegemonía del fútbol, no sólo sureño: de todo el fútbol provinciano. Y hay que ser hidalgos en reconocer que hoy el Cienciano no sólo es el mejor equipo provinciano, sino que, con justo derecho, a pasado a ser el mejor equipo del Perú.

Pero no por eso estamos obligados a alentarlo como representante del Perú en la copa Sudamericana. Eso que lo hagan los cuzqueños que bien merecido se lo tienen, pero a los demás sólo nos queda apreciar al mejor equipo del país y si la generosidad nos ayuda, a desearle un poco suerte.

Hasta hace unos años, Lima tuvo monopólicamente al mejor equipo del Perú. Bastaba con ir al Nacional, o a Matute, tal vez al Monumental de la U, o quizás al acogedor estadio San Martín. Hoy, en cambio, si un limeño quiere ver al mejor de todos, tiene que separar pasajes, viajar a la Capital Arqueológica de América; y allí, en el colorido estadio Inca Gracilazo de la Vega, Freddy Ternero y sus pupilos lo estarán esperando. ¡Bien por el Cienciano! Y bien también por los cuzqueños, que parecen querer retomar, aunque sea a nivel futbolístico, ese lugar que al Cuzco históricamente le correspondió.

ORLANDO MAZEYRA GUILLEN






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