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PRIMEIROS
TERREIROS DE CANDOMBLÉ
Pierre Fatumbi Verger |
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La institución de cofradías religiosas,
bajo la égida de la Iglesia Católica, separaba las etnias africanas. Los negros
de Angola formaban la Venerable Orden Tercera del Rosário de Nossa Senhora das
Portas do Carmo, fundada en la Igreja de Nossa Senhora do Rosário de Pelourinho.
Los daomeanos (gegês) se reunían bajo la devoción de Nosso Senhor Bom Jesus
das Necessidades y Redenção dos Homens Pretos, en la Capilla del Corpo Santo,
en la Ciudad Baja. Los nagôs, cuya mayoría pertenecía a la nación Ketu, formaban
dos hermandades: una de mujeres, la de Nossa Senhora da Boa Morte; otra reservada
a los hombres, la de Nosso Senhor dos Martírios.
Esa separación por etnias completaba lo que ya había esbozado
la institución de los batuques del siglo precedente y permitía a los esclavos,
liberados o no, así reagrupados, practicar juntos nuevamente, en lugares situados
fuera de las iglesias, el culto de sus dioses africanos.
Varias mujeres enérgicas y voluntariosas, originarias de
Ketu, antiguas esclavas liberadas, pertenecientes a la Hermandad de Nossa Senhora
da Boa Morte de la Iglesia de la Barroquinha, habrían tomado la iniciativa de
crear un terreiro de candomblé llamado Iyá Omi Àse Aira Intilè en una casa situada
en la Ladera del Berquo, hoy calle Visconde de Itaparica, próxima a la Iglesia
de la Barroquinha.
Las versiones sobre el tema son numerosas y varían bastante
cuando relatan las diversas peripecias que acompañaron esa realización. Los
nombres de esas mujeres son inclusive controversiales. Dos de ellas llamadas
Iyalussô Danadana e Iyanassô Akalá, según unos, e Iyanassô Oká, según otros,
auxiliadas por un cierto Babá Assiká, saludado como Essá Assiká en el padé del
cual hablaremos más tarde, habrían sido las fundadoras del terreiro de Asé Aira
Intilé.Iyalussô Danadana, según consta, regresó a Africa y murió allá. Iyanassô
por su parte, habría viajado a Ketu, acompañada por Marcelina da Silva. No se
sabe exactamente si esta era su hija de sangre, o hija espiritual, esto es,
iniciada por ella en el culto de los orixás, o inclusive, si se trataba de un
prima suya. Las opiniones sobre el asunto son controversiales y se tornan objeto
de eruditas discusiones, estando sin embargo todos de acuerdo en declarar que
su nombre de iniciada era Obatossí.
Marcelina - Obatossi se hizo acompañar en ese viaje por su
hija Magdalena. Después de siete años de permanencia en Ketu, el pequeño grupo
volvió acrecentado por dos niñas que Magdalena tuvo en Africa y embarazada de
un tercera, Claudiana, quién sería, a su vez, madre de María Bibiana del Espírito
Santo, Mãe Senhora, Oxum Miua, de la cual tuve el insigne honor de volverme
hijo espiritual.
Iyanassô y Obatossí trajeron de Ketu, además de esas hijas
y nietas, un africano llamado Bangboxé, que recibió en Bahía el nombre de Rodolfo
Martins de Andrade y, en el padé al cual me referí antes, es saludado como Essa
Obitikó.
El terreiro situado, en el momento de su fundación, atrás
de Baroquinha se trasladó varias veces y después de haber pasado por el Calabar
en la Baixa de São Lourenço, se instaló bajo el nombre de Ilê Iyanassô en la
Avenida Vasco da Gama, donde aún se encuentra, siendo llamado familiarmente
como Casa Branca del Engenho Velho, y en el cual Marcelina-Obatossí se transformó
en la mãe-de-santo después de la muerte de Iyanassô.
Existe una pequeña divergencia en la versión
dada por Dona Menininha relativa a los orígenes de los terreiros provenientes
de Barroquinha. El nombre de Iyalussó Danadana no es mencionado. La primera
mãe-de-santo habría sido Iyá Akalá (distinta de Iyanassô) que habiendo regresado
a Africa falleció allí. La segunda mãe-de-santo habría sido Iyanassó Oká (y
no Akalá).
No se sabe con precisión la fecha de todos esos acontecimientos,
pues, en el inicio del siglo XIX, la religión católica era todavía la única
autorizada. Las reuniones de protestantes eran toleradas sólo para los extranjeros;
el islamismo, que provocó una serie de revueltas de esclavos entre 1.808 y 1.835,
era formalmente prohibido y perseguido con extremo rigor; los cultos a los dioses
africanos eran ignorados y pasaban por prácticas supersticiosas. Tales cultos
tenían un carácter clandestino y las personas que tomaban parte en ellos eran
perseguidas por las autoridades.
Alrededor de 1.826, la policía de Bahía, en las rondas efectuadas
con el objetivo de prevenir posibles levantamientos de africanos, esclavos o
libres, en la ciudad y sus alrededores, había encontrado atabaques, espanta-moscas
de cola de caballo y otros objetos que parecían más adecuados al candomblé que
a una sangrienta revolución. Nina Rodrigues se refiere a cierto quilombo, existente
en las selvas del Urubu, en Pirajá, " el cual se mantenía con el auxilio de
una casa de fetiches de la vecindad, llamada la Casa de candomblé".
Un artículo del Jornal da Bahia del 3 de mayo de 1855, hace
alusión a una reunión en la casa Ilé Iyanassó: "Fueron apresados y puestos a
disposición de la policía Cristovão Franciso Tavares, africano emancipado, Maria
Salomé, Joana Francisca. Leopoldina Maria da Conceicão, Escolástica Maria da
Conceicão, negros brasileros libres, los esclavos Rodolfo Araújo Sá Barreto,
mulato; Melõnio, negro brasilero, y las africanas Maria Tereza, Benedita, Silvana...
que estaban en el lugar llamado Engenho Velho, en una reunión que llamaban Candomblé".
Es curioso encontrar en ese documento el nombre, poco común, de Escolástica
Maria da Conceicão, el mismo con el cual sería bautizada, treinta y cinco años
más tarde, Dona Menininha, la famosa mãe-da-santo de Gantois, cuyos padres,
en esa época sin duda, frecuentaban o formaban parte del terreiro Ilé Iyanasso,
donde sucedió esa acción policial.
Con la muerte de Marcelina-Obatossí, fue
Maria Júlia Figueiredo, Omonike, Iyálódé, también llamada Erelu en la sociedad
de los geledé, que se convirtió en la nueva mãe-de-santo. Eso provocó serias
discusiones entre los miembros más antiguos del terreiro Ilé Iyanassó, teniendo
como consecuencia la creación de dos nuevos terreiros, originarios del primero;
Júlia Maria da Conceicão Nazaré, cuyo orixá era Dáda Baayani Ajaku, fundó un
terreiro llamado Iyá Omi Ase Iyámase, en el Alto do Gantois, cuya mãe-de-santo
actual, y cuarta a ocupar ese lugar, es Dona Escolástica Maria da Conceicão
Nazaré, "Menininha", la última de las famosas mães-de-santo de la antigua generación.
Según Menininha, Júlia da Conceicão Nazaré, fundadora del Terreiro de Gantois,
habría sido la irmã-de-santo, y no filha-de-santo de Marcelina Obatossí. Un
personaje importante en los medios del candomblé, llamado Babá Adetá Okanledé,
consagrada a Oxóssi y originaria de Ketu, habría tenido un papel importante
cuando fue creado el Terreiro de Gantois, Iyá Omi Ase Iyámase.
Eugénia Ana Santos, Aninha Obabiyi, cuyo orixá era Xangó,
auxiliada por Joaquim Vieira da Silva, Obasanya, un africano venido de Recife
y saludado como Essá Oburó en el padé al cual ya hicimos alusión, fundaron otro
terreiro salido del Ilé Iayanassó y llamado "Centro Cruz Santa do Axé de Opó
Afonjá", que fue instalado en 1.910, en São Gonçalo del Retiro, después del
Axé haber funcionado provisoriamente en un lugar denominado Camarão, en el barrio
de Rio Vermelho.
Bajo el impulso de esta gran mãe de santo, el nuevo terreiro rápidamente igualó
- y tal vez haya sobrepasado - en reputación a los otros candomblés Ketu.
Maria da Purificacão Lopz, Tia Bada Olufandeí, sucedió en
1.938 a Aninha y dejó, en 1.941 el control en el terreiro a Maria Bibiana del
Espirito Santo, Mãe Senhora Oxunmiwá, hija espiritual de Aninha Obabiyi.
Por el juego complicado de las filiaciones , Senhora era
bisnieta de Obatossí por lazos de sangre y su nieta solamente por lazos espirituales
de iniciación. En otros términos, Iayanassó Akalá (u Oká) fue, en la generación
anterior, al mismo tiempo la bisabuela y la trisabuela de Senhora. Las cosas
se tornaron más complicadas todavía cuando Senhora recibió, en 1.952, el título
honorífico de Iyanassó, dado por el Alafin Oyó de Nigéria, por intermedio de
una carta de la que tuve el honor de ser el portador. Senhora, aboliendo el
tiempo pasado, gracias a esa distinción, se volvió espiritualmente la fundadora
de esta familia de terreiros de candomblé de la nación Ketu, en Bahía, confirmando
tan elevada posición en 1.962 cuando fue a presidir, seguida de sus Ogans (donde
figuraban los colaboradores de esta obra, Carybé, Jorge Amado, Waldeloir Rêgo
y yo mismo), el Axexê o ceremonia mortuoria de la recordada y más que centenaria,
Mãe de Santo del Ilê Iyanassó de la Casa Branca del Engenho Velho, Maximiana
Maria da Conceiçao, Tia Massi Oinfunké.
Esta dignidad recibida de Africa por Senhora provocó, digamos
de paso, comentarios y rumores, los "murmullos" que mueven y apasionan a las
personas que pertenecen a este pequeño mundo, lleno de tradición, donde las
cuestiones de etiqueta, de derechos fundamentados sobre el valor de los nacimientos
espirituales, de primacías, de graduación en las formas elaboradas de salutaciones,
de posternaciones, de sumisión son observadas, discutidas y criticadas apasionadamente;
en este mundo donde el besar la mano, las respetuosas inclinaciones de cabeza,
las manos ligeramente inclinadas en gestos de bendición representan un papel
tan minucioso y dócilmente practicado como en la Corte del Rey Sol. Los terreiros
de candomblé son los últimos lugares donde las reglas del buen tono todavía
reinan soberanamente.
Después del desaparecimiento de la recordada Mãe Senhora,
en 1.967, dos nuevas Mães de Santo le sucedieron al frente del Axê Opó Afonjá.
La actual Maria Estela de Azevedo Santos, Odé Kayodê, retornando la tradición
de Iyanassó y de Obatossí, hizo un viaje a las fuentes, a Nigeria y al ex Daomé.
Después de la muerte de Senhora, otros terreiros fueron creados,
originarios todos del Axê Opó Afonjá formando una tercera generación de esta
familia de candomblés que nació en Barroquinha. Citemos el Axê Opó Aganju, de
Balbino Daniel de Paula, Obaraim, que viajó para Africa y ahí participó de las
fiestas de Xangó, con perfecta naturalidad, como si su familia nunca hubiese
dejado aquel país hace ya varias generaciones.
Existen numerosos otros terreiros que siguen el ritual Ketu,
como el de Ilê Mariolajê en Matatu, más conocido bajo el nombre de Alaketu,
cuya Mãe de Santo actual, Olga de Alaketu, ya fue varias veces a Africa. Citemos,
además, el terreiro Ilé Ogunjá, también en Matatu, del fallecido Pai de Santo
Procópio Xavier de Souza, Ogunjobí.
Al lado de los terreiros Nagó-Ketu, están en Bahía los de
la nación Ijexá. El más digno entre ellos es el de Eduardo Ijexá, o Eduardo
António Mangabeira, medio hermano de Otávio Mangabeira, que fue Gobernador del
Estado de Bahía. Durante la década del 50 , el envió cartas escritas en perfecto
yoruba a su distante pariente, el Rey de Ijexá, que las recibió de mis manos
muy emocionado.
Los terreiros gegê, donde se practicaba el culto de los Voduns
do Daomé, eran más raros. El más conocido era el de Bogum, de la fallecida Emiliana
Pidade dos Reis, a quien sucedió la fallecida Valentina Maria dos Anjos, Mãe
Runhó.
Los cultos Gegê y Nagó se fundían en terreiros como el de
Oxumaré, en la calle Vasco da Gama, de los fallecidos Antonio de Oxumaré, Cotinha
y Simpliciana.
El ritual de los cultos de origen Bantu
era inicialmente diferente de las ceremonias Nagós y Gegês. Se mezclaron después,
volviéndose bastante propios. La originalidad de estos cultos Bantus es difícil
de definir. No se sabe si los rituales Gegê y Nagó fueron o no influenciados
por esclavos del Congo y de Angola, ya presentes en Brasil en gran cantidad,
en el final del siglo XVII. Relaciones más constantes se establecieron en los
siglos posteriores, entre Bahía y Pernanbuco y la Costa llamada de los Esclavos;
la mayoría de los cautivos desembarcados en estas dos provincias estaba constituida,
entonces por los Gegês y Nagós (Daomeanos y Yorubas)
Expusimos, en otras obras, las razones comerciales creadas
por la presencia de tabaco en Bahía y en Pernambuco, razones que determinaron
la afluencia de los Gegês y de los Nagós a estas dos regiones, a partir del
siglo XVIII, y no a las otras partes de Brasil, donde los Congos y Angolas continuaron
siendo importados en gran proporción.
La palabra candomblé, que sirve para designar, en Bahía,
a las religiones africanas en general, parece ser de origen Bantu. Es posible
que las influencias de las religiones venidas de estas regiones no se restringiesen,
apenas al nombre dado a las ceremonias, sino que hubieran dado a los cultos
Gegê y Nagó en Bahía una forma diferente, en ciertos detalles, de estas mismas
manifestaciones en Africa.
Un estudio por separado del ritual Bantu es tarea bastante
difícil, pues sería necesario hacerlo en diversos puntos de Brasil, en lugares
donde esta influencia Gegê-Nagó no se hubiera hecho sentir. En Bahía, tenemos
que contentarnos con la presencia de algunos cantos y ritmos de tambores. Sería
necesario también, localizar los términos Bantus todavía conocidos, términos
éstos que los participantes de terreiros Bantus tienen tendencia a expresar
en su equivalente Nagó, ya sea por espíritu de discriminación, ya sea para hablar
en una lengua comprensible a sus interlocutores.
Existen en Bahía, el terreiro Congo del fallecido Manoel
Bernardino da Paixão, el Bate Folha en el barrio de Beiru; el terreiro Angola
de la fallecida Maria Neném do Tumbeuci, también en Beiru, y el de su Filho
de Santo, el fallecido Manoel Ciriaco de Jesus, el Tumba Juçara, en el Alto
del Corrupio, hoy bajo la dirección de la Mãe de Santo Dere.
Destaquemos, finalmente, el caso del fallecido Pai de Santo
João Alves de Torres, más conocido como Joãozinho da Goméa, que debe su renombre
al Caboclo Pedra Preta, y cuyo culto, realizado a la manera africana, era dedicado
a los ancestrales indígenas, señores de esta tierra de Brasil. Iniciado en el
ritual de Angola por Jubiabá, Joãozinho fue heredero de una Yansã y se orientó,
cada vez mas, en dirección al ritual Nagó. Este caso nos parece típico de la
influencia ejercida por el ritual Nagó sobre las religiones de etnias diferentes.
En la propia Africa, las religiones Bantus parecen centradas
sobre una serie de devociones a los ancestrales de un grupo familiar reducido
y no sobre el culto de dioses ligados a las fuerzas de la naturaleza. Es posible
que existan esos tipos de cultos, pero en Bahía, ellos tomaron una forma bien
próxima a la de la concepción Yoruba.
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