Concepto de religión mistérica
"¿No son de risa los misterios?" (Clemente de Alejandría, Protréptico II, 15, 3)
"A vosotros os ha sido dado a conocer el misterio [to mistérion] del reino de Dios, pero a los otros de fuera todo se les dice en parábolas, para que mirando, miren y no vean; oyendo, oigan y no entiendan, no sea que se conviertan y sean perdonados."(Marcos, 4, 11-12)
"Lo que fue eso será. Lo que ya se hizo, eso es lo que se hará; no se hace nada nuevo bajo el sol" (Eclesiastés 1, 9)
En primer lugar hay que explicar qué es eso de religión mistérica. El adjetivo mistérico viene de mistés que significa en griego antiguo iniciado. Los iniciados eran personas que pasaban una serie de "prueba espirituales" que les llevaban a la comprensión total de la divinidad. El cristianismo también ha seguido utilizando esta terminología ya que como de todos es sabido el mayor de los misterios cristianos es el misterio de la Santísima Trinidad. De este significado de "prueba espiritual" quizás no apta para cualquier espíritu, pasó a significar "oculto o arcano". Lo más seguro es que este significado se creara cuando las personas no iniciadas intentaban tener acceso a esos misterios y las iniciadas no les dejaban. Por lo tanto ese conocimiento quedó velado y terminó siendo un auténtico misterio.
Las religiones mistéricas eran normalmente movimientos religiosos minoritarios y aislados. Pequeños grupos humanos se congregaban en torno a un iluminado que traía un mensaje revolucionario para salvar la humanidad de su iniquidad. Todas las religiones mistéricas tenían en común el hecho de que prometían una vida mejor fuera de este mundo lleno de penurias y desgracias. La resurección de los muertos era el gran argumento que esgrimían para convencer a la gente que en su inmensa mayoría eran campesinos de baja cultura y de más bajo nivel económico. La pobreza económica y espiritual fue abono suficiente para que estos movimientos se esparcieran como el fuego. De hecho, muchos misterios tenían su origen en metáforas de la agricultura. Los dioses morían y resucitaban a la manera de la simiente que enterrada bajo tierra, tras un periodo de crecimiento, terminaba convirtiéndose en un fruto. En estas religiones lo divinizado es el fruto de la tierra, mientras que en otras lo divinizado es la tierra misma. Algunos de los dioses mistéricos tenían sus fiestas más importantes en primavera, cuando la naturaleza mostraba toda su grandiosidad y se podía advertir que la vida resucitaba tras un largo periodo de invernal esterilidad. Ejemplo de lo que estamos diciendo son por ejemplo los dioses Adonis, Mitra o Tammuz cuyas fiestas más importantes coincidían con el equinocio de primavera. De todos es conocido que la Semana Santa tiene lugar en primavera, y en ella se representa la muerte, pasión y resurreción de Cristo. Evidentemente, esta celebración es heredera de aquellos rituales antiguos agrícolas en los que se recordaba que un dios había muerto (enterramiento de la semilla) tras sufrir mucho (el fruto es cortado y transformado) y había resucitado (germinación del fruto) para salvar a la humanidad (recogida de las cosechas). Al comer los frutos que se recolectaban, dependiendo de la zona geográfica de los agricultores, dichos frutos se convertían en parte esencial del culto: así por ejemplo, en el cristianismo el pan es el cuerpo de cristo y el vino la sangre. La utilización de estos dos elementos como cuerpo y sangre de un dios ya los tenemos en la cultura egipcia anterior al cristianismo, en el caso concreto del dios Osiris, que como Jesús, también muere violentamente y resucita.
Para entender realmente lo que es una religión mistérica es fundamental conocer qué significa la palabra fármakon. Esta palabra es un término griego que significa "remedio". Nuestra palabra farmacia viene de esta palabra. El fármakon es equivalente a lo que todos conocemos como chivo expiatorio. Es un comportamiento humano de afrontar el problema de la religiosidad a la hora de relacionarse con los dioses. Este comportamiento consiste en echar todos los pecados o injusticias de una sociedad sobre un animal o incluso persona, de tal modo que cuando se le dé muerte la misma sociedad quede limpia de toda mancha. Cristo es un buen ejemplo de fármakon o chivo expiatorio:

"He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo" (San Juan, 1, 29)
Como se desprende de este versículo, Jesús entra dentro del cajón de sastre de los dioses salvadores, que mueren violentamente y resucitan para librar a la humanidad de toda mancha impura. En época helenística, que son los siglos que preceden al nacimiento de Cristo, en la sociedad grecorromana surge un sentimiento obsesivo de mancha que hay que limpiar cómo sea. La polis llega a su máximo desarrollo estructural y económico. El ciudadano se siente solo y desamparado en las grandes urbes, y se ve impelido a unirse en grupos mayores que le eviten esa individualidad que estaba al orden del día en aquella época. Ciertamente las personas que forman estos grupos no son la élite social, sino todo lo contrario más bien: esclavos, mujeres, delincuentes arrepentidos, soldados etc. Todos se sienten sucios espiritualmente y quieren limpiarse por dentro. Las diferentes religiones mistéricas que estaban dispersas por el Imperio les ofrecían esta posibilidad, y además no les exigían grandes requisitos para que llegaran a ser iniciados. En cambio, en la religión tradicional griega y romana, la relación con la divinidad era totalmente distinta. No había sentimiento de mancha en absoluto, ni tabú alguno. Sólo era necesaria la pietas para ser un hombre religioso. La pietas consistía en venerar a los dioses tradicionales con sus respectivos sacrificios y a los antepasados correctamente.
Para tener conocimiento de una cosa cualquiera puede ser muy útil remontarse a sus orígenes. Desde siempre hemos escuchado que el cristianismo es la religión verdadera porque ha sido revelada a lo largo de los tiempos. Nosotros no estamos deacuerdo con esta afirmación. En realidad pensamos que el cristianismo es la religión verdadera porque nos ha sido impuesta por el devenir de la historia. Si alguna batalla determinante a lo largo de la historia de la humanidad hubiera tenido un resultado contrario al que realmente sucedió, perteneceríamos a otra religión como agudamente argumentó Ernest Renán.
Son varias las corrientes filosóficas y religiosas que a nuestro juicio han influido en lo que posteriormente llegaría a ser el cristianismo tal y como lo cononocemos hoy en día. Básicamente han influido en el cristianismo la filosofía griega desde los presocráticos hasta Platón y el neoplatonismo, las religiones mistéricas y algunas religiones orientales.
Quizás la palabra "influir" no sea la correcta. Más bien la historia del pensamiento occidental ha sido un continuum cuyo último episodio ha sido precisamente el cristianismo. Por lo tanto el cristianismo se ha ido desarrollando como si desde un principio hubiera estado en potencia.
No es algo novedoso en absoluto la afirmación de que el cristianismo se parece a ciertos movimientos filosóficos o religiosos. Ya en el siglo II algunos Padres de la Iglesia dieron la voz de alarma ante los ataques de los filósofos paganos. Estos filósofos les recriminaban que no era nada nuevo que un dios salvador naciera de una virgen y que luego muriera violentamente para finalmente resucitar victorioso. Algunos dioses paganos ya hicieron semejante proeza antes que Jesús, y por eso en la antigüedad ya se les tachaba a los primeros cristianos de plagiadores de mitos. Para salir de semejante aprieto, pues piénsese que aquellos mitos de dioses salvadores aún estaban tan vivos y frescos en la mente de cualquier ciudadano como el mismo cristianismo que empezaba a dar sus primeros pasos en la historia, a los padres de la Iglesia se les ocurrió una manera de darle la vuelta a la situación, como si de auténticos sofistas se trataran, aunque tan poco caros eran para ellos estos pensadores tan independientes. Justino en su I Apología 62, 66, ni corto ni perezoso se le ocurrió decir que el mismísimo diablo había enseñado a los paganos mitos parecidísimos a la pasión y muerte de Jesús para desacreditar su venida siglos más tarde. Éste fue el único argumento de peso que pudieron poner sobre la mesa en aquel entonces. A ello se añadió el movimiento propagandístico que llevaron a cabo para ridiculizar los misterios populares de modo que la gente dejara de practicar sus ritos y los cambiara por los cristianos, aunque a fin de cuentas tenían el mismo significado;eso sí, moralmente eran infinitamente más restringidos en todos los aspectos de la vida humana, con multitud de tabúes y ideas que eran contrarias al espíritu grecorromano del momento.
Con la Reforma de Lutero y la Revolución francesa de nuevo el fuego de los orígenes del cristianismo se avivó intensamente. Los protestantes argumentaron que la Iglesia Católica se había dejado influir demasiado por las religiones paganas, y que por ello el mensaje de Cristo estaba desvirtuado entre tanta maraña mistérica. Les acusaban de haber absorbido diferentes ritos paganos y haberlos cristianizado. Por eso los protestantes reivindicaban la vuelta a los orígenes del cristianismo para encontrar las palabras verdaderas de Cristo.
También, con la Revolución francesa y el siglo de las luces el cristianismo sufrió ataques virulentos. La comparación entre el cristianismo y las religiones mistéricas y la filosofía griega fue un argumento más para defender posiciones ateas.
Surgió por fin la escuela de la Historia de las religiones. Esta escuela se dedicó sistemáticamente a comparar al cristianismo con diversos misterios sacando a la luz conclusiones que serían encarnizadamente debatidas desde posiciones creyentes a lo largo del siglo XIX.
La arqueología en muchos casos ayudó a esclarecer las cosas. Mucho se debatió a lo largo del siglo XIX de si en realidad existían comunidades órficas, o si por el contrario todo era un invento de mentes perversas que lo único que intentaban era desmitificar a los cristianos y sus creencias. De este sentir era Willamowitz, que afirmaba que no existían comunidades órficas organizadas. Pero las excavaciones cerca del Mar Muerto han sacado a la luz textos en los que aparece la palabra orfikoi. Willamowitz tuvo la mala suerte de no contar con estos testimonios para así poder cambiar de idea.
Bibliografía
Díez de Velasco, Francisco, Hombres, ritos, Dioses. Introducción a la Historia de las Religiones, Trotta.