El 16 de setiembre se cumplió un nuevo aniversario de aquella fatídica jornada donde fueron secuestrados un conjunto de activistas secundarios de la zona de La Plata. Los milicos sabían que estaban golpeando sobre un punto sensible de la sociedad, los más jóvenes que expresan la continuidad y el futuro de cualquier proyecto.
Videla, consciente de la importancia estratégica de la juventud, afirmó que los colegios secundarios debían convertirse en el bastión de la ideología fascista y para ello junto al terror, instauraron un real esfuerzo de deformación ideológica de las nuevas camadas juveniles. Lamentablemente debemos reconocer que parte del objetivo fue logrado, impulsando el individualismo más feroz, que actualmente mediante múltiples mecanismos se reproduce en forma aun más amplia. No es casualidad entonces que el gobernador Ruckauf haya bajado una circular donde se establece que en todo el ámbito de la provincia, en las EGB y escuelas medias hay que hacer actividades y trabajos especiales con el tema de la noche de los lápices, entre los que se sugiere ver la película de ese nombre. Es indudable que el enemigo utiliza con astucia el recurso de mantener vivo el miedo y como diría la justicia burguesa el carácter ejemplificador del hecho. Junto a esto se baja insistente y metódicamente el discurso de la democracia que supuestamente y en contraposición a aquellos momentos gozamos ahora y la necesidad de "cuidarla" para que no vuelvan aquellas circunstancias. Para cuidarla es casi obvio no hay que luchar ni realizar ninguna actividad que pueda "desestabilizarla". Se cierra así el perverso circulo de miedo e individualismo que pretenden imponerle a la sociedad toda y a los jóvenes en particular, para alejarlos de las luchas. Lamentablemente las organizaciones de derechos humanos que solo trabajan sobre el eje de "la memoria" mas de una vez aun con la mejor buena voluntad le hacen el juego a las políticas del sistema en este terreno. Los revolucionarios debemos plantear la necesidad de aprender de la experiencia para superar errores y limitaciones anteriores, dejando en claro que el error no fue haberse lanzado a la lucha sino el no haberlo hacho con mas energía y mejor preparación y que la tarea hoy es dar una respuesta superior en todos los terrenos de la lucha de clases que la que fuimos capaces de construir en la década del 70.