Declaración del IV Seminario Internacional
Problemas de la Revolución en América Latina
Convocados por nuestro compromiso de llevar adelante el triunfo
de la revolución social,
nos hemos reunido en el Cuarto Seminario Internacional "Problemas de la Revolución en América Latina", en el
que discutimos nuestros
puntos de vista respecto del Carácter de la Revolución. El
debate ha sido abierto,
franco y reflexivo, matizado
por la camaradería y la fraternidad, encontramos opiniones que compartimos y criterios que debemos continuar debatiéndolos. Evidenciamos la necesidad de impulsar iniciativas de solidaridad conjuntas.
Coincidimos en calificar a nuestro tiempo como la época del imperialismo y de las revoluciones
proletarias. Tal etapa se abrió con el triunfo de la
revolución bolchevique
de 1917, que instauro el primer
Estado socialista en el
mundo.
Efectivamente,
luego el socialismo
sufrió una derrota pero, históricamente, transitoria. Tras el reflujo que afecto al movimiento popular y revolucionario en todo el mundo, hoy asistimos a su recuperación. En
los cinco continentes,
en los países imperialistas y dependientes, la clase obrera y las masas explotadas avanzan
en su organización y
luchan por reinvindicaciones materiales y políticas, estremeciendo - en
varios casos- las estructuras del sistema imperante. La continuidad de los combates, sus formas y nivel que alcanzan, los blancos que golpean los trabajadores y pueblos con su lucha, nos permiten concluir que nuevas
oleadas revolucionarias
se agitan en distintos puntos del mundo. La lucha por la revolución y el socialismo tiene en cuenta la
necesidad de combatir
en todos los terrenos al revisionismo y al oportunismo.
Hoy existen
en el mundo un mil millones
de hambrientos, dos mil
ochocientos millones de
personas se encuentran desempleados o subempleados,
por otro lado, las tres personas más ricas del mundo
poseen activos que son mayores que el Producto
Interno Bruto sumado de los cuarenta y ocho países
de África.
La revolución social del proletariado, a mas de ser una necesidad histórica, es hoy una posibilidad y una perspectiva cierta.
Hasta hace pocos años, las
condiciones políticas, la brutal arremetida anticomunista que
enfrentamos los trabajadores, los pueblos y los
revolucionarios, nos
puso en una posición
defensiva que incluso
llevo a algunos a poner en el tapete de discusión si era o no viable la revolución social y a otros a desertar del combate revolucionario. Hoy el fenómeno es diferente, la
reanimación de las
fuerzas populares y de sus destacamentos de vanguardia,
nos plantea discutir
las características de
la revolución, el contenido
de su programa, la forma que ella adquiere en cada
sitio, la vía para la conquista del
poder. Esto expresa el momento político distinto en el que nos encontramos.
La lucha por la emancipación del proletariado es internacional en su esencia, mas, en cada uno de los
países toma una forma nacional.
La contradicción entre
el carácter social de
la producción y la apropiación privada de la riqueza social es el pilar de la acumulación capitalista, pero es al mismo tiempo su talón de Aquiles, pues, con
su aparición también surgió la clase
obrera, los proletarios, los sepultureros del sistema. Esta contradicción está vigente en la época histórica en que vivimos
y sólo podrá ser resuelta con el socialismo. La lucha por la revolución y el
socialismo en cada país es parte de la revolución mundial.
Los revolucionarios tenemos la
obligación de organizar y hacer la revolución en los respectivos países; de
derrotar al imperialismo y a sus socios nativos en nuestro terruño. Claro está
que, la lucha revolucionaria trasciende las fronteras nacionales, pues, ésta
golpea y debilita a la cadena denominación imperialista. Esta trascendencia
incorpora la necesidad de profundizar las acciones de solidaridad: si hay que
organizar brigadas internacionalistas, acciones de lucha y contribuir solidariamente
en todos los terrenos a la victoria de la revolución en un país, hay que
hacerlo, este es nuestro compromiso, igual que todo nuestro esfuerzo a la
construcción de la nueva sociedad.
El desarrollo desigual del
capitalismo, la agudización y el desenvolvimiento de la correlación de fuerzas,
la profundización de la crisis, entre otros aspectos, no se desenvuelven de la
misma manera en todos los sitios; pueden ser más agudos y estallar en un país
antes que en otro. Estos hechos demuestran la validez de la tesis leninista
respecto de la configuración de una situación revolucionaria. Para los
revolucionarios proletarios se plantea la necesidad de generar y aprovechar esa
situación y dar curso a la revolución.
Así mismo, el desigual desarrollo
del capitalismo, el curso de las contradicciones fundamentales de la época
histórica y los momentos en que vivimos, nos plantean de manera enfática que,
la tesis respecto de la existencia del eslabón débil tiene vigencia y exige a
los revolucionarios aunar esfuerzos, contribuir a la ruptura.
En la actualidad, los
revolucionarios en cada país contamos con una retaguardia a nivel
internacional, constituida por el gran contingente de la clase obrera que lucha
en todos los países; por las masas oprimidas que luchan valerosamente; por
fuerzas guerrilleras y ejércitos de revolucionarios que combaten por la
liberación; por los partidos revolucionarios y comunistas que batallan
consecuentemente por la liquidación del capitalismo; por una gran opinión
pública que cuestiona la dominación imperialista y que se pone del lado de los
trabajadores y los pueblos. Esta retaguardia existe en todos los países, se
expresa y se expresará en la solidaridad con variadas formas y de acuerdo a las
circunstancias. Esa fue la experiencia de la revolución de Octubre y constituyó
uno de los pilares de la construcción socialista. Tenemos que contribuir al
desarrollo de esta retaguardia impulsando el proceso revolucionario que se
encuentra en marcha.
Persiste la campaña política
que busca demostrar que la clase obrera ya no tiene condiciones históricas para
dirigir la revolución y que son nuevos actores sociales los que deben ponerse
al frente del proceso. La revolución, ideológica y políticamente es dirigida
por la clase obrera con su partido comunista, como forma más alta de
organización de clase. Nada, en el desarrollo capitalista actual, anula el rol
revolucionario y dirigente que le corresponde cumplir al proletariado.
Unicamente la clase obrera podrá llevar la revolución hasta el final.
Luchamos por el socialismo y
el comunismo, sólo éste puede negar al oprobioso sistema capitalista; sólo el
socialismo redimirá a la humanidad. Siendo ese nuestro objetivo, para
construirlo debemos partir de la realidad de cada país, del desarrollo operado
en las fuerzas productivas y en las relaciones de producción, del proceso
histórico que se ha experimentado en el respectivo escenario, que determinan la
táctica y estrategia que los revolucionarios asumimos para cristalizar nuestro
objetivo.
La revolución socialista, de
acuerdo al desarrollo capitalista de cada país, incorpora en mayor o menor
medida el cumplimiento de tareas antiimperialistas, democráticas. En todo caso,
lo hace como parte de un solo proceso, en el que se entrelazan las medidas
antiimperialistas y democráticas con las socialistas. En la época del
imperialismo y las revoluciones proletarias, las medidas antiimperialistas no
pueden tener una plena realización si no se las enmarca en la perspectiva del
socialismo. Hay entre ellas una relación dialéctica.
Otras posiciones desde la
concepción de la revolución ininterrumpida y por etapas, plantean la revolución
democrática popular, agraria y antiimperialista en marcha ininterrumpida al
socialismo.
Es responsabilidad de los
Partidos Comunistas, de los revolucionarios, elaborar el programa de la
revolución en cada uno de los países, partiendo de las condiciones que se
presentan en los mismos, lo que nos plantea la necesidad de profundizar el
análisis marxista de la realidad y una mayor compenetración con la teoría
marxista-leninista.
El sistema
capitalista-imperialista se levanta en base a la violencia, esa es su
naturaleza, y, sus sostenedores acuden a ella para apagar los combates y
exterminar a los combatientes. Frente a la violencia reaccionaria, oponemos la
violencia organizada de las masas en contra de sus explotadores. El camino
seguro para la conquista del poder está en la insurrección armada de los
pueblos, en la guerra revolucionaria. Y una vez en el poder, éste debe ser
sostenido por el pueblo en armas, por las fuerzas armadas revolucionarias que
sustituyan al ejército reaccionario.
Reafirmamos nuestro compromiso
con la revolución proletaria mundial, con el internacionalismo proletario,
somos solidarios con la lucha que levantan los pueblos. Encerrar la lucha
social a las fronteras nacionales actúa en contra del triunfo de la revolución,
por eso asumimos la responsabilidad de conjuntar esfuerzos para enfrentar al
imperialismo, a la dominación del capital, para asumir las luchas de los
pueblos hermanos como nuestras, porque, en realidad, así lo son.
Particularmente hoy debemos
asistir con fuerza en solidaridad con el pueblo colombiano, con sus
organizaciones populares, políticas de izquierda, con las fuerzas guerrilleras;
contra la intervención de las grandes potencias y particularmente el
imperialismo norteamericano, que preparan la invasión de Colombia en el vano
propósito de ahogar la revolución, parapetados en el denominado Plan Colombia,
que en realidad es un plan contrainsurgente regional.
Damos nuestra solidaridad a
todos los pueblos del mundo que luchan por su emancipación, de manera
particular, rechazamos el brutal bloqueo a Cuba, los bombardeos y el bloqueo
contra Irak, la agresión a Yugoslavia y a otros pueblos; nuestro aliento a
aquellos combatientes víctimas de la represión que se encuentran privados de su
libertad o son perseguidos por cometer "delitos" políticos que no son
otra cosa que asumir la causa de la justicia y la libertad.
Parafraseando al Manifiesto
Comunista decimos que. nuevamente el fantasma del comunismo recorre por el
mundo y el imperialismo y la burguesía tiemblan. Los revolucionarios tomamos en
nuestras manos los retos que nos ha impuesto la historia y venceremos.
Quito, 6/2000