Antes de ascender al cielo, Cristo dió a los discípulos su comisión... La comisión
evangélica es la magna carta misionera del reino de Cristo. Los discípulos habían
de trabajar fervorosamente por las almas, dando a todos la invitación de misericordia.
No debieran esperar que la gente viniera a ellos; sino que deberían ir ellos a la gente
con su mensaje... En su nombre habrían de presentar sus peticiones ante el padre,
y recibirían respuesta. Habían de bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del
Espíritu Santo. El nombre de Cristo había de ser . . . la autoridad para su curso de acción
y la fuente de su éxito. (HAp 23). Pero orar en nombre de Cristo significa mucho. Significa que hemos de aceptar su
carácter, manifestar su espíritu y realizar sus obras. (DG 621) El Salvador del mundo dedicó más tiempo y trabajo a sanar a los afligidos de sus enfermedades
que a predicar. El último pedido que les hizo a sus discípulos, representantes suyos en la tierra,
fué el de que pusieran las manos sobre los enfermos para que pudieran sanarse. (Mateo 10:1, 5-8). (SC 165)
A fin de manifestar el carácter de Dios, a fin de que no nos engañemos a nosotros
mismos, a la iglesia y al mundo, con un Cristianismo falsificado, debemos llegar
a estar relacionados personalmente con Dios. Si tenemos comunión con Dios, somos sus ministros, aunque nunca prediquemos a una
congregación. Colaboramos con Dios al presentar la perfección de su carácter en la humanidad (Exodo 19:6, 2Corintios 3:3). (2JT 36)... La verdadera obra misionera médica es el evangelio practicado. (SC 165) Hemos llegado al tiempo en el cual cada miembro. . . debe hacer obra misionera médica. Este mundo se parece a un hospital lleno de víctimas de enfermedades físicas y espirituales.
. . ocultar nuestra luz sería una gravísima falta. (Isaías 60:1) (CRA 548)
El que os da vuestra comisión también os proporcionará las habilidades y la comprensión
necesarias a medida que os consagréis a su servicio y os dediquéis diligentemente
al trabajo y al estudio, y hagáis lo mejor posible para proporcionar alivio a los
enfermos y los que sufren. (CsS 540) Todos pueden hacer algo. En un esfuerzo para excusarse a sí mismos, algunos dicen:
"Mis deberes en el hogar, mis niños, requieren mi tiempo y mis medios.". . . No permitáis
que vuestros niños se conviertan en un obstáculo . . . Al ayudar a otros, ellos aumentan su propia felicidad y utilidad. (R&H T4:439). . . Pero todos pueden estudiar nuestra literatura de salud, y adquirir sabiduría
en este tema tan importante. (MM 239, 320) . . . Y cada obrero, a medida que realiza esta obra, debiera comprender que es tan
ciertamente enviado por Dios como lo fueron los primeros discípulos, Dios los sigue
con sus ojos y el Espíritu los acompaña . . . (CsS 543)
Sólo el método de Cristo permitirá éxito en alcanzar al pueblo. El salvador se trataba
con los hombres como alguien que deseaba su bien. Les mostraba simpatía, atendía
sus necesidades, y se ganaba su confianza. Entonces les decía: "Seguidme". . . Se
sentía débil y cansado, pero no descuidó la oportunidad de hablar a una mujer sola, aunque
era una extraña, enemiga de Israel y vivía en abierto pecado. . . .
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Pronunciaba una palabra de simpatía aquí y otra allí, al ver a los hombres cansados,
y sin embargo obligados a llevar pesadas cargas. Compartía sus cargas, y les repetía
las lecciones que había aprendido de la naturaleza acerca del amor, la bondad y la
benignidad de Dios. Enseñaba a todos a considerarse dotados de talentos preciosos que,
si los empleaban debidamente, les granjearían riquezas eternas. . No pasaba por
alto ningún ser humano como indigno. . . Procuraba inspirar esperanza a los más toscos
y menos promisorios, presentandoles la seguridad de que podrían llegar a ser sin culpa
e inocentes, y adquirir un carácter que los revelase como hijos de Dios. . . A una
persona tal desalentada, enferma, tentada y caída, Jesús dirigía palabras de la más
tierna compasión, palabras que eran necesarias y podían ser comprendidas. A otros encontraba
que estaban luchando mano a mano con el adversario de las almas. Los estimulaba a
perseverar, asegurándoles que vencerían; porque los ángeles de Dios estaban de su
parte y les darían la victoria. (SC 146,149,151)
La gloria del cielo consiste en elevar a los caídos, consolar a los angustiados. . . El último mensaje de clemencia que ha de darse al mundo, es una revelación de
su carácter de amor. Los hijos de Dios han de manifestar su gloria. En su vida y
carácter han de revelar lo que la gracia de Dios ha hecho por ellos . . . La gloria
de Dios ha de brillar por medio de su iglesia, al levantar ésta a los quebrantados y consolar
a los dolientes. . . La obra práctica tendrá mucho más efecto que el mero sermonear.
Hemos de dar alimento al hambriento, vestir al desnudo y proteger al que no tiene
hogar. y se nos llama a hacer más que esto. Unicamente el amor de Cristo puede satisfacer
las necesidades del alma. . . Dios nos pide para los necesitados no sólo nuestros
dones, sino un semblante alegre, palabras llenas de esperanza, un bondadoso apretón
de manos. Cuando Cristo sanaba a los enfermos, colocaba sus manos sobre ellos. De la
misma manera debemos nosotros colocarnos en íntimo contacto con aquellos a quienes
tratamos de beneficiar. (PVGM 318, 342,343)
No hay nada que el mundo necesite tanto como la manifestación del amor del Salvador
mediante la humanidad. (PVGM 345) Grupos pequeños deben ir a cumplir la obra que Cristo asignó a sus discípulos. Trabajen
como evangelistas, repartiendo nuestros impresos, hablando de la verdad a las personas
que encuentren. Oren por los enfermos, esforzándose por aliviarlos, no con drogas, sino con remedios naturales, enseñándoles a recuperar la salud y evitar la enfermedad.
(3JT 161) Enseñad a no utilizar las drogas. Uselas cada vez menos y confíese más en los recursos
de la higiene, porque entonces la naturaleza responderá a la acción de los médicos
de Dios: el aire puro, el agua pura, el ejercicio adecuado y una conciencia limpia.
(2MS 322) Si los enfermos y los que sufren tan sólo obraran perseverantemente en la forma que
saben que deberían hacerlo en lo que atañe a vivir de acuerdo con los principios de la reforma pro salud, entonces en nueve de cada diez casos sanarían
de sus padecimientos. (2MS 330) Una onza de prevención vale más que una libra de cura. (2MS 333) Es inútil tener reuniones de oración por los enfermos, mientras que ellos se niegan
a usar los remedios sencillos que Dios ha provisto, y que se encuentran a su disposición.
(PC 48) A quienes solicitan que se ore para que les sea devuelta la salud, hay que hacerles
ver que la violación de la ley de Dios, natural o espiritual, es pecado, y que para
recibir la bendición
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