Basado en hechos reales
Hoy vuelvo a pensar con cierta claridad.
Me doy cuenta de la suerte que tienen aquellos a los que este simple hecho les resulte algo trivial en su vida, pero para m� no lo es en absoluto. Ahora mi cerebro parece estar limpio, aunque no lo est�, y no se rige por las caprichosas normas de la medicaci�n; las restricciones han desaparecido y el oasis abierto ante m� me brinda la oportunidad de disfrutar del d�a de hoy.
No es algo que vaya a durar mucho, eso lo s�, me lo dice la experiencia; pero no por ello pierdo la ilusi�n cuando veo un rayo de esperanza en la oscuridad. S� por que lo han hecho, de nuevo quieren que se lo explique, que les cuente lo que pas�, que les repita mi versi�n de los hechos como si eso sirviese ahora de algo� �Qu� les puedo decir que no les haya dicho ya?, �qu� les puedo decir que no sea la verdad? Pensar en esto es lo que menos me conviene ahora. Deber�a aprovechar estos instantes de lucidez para poner fin de una vez por todas, pero volver� a pasar; la oportunidad se desvanecer� entre las correas que me sujetan, las mismas que no me dejan ser libre, que me retienen en esta celda que es mi cuerpo, en esta c�rcel que es mi vida.
No tardar�n en venir a buscarme, un breve paseo por los amarillentos pasillos de �ste lugar y de nuevo las mismas preguntas, la misma rutina de siempre. La �ltima vez me preguntaron si quer�a dar marcha atr�s en el tiempo, si me gustar�a volver a donde todo empez� y enmendar lo que hice� Que ingenuos, no comprenden que no servir�a de nada, que todo volver�a a ocurrir. Puede que en vez de esa joven hubiese sido otra, quiz� la desdichada habr�a sido M�nica, o peor a�n, mi padre con sus exigencias y su estricta educaci�n; pero al final habr�a ocurrido de igual modo, no habr�a cambiado nada. Ellos no comprenden que todo lo que hice resultaba tan coherente como gratificante dentro de mi cabeza� Pero supongo que por eso estoy aqu�, para que lleguen a entenderlo.
Mi vida no era especial, tanto lo bueno como lo malo se hab�an asociado para volver rutinario todo lo que hac�a, y en consecuencia hab�an convertido �sta en una aut�ntica porquer�a.
Reconozco que no me faltaba el dinero, mi peque�a empresa me proporcionaba todo el necesario, y aunque defend�a la idea de que �ste no daba la felicidad, ahora veo que sin �l no habr�a ca�do en la espiral de vicio que me trajo hasta aqu�.
El problema de tener quien te trabaje un negocio, que en caso de dificultades se vea avalado por una renta familiar, es que las preocupaciones desaparecen paulatinamente; la inquietud por un giro brusco del destino parec�a entonces tan poco fundada que mi inter�s inicial fue decayendo hasta quedar a la altura de mis caros zapatos.
Sinceramente, nunca me atrajo el negocio familiar, seguir los pasos de mi padre resultaba m�s tortuoso que gratificante, por lo que llegados a este punto me di cuenta de lo vac�a que estaba mi vida, y lo peor de todo es que no encontraba alicientes que me ayudasen a continuar. Alicientes he dicho, �verdad? El alcohol se convirti� en mi fiel compa�ero, un amigo que no s�lo toleraba sino que incitaba mis flirteos con la coca; alicientes�, era lo �nico que me lo hac�a m�s llevadero.
Est� claro que mi familia lleg� a sospechar mi situaci�n, aun as� jam�s me ofrecieron su ayuda, �para qu�?, �para complicarse la vida? Prefer�an mirar a otro lado, aceptar mi peque�o defecto a enfrentarse a �l, a arriesgarse a que transcendiera; para ellos deb�amos ser perfectos, destacar con nuestro �xito laboral, y sobre todo, ser ejemplares maridos y padres de familia� �Dios, como se me revuelven las tripas cada vez que pienso en ello!
Tras mi ruptura con M�nica todo empeor�. No quisieron aceptar que lo nuestro hab�a acabado, insist�an en chorradas tales como los altibajos y las situaciones pasajeras en la pareja: que no fuese tan orgulloso, que hablase con ella, que M�nica era una mujer que no me merec�a� �C�mo pod�an estar todos tan ciegos? Desde el principio qued� claro que tras la atracci�n inicial lo nuestro hab�a sido un error. Ahora me pregunto si la defender�an tambi�n sabiendo la clase de mujer que era, sabiendo la cantidad de desplantes despreciativos hacia ellos que tuve que encubrir, sabiendo que no los soportaba� �Acaso eran ellos los que aguantaban su ir�nico y autoritario car�cter? �Acaso eran ellos los que ten�an que tragar con sus infidelidades confesas por aparentar ser la pareja perfecta?... Que no me mienten el orgullo, eso es algo que tras cuatro a�os con ella ya no me queda.
Me reconfort� pensar que una vez quedase liberado del yugo de su ambici�n me sentir�a un hombre nuevo, un hombre libre, y que equivocado estaba. Ella era muy lista, supo modelarme a su antojo hasta crearme una dependencia absoluta, convirti�ndome en esclavo de sus oscuros caprichos, en una marioneta carente de identidad� Cuando por fin me cre� liberado fue cuando me di cuenta de lo aferrado que estaba a ella, hab�a ca�do en su vengativa trampa, urdida pacientemente durante nuestra relaci�n. �Qu� le ocurre a una vivaracha marioneta sin un titiritero que maneje sus hilos? Que tan s�lo es una c�scara de cart�n piedra y unos trapos sin vida alguna�, exactamente igual a lo que yo me hab�a convertido.
Sin compromisos ni obligaci�n alguna, intent� comportarme cara a la galer�a como lo hacen las personas civilizadas: pasaba por mi despacho dos o tres veces por semana, com�a con mis padres un par de veces al mes, e incluso sal�a con alg�n conocido a tomar unas copas algunas noches. S�, he dicho conocido, pues esa es la palabra que describe tan triste verdad; si se tratasen de amigos se habr�an percatado de mi problema, me habr�an intentado ayudar� y no lo hicieron. Lleg� un momento en el que al embargarme la soledad, las tinieblas de mi mente aparec�an para recordarme el oscuro pozo sin fondo en el que me hab�a adentrado; la autoestima simulada durante algunas horas se esfumaba, y lo peor de todo es que lo aceptaba con la cobard�a que da el miedo al cambio. En eso se hab�a convertido mi existencia, as� de simple.
Sin darme apenas cuenta empec� a vivir dos vidas bien diferenciadas; una desde luego era falsa, la otra endiabladamente obscena y lujuriosa.
El goce lo buscaba en la coca y las prostitutas, las emociones las encontraba en el juego y la velocidad, el alcohol me proporcionaba la evasi�n que necesitaba; un explosivo c�ctel que sin saberlo armaba la bomba que tarde o temprano tendr�a que estallar en mi cabeza. S�lo la esperanza de un inesperado desenlace me manten�a en pie, igual que un muerto viviente que sin comprender se lanza a saciar sus instintos m�s primarios.
No me siento c�modo recordando aquella noche, pero supongo que en cierto modo explica por lo que estoy pasando. El parque donde la recog� no me era desconocido, sol�a frecuentarlo cuando buscaba compa��a, y aquel d�a hab�a bastante donde elegir. Era joven, como no, y la sonrisa que resaltaba en su tez mulata me pareci� sincera, cosa que ahora me extra�a porque en ese momento pude haber visto cualquier cosa. Ten�a buen tipo, eso s� lo recuerdo pese a la raya de coca y los tragos de vodka y whisky que se combinaban en mi cuerpo.
Nos dirigimos a mi casa. Durante el trayecto ella se mostr� receptiva, y con ello no me refiero f�sicamente, eso vendr�a m�s tarde. Me refiero a que de alguna manera supo intuir lo que me estaba pasando, supo ver la acequia en que me encontraba inmerso; una total desconocida hab�a visto instintivamente lo que nadie se hab�a molestado en descubrir, quiz� porque se consideraba un alma gemela con una trayectoria igual de lamentable. Aquella noche tampoco hab�a sido buena para ella, un cliente la hab�a abofeteado y otro se hab�a marchado sin pagarle los aberrantes caprichos a los que se hab�a visto sometida. Puede que esa fuese la raz�n por la que repar� en el perdedor que bajo la fachada de triunfador hab�a en m�, y eso la anim� en una conversaci�n que poco ten�a que ver con lo que me apetec�a en ese momento.
Nada mas llegar omit� cualquier pre�mbulo y pr�cticamente le arranqu� la ropa, despu�s la forc� volcando entre sus piernas toda la frustraci�n que me hab�a hecho aflorar; lejos del rechazo me acept� complacida pues comprend�a como nadie lo que estaba ocurriendo�, quiz� hasta mejor de lo que lo hac�a yo. El vicio que soportaba mi cuerpo no me permiti� un nuevo envite y ambos nos quedamos relajados; yo tirado sobre el sof� con la camisa a�n puesta y los pantalones bajados; ella, sentada junto a m�, acarici�ndome de una forma tan deliciosa como delicada.
�Por qu� tuvo que jugar a psic�logos conmigo? �Por qu� no fue igual de zorra que las dem�s y se march� con el dinero sin importarle lo que fuese de m�? �Acaso no me hab�a yo aprovechado de ella, de su vulnerabilidad? Pero no, sin serlo se cre�a diferente, no se ve�a merecedora de la vida que hab�a llevado, y de alguna manera parec�a querer compensar su frustraci�n intentando salvarme.
Que expresase mis temores me dec�a, que diese rienda suelta a todas mis frustraciones, que me desahogase con ella, que estaba acostumbrada a aguantar mucho m�s de lo que pod�a imaginarme. Su insistencia hizo que repentinamente mi cabeza se llenase de todo el resentimiento heredado de mi relaci�n con M�nica, de todo ese absurdo abatimiento y desgana granjeados durante a�os por un trabajo tan poco alentador, de todo ese asco familiar que sent�a y
que me hab�a visto obligado a tragar�, y fue entonces, en ese instante, cuando comprend� que al igual que su salvaci�n pasaba por ayudarme, la m�a pasaba por liberarla de su m�sera vida, de su sufrimiento. La tentaci�n me llev� a acariciar su cuello suavemente, en una lucha interna por reprimir el impulso emergente de apretar m�s de lo debido. Pero su mirada era clara, en sus ojos hab�a un ruego profundo, una petici�n para que acabase con su sufrimiento; lo entend� perfectamente. Empec� a apretar, aunque t�midamente al principio la presi�n fue progresivamente en aumento; ella necesitaba que la liberasen y yo necesitaba ser salvado. Apret� con fuerza y su boca se entreabri� con un inesperado quejido� Recuerdo perfectamente aquella sensaci�n, hac�a mucho que no ayudaba a nadie, y el hacerlo me sentaba bien, tanto que en el fondo de su boca, en lo oscuro de su garganta, empec� a ver la imagen de una cuerda tendida hacia m�,
igual que la que necesitaba para salir del pozo en el que hab�a ca�do; un signo de salvaci�n. Aquel rostro generoso empez� a tornarse temeroso y el terror asalt� sus facciones cuando comprendi� que yo no pensaba ceder, que mi �nico deseo era aliviarla de su sufrimiento, arrancarla de la miserable vida que le hab�a tocado vivir; supongo que a veces no estamos lo suficientemente preparados para lo que deseamos, eso, o yo estaba equivocado. En cualquier caso, cuanto m�s apretaba m�s a mi alcance parec�a encontrarse la cuerda, as� que apret� y apret�, pero �sta empez� a desaparecer, y pese a desgastar todas mis fuerzas para ver si volv�a, ya no apareci� m�s� Entonces afloj� mis manos y fui apart�ndolas lentamente.
Desgraciadamente nada, ni siquiera la paz interior que ef�meramente hab�a disfrutado, impidi� que me diese cuenta de lo que acababa de hacer. Lo m�s atroz de todo es que por vez primera en mucho tiempo me hab�a sentido bien, y todo se lo deb�a a la insistencia que aquella muchacha hab�a mostrado intentando ayudarme. Fue entonces cuando comprend� la raz�n de todo, fue entonces cuando entend� que s�lo anulando la voluntad de aquellos que quisieran ayudarme podr�a recuperar la felicidad perdida�, igual que M�nica hab�a hecho conmigo. Reconozco que el planteamiento resulta aterrador, pero yo no soy ning�n asesino; una mujer me empuj� a una enfermedad con una clara patolog�a y muy mal tratamiento, soy consciente de ello y por eso ment�.
Hoy me volver�n a preguntar sobre lo ocurrido, s� que no les interesa saber que me llev� a trocear su cuerpo e intentar ocultar los pedazos en contenedores de basura; que est�pido me sent� cuando la descubrieron. No, ellos quieren averiguar lo que me impuls� a hacerlo, quieren profundizar en mi problema y no en las consecuencias que resultaron de �ste. Pero la verdad es que no quiero explic�rselo, no puedo decirles la verdad porque entonces querr�n ayudarme, y si eso ocurre sentir� la necesidad de anular su voluntad de igual manera que hice con ella. Por unos instantes de felicidad me volver� a sentir torturado d�a tras d�a, como ocurri� con la prostituta y la cuerda en el fondo de su boca, tan accesible por momentos como inalcanzable a la vez.
Cualquier historia ser� adecuada aunque no me crean, cualquier cosa que haga que me dejen en paz y que me proporcione un instante para huir de todo; un instante y la voluntad necesaria para llevarlo a cabo ser� suficiente. No hay quien no me considere un monstruo, en realidad nadie me ve como la verdadera v�ctima de esta historia, nadie se plantea mis dilemas interiores, mis sufrimientos; pero ese es el alto precio que tendr� que pagar el resto de mi vida.
S�lo busco paz, la misma que ella me mostr� y que le ayud� a conseguir.