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Uno de los problemas más grandes del referendo
es su extensión y complejidad. Muchos son
los que no se han atrevido a leerlo aun tratándose
de profesionales con un mayor bagaje cultural
para entenderlo. Ni hablar de las clases populares
que además poco acceso tienen a los medios
de comunicación escritos y entre quienes
la comprensión de lectura no es su fuerte.
Por supuesto que para éstos, e incluso
para los otros, es más fácil quedarse
en casa que salir a votar un texto larguísimo
del que no pueden dilucidar, por sí mismos,
las mentiras que los opositores han propagado
para sembrar las dudas sobre el mismo.
La complejidad del texto es propia de la mentalidad
leguleyista que ha primado en Colombia a lo largo
de la historia, también nuestras constituciones
y leyes han sido largas y confusas, plagadas de
incisos y parágrafos que pretenden delimitar
las normas bajo el sentido preciso de las palabras
lo cual, sin embargo, no ha impedido nunca que
se den interpretaciones descaradas que violan
flagrantemente el espíritu de las mismas.
En otras latitudes prima la filosofía de
los principios que se desean preservar y no la
redacción; y se respetan los precedentes
que sientan jurisprudencia o sea el viejo principio
de que la tradición hace ley.
En Suecia se realizó hace poco un referendo
y la pregunta era de un renglón. Con todo
y que se trata de un país muy educado.
Aquí vamos a definir 15 referendos en uno,
con unos textos cuya lectura tarda más
de quince minutos. Ya se rumora que sectores de
la oposición han preparado una especie
de sabotaje que consiste en enviar a sus bases
a 'votar' en operación tortuga, monopolizando
los cubículos para provocar un bloqueo
mayúsculo y que así sean muy pocos
los que logren sufragar.
Lo que debería ser un evento democrático
que abriera caminos de participación terminó
siendo un motivo más de discordia, de polarización
y distanciamiento. La verdadera trampa tras el
referendo ha estado entre quienes promovieron
un supuesto 'abstencionismo activo' pues cuando
se conceptuó que abstenerse era válido
se hizo en el entendido de que en nuestro país
no existe el voto obligatorio y no porque ello
sea una opción democrática.
No están errados quienes opinan que los
abstencionistas están dándole un
entierro de tercera a un mecanismo que se considera
imprescindible en las democracias pero que en
nuestra Constitución Política se
consagró con un rosario de vulnerabilidades:
es difícil de convocar, está supeditado
a una especie de 'peaje' en el Congreso de la
República y en la Corte Constitucional
y requiere un considerable umbral del 25 por ciento
del potencial electoral para pasar.
La actitud de los abstencionistas deja heridas
difíciles de restañar en el trasegar
político; tanto es así que no es
difícil imaginar lo que ocurrirá
cuando los opositores de hoy quieran acudir a
una consulta popular de esta naturaleza y se les
pague con la misma moneda, con actitud vengativa,
de tal manera que las mayores oportunidades de
participación terminen por alejarnos más
en vez de acercarnos, termine poniéndose
en contra de la reconciliación entre los
colombianos.
Puede que el referendo sea reiterativo de algunas
normas ya existentes, confuso, largo, que incluya
reformas económicas no propuestas originariamente;
que se acuse de ser inocuo, innecesario y costoso
pero, si de algo sirve, aquí proponemos
votar afirmativamente todos los puntos excepto
el cuarto, o votar como se quiera pero no abstenerse,
eso es hacerle el juego a todos los enemigos de
la democracia colombiana.
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