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En un país con tantos problemas de violencia
y pobreza sorprende que la liquidación
de una compañía aérea cause
tanto revuelo. Máxime, cuando empresas
es lo que se ha liquidado en Colombia en los últimos
siete u ocho años en razón de una
apertura económica desmedida, y cuando
la mayor parte de la población no puede
acceder al transporte aéreo por sus altos
costos. Si bien la liquidación de cualquier
empresa aumenta el desempleo, el desencanto mayúsculo
por el cierre de la aerolínea Aces se centra
en el hecho de que todo indica que esta empresa
fue blanco de una trama muy bien urdida para sacarla
del mercado.
Aces se ganó la confianza y el respeto
de los colombianos hacia finales de los ochenta
cuando se fue posicionando como la mejor aerolínea
de Colombia por el excelente servicio abordo y
la puntualidad de sus vuelos frente a la gigante
Avianca que era todo lo contrario hasta el punto
de exasperar a sus usuarios. La pequeña
compañía se fue convirtiendo en
un estorbo para Julio Mario Santodomingo quien,
como consta en una investigación del periodista
Gerardo Reyes, ha hecho su fortuna con base en
no pocas jugadas chuecas.
Cuando se hizo la alianza entre Aces y Avianca
-mal llamada 'Summa', pues sólo restó-
el pedante presidente de Aces Juan Emilio Posada,
le hizo creer a medio país que se trataba
del acierto gerencial del siglo: David salvaría
a Goliath, el pez chico le daría respiración
boca a boca al grande para preservarlo de una
inminente quiebra. No obstante, surgieron voces
discrepantes como la del Superintendente de Sociedades
Emilio Archila, a quien su oposición a
la tal fusión le costó el puesto.
También otros advirtieron que no había
que creer en las bufonadas de Posada sino 'leer'
la historia de las negociaciones de Julio Mario,
quien quita del camino todo lo que le estorba.
Resulta que Aces, que perdía unos cinco
mil millones al año, pasó a perder
40 mil en el primer semestre de éste sin
que el número de pasajeros haya descendido
en Colombia. Compañías como Aerorepública,
Aires y West Caribbean crecieron a pasos agigantados
en el mismo periodo. De otra parte, Aces fue la
que limitó su flota cuando la de las grandes
pérdidas -a razón de 400 mil millones
por año- era Avianca, y no sólo
eso: salió de los aviones y las rutas más
rentables, las regionales que la hicieron grande
y las naves con que las cubría; ATR-42
y Twin Otter, para quedarse con cinco aviones
Airbus cuyo costo de arrendamiento era insostenible.
Ahora se esgrimen argumentos livianos para desmentir
esto. Dice la Federación de Cafeteros -dueña
de Aces- que a ellos no los tumbaron, que ahora
son dueños de la mitad de Alianza Summa
o, dicho en otras palabras, de la mitad de Avianca.
Pero Avianca es una deuda gigante o sea que se
jactan de ser dueños de medio hueco, un
hueco que hay que recapitalizar y el único
aportante será Valores Bavaria (Julio Mario)
porque la Federación no tiene ni para sembrar
café. De acuerdo al aporte, Bavaria aumentará
su participación en detrimento de los cafeteros
y gracias al Capítulo 11 de los Estados
Unidos (Ley de Quiebras), Avianca terminará
salvándose, seguirá en manos de
Bavaria -con escasa participación de la
Federación de Cafeteros- y sin el rival
que le quitó el sueño por más
de diez años. Gol de Santodomingo. Pero
si el Chapter 11 no es suficiente, Papá
Gobierno se meterá la mano al dril y sacará
de la plata de todos los colombianos para salvar
a Avianca por ser "la segunda aerolínea
más antigua del mundo", por ser de
Julio Mario y, básicamente, por 'ser',
en parte, de los cafeteros, a quienes el Gobierno
siempre socorre, otro gol de don Julio.
Está bien claro que Avianca no necesitaba
de fusiones ni de alianzas para acogerse a la
ley gringa y por tanto, enredar a Aces sólo
tenía el objetivo de acabarla y, de contera,
quedar con un socio que no pone plata pero tiene
nexos directos e históricos con las más
altas esferas donde Julio Mario es respetado pero
no genera lástima.
Y, como para variar, la Aerocivil acaba de limitar
las operaciones en el aeropuerto Enrique Olaya
Herrera con argumentos baladíes, con las
mismas tretas de don Julio Mario, como si no se
supiera desde hace rato que lo que quieren es
cerrarlo por conflicto de intereses. El Olaya
es del Municipio de Medellín y da ganancias;
el José María Córdova -el
aeropuerto internacional que sirve a Medellín-
es de la Nación y por estar subutilizado
arroja pérdidas. Pero además las
220 hectáreas del Olaya Herrera son la
manzana más codiciada por los constructores
de la ciudad, donde ya no hay un solo lote urbanizable.
Esa limitación de operaciones le cortará
el chorro de las ganancias y terminará
cerrándolo en dos o tres años. Todo
eso no es más que un viejo estilo de hacer
las cosas a espaldas de la gente, con marrullerías,
lo cual debería castigarse por aquello
que rezaba el lema de Aces: Por el respeto.
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