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Al igual que Francia y Brasil, Colombia está
obligada a modificar algunos aspectos del régimen
de pensiones para asegurar su cumplimiento con
cargo a la Nación. Es por eso que se ha
hablado de gravar todas las pensiones con un porcentaje
que podría ser hasta del 7 por ciento.
Para quien devenga un salario mínimo como
pensión (332 mil pesos mensuales), ese
7 por ciento representa más de 23 mil pesos
que le son indispensables para lo más básico:
alimentación, arriendo, servicios públicos,
transporte, etc. Mientras que para un ex congresista,
pensionado con 50 salarios mínimos mensuales
(16 millones 600 mil pesos), el 7 por ciento (1
millón 162 mil pesos), es como quitarle
un pelo a un gato.
El punto ocho del Referendo del presidente Uribe
está encaminado a ponerle límites
a las pensiones del sector público con
un tope de 25 salarios mínimos (8 millones
300 mil pesos). Sin embargo, a pesar de que el
Presidente da ejemplo en carne propia ajustándose
a la Ley 100 de 1993 para recibir la pensión
a los 62 años como cualquier colombiano
y no una vez haya terminado su periodo, y acogiéndose
a la pensión límite si el Referendo
es aprobado, para los demás funcionarios
públicos de alto rango se mantendrán
los abominables 'derechos adquiridos' con el argumento
falaz de querer respetar la seguridad jurídica
-cosa que nunca se ha respetado en Colombia- y
con el agravante de que son esos mismos altos
funcionarios -congresistas, magistrados, presidentes
-
quienes han decidido lo grueso de sus salarios
y sus pensiones porque no tienen quién
los ronde.
No es justo que se exija el desmonte de los regímenes
especiales y de las abundantes prebendas que se
le otorgan a los trabajadores de las empresas
del Estado en tanto que las vacas sagradas devengan
altos salarios y exorbitantes pensiones. No cabe
duda de que las onerosas retribuciones que reciben
los que bien o mal -vaya uno a saber- le han servido
a Colombia desde altas posiciones son una pesada
carga para el erario, los dineros de todos, y
parte de esos dineros estarían mejor -y
sería más justo- destinados a educación,
salud, préstamos para el agro y la pequeña
empresa y mil etcéteras más.
Esto hace pensar que el octavo punto del Referendo
quedó cojo. Pretende respetar los 'derechos
adquiridos' de quienes ya se pensionaron como
si ocho millones no fueran suficientes para cualquiera.
Es claro que si todos estos venerables 'ancianitos'
se han endeudado con la base de sus altos salarios
para comprar propiedades y demás, el hecho
de bajarlos a 25 mínimos puede meterlos
en serios problemas pero en Colombia hay viejitos
que no comen y se mueren en la calle como para
que ahora nos vayamos a preocupar por una oligarquía
de ladrones que quieren desfalcar al país
hasta la hora de sus muertes y aún más
allá. Por tanto, ese punto del Referendo
debería aplicarse con retroactividad y
no sólo hacia el futuro.
Es que da asco ver el informe de la revista Cambio
(agosto 11) donde se divulga cómo devengan
pensiones escandalosas hasta las viudas de quienes
no fueron presidentes pero recibieron su 'palomita'
para robarle a los colombianos: Rafael Azuero
Manchola, designado de Misael Pastrana; Víctor
Mosquera Chaux, designado de Turbay; y Carlos
Lemos Simmonds, quien manchó toda su carrera
política aceptando la presidencia por diez
días como pago a su servilismo hacia Ernesto
Samper. Por cierto, esta viuda que nada ha hecho
por Colombia, es muy joven y de no disponer otra
cosa quien estas cosas rige, recibirá su
pensión de 14 millones mensuales por lo
menos los próximos 40 años.
También están las viudas de Barco,
Lleras Camargo y Lleras Restrepo; los ex presidentes
que aún viven -incluyendo a dos de la Junta
Militar de 1957- y decenas de ex congresistas
o sus viudas. Incluso, un ex funcionario administrativo
del Capitolio, Silverio Salcedo Mosquera, quien
recibe una pensión de 19 millones. Lo más
grave es que a estas pensiones, los contribuyentes
-¡todos los colombianos!- les tenemos que
subsidiar entre la mitad y las tres cuartas partes
de las mismas porque el aporte hecho a lo largo
de la vida laboral de los suscritos es insuficiente
para pagarles una mesada tan jugosa. Según
Cambio, se les termina regalando, de acuerdo con
lo que duren vivos el jubilado y su viuda, entre
$850 millones y $2.000 millones en cada caso.
Esto recuerda a la 'Pobre viejecita' de Rafael
Pombo, sin nadita qué comer, "sino
carnes, frutas, dulces, tortas, huevos, pan y
pez. Bebía caldo, chocolate, leche, vino,
té y café, y la pobre no encontraba
qué comer ni qué beber
".
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