Lunes
26 de mayo de 2003 - Edición 207
A
los militares que se apropiaron de una caleta
de dinero de las Farc hay que castigarlos como
corresponde pero también hay que comprenderlos.
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El
viernes santo, cuando dos compañías
del batallón de contraguerrilla número
50, compuestas por cerca de 150 hombres entre oficiales,
suboficiales y soldados, se encontraron una caleta
de dinero de las Farc con una cantidad aún
no determinada de la cual se apropiaron -las versiones
oscilan entre ocho y quince millones de dólares-,
no sólo se incurrió en un robo sino
en una grave falta contra el honor militar. Los militares,
ni ningún otro servidor público, pueden
apropiarse de lo que encuentran en el ejercicio de
sus funciones, en cuyo caso se convierten de manera
automática en custodios de cualquier material
que deba ser incautado por el Estado. No pueden llevarse
para sí ni armas, ni narcóticos, ni
dinero. Si se los apropian se configura un robo o
peculado por apropiación como se le llama al
hurto cuando es cometido por un funcionario en detrimento
del patrimonio del Estado.
Sin
embargo, tan grave como la falta ética que
cometieron los soldados es la laxitud moral con la
que casi todos los colombianos hemos tratado de disculpar
a nuestros soldados por la falta cometida. Es cierto
que un hombre que da su vida por los demás
debería ser dispensado por una falta que no
es tan grave como otras; en este caso no ha habido
error militar que provoque bajas civiles, no ha habido
violación de los derechos humanos, no ha habido
connivencia con los paramilitares, no ha habido desobediencia
o cobardía, ni siquiera deslealtad como se
ha dicho, pero en vista de que se desea un soldado
y un policía impermeables a la corrupción
inveterada y común de hace años, es
una falta que no puede perdonarse. ¿Qué
tal si se trata de bienes legales, también
llenarían las mochilas? Sí, es lo más
probable.
El
caso es una muestra típica de la capacidad
corruptora del dinero, pero también de la doble
moral de los colombianos, del individualismo, de la
falta de solidaridad. En Colombia hay una larga tradición
y hasta un cierto gusto por lo ilegal que hace parte
de la cultura del país y que justifica la consecución
de dinero por medios poco ortodoxos. Por eso el contrabando
-tan viejo como la República-, por eso el narcotráfico,
por eso el sicariato y por eso también el tráfico
de influencias y sobornos para alcanzar privilegios.
Pero este caso es también una muestra de que
la profusión de leyes que hay en el país
y el sistema de justicia que impera se prestan para
generar impunidad porque la moral intrínseca
no interesa frente a la cantidad de interpretaciones
a que puede someterse el articulado de los códigos.
De
ahí que en las cárceles haya tantos
inocentes mientras reconocidos delincuentes son liberados
por los jueces o pagan condenas ridículamente
cortas. Basta mencionar que una semana después
de destaparse el escándalo, los expertos no
se ponen de acuerdo acerca de si hubo delito o no,
cuál fue en caso de haberlo y, en consecuencia,
quién debería juzgarlos: la justicia
civil o la justicia penal militar, esto último
a pesar de estar muy claro que las compañías
del Batallón 50 no andaban de paseo sino en
una operación militar en la antigua zona de
distensión.
No
es nada fácil juzgar a estos hombres si se
tiene en cuenta que su sueldo es de unos dos salarios
mínimos mensuales, cerca de 670 mil pesos,
y que cada uno se embolsilló de a 200 millones,
por lo menos, según se ha podido establecer.
Si cada soldado pudiera ahorrar la mitad de su salario
(lo cual es imposible porque lo necesita para vivir)
se tardaría 50 años para reunir ese
dinero, de manera que es una tentación irresistible.
Tal vez, esa misma consideración es lo que
llevó al presidente Uribe a 'perdonar' la ligereza
de aquel que encontró su billetera en Bucaramanga,
conductor de oficio, quien en vez de entregarla saqueó
12 millones de sus tarjetas bancarias. A un presidente
enfrentado a los delincuentes más sanguinarios
del mundo no le queda bien descargar toda su ira en
un pobre diablo que creyó poder robar al Jefe
de Estado, el hombre más custodiado de Colombia,
y seguir tan campante por la vida. La misma ingenuidad
de los 147 militares.
Más
lamentable es que el dinero maldito de las Farc, producto
de extorsiones, secuestros y tráfico de narcóticos,
dejen fuera de circulación a dos compañías
de hombres bien entrenados y experimentados, y que
éstos se hayan comportado como cualquier mafioso
resucitado -o como algunos futbolistas-, comprando
costosas camionetas, bebiendo desaforadamente, haciendo
ruidosas fiestas, visitando burdeles y derrochando
dólares en lo que se ofreciera. Al igual que
casi todos los colombianos, los militares no sólo
carecen de cosas materiales sino de una mejor educación,
por eso hay que tratar de entender a estos hombres
que nunca pasaron por una universidad -a diferencia
de los políticos corruptos- y que no tomaron
dineros públicos sino el dinero mal habido
de los verdugos de Colombia. No obstante, hay que
resaltar que el Ejército mismo denunció
este hecho tan lamentable aun cuando se pudo haber
ocultado sin mucho esfuerzo. Pero que estos hombres
-y el ladrón presidencial- reciban el castigo
que les corresponda para no seguir enviándole
mensajes erróneos a la sociedad.
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| Entre
el tintero.... |
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Corte Constitucional ordena pago indefinido de sueldos
a secuestrados y desaparecidos. Según el alto
tribunal, el Estado está obligado por ley y a
los empleadores particulares los cobija el principio
de solidaridad.
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Sanción de 20 años de suspensión
a 3 concejales de Bogotá por soborno. Judy Consuelo
Pinzón, William Cubides y Lilia Camelo fueron
destituidos de sus cargos por pedir dinero a un particular
para reformar un proyecto de acuerdo del Código
de Policía.
-
Presidente de Ecuador, Lucio Gutiérrez, pidió
a la ONU exigir cese del fuego a las Farc. Tras una
reunión de 40 minutos con el presidente Álvaro
Uribe en Cusco (Perú), en el marco de la Cumbre
de Rio, el mandatario ecuatoriano suspendió sus
intenciones de mediar ante la guerrilla.
-
Corte Suprema de Justicia confirmó pena de 12
años y medio de cárcel contra Diomedes
Díaz. El tribunal revivió un fallo impuesto
por un juez penal de Bogotá en el 2001 contra
el cantautor vallenato, por el homicidio de su amiga
Doris Adriana Niño, en 1997.
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Absuelven al coronel (r) Bernardo Ruiz en el caso del
asesinato de Álvaro Gómez. El ex comandante
de la Brigada 20 de inteligencia cumplió cuatro
años, un mes y dos días en prisión
por estar sindicado de participar en el magnicidio ocurrido
el 2 de noviembre de 1995.
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Los países más poderosos del mundo apoyan
'firmeza' del presidente Uribe contra grupos ilegales.
El pronunciamiento provino de los ministros de Relaciones
Exteriores del G-8 (Alemania, China, Estados Unidos,
Francia, Gran Bretaña, Italia, Japón y
Rusia).
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Contraloría reestructurará las Corporaciones
Autónomas Regionales (CAR). Encontró en
ellas excesivos gastos en funcionamiento, poca inversión
en programas ambientales, abandono de áreas reforestadas,
autorización de anticipos sin firmar contratos
y presunta falsedad de documentos públicos.
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Ministro de Agricultura anunció que en tres años
se liquidarán el Inat, el DRI, el Incora y el
Inpa. El Instituto Colombiano de Desarrollo Rural, Incoder,
asumirá las tareas del Instituto Colombiano de
Reforma Agraria (Incora), el Instituto Nacional de Pesca
(Inpa), el Fondo para la Cofinanciación del Desarrollo
Rural Integrado (DRI), y el Instituto Nacional de Adecuación
de Tierras (Inat).
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Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, no compartió
iniciativa de pedir a la ONU que conmine a las Farc
a dialogar. Chávez dijo que esa postura significaba
abrirle la puerta al diseño de una eventual intervención
multilateral en Colombia.
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Inminente guerra entre las Autodefensas Unidas de Colombia
(AUC) denuncia jefe político del Bloque Metro.
'Rodrigo' o 'Doble Cero' reveló que las AUC le
dieron plazo al Bloque Metro para que se una a las mesas
de negociación con el Gobierno, o lo conmina
a abandonar su zona de influencia y a ser atacado militarmente.
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Giros al país de colombianos que viven en el
exterior duplican ingresos por venta de café.
El año pasado enviaron 2.431 millones de dólares
a sus familias, lo que permitió triplicar los
ingresos generados por las exportaciones, además
del café, de carbón y de flores.
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