Los
hechos acaecidos este lunes en el municipio de Urrao,
en Antioquia, son un capítulo más en
esta historia de barbarie que está escribiendo
las Farc, pero sin duda es uno de los capítulos
más cruentos. Los militares habían sido
capturados en diversas operaciones bélicas
de la guerrilla y algunos de ellos tenían hasta
seis años de cautiverio. Gaviria, el gobernador
de Antioquia, y Echeverri, uno de los hombres más
queridos y notables del Departamento, fueron secuestrados
mediante engaños el 21 de abril de 2002, cuando
marchaban en una caminata de solidaridad hacia el
municipio de Caicedo, un pueblo pobre del occidente
que apenas sobrevive con algunas cosechas de café
y que venía siendo azotado por las Farc, quienes
se robaban los cargamentos del grano.
El
Gobernador de Antioquia fue advertido de lo imprudente
de tal marcha, sin acompañamiento alguno de
las fuerzas armadas, pues ya estaba el precedente
del secuestro de Ingrid Betancur, semanas atrás,
en plena campaña presidencial. Pocos kilómetros
antes de llegar a la cabecera municipal de Caicedo,
tras varios días de camino a pie, guerrilleros
de las Farc cerraron el paso a los marchantes y exigieron
explicaciones del asunto. El comandante del Frente
34 de las Farc, alias El Paisa, exigió que
Gaviria fuese hasta su escondite para hablar con él
acompañado de Gilberto Echeverri, un verdadero
pez gordo de la dirigencia nacional, que sólo
atinó a recordarle al Gobernador que podría
ser una imprudencia. Había de por medio, sin
embargo, la 'palabra' de El Paisa, de respetarles
sus vidas y su libertad. Ambos prohombres venían
pregonando las teorías utópicas de la
'noviolencia', una especie de filosofía pacifista
que va mucho más allá de "poner
la otra mejilla" y cuya explicación es
algo así como "no hacer nada, no defenderse,
el enemigo, tarde o temprano, se cansa de matar".
La
filosofía de la 'noviolencia' es una bella
quimera cristiana, desbordante de amor pero profundamente
absurda. De hecho, es lo que hemos practicado los
colombianos durante los últimos cien años
y los violentos todavía no se cansan; por el
contrario, el reguero de muertos es espantoso y supera
cualquier cálculo. No es tal teoría,
de ninguna manera, lo que necesita Colombia, lo que
la gran mayoría de colombianos pide es muy
distinto, es autoridad, es uso de la fuerza debidamente
ajustada a los límites constitucionales, es
valor para enfrentar a los violentos. Sólo
desde el pasado siete de agosto se está aplicando
todo esto, precisamente por parte de quien supo entender
las necesidades y deseos del pueblo colombiano y se
atrevió, con una entereza extraordinaria y
un entendimiento fuera de lo común, a romper
las ataduras y cumplir con la Ley. Ya los resultados
empezaron a verse de ahí que las Farc se interesen
tanto por un acuerdo humanitario lleno de exigencias
que llevarían a limitar las operaciones militares
en su contra para quitarse ese peligro de encima.
Con ello intentan engañar al pueblo colombiano
-como engañaron a Gilberto y a Guillermo- con
un supuesto primer paso para unos diálogos
que conduzcan a la paz, pero el país ya está
curtido y no cree en cuentos chinos.
La
guerrilla de las Farc quiere repetir las mismas estrategias
de Pablo Escobar, y parece olvidárseles o no
saber que Escobar está muerto. El país
transó con él a cambio de los notables
personajes que secuestró entre 1990 y 1991,
incluyendo al hoy vicepresidente Francisco Santos.
La Constituyente del 91 se le arrodilló por
entero y prohibió la extradición de
colombianos. El gobierno de Gaviria le concedió
todas las peticiones imaginables para 'recluirlo'
en su propia casa de campo. ¿Qué se
obtuvo con esa feria de impunidad? Más muertos,
más bombas, más miseria
Negociar
con Pablo Escobar fue un error inmenso, negociar con
la guerrilla será uno peor.
Las
Farc han dado de lo mismo: mientras más concesiones
se les hace con más violencia responden. Nadie
se les ha arrodillado tanto como el ex presidente
Andrés Pastrana y las Farc sólo respondieron
con más cinismo, más muertos y más
burlas. Nunca las Farc mostraron un sólo gesto
de buena voluntad, nunca dieron una señal de
entendimiento, nunca cumplieron las promesas y todo
pacto fue roto de manera unilateral. Incluso, nunca
negaron que su propósito era gobernar sin silenciar
los fusiles. Por todo eso, nadie puede ilusionarse
con que un intercambio humanitario sea la puerta para
negociar la paz; todo lo contrario, es la puerta para
que nos den en la cabeza con los 5 mil hombres que
están presos, y si un intercambio no sirve
para disminuir la intensidad de la guerra no debe
hacerse.
El
llamado canje humanitario es contraproducente para
el país si se le otorgan ventajas a las Farc;
sólo podría hacerse con las condiciones
que expone el Presidente de la República: que
debe ser para todos los secuestrados, incluyendo los
de carácter económico; que debe ser
de cara a la comunidad internacional; que debe ser
por una sola vez; que no se harán despejes
militares; que no se pueden liberar presos condenados
por delitos de lesa humanidad; que los liberados no
pueden regresar a las filas de la guerrilla, un país
amigo tendrá que acogerlos y comprometerse
a controlarlos; y, finalmente, que haya un compromiso
de las Farc para proscribir el secuestro como método
de lucha, no importa si es de tipo político
o económico.
Como
puede verse, las condiciones son muchas y de difícil
cumplimiento, lo que a las claras demuestra que el
canje es imposible y no se realizará a menos
que se dé un giro radical en las pretensiones
de las Farc. El asesinato a sangre fría de
estos once colombianos no puede ablandarnos, ceder
ahora es padecer mañana; el camino correcto
es el señalado por el presidente Uribe. Si
las Farc hubiera abandonado vivos a los secuestrados
no se podría hablar tanto de una victoria militar
del Gobierno como de un gesto sensato de la guerrilla
y, ahí sí, de una compuerta abierta
para la paz dialogada que hoy por hoy está
sellada y clausurada. La verdadera opción está
en manos de los valientes soldados de Colombia.