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Fidel Romero


Los parientes de Ana Cecilia

Lunes 28 de abril de 2003 - Edición 203

El peso de la bota militar

No se puede hablar de canje cuando se secuestran ancianas de 82 años y pasan cosas tan aberrantes como el secuestro y asesinato de la profesora Ana Duque. Las Farc busca tomar un respiro.


En estos días en los que tanto se ha hablado del canje humanitario resulta inevitable pensar que para las Farc el tema no es otra cosa que una artimaña para seguir engatusando al país. Día a día se conocen noticias de los extraordinarios avances de la fuerza pública en el control de la subversión; no caen aún grandes cabecillas, es cierto, pero las capturas de subversivos, la rendición de otros, la incautación de pertrechos, el develamiento de acciones terroristas, el desmantelamiento de talleres donde fabrican artefactos bélicos y de laboratorios de droga, todo eso, es constante y va minando cada vez más a las organizaciones terroristas.

Incluso, los capturados recientes no son ya simples milicianos de barrio sino que hay numerosas capturas de mandos medios que sirven de enlace entre los cabecillas y las células urbanas que ejecutan los actos terroristas, mandos medios vitales para la subversión porque son gente de confianza que maneja el dinero, la logística y la planeación. La otra cara de la moneda son los cientos de guerrilleros que han desertado en los últimos meses y se han entregado voluntariamente a las autoridades. Todos denuncian malos tratos, promesas incumplidas, hambre… La guerrilla no es un Ejército, sino un puñado de bandidos que aprovechan la pobreza de los campesinos para reclutarlos con ofrecimientos económicos que no se materializan, y si no quieren por las buenas se los llevan a las malas o los matan. Eso conduce a que al interior de la guerrilla se genere el descontento y se pudra por dentro. Ya está pasando. Se han entregado más de mil guerrilleros rasos al programa de reinserción del gobierno de Uribe y el viernes anterior se acogió el jefe del Frente 46 de las Farc -que opera en Santander-, Rafael Rojas Zuñiga, alias Fidel Romero.

Todo esto es consecuencia de la política de lucha frontal que ha implementado el Presidente de la República. La laxitud del gobierno anterior fue fatal para el país y muy provechosa para las Farc; ahora las cosas están cambiando y por eso se percibe cierta preocupación en el renovado léxico de Tirofijo para con los militares. Pero como la alternativa de las cartas no le ha funcionado muy bien a las Farc, quieren usar el tema del canje para detener la ofensiva del Estado manipulando a los familiares de los secuestrados para tratar de ablandar la posición del Presidente pero sin alterar ni una coma de unas condiciones que son inaceptables.

El canje es un chantaje de los terroristas para ablandar a la sociedad y al Estado. Es justo que personas que llevan hasta seis años secuestradas regresen a sus hogares pero no es justo ni conveniente liberar a centenares de peligrosos delincuentes que hoy están recluidos y mañana pueden volver a sus andanzas, no hay garantías de que las Farc desista de usar el mismo mecanismo de chantaje en el futuro ni que deje de secuestrar con ánimo de lucro, y no es justo tampoco que los secuestrados por dinero no sean tenidos en cuenta en el canje. No se olvide que los policías y militares saben a lo que se enfrentan en su oficio; los políticos secuestrados son, en su mayoría, unos ladrones; y los casos de Ingrid Betancur y el gobernador de Antioquia, Guillermo Gaviria -que se arrastró al buenazo de Gilberto Echeverri-, son producto de puro oportunismo político. Total, si el canje no sirve para acabar con el secuestro y poner fin a los actos terroristas, no sirve para nada y no debe hacerse pues peores serán sus consecuencias.

Si el canje humanitario no sirve para que no vuelvan a ocurrir casos como el secuestro de una anciana de 82 años en Angostura (Antioquia), el Viernes Santo, a manos de las Farc y por quien piden mil 200 millones de pesos, de nada sirve. Si el canje humanitario no sirve para suprimir atentados terroristas como el que dejó cuatro civiles muertos en El Peñol (Antioquia), por parte del Eln, de nada sirve. Si el canje humanitario no sirve para excluir a los civiles del conflicto y no volver a cometer actos tan aberrantes como el sucedido en Cocorná (Antioquia), donde el Eln secuestró a la maestra Ana Cecilia Duque Villegas para obligar a su padre a asesinar a un paramilitar conocido como Matute, de nada sirve.

El sábado apareció el cadáver de la maestra y muy pronto aparecerá el de la anciana de 82 años, quien sufre graves quebrantos de salud. Así no se puede hablar de canje, eso es una farsa y el país no puede caer otra vez en el engaño. Hay que seguir reforzando la fuerza pública y enfrentar a los bandidos hasta las últimas consecuencias, que los cantos de sirena de los llamados ex presidentes, abanderados del canje, no nos seduzcan; vaya uno a saber por qué gente que nunca fue elegida como presidente y que devengan pensión vitalicia como tal (Carlos Lemos Simmonds) andan ahora tan interesados en servirle a una guerrilla que trama otro ardid para sacudirse el peso de la bota militar que las está ahogando.


 
Entre el tintero....

- El Gobierno propone que bachilleres de estrato seis paguen servicio militar en zonas de combate. La propuesta es una de las más novedosas incluidas en el proyecto de ley sobre reclutamiento que presentó al Congreso, el jueves, la ministra de Defensa, Marta Lucía Ramírez.


- Farc nombran a tres voceros para eventual acuerdo humanitario con el Gobierno. Mediante una carta abierta a los ex presidentes liberales del país, revelan que han elegido a Carlos Antonio Lozada (miembro del estado mayor del Bloque Oriental), Simón Trinidad y Domingo Bihojó.

- Revisión de una tutela hace tambaler fumigación en territorios indígenas. Si la Corte Constitucional concede la razón al demandante, la administración del presidente, Álvaro Uribe, quedaría impedida para fumigar cultivos ilícitos en los 597 resguardos indígenas del país.

- Banco de la República está bajo alta presión por posible alza en tasas de interés. Desde 1998, cuando las tasas de interés del Emisor llegaron al 62 por ciento, rozando la usura, la autoridad monetaria no había recibido tanta presión por las medidas que se dispone a tomar.

 
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