En
estos días en los que tanto se ha hablado del
canje humanitario resulta inevitable pensar que para
las Farc el tema no es otra cosa que una artimaña
para seguir engatusando al país. Día
a día se conocen noticias de los extraordinarios
avances de la fuerza pública en el control
de la subversión; no caen aún grandes
cabecillas, es cierto, pero las capturas de subversivos,
la rendición de otros, la incautación
de pertrechos, el develamiento de acciones terroristas,
el desmantelamiento de talleres donde fabrican artefactos
bélicos y de laboratorios de droga, todo eso,
es constante y va minando cada vez más a las
organizaciones terroristas.
Incluso,
los capturados recientes no son ya simples milicianos
de barrio sino que hay numerosas capturas de mandos
medios que sirven de enlace entre los cabecillas y
las células urbanas que ejecutan los actos
terroristas, mandos medios vitales para la subversión
porque son gente de confianza que maneja el dinero,
la logística y la planeación. La otra
cara de la moneda son los cientos de guerrilleros
que han desertado en los últimos meses y se
han entregado voluntariamente a las autoridades. Todos
denuncian malos tratos, promesas incumplidas, hambre
La guerrilla no es un Ejército, sino un puñado
de bandidos que aprovechan la pobreza de los campesinos
para reclutarlos con ofrecimientos económicos
que no se materializan, y si no quieren por las buenas
se los llevan a las malas o los matan. Eso conduce
a que al interior de la guerrilla se genere el descontento
y se pudra por dentro. Ya está pasando. Se
han entregado más de mil guerrilleros rasos
al programa de reinserción del gobierno de
Uribe y el viernes anterior se acogió el jefe
del Frente 46 de las Farc -que opera en Santander-,
Rafael Rojas Zuñiga, alias Fidel Romero.
Todo
esto es consecuencia de la política de lucha
frontal que ha implementado el Presidente de la República.
La laxitud del gobierno anterior fue fatal para el
país y muy provechosa para las Farc; ahora
las cosas están cambiando y por eso se percibe
cierta preocupación en el renovado léxico
de Tirofijo para con los militares. Pero como la alternativa
de las cartas no le ha funcionado muy bien a las Farc,
quieren usar el tema del canje para detener la ofensiva
del Estado manipulando a los familiares de los secuestrados
para tratar de ablandar la posición del Presidente
pero sin alterar ni una coma de unas condiciones que
son inaceptables.
El
canje es un chantaje de los terroristas para ablandar
a la sociedad y al Estado. Es justo que personas que
llevan hasta seis años secuestradas regresen
a sus hogares pero no es justo ni conveniente liberar
a centenares de peligrosos delincuentes que hoy están
recluidos y mañana pueden volver a sus andanzas,
no hay garantías de que las Farc desista de
usar el mismo mecanismo de chantaje en el futuro ni
que deje de secuestrar con ánimo de lucro,
y no es justo tampoco que los secuestrados por dinero
no sean tenidos en cuenta en el canje. No se olvide
que los policías y militares saben a lo que
se enfrentan en su oficio; los políticos secuestrados
son, en su mayoría, unos ladrones; y los casos
de Ingrid Betancur y el gobernador de Antioquia, Guillermo
Gaviria -que se arrastró al buenazo de Gilberto
Echeverri-, son producto de puro oportunismo político.
Total, si el canje no sirve para acabar con el secuestro
y poner fin a los actos terroristas, no sirve para
nada y no debe hacerse pues peores serán sus
consecuencias.
Si
el canje humanitario no sirve para que no vuelvan
a ocurrir casos como el secuestro de una anciana de
82 años en Angostura (Antioquia), el Viernes
Santo, a manos de las Farc y por quien piden mil 200
millones de pesos, de nada sirve. Si el canje humanitario
no sirve para suprimir atentados terroristas como
el que dejó cuatro civiles muertos en El Peñol
(Antioquia), por parte del Eln, de nada sirve. Si
el canje humanitario no sirve para excluir a los civiles
del conflicto y no volver a cometer actos tan aberrantes
como el sucedido en Cocorná (Antioquia), donde
el Eln secuestró a la maestra Ana Cecilia Duque
Villegas para obligar a su padre a asesinar a un paramilitar
conocido como Matute, de nada sirve.
El
sábado apareció el cadáver de
la maestra y muy pronto aparecerá el de la
anciana de 82 años, quien sufre graves quebrantos
de salud. Así no se puede hablar de canje,
eso es una farsa y el país no puede caer otra
vez en el engaño. Hay que seguir reforzando
la fuerza pública y enfrentar a los bandidos
hasta las últimas consecuencias, que los cantos
de sirena de los llamados ex presidentes, abanderados
del canje, no nos seduzcan; vaya uno a saber por qué
gente que nunca fue elegida como presidente y que
devengan pensión vitalicia como tal (Carlos
Lemos Simmonds) andan ahora tan interesados en servirle
a una guerrilla que trama otro ardid para sacudirse
el peso de la bota militar que las está ahogando.