El
tema de las Empresas Públicas de Medellín
es de interés nacional. La polémica
que se ha suscitado por la insistencia del alcalde
de Medellín de no incrementar las tarifas de
servicios públicos tiene mucho de largo como
de ancho. No se trata de defender a Luis Pérez;
por el contrario, es el peor alcalde de los elegidos
popularmente en esa ciudad aunque las encuestas digan
otra cosa. Su programa de gobierno ha estado lejos
de verse cumplido; de hecho, sus promesas de campaña
eran casi irrealizables y utópicas, de un corte
exageradamente demagógico y populista. Las
más sonadas fueron los 200 mil computadores,
los 50 mil puestos de trabajo a través de los
llamados call center, la promesa de eliminar la mendicidad,
la educación gratuita y obligatoria para los
menores de edad, el reversazo a una obra inconsulta
de la administración anterior y otras cosas
de menor calibre que está lejos de cumplir.
Pero,
además, lo que funcionaba bien ya es historia:
las basuras abundan en las calles, no hay mantenimiento
de prados y parques, hay huecos en los pavimentos
que antes eran orgullo de propios y envidia de extraños,
los viciosos dominan las aceras, los bomberos están
en su peor crisis y las famosas EPM empiezan a tambalearse:
es el primer politiquillo que se mete en lo que habían
respetado desde Guerra Serna hasta los Valencia Cossio,
como bien lo señala Héctor Abad en la
revista Semana. Las pruebas son irrefutables: la caída
vertiginosa de las ganancias de la Empresa y la creación
del Sindicato de Profesionales de EPM, hecho jamás
visto en Colombia, porque el alcalde Pérez
se dedicó a pedirle el puesto a todo el mundo
para meter sus fichas en la Empresa.
Precisamente,
es a través de EPM que Luis Pérez ha
conseguido los recursos para cumplir -a medias- algunas
de sus promesas. La Empresa montó un contact
center para 5 mil puestos de trabajo con una inversión
que sólo puede recuperarse en la medida en
que éste obtenga ingresos operacionales reales
suficientes. Igualmente, las EPM compraron los 200
mil computadores que Pérez ofreció,
y que son comercializados en condiciones ventajosas
frente al comercio tradicional -aunque para la ciudad
no es ningún logro tener más personas
conectadas a una red que ofrece más pornografía
que material educativo-. En tres meses se han vendido
60 mil pero algunos críticos dicen que la cifra
es baja y que no se venderán todos en Medellín,
se plantea venderlos también en otras ciudades
donde EPM tiene inversiones como Bogotá, Manizales,
Pereira y Armenia. Igualmente ha recibido millonarias
transferencias para construir parques, una biblioteca,
miradores en las montañas y han aumentado irregularmente
los aportes a la Fundación EPM -de 2 mil a
70 mil millones- para atender otros programas sociales
de la Alcaldía.
No
obstante, al margen de que se trate sólo de
una política populista y electorera, tiene
razón Pérez al impedir un incremento
exagerado en las tarifas de energía, equivalente
a cuatro veces la inflación del año
anterior, lo cual es un adefesio en un país
que está llevando al extremo una lucha contra
la inflación en detrimento, incluso, del crecimiento
económico y de los programas contra el desempleo.
El aumento ordenado por la CREG (Comisión para
la Regulación de Energía y Gas) no obedece
como se cree a razones técnicas sino a presiones
del FMI -principal prestamista para obras de expansión
del sector energético- e inversionistas privados
extranjeros que poseen empresas del sector, incluyendo
el gas que también subió exageradamente
este año la CREG.
Es
por esto que, en medio de la polémica, no han
faltado quienes, faltos de lógica y moral,
aducen que EPM no puede rebajar tarifas pero sí
otorgar 'descuentos comerciales', algo así
como decir: "Usted debe 100 pesos pero hemos
decidido cobrarle tan sólo 80". Y alguien
dirá, ¿para qué tanta vuelta
si viene siendo lo mismo? Pues para que nadie en el
país se pregunte ¿por qué EPM
cobra menos y da más utilidades? Para que las
empresas corruptas e ineficientes y las que han sido
privatizadas no se sometan a la humillación
de que una empresa estatal eficiente les marque el
derrotero y les impida obtener grandes ganancias a
costa de los colombianos.
Lástima
que Pérez sea tan mal alcalde y haya manejado
a las EPM tan mal que ni siquiera el sindicato -muy
privilegiado, por cierto- lo apoye en beneficio de
las clases menos favorecidas con el argumento de que
el hueco fiscal que se crearía a diez años
sería enorme. Primero, no se puede hablar de
hueco cuando se está hablando de excedentes,
es decir, de las jugosas ganancias anuales de EPM
que nadie tiene muy claro adónde van a parar.
Segundo, actualizar tarifas cuando sea necesario equivaldría
a retirar 'descuentos comerciales' o a retirar los
subsidios como se ha estado haciendo, y eso se acepta
aunque golpee el bolsillo. Y tercero, no puede ser
que una ciudad tan pobre tenga una Empresa rica que
en nada ayuda a paliar el hambre y la miseria.
El caso de Medellín, sui generis en Colombia,
exige que se discuta si el gerente de EPM debe elegirse
por votación popular, ya que es más
importante que el alcalde; si se debe democratizar
la empresa de manera similar a ISA e ISAGEN; que se
le devuelva el carácter técnico y se
elimine toda injerencia política y hasta discutirse
si no es nocivo tener una empresa tan poderosa que
se ha salido de las fronteras de Antioquia y cuyos
riesgos financieros son tan altos que un revés
podría ser verdaderamente catastrófico.
El tema de las EPM es apenas la punta del iceberg
en lo que se refiere a los problemas en la prestación
de servicios públicos en Colombia.