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Padre hora por el alma de tu hijo maldito,
Aquí me hallo desalumbrada,
Luna lila, perezosa,
y maldice el día en que nací.
tontos recuerdos de falsa alegría.
marionetade dioses.
te llamas a ti mismo el que espera la luz.
una luz que surgirá de la oscuridad,
de la cual ignoras su maldita incredulidad.
que esperas a cambio. que te sea concedido ! el mana de dios¡
hombre engañado por una mujer,
mujer traicionada por el hombre.
busca en tu interior ahí, ahí, hallarás la esperanza,
la autentica dicha,
la autentica luz.
y huye de una esperanza vana guardada en antiquisimos libros de saberes arcanos.
llora triste hombre,
lloara triste mujer,
mi pena y llanto.
triste esperanza,
humano triste y melancólico.
o triste y hurbano.
ala vista de mi propia esencia,
me veo como el barroemponzoñado de los ríos de babilonia.
desalumbrada por la vista cegada de la humanidad, ahogándose en su propia presencia,
sin intentar limpiar sus alas carcomidas,
por cientos de gusanos, avariciando el aire de su prójimo.
y no da ha lugar que lloremos por ellos,
porque hemos creado al hombre a semejanza del hombre.
y me empuja, y me empuja, hasta el fondo del cieno. respiro y respiro, su necedad,
me convierto en uno de ellos.
me pregunto.
si habrá un atisbo de esperanza, atisbo de iluminación divina que guié mi alma,
mi alma en la podredumbre de las cloacas de babilonia.
veo y veo a la muerte.
la esperanza final.
la iluminación deseada.
me encuentro agusto,
con mi interior podrido e injusto.
logro abrir la puerta oculta, la puerta de mi deseo oscuro.
me miran y me miran con incredulidad,
alla la humanidad,
alla el hombre.
no saben lo que son,
no saben a donde van.
y se ven y se miran.
y no ven de que materia son.
se ven como piedras preciosas, piedras de infestada incredulidad.
y me empuja, y me empuja, hasta el fondo del cieno, respiro, respiro, su necedad, y me convierto en uno de ellos.
la estoy mirando, me abotarga y me asombra.
me ciega.
no me encuentro.
soy estado de placer y profunda oscuridad.
Ambigua de sabores.
Ingrata que no alumbra las marcas,
que mis dedos trazan,
en la orilla del mar que la acoge.
Descendí los peldaños de mi mente hacia la orilla,
reposando a cada paso los pensamientos en mis manos huecas y vacías.
Los llevé al filo mismo de las aguas oscuras,
Ellas acariciaron mis palmas,
y se llevaron tras de si,
mis añoranzas, mis miedos, mis palabras silenciosas...
Parte de mi ser integrada en la majestuosidad de la noche,
que convierte al mar en azabache intenso,
color de mi alma...
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