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Por Guido J. Paul
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Watergate fue sólo el comienzo. George W. Bush capitalizó el
apocalipsis del 11 de setiembre desatando un Armagedón de signo opuesto en
Afganistán y lo hizo con un astucia que nadie le hubiera imaginado. Pero,
pocos meses después, la desconfianza crece como una mancha de aceite. Cada
vez más voces lo acusan de negligencia criminal y hay que decir que -por
mucho menos- Richard Nixon salió por la ventana del Capitolio. |
“Cuando se elimina lo imposible,
todo lo que queda, por muy improbable que sea, debe ser verdad.”
Arthur Conan Doyle, autor de Sherlock Holmes.
¿La Casa Blanca sabía lo que iba
a pasar el 11 de setiembre de 2001 (de ahora en más, 11S) y bajó la guardia
deliberadamente, como denunció semanas después de los atentados el activista ¡Error!Referencia de
hipervínculo no válida. en la entrevista que le dio al periodista ¡Error!Referencia de
hipervínculo no válida., “El
11 de septiembre fue un trabajo interno”?
Estos ataques ¿se hubieran podido evitar y “dejaron hacer” para justificar un
golpe mortal contra las batallas anticapitalistas que se libran en los países
más pobres del mundo? O, peor aún, ¿se trató de una operación alentada por las
agencias de inteligencia estadounidenses, a su vez al servicio de las compañías
trasnacionales dispuestas a todo con tal de proteger sus intereses geopolíticos
en Oriente Medio? Las respuestas a estos interrogantes empezaron a mascullarse
entrado junio de 2002, cuando el Congreso de los Estados Unidos reunió
elementos de juicio suficientes como para debatir el papel de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) a propósito de
los ataques contra las Torres Gemelas del World Trade Center y el Pentágono el
11S. Y comenzaron a ver la luz del sol trapos sucios capaces de espantar al más
gallardo de los mortales.
¿NEGLIGENCIA O ENCUBRIMIENTO CRIMINAL?
¿Cuáles es la teoría que amenaza
en convertir al 11S en la Gran Conspiración del nuevo siglo? ¿De qué acusan a
la CIA, al FBI y por consiguiente al presidente de los EE.UU.? De haber estado
informados sobre los ataques y no haber hecho nada para prevenirlos
(negligencia simple). O de algo más grave aún: de esconder información vital
debajo de la alfombra y cruzarse de brazos cediendo a presiones políticas, ya
que los atentados devinieron en un cheque en blanco para lanzar una campaña
bélica ejemplar que restañaría la flaca autoridad de George
W. Bush (quien acababa de resultar electo en unos comicios cuya
legitimidad había sido ampliamente cuestionada), restituyendo el liderazgo
mundial de los Estados Unidos (negligencia intencional: complicidad,
encubrimiento criminal).
La segunda Teoría de la Conspiración es la más temible y aún difícil de
suscribir: en la medida que los bárbaros ataques del 11S segaron la vida de
miles de norteamericanos, cuesta horrores imaginar cabezas “inteligentes” (e
infinitamente insensibles) pactando en las sombras la cruel y arbitraria muerte
de posibles familiares, amigos y civiles inocentes. A menos que se subestimara
la magnitud de la catástrofe. A menos que, en los mezquinos cálculos de los
presuntos “estrategas del Mal”, prevalecieran intereses a largo plazo, es
decir, intereses donde la abominación encuentra un atenuante, una justificación
patriótica reivindicada en nombre de “valores superiores” a expensas de un
duelo considerado coyuntural.
PESADILLAS DE DISEÑO
¿Es posible tanta maldad? “A mí nunca me tocó sentarme en la mesa de los
malos”, sentencia una frase que intenta enseñar que “los malos” jamás se
presentan como tales. Por desgracia, el “mal” es un concepto relativo. En la
oscura inteligencia que pergreñó los atentados del 11S no se hallará ninguna
declaración manifiesta de intención criminal sino en tanto “bien” -considerado
éste un “mal necesario”-. Todo tiene su precio para quienes creen ver “más allá
de la Historia”: hasta las más tremendas tragedias humanas -máxime cuando sus
móviles son confusos, existen chances de que permanezcan inexplicados o se
puede dar buen uso de eventuales chivos expiatorios- a la larga acaban
envueltas en las brumas del olvido.
Porque las, por llamarlas de algún modo, pesadillas de diseño no son conjeturas
conspirativas sino hechos históricos refrendados con documentos oficiales.
Existió, por ejemplo, Pearl Harbor
, el ataque en el cual miles de marinos norteamericanos murieron bajo las
bombas de la aviación japonesa con la venia del presidente Franklin D. Roosevelt, quien la consintió para
justificar la respuesta final contra Japón. O el telegrama del Emperador Hirohito , que
el presidente Harry S. Truman adujo desconocer, justificando
las bombas sobre Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945.
A partir de esto -nos, ciudadanos nacidos fuera de los Estados Unidos- también
tenemos derecho a preguntarnos si el 11S era considerado “un mal necesario”, es
decir, una “catástrofe conveniente” para los dueños del tablero de ajedrez
global .
¿LOS MARCIANOS HABLAN INGLÉS?
El 13 de septiembre del 2001 -apenas dos días después de los atentados-, el
periodista Guillermo Almeyra escribió un
artículo titulado “¿Los marcianos hablan inglés?”.
“¿A quién beneficia esto?”, se
preguntó. “El terror, la sensación de vulnerabilidad, la idea de ser blanco
potencial en cualquier momento del día, refuerzan la exigencia de orden y el
nacionalismo agresivo. O sea, sirven a la derecha conservadora y belicista de
los Estados Unidos”. En su columna para el diario mexicano “La Jornada”,
Almeyra aventuró: “No (hay que) descartar la complicidad, directa o por
omisión, del gobierno estadounidense en ese terrorismo espectacular que le
viene como anillo al dedo a Bush para hacer olvidar la ilegitimidad de su
elección, para dar dinero al Pentágono para reanimar la economía, para destruir
los espacios democráticos en los Estados Unidos y someter al mundo a la
hegemonía de Washington poniéndolo ante la guerra como un hecho consumado”.
Calificar a Almeyra de visionario tal vez sea excesivo. Pero, a juzgar por los
informes que se comenzaron a filtrar desde junio pasado, algunos podrán pensar,
con justa razón, que se quedó corto: A propósito de los atentados, EE.UU. lanzó
se sirvió de su “guerra patriótica contra el terrorismo” para sembrar
Afganistán de miles de cadáveres de inocentes, permitió que Israel tuviera las
manos libres para aplastar a Palestina, extender la amenaza represiva contra
todos aquellos países “sospechosos” (Siria, Libia, Irak, Corea del Norte, Irán
y hasta el moribundo régimen talibán) y justificar la creación de un
todopoderoso megaministerio antiterrorista, oxigenando de paso a la industria
armamentista.
OCHO MESES DESPUES...
No habían pasado 24 horas del catastrófico 11S cuando Ari Fleischer, portavoz
de la Casa Blanca, negó en redondo que George W. Bush hubiese recibido
advertencias respecto de inminentes actos terroristas. Ocho meses después, el
mismo vocero debió admitir que hubo advertencias bajo la forma de un informe de
la CIA caratulado “Top Secret” donde señalaba la clara intención de Osama bin
Laden de ordenar atentados en los EE.UU. mediante aviones. Fleischer reconoció
que Bush accedió al documento -titulado “Bin Laden,
determinado a golpear en EE.UU”- un mes antes de los atentados. Condoleezza
Rice, Consejera para la Seguridad Nacional, añadió que el informe describía
amenazas dirigidas hacia objetivos norteamericanos en el exterior. Estas
declaraciones fueron desvirtuadas por el Washington
Post, según el cual la CIA había indicado que tales peligros tendrían lugar
dentro del territorio norteamericano. Fleischer, sin embargo, insiste en que la
Casa Blanca ignoraba qué pretendía Al-Qaeda con los aviones que planeaba
secuestrar...
La revelación disparó una oleada de críticas. De la preocupación -ante la
constatación de graves negligencias a cuenta de costosísmas e inoperantes
agencias de seguridad estadounideses- se pasó a un estado de alarma
generalizado.
Sobran motivos, a saber:
-
Un memorándum dirigido al FBI por un agente de Phoenix
(Arizona) advirtió que un número inusual de árabes se habían matriculado en
varias escuelas de aviación, lanzando la hipótesis según la cual Bin Laden
podría estar usándolas como centros de entrenamiento de terroristas. El memo
también sugería un chequeo urgente de todos los estudiantes de los institutos
de aviación procedentes del Medio Oriente.
-
Este documento nunca llegó a los investigadores del FBI de
Minnesota, quienes habían ubicado a Zacarías Moussaoui, un estudiante de vuelo
franco-marroquí, sospechoso de formar parte de Al-Qaeda.
-
En agosto, la CIA había alertado al FBI que dos hombres
vinculados a Al-Qaeda se encontraban en territorio estadounidense. La
información no fue investigada y Khalid Al-Midharn y Nawaq Alhazmzi se quedaron
en San Diego hasta el 11 de septiembre, cuando participaron en el ataque contra
el Pentágono.
-
Un informe preparado en 1999 por el National Intelligence
Council, afiliado a la CIA, advertía que terroristas asociados a Bin Laden
podrían piratear aeronaves siguiendo un escenario casi idéntico al del 11S:
“Comandos suicidas pertenecientes al Batallón del Martirio de Al-Qaeda podrían
lanzar aviones llenos de explosivos (C-4 y Semtex) contra el Pentágono, el
cuartel general de la CIA o la Casa Blanca”, advertía el documento titulado
“Sociología y Sicología del Terrorismo: ¿quién se vuelve terrorista y porqué?”.
Incluía un plano de agentes de Al-Qaeda, elaborado en 1995 y descubierto en
Manila en la computadora personal de Ramzi Youssef,
un terrorista condenado en los EE.UU. por el atentado de 1993 al World Trade
Center.
-
El informe según el cual Bin Laden secuestraría aviones
estuvo en manos de Bush el 6 de agosto de 2001, es decir, un mes antes del
ataque.
El vicepresidente de los EE.UU,
Dick Cheney, y el secretario de defensa, Donald Rumsfeld, argumentaron: “No
existen precedentes de que un avión podría ser secuestrado para atacar
objetivos”. Sin embargo, bastaba sentarse un sábado a la tarde ante el
televisor para recordar a los kamikazes aéreos japoneses inmolándose contra
objetivos militares durante la Segunda Guerra Mundial. Y también era suficiente
un mínimo archivo periodístico de hechos recientes para saber:
-
Que en 1994, el Servicio de Inteligencia de Francia logró
desviar un avión secuestrado por un terrorista algeriano que con rumbo de
colisión a la Torre Eiffel,
-
Que en 1995, terroristas filipinos planearon secuestrar
varios aviones estadounidenses para lanzarlo contra el edificio de la CIA en
los Estados Unidos.
-
LOS CONSPIRANOICOS NO ESTAN
(TAN) LOCOS
Ante la inesperada confesión de Bush, el propio New York Times coligió: “La advertencia de la CIA (a la Casa
Blanca) también explica porqué los ayudantes del Sr. Bush estaban tan seguros
de que el Bin Laden se encontraba detrás de los ataques casi tan pronto como
sucedieron”. “Nunca tuvimos una real duda alguna”, dijo poco después de los
atentados un responsable involucrado en las decisiones cruciales de la Casa
Blanca, el 11 de septiembre. Intelectuales de izquierda como ¡Error!Referencia de
hipervínculo no válida. o James Petras
habían dejado de ser “conspiranoicos perdidos” cuando se supo que el
Departamento de Justicia había negado a los agentes del FBI el mandato que
solicitaban para revisar el material informático del sospechoso Zacarías Moussaoui: luego de los atentados, hallaron
en su computadora datos directamente vinculados con los ataques.
En la línea de los argumentos de
Shoenman, las comisiones investigadoras comienzan a examinar a petroleras
norteamericanas asociadas a la familia Bush, quienes tenían mucho para ganar si
se apoderaban del acceso, a través de Afganistán, al petróleo de Kazajstán:
ExxonMobil, Texaco, Unocal, BP Amoco, Shell y la tristemente célebre Enron
invirtieron miles de millones de dólares en Kazajstán para extaer petróleo en
esa región. Estas compañías -incapaces de llegar a un acuerdo con el régimen
taliban- necesitaban imperiosamente un cambio de gobierno.
ALGO HUELE A PODRIDO EN EL
CAPITOLIO
Esa negra trama de intereses económicos domésticos está en embullición y el
hervor comienza a destapar una olla nauseabunda. Comenzaron, por ejemplo, a
aflorar las sospechosas oscilaciones de la bolsa de valores registradas seis
días antes y el mismo día del ataque con las acciones de la líneas aéreas
norteamericanas United Airlines, American Airlines, KLM y Royal Dutch. Un
movimiento que habría arrojado ganancias de hasta 15 mil millones de dólares.
La Comisión de Control de Operaciones Bursátiles de Chicago -por citar otro
ejemplo-, encontró que la mayor parte de las transacciones se gestionaron en el
Deutsche Bank y su sucursal estadounidense de inversiones Alex Brown.
Curiosamente, en noviembre de 2001 -justo cuando esta comisión, la máxima
reguladora y controladora de opciones de venta y compra de acciones, se
aprestaba a dar los nombres involucrados- renunció a la investigación.
El 17 diciembre, el Institute for Counter Terrorism (ICT) de Haerzlia, Israel,
publicó un informe titulado “El martes negro: la operación sucia más grande del
mundo en la historia de la bolsa de valores”. Don Radlauer, autor del trabajo,
escribió: “Las opciones de venta de las acciones de American Airlines, un día
antes del ataque, subieron a seis mil por ciento, y las opciones de United
entre el seis y el nueve de setiembre, subieron al nueve por ciento.” Este
salto jamás había sucedido. Es más: “En el lapso en que la primera Torre
recibió el impacto y la caída de la segunda -continúa Radlauer-, se registraron
transacciones ilegales por cien millones de dólares.” Si una investigación
judicial independiente confirma estas observaciones, será legítimo sospechar
que un grupo de especuladores internos sabía que los atentados contra las
Torres iban a producirse y que, como mínimo, estaban relacionadas con los
autores del ataque.
¿Conspiración demócrata, rumores infundados o verdad escandalosa? Aún nadie lo
sabe. Lo cierto es que George W. Bush había comenzado a perder la aureola de
inmunidad que había conquistado tras el espaldarazo que recibió al prometer
Justicia Infinita (“están con nosotros o están con los terroristas”), en una
poco veces vista maníquea mezcla de patrioterismo y fanatismo religioso, ante
el pueblo norteamericano. No pocos creen ver la sombra de un “Twin Towers Gate”
a la vuelta de la Casa Blanca. El tiempo dirá.
FUENTES CONSULTADAS:
- Almeyra, Guillermo; “Entonces los marciannos sí hablaban inglés”, en La Jornada, México, 26 de mayo de 2002
- Almeyra, Guillermo; “¿Los marcianos hablaan inglés?”, en La Jornada, México, 13 de septiembre de 2001
- Allard, Jean Guy; “¿Qué más sabía la Casaa Blanca?”; Granma Internacional. Cuba, 20 de mayo de 2002
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