Tema: Educación Virtual
|
Utopía docente para una
solidaridad nacional
|
RESUMEN: La revolución del mundo no se apartó de las comunicaciones, y ahora se habla de dispositivo electrónico de información portátil... esta reinvención de instancias es otra tendencia que se abre paso para darle más importancia a la calidad de los productos pero se requiere una transformación en la enseñanza. |
|
Introducción Los teóricos de la ética tipifican siete hombres sin conciencia y sin voluntad activa, Sin embargo, existe en esos siete hombres un placer medido más por el desagrado de actuar que por unas ansias notables de concientización. Esta carencia de conciencia, según nuestro quehacer periodístico, le imposibilita al hombre insertarse en el proceso histórico como sujeto y le evita fanatismos o le facilita inscribirlos en la búsqueda de su afirmación. De otro lado nuestra educación asumida como un proceso de incomunicación llevó a los Siete Sabios, convocados por el gobierno colombiano en 1994, a fijar una nueva visión en esta materia para que «la meta del sistema educativo colombiano deba ser el óptimo desarrollo del saber, la dignidad humana, la solidaridad colectiva, la conciencia social y ecológica, tanto global como local»[1]. Los nuevos esquemas de la educación en Colombia no permiten continuar con la tradición establecida que transmite miedo a la libertad, peligro de concientización, sectorización y una permanente lucha entre opresor y oprimido. Esta calidad en la educación, no es más que la misma calificación dada por el sociólogo brasilero Paulo Freire: la narración de la que el educador es sujeto, conduce a los sujetos a la memorización mecánica del contenido narrado. Esta categoría de educación también suele llamarse educación bancaria, «acto de depositar incidencias u objetos por parte de educadores (depositante) en educandos (depositarios)»[2]. Y se presenta por la incomunicación en la pedagogía porque ya Sócrates quedó enmarcado en el polvo de la historia, ya la imaginación la dejamos en un teclado de computador, ya la especialización se introdujo como mercancía también en las aulas, ya el pluralismo se satisface solamente declarando la coexistencia de diferentes formas de vida pero olvidando el establecimiento de reglas de juego para la resolución creativa de las diferencias. Según el estudio de los sabios, «Colombia como país pluricultural y multiétnico podría utilizar con provecho el acceso a los legados occidental, amerindio y afroamericano, y a los elementos de las sociedades premodernas, modernas y postmodernas que conviven en su territorio. Esto le permitirá maximizar habilidades de diversas bases culturales para diseñar nuevos sistemas de investigación e incorporar una variedad de orientaciones culturales al dominio de la racionalidad científica y de la tecnología contemporáneas». El nuevo orden mundial ha generado otras exigencias que se manifiestan en el ambiente: globalización, pluralismo y diversidad, complementariedad, permeabilidad, cambio rápido y transitoriedad e información y desarrollo. Ahora bien, entendiendo la docencia como un proceso dinámico, donde educador y educando abren posibilidades y fijan límites de acción para el otro, se debe permitir «la movilidad de espíritus y la dinámica del conocer: conocer con verdad, dominar métodos apropiados de conocer y pensar con una gran conciencia de universidad engendrando con ello probidad»[3]. Karl Jaspers señalaba que el quid de la docencia permite un aprendizaje para ser concientes de las leyes fundamentales de la ciencia en cada acto de pensamiento, y que indaguen, inventen y expongan el caudal científico elaborándolo paulatinamente. De otro lado, la carencia de un método, o como lo dijo el vicerrector académico de la Universidad de los Andes en 1994, Luis Orozco Silva, «el aprendizaje metódico propicia crecimiento personal, despliegue de las potencialidades de la persona, de su sensibilidad, de su entendimiento y de su razón». Nosotros los del mundo descubierto, los que teníamos «sistemas antiguos de ciencia y educación, y una rica cosmología vinculada a obras de orfebres geniales y alfareros inspirados»[4], perdimos la preformación de ese incipiente espíritu científico. Y esa deficiencia que nos quedó, «se percibe en la dificultad de pasar de la noción al concepto; para ubicar un hecho dentro de un proceso; para formular un problema, realizar un análisis o una síntesis; para expresarse en su lengua materna; para desentrañar el sentido histórico de un hecho o su significación teórica, ética y política; en una palabra, desposeído de una inteligencia crítica», argumenta Orozco Silva. Larga historia docente Aquí, en nuestro territorio, al repetir a Gabriel García Márquez en la Comisión de Sabios, «Colombia la habitaban desde hacia unos 12 mil años varias comunidades dispersas de lenguas diferentes y culturas distintas, y con sus identidades propias bien definidas». Pero la pérdida de razón y de respeto por las diferencias en los primeros españoles -criminales en libertad condicional- permitieron dar reorigen, a «unos nativos hermosos y de buena índole, cándidos de natura» por otros «protagonistas del nuevo Génesis» y perdidos hasta hoy -por el cóctel de genes- ya que todos sus «descendientes no acabamos de saber quienes somos». El 13% de analfabetismo nacional se suma para formar la traída de problemas en la educación colombiana: carencia de elementos pedagógicos, sistema educativo memorístico y 680 horas anuales de estudio como inversión de nuestros estudiantes. Los de Japón pasan 500 horas del año en clases y los de Estados Unidos 1100. En síntesis, es menos extensa la perspectiva para los siguientes cinco años, con el fin de borrar la decadencia en ese campo. Urge «garantizar el cien por ciento de inscripción en la escuela primaria y secundaria y asegurar el acceso a la educación computarizada. El porcentaje del PIB dedicado a la educación debe incrementarse en un 50% durante este Gobierno de la Gente y exigir el diseño de mecanismos de evaluación e indicadores de seguimiento que permitan establecer la calidad y condiciones de la educación, según normas nacionales e internacionales»[5]. Mientras tanto, el mundo, desde tres siglos antes a aquel desembarco, interactuaba en corporaciones llamadas universitarias, considerando que las relaciones interpersonales debían orientarse hacia la reproducción de la cultura y la formación de las personas. No obstante, «su núcleo, entendido como el proceso enseñanza-aprendizaje, nunca se redujo a él por cuanto involucra la definición de estructuras curriculares, la determinación de perfiles profesionales, la identificación de procesos de selección y el amplio campo de la educación continuada»[6]. Este estadio de cosas ha ubicado a los países desarrollados como los líderes en los sistemas de mercado por cuanto controlan la generación, transfieren y comercializan la tecnología y fomentan la innovación científica. Japón y Estados Unidos han contabilizado entre 4.853 y 3.265 ingenieros y entre 3.548 y 2.685 científicos por cada millón de sus habitantes. En contraposición, el 1% de los científicos del mundo son latinoamericanos y de estos, el 1% han nacido en estas tierras de violencia, cuya cadencia en el sistema de postsecundaria tiene causas conocidas: crecimiento inusitado y no planeado de la matricula; diferenciación y segmentación de programas; incapacidad de las instituciones para la formación de una inteligencia crítica; profesionalización temprana del pregrado; predominio de un estilo tradicional de educación superior, inequidad e ineficiencia del servicio educativo; ausencia de una cultura de la evaluación; incoherencia entre los contenidos de la educación postsecundaria y las urgencias del desarrollo; atraso tecnológico y científico y desarrollo muy incipiente de las comunidades académicas. Adicional a la pobreza de desarrollo en la educación colombiana, debemos modificar también el empobrecimiento del ethos intelectual, pues la sociedad ni valora ni entiende el quehacer del docente, que a su vez lo transmite mediante una imagen igualmente pobre y que acompaña a la institucionalización de la enseñanza. Este desafío tampoco puede verse como si fuese Sísifo, con el proceso a cuestas. Es necesario alcanzar una meta, «la de la humanización, que no se consigue sin la desaparición de la opresión deshumanizante»[7]. Entre otros términos, «es imprescindible la superación de la situación límite en que los hombres se hallan cosificados»[8]. Esta situación límite que domina Freire, es también un producto del subdesarrollo dejado y que se liga con el problema de la dependencia. Provocando la imaginación Colombia, tiene en juego para los futuros 25 años, la productividad inteligente. «Hasta ahora los factores decisivos para la competitividad no han sido la innovación científica y tecnológica, ni la producción a escala»[9]. Sigue siendo el científico Llinás, que «urge preparar la próxima generación de colombianos con una óptima educación y con bases sólidas en ciencia y tecnología». La tarea que debemos emprender, quienes nos acercamos a la academia o viven de ella, quienes han triunfado en el exterior por sus conocimientos, quienes han analizado así nuestra situación educativa, es desafiante: hay que combatir el atraso educativo, el pesimismo, la violencia, la pobreza. Promover el respeto por los derechos humanos, la productividad económica, la estabilidad política, la mejor calidad de vida. Acelerar la creatividad científica y tecnológica, cualificar mejor aún la interacción de quien enseña y quien aprende. Este énfasis en la ciencia y la tecnología es trascendental. «Es crucial para el desarrollo universitario, porque la nueva universidad debe ser garante de vigilancia permanente de la evolución científica y tecnológica y de la significación de los adelantos científicos y tecnológicos en la sociedad»[10]. 0 mejor aún, así como el nuevo orden mundial impuesto por las naciones desarrolladas produce iguales exigencias, este continente solitario, agobiado y medido con la vara de los europeos debe darse también per se, requisitos en sus universidades: mayor apertura en el ambiente universitario; diversificar de manera institucional los productos, orientando el pluralismo hacia afuera; hacer lo que pueda hacer e intercambiar con otras lo que le haga falta; educar en forma permanente, abriendo sus puertas a todos y siendo capaz de prestar servicios a cada momento de la vida profesional; transformar su orientación conservadora y de permanencia y usar como recurso de desarrollo la información y el conocimiento, de tal manera que sea ella misma la que aplique los conceptos, métodos y prácticas de la gerencia moderna. En un territorio mucho más centrado como es el que nos compete, la comunicación social y el periodismo, la revolución del mundo no se apartó de las comunicaciones, y ahora, quienes nos preceden, hablan de mediamorfosis, autopista informática, dispositivo electrónico de información portátil... En términos de José Salgar, codirector de El Espectador, «la invención de nuevos estilos y lenguajes permiten la comunicación del mundo por medio de signos, voces e imágenes». Esta reinvención de instancias, es otra tendencia que se abre paso con el único propósito de darle más importancia a la calidad de los productos. Pero para tal meta «se requiere una transformación en la enseñanza del periodismo y un alto grado de especialización en cada una de las ramas en que ha quedado dividida la multimedia»[11]. Sobre este ámbito, los medios de comunicación retomarán a su papel principal: educadores de la ciudadanía. El país ahora cuenta con televisión diaria de 24 horas; canales privados regionales y locales; televisión por cable, satelital, microondas, en fin. Pero de que sirven si no se aprovechan las redes de la informática? La recomendación de la Comisión de Sabios se orienta en este aspecto: el Estado otorgará máxima importancia a este asunto y apoyará a las instituciones que asuman el liderazgo en la producción de materiales televisivos de interés público con la calidad necesaria. El Estado velará porque se mantenga el acceso abierto y la competencia leal sobre la radio y la televisión. Finalmente, esta utopía docente para una solidaridad nacional busca un horizonte para el desarrollo humano en forma integral, equitativo y sostenible. Esta sana crítica, objetiva y actual, ha de involucrar a todos los homo academicus, para así renovar la metodología de la docencia, del contenido, de los apoyos didácticos usados, etcétera. Esta honrada utopía en procura de descifrar el interrogante frente al problema de quiénes somos, permitirá que seamos nosotros mismos quienes nos midamos. No obstante, debemos buscar para encontrar la utopía de la vida, para interpretar nuestra realidad, para hacernos cada vez más solidarios y sobre todo para no pensar más en un Sócrates llamando lista. |
|
NOTAS DE PIE PAGINA: |
|
[1] Misión Ciencia, Educación y Desarrollo: Colombia: al filo
de la oportunidad. |
|
|
| | Primera Página | Perfil Profesional | Servicios | Documentos | Interactividad | Grupos Virtuales | |