UNIVERSIDAD YACAMBÚ
VICERRECTORADO DE INVESTIGACIÓN Y
POSTGRADO
INSTITUTO DE INVESTIGACIÓN Y POSTGRADO
PROPUESTA INTEGRADORA
FASE III
SOCIALIZACIÓN Y
PARTICIPACIÓN CIUDADANA EN EL CONTROL DE
Abog. Omaira de
León
C.I.
3.192.481
San Cristóbal, Octubre de 2006
CAPÍTULO I
1.1. CONTEXTUALIZACIÓN
En
la actualidad venezolana en particular y latinoamericana en general, es imposible
no hablar de participación ciudadana cuando se trata el tema de gobierno y/o de
la sociedad. Y ello es así, porque este concepto es consustancial al de
democracia y gestión pública con el crecimiento, en cuanto colabora, en
términos generales, en el acceso de mayores niveles de transparencia y
legitimidad de las autoridades gubernamentales y las decisiones que éstas toman
con las políticas públicas (Paz, 2003).
Lo anterior parece
demostrar, por una parte, que la ciudadanía tiene un enorme deseo de intervenir
en el espacio de lo público estatal y pasar a formar parte de los actores e
individuos involucrados en el diseño, formulación, control y evaluación de las
políticas públicas, y por otra, que los esfuerzos que durante años han venido
realizando distintas entidades e individuos de la sociedad por promover el
acercamiento entre las autoridades gubernamentales y la ciudadanía, comienzan a
dar los frutos que se buscaban con el reconocimiento jurídico de la
participación ciudadana (Viciano, 2006).
En
otras palabras, en América Latina el tema de la participación ciudadana en el
control de la gestión pública de los diferentes niveles territoriales de
gobierno se ha convertido en un área de gran preocupación para académicos,
políticos y gobernantes, como lo resaltan los estudiosos de esta materia, entre
ellos Cunill (2000), Brugué,
Gomá y Subirats (2005) y El Troudi,
Harnecker y Bonilla-Molina (2005), centrándola en el
redimensionamiento y revalorización de la democracia representativa a través de
la aprobación de normativas jurídicas y acciones gubernamentales dirigidas a
fomentar la participación de ciudadanía en la formación de las políticas
públicas.
Los
académicos, políticos y gobernantes abordan
con enfoques diferentes, o en algunos casos similares, la ciudadanización
de lo público, pero dejan a un lado, con las normativas jurídicas y las acciones
gubernamentales, la asociación teórica y/o empírica de la participación
ciudadana con la socialización del control ciudadano, como verdadero proceso de
cambio y transformación del modelo de Estado democrático-representativo por un
Estado democrático-participativo: construir las condiciones socioculturales
para el ejercicio del control fiscal de las nuevas generaciones de ciudadanos.
En
el paso de una generación a otra, los agentes de socialización pueden
considerar el proceso de redimensionamiento y revalorización de la democracia
representativa como asunto axiológico y ontológico para que los actores
estratégicos e individuales del sistema político puedan reconstruir realmente
la estructura funcional de la gobernabilidad democrática, donde el individuo,
en su proceso de crecimiento (infancia, niñez, adolescencia) internalizará los principios y valores del sentimiento de
control para actuar, al asumir su rol de ciudadano, en la construcción de la
legitimidad y credibilidad de las instancias y espacios participativos en
relación Sociedad-Estado.
Por lo tanto, la socialización
y participación ciudadana en el control de la gestión pública de los gobiernos,
se manifiesta como un elemento central para la consolidación de la democracia
participativa. Ello, en virtud de que permiten la creación de una cultura de
control ciudadano en la relación Estado-Sociedad, una ciudadanía con valores y
principios más claro entorno al manejo de los recursos públicos y su
corresponsabilidad en el mismo, y el fortalecimiento del pluralismo requerido
por la democracia. Pero para que la ciudanización de
lo público sea efectiva se requiere, entre otros asuntos, una nueva forma de
pensar, obrar y actuar de los ciudadanos en el diseño, formulación, ejecución,
control y evaluación de las políticas públicas, además de los marcos
institucionales necesarios para su desarrollo y aplicación.
1.2. PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA
Durante
los últimos veinte años, el aumento de la participación de los ciudadanos en el
espacio de lo público fue creando las condiciones para el redimensionamiento y revalorización
de la democracia en la gran mayoría de los países europeos, latinoamericanos y
asiáticos (Cunill, 1991; Levy,
1998; Cardozo, 2005; Sintomer,
2005; Soteldo, 2006; Blanco y Font,
2005), ha despertado gran interés en los políticos, gobiernos y en los
organismos internacionales. Se trata por lo demás, de un proceso que ya ha sido
incluido en numerosas constituciones y legislaciones de diversos países del
mundo, tanto desarrollados como en vías de desarrollo. No obstante, su
implementación se encuentra todavía en sus inicios y la
socialización de control ciudadano de las nuevas generaciones en pocas excepciones.
Los
países de América Latina y el Caribe, viven un proceso de profundo y
acelerado cambio con relación a las tendencias de democratización,
reformas económicas y descentralización, que implican la transformación
del papel del Estado y, por ende, su relación con la
sociedad, con miras a que la participación de los ciudadanos en los
ámbitos social, económico y político, sea puesta en práctica, y constituya un
componente esencial de la vida democrática de los países.
Esta situación fue
percibida por
En tal sentido, las exigencias de la
ciudadanía, en el ejercicio de sus legítimos derechos, de una mejor gerencia y
de un uso más racional del erario público por parte de las entidades públicas,
que generan bienes y servicios, su interés por la efectiva rendición de cuentas
de parte de los gobernantes, la aplicación de acciones eficaces que disminuyan
o eviten la corrupción y el fraude contra el patrimonio público, entre otros
temas, representan grandes desafíos para las Entidades de Fiscalización
de las naciones, que debería enfrentar con una estrategia de socialización del
control ciudadano, crear en las nuevas generaciones el sentimiento de control,
sustentado en los valores y principios de responsabilidad, transparencia,
legalidad y legitimidad en el procesamiento de los recursos para implementar
las políticas públicas.
En
este contexto, Venezuela no escapa a las tendencias de cambio referidas
anteriormente, se ha iniciado un proceso de reflexión y búsqueda de mecanismos
que permitan ampliar y habilitar espacios, para que dicha participación se haga
realidad, proporcionándoles a los ciudadanos los medios necesarios para su
implementación Se espera, de este modo, fortalecer la democracia como régimen
político y hacer de ella una cultura, un sistema de vida, para brindarle una
mayor legitimidad a la acción gubernamental.
Si
bien la Constitución de
En
otras palabras, el control ciudadano se ha previsto como un mecanismo a través
del cual se contribuye a democratizar las diferentes entidades de la
administración pública y como un instrumento necesario para promover e impulsar
la democracia participativa. Sin embargo, se observa que la capacidad y el
interés en participar están fuertemente limitados por condiciones históricas,
socioculturales e institucionales. Al respecto Poggi
y Tiramonti (2004), señalan:
La historia nacional e institucional y la
escasa tradición democrática, no ha permitido arraigar en las instituciones los
valores participativos. Por otra parte, ciertos condicionantes socio-culturales
restringen la participación de algunos individuos: entre ellos se pueden
destacar el nivel de instrucción, la valorización social de la actividad
participativa y el grado de interés que despierte la materia donde se va
a participar (p. 9).
Generalmente
se considera, que la participación ciudadana es deseada y buscada por los
actores sociales, quedando la institucionalización formal a discrecionalidad de
las organizaciones públicas, especialmente los órganos de control externo.
Muchas veces esto es efectivamente así. En otros casos, se incentiva la
participación y el control ciudadano, que se cree deseado, pero es,
en realidad, temido y evitado tanto en el ámbito sociopolítico como
gubernamental, como una resistencia al cambio que puede originar en las
actitudes y opiniones de las generaciones futuras. Es entonces, cuando se
deben generar estrategias para promover e impulsar los valores y principios del
control ciudadano, conciente que los resultados de esas estrategias se verá a
lo largo plazo, pero es la hora de dar el salto adelante en la construcción de
la cultura ciudadana.
En
los diferentes niveles territoriales de gobierno, la intervención de la ciudadanía
en los asuntos públicos no esta acompañada de un proceso de socialización del
control ciudadano, entendido este como la transferencia de valores y principios
del control fiscal a los individuos en sus fases de crecimiento (infancia,
niñez, adolescencia), una generación de ciudadanos que creará patrones de
comportamiento en el espacio de lo público diferentes a la generaciones
anteriores (las actuales), quienes han sido incorporados, principalmente, por
los órganos de control externo estadales, a los procesos de capacitación y
formación técnica para el diseño, formulación, control y evaluación de planes y
proyectos de inversión pública.
Sin
embargo, existen órganos de control externo estadales que han establecido un
esquema de excepcionales, que apunta hacia la socialización del control
ciudadano, apuesta a la creación de una nueva generación de ciudadanos, como se
observa en las contralorías de los estados Táchira, Portuguesa y Nueva Esparta,
han implementado programas educativos denominados la Contraloría va a la
Escuela, cada una de ellas tiene sus particularidades propias, es decir, han
configurado en la práctica modelos de socialización del control ciudadano, que
tienen sus factores diferenciales uno de los otros, en cuanto a la filosofía de
gestión, métodos y técnicas de desarrollo del modelo, perfil del personal
encargo de los programas de formación de los niños y niñas, entre otros
aspectos (CGET, 2006, CGEP, 2006; GGENE, 2006).
En
este orden de ideas, se debe señalar que un poderoso obstáculo al
avance de la participación y el control ciudadano, se halla en los intentos
reiterados en la realidad de coparla, para fines de determinados grupos, pero
con la socialización del control ciudadano el objeto de cambio es el niño, el
beneficiario la relación Estado-Sociedad. Por ello, el clientelismo, una de las
formas favoritas que adopta la manipulación, queda con la estrategia reducida a
meras intenciones de las generaciones actuales; el discurso ofrece promesas muy
amplias de participación, para ganar apoyos temporarios, pero con las nuevas
generaciones de ciudadanía la participación en la gestión pública como
categoría discursiva del poder y la autoridad queda en manos de los ciudadanos.
Incluso
sistemáticamente, en los intentos manipulatorios, se
trata de relegar a los líderes auténticos de los ciudadanos, las organizaciones
sociales y las comunidades organizadas, y de impedir que surjan los genuinos.
Se procura asimismo, crear líderes a dedo, que puedan ser en definitiva un
punto de apoyo para otros proyectos. Cuando la ciudadanía percibe las
intenciones reales, se produce un efecto de frustración. No sólo se resistirá a
participar, sino que habrá quedado predispuesta, en contra de cualquier intento
posterior, aun cuando sea genuino. Por lo tanto, el requisito más importante y
decisivo a tenerse en cuenta es que las autoridades locales, deben tener la
firme voluntad política, de compartir parte de su poder con sus
ciudadanos.
Lo
expuesto anteriormente, origina que en la realidad es muy pobre la participación
real, y se practica a través de una concepción instrumentalista
de las políticas públicas, que reduce los valores y principios a un mero
discurso de los actores e individuos de la actual generación, en un escenario
donde la delegación de la autoridad de gobernar fue transferida en el acto del
voto por los ciudadanos a los políticos y gobernantes. De manera que la
socialización del control ciudadano se convierte en el medio de
redimensionamiento y revalorización de la democracia, por lo cual los aportes
que están generando las contralorías estadales mencionadas merece su estudio y
construcción de proposiciones teórica frente el vacío existente.
Frente
a esta situación, es importante aclarar que la socialización del control
ciudadano no niega la capacitación y formación técnica de los ciudadanos, por
el contrario, la acepta como un complemento en la construcción de la cultura
participativa, ya que en los agentes de socialización los órganos de control
externo se categorizan como secundarios en la triada
familia-sociedad-escuela, mientras que las instituciones educativas básicas
(escuelas), conjuntamente con el espacio familiar, son los agentes primarios de
la socialización, por lo cual la capacitación de las generaciones actuales
contribuye a crear las condiciones socioculturales futuras entorno al ejercicio
de la ciudadanía de la función pública.
Por
consiguiente es necesario, apuntalar hacia acciones que permitan aprovechar el
potencial, de nuevas experiencias innovadoras hacia la
socialización del control ciudadano, para fomentar la participación de los
ciudadanos, organizaciones sociales y las comunidades organizadas en el diseño,
formulación, ejecución, control y evaluación de las políticas públicas como una
experimentación social y compleja (Cunill,
1997; Vieira, 1998; Ramos, 2003). El
involucramiento es una exigencia interna de la naturaleza misma del ser humano.
Las
ideas expuestas, acerca de la dinámica de la participación y el control
ciudadano en la relación Estado-Sociedad, han creado algunas
expectativas entorno a la socialización del control ciudadano hacia las
cuales se orienta la investigación. Por ello, es importante dar respuesta a las
siguientes interrogantes:
-
¿Cuáles son las bases axiológicas y ontológicas de las normativas jurídicas que
regulan la participación ciudadana en el control de la gestión en Venezuela?
-
¿A través de los fundamentos teóricos de
la participación ciudadana actuales se puede abordar el estudio de la
socialización del control ciudadano en los diferentes niveles territoriales de
gobierno?
-
¿Cuáles experiencias de participación ciudadana en el control de la gestión
pública desarrolladas por los órganos de control estadal han promovido la
socialización del control ciudadano?
-
¿Cuáles son los resultados de la socialización del control ciudadano en la
gestión pública?.
- ¿En qué se diferencia la experiencia de la
socialización del control ciudadano de las demás experiencias de participación
ciudadana en el control de la gestión pública desarrolladas por los órganos de
control estadal?
1.3. OBJETIVO GENERAL
Explicar
la participación ciudadana en el control de la gestión pública de los
diferentes niveles territoriales de gobierno en Venezuela, partiendo de las
experiencias de socialización del control ciudadano desarrolladas por las
contralorías estadales, como estrategia de redimensionamiento y revalorización
de la democracia representativa hacia la construcción de la nueva relación
Estado-Sociedad.
1.4. OBJETIVOS
ESPECIFICOS
1.4.1.
Determinar las bases axiológicas y ontológicas de las normativas jurídicas que
regulan la participación ciudadana en el control de la gestión pública en
Venezuela.
1.4.2. Construir las categorías y sub-categorías conceptuales del proceso de socialización
del control ciudadano experimentado por las contralorías estadales de Táchira,
Portuguesa y Nueva Esparta.
1.4.3.
Establecer los resultados de la socialización del control ciudadano en la
gestión pública, promovida por las contralorías estadales de Táchira,
Portuguesa y Nueva esparta.
1.4.4. Determinar las diferencias de la experiencia
de la socialización del control ciudadano desarrollada por las contralorías estadales de
Táchira, Portuguesa y Nueva Esparta con las experiencias de
participación ciudadana en el control de la gestión pública de los estados
Zulia, Lara, Trujillo, Guarico y Aragua.
<
1.5. JUSTIFICACION
La
importancia y necesidad de la participación ciudadana ha devenido en tema
recurrente y aceptado, de modo general, en la mayoría de países latinoamericanos,
entre ellos Argentina, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, México y Venezuela (Velásquez,1998; Soteldo, 2006), sin procesamiento alguno con la
socialización, como se mencionó anteriormente. El creciente valor atribuido a
la ciudadanía en el pensar y el quehacer local, nacional e internacional tiene
como trasfondo una redefinición de la relación Estado-Sociedad (Ramos, 1999).
La
participación ciudadana en el control de la gestión pública es vista como un
factor democratizador de
La
socialización del control ciudadano representa un nuevo concepto analítico en
la ciudadanización de lo público, que necesita el desarrolle
de un sistema de proposiciones teóricas y empíricas, considerando el método
hipotético-deductivo, axiológico y ontológico. Por ello, hay que revisar los
postulados teóricos vigentes acerca de la participación ciudadana, la
democracia y la gestión pública, identificar sus factores ontológicos y
axiológicos similares y diferenciales, que sirvan de soporte de la construcción
de las categorías y sub-categorías entono con la
socialización del control ciudadano
Técnicamente
el estudio se justifica, porque la bibliografía consultada genera un conjunto
de preocupación frente a la profundización del tema desde la despectiva
conceptual normativa-institucional y el desarrollo de los modelos teóricos de
la democracia participativa, que dejan a un lado la variable socialización del
control ciudadano. Metodológicamente, constituye un aporte a la investigación
de la nueva gestión pública, al desarrollar nuevos instrumentos de recolección
de datos generados por la implementación de los programas de contraloría va a
la escuela en las instituciones educativas seleccionadas por las contralorías
estadales de Táchira, Portuguesa y Nueva Esparta, como también por los métodos
de interpretación de esos datos.
Los
resultados de la investigación serán de utilidad para ciudadanos, políticos, gobernantes
y académicos, interesados en conocer y
ampliar las fronteras del conocimiento sobre el tema de participación de los
ciudadanos, organizaciones sociales y las comunidades organizadas en la gestión
pública, diferenciándose de los parámetros conceptuales y técnicos de los
controles clásicos aplicados a la Administración Pública (Groisman
y Lerner, 2000). De manea que el abrirá un camino
para futuros estudios que se realicen dentro de éste ámbito tanto en Venezuela
como en América Latina.
CAPÍTULO II
Nuestra
investigación necesita apoyarse en proposiciones teóricas fiables para abordar
el objeto de estudio identificado en el Momento 1. De tal manera, la
construcción de esas proposiciones exige la revisión y análisis de las teorías
de socialización y participación ciudadana que existen, igualmente establecer
la relación entre los factores explicativos de esas teorías a partir de los
premisas del mundo de la vida (Berger y Luchkmann, 1968), para formular las categorías y sub-categorías conceptuales que serán utilizadas para
explicar los procesos de socialización del control ciudadano iniciados por los
órganos de control externo de los estados Táchira, Portuguesa y Nueva Esparta.
Esas
categorías y sub-categorías conceptuales están insertas
en un nivel teórico abstracto-formal, construido sobre la base de la relación
socialización/participación ciudadana, en la cual se ubica el objeto de estudio
de la investigación. En este sentido, se pretende integrar factores
explicativos de los enfoques normativo, sociológico e institucional en una
propuesta hipotética-teórica acerca de los fenómenos socializantes en la ciudadanización de lo público, que desde l de la
fenomenología social, significa esto: mundo simbólico y significativo, donde
los actores de la socialización, como la familia y la escuela, verdean las
relaciones sociales esenciales de los niños en los procesos formativos y
educacionales en una comunidad de tiempo y espacio (Berger
y Luchkmann, 1968).
2.1. Antecedentes de
En
la indagación de datos teóricos y empíricos sobre la relación de la
socialización y la participación ciudadana en el control de la gestión pública
de los diferentes niveles territoriales de gobierno, se recolectaron datos que
tienen una relación indirecta con el objeto de estudio.
Flores
(2005), en su investigación intitulada: La construcción psicocultural
de la participación ciudadana en
El
aporte de esta investigación para la nuestra consiste en la validación del
contenido conceptual de cultura participativa y el sujeto participativo,
aproximándose así a las dimensiones del objeto de estudio, donde se reconoce el
surgimiento de fenómenos subjetivos como parte de la interacción y la
comunicación humana, estableciendo conductas socioculturales e individuales que
se incorporan en los procesos participativos de las comunidades; un proceso que
va desde el nacimiento hasta la edad tardía, aunque se sabe es un proceso que
tiene fuerza y arraigo durante la
infancia y la juventud..
Myriam
Cardozo Brum (2005) en su
investigación titulada Evaluación y participación social en el marco de la
gerencia pública necesaria, publicada en
Cardozo
concluye que México esta muy lejos de contar con el nivel de evaluación y
participación que pregona el enfoque de la gerencia pública, a pesar de los
importantes avances que se han realizado en la evaluación de los programas
gubernamentales, pero aun presenta problemas por resolver y no ha desarrollado
mecanismos efectivos de participación social.
Los
aportes del estudio de Cardozo a nuestra investigación
esta en la forma de estructurar el sistema de variables y el análisis al
enfoque de la nueva gestión pública. Para la autora la participación ciudadana
el espacio de lo público, esta relacionado directamente con la variable la
nueva gestión pública y la reforma del Estado; tres variables, incluyendo la
participación ciudadana, que operacionalizan la
democratización de la administración pública. Es obvio que la autora no trata
su relación con la socialización, sin embargo, deja la puerta abierta con la
categoría formación de la ciudadanía para ejercer los nuevos derechos
republicanos y su rol en la formulación y evaluación de las políticas públicas.
María Elena León Álvarez
(2004) en su estudio titulado La asamblea de ciudadanos como mecanismo de
participación popular: Análisis crítico, publicado en
La
relevancia del estudio de León para el nuestro, consiste en la interpretación
de la participación ciudadana desde el enfoque normativa y la forma como se ha
regulado jurídicamente los criterios y parámetros de funcionamientos de los
espacios participativos, como
2.2. Marco
Teórico
2.2.1. Socialización y Participación
Es necesario revisar, de manera general, el contenido conceptual
de los términos socialización y participación antes de proceder al análisis de
las posturas teóricas acerca de los enfoques de la democracia y la
participación ciudadana, para comprender el cambio que exige la nueva realidad
de la participación ciudadana en el control de la gestión pública, promovida
por algunos órganos de control externo, específicamente los estadales en el
caso venezolano.
La socialización podría definirse como un proceso de aprendizaje e
internalización de normas, valores y principios en
los individuos y su forma de percibir una determinada realidad socio-cultual, que le transmite capacidades y habilidades
intelectuales y emocionales necesarias. Estos elementos se adquieren a través
de actividades interactivas, configurando en el individuo un modelo cognitivo y
emotivo.
El
proceso de socialización, que debemos conceptuar como la asunción o toma de
conciencia de la estructura social en la que un individuo nace, es factible
gracias a los agentes sociales, que son las instituciones e individuos
representativos con capacidad para transmitir e imponer los elementos
culturales apropiados. Los agentes sociales más representativos son la familia
y la escuela.
Para
Berger y Luckmann (1968) la
socialización consiste en dos fases, donde el individuo adquiere e internaliza valores de los sectores particulares del mundo
subjetivo de su sociedad. Por ello, el individuo en su niñez esta sometido a la
socialización primaria, que de mas o menos desde los cuatro meses de edad hasta
los cuatro año, y luego, esta sometido a otra fase, la socialización
secundaria, más o menos entre los cuatro y los ochos años.
Por
lo general se distingue la socialización
primaria, como aquella en la que el infante adquiere las primeras
capacidades intelectuales y sociales, y que juega el papel más crucial en la
constitución de su identidad; mientras que, los procesos de socialización secundaria, en los que
instituciones específicas proporcionan a los individuos competencias
particulares, más abstractas y definibles. Pero ambos procesos son calves en la
infancia y la juventud para la construcción y la reconstrucción de la realidad
del mundo subjetivo.
De esta manera la socialización puede describirse desde dos puntos
de vista: uno, el objetivo, el influjo que la sociedad ejerce en el individuo,
en cuanto a proceso que moldea al sujeto y lo adapta a las condiciones de una
sociedad determinada, característica fundamental del positivismo lógico; y, el
otro, el subjetivo, la respuesta o reacción del individuo a la sociedad, propio
de la fenomenología social. En la investigación se adopta esta última postura,
considerando que para los sociólogos la socialización consiste en un proceso
mediante el cual se inculca la cultura a los individuos de la sociedad, a
través de él la cultura se va transfiriendo de generación a generación, siendo
el objeto socializante el niño (Tudesco, 1991).
Así, los individuos aprenden conocimientos específicos,
desarrollan sus potencialidades y habilidades necesarias para la participación
adecuada en el mundo de la vida (vida social, política y económica),
adaptándose a las formas de comportamiento organizado característico de su
sociedad o modificando esas formas de comportamiento, ya que las nuevas
generaciones de relevo pueden representar el cambio o continuidad de modelos psico-sociales de comportamiento societal
e individual, dependiendo de los grados de participación de los individuos en
la vida societal, la formación de un individuo con
criterio independiente y crítico (Tinsgten,
1969).
En este sentido, el término socialización aparece
asociado con los términos de procesos educativos y edcuacionales
de los agentes de socialziación, mientras que la participación interesada en los intereses
colectivos, pone énfasis en la búsqueda de la negociación y la concertación de
los intereses individuales en el mundo subjetivo de la vida, elementos estos
ligados con la responsabilidad y legitimidad de toda acción social.
En una
aproximación inicial, podría definirse el concepto de participación como toda
acción colectiva de individuos orientada a la satisfacción de determinados
objetivos, individuos adultos que actúan sobre la base de su mundo subjetivo de
la vida. La consecución de tales objetivos supone la existencia de una
identidad colectiva anclada en la presencia de valores, intereses y
motivaciones inter-subjetivas que dan sustento a la
existencia de un grupo.
De
esta manera, se puede definir la participación como un proceso que
involucra activa y equitativamente a los agentes interesados en la formulación
de políticas y estrategias de desarrollo de las comunidades que conforman su
mundo subjetivo de vida y en el análisis, planeación, implementación, monitoreo
y evaluación de actividades del desarrollo.
Así,
compartimos los planteamientos de Castells(1986), en cuanto considera a la
participación como un esfuerzo organizado que se lleva a cabo dentro de las
instituciones para incrementar el acceso y el control sobre los recursos por
parte de los agentes interesados, así como la toma de decisiones relacionada
que contribuye a lograr sistemas de vida y desarrollo sostenibles. Aún más, la
participación es contemplada como un proceso interactivo que lleva hacia un
continuo proceso de reajuste de las relaciones entre los diferentes agentes
involucrados en una sociedad, para incrementar el control e influencia de estos
agentes sobre las iniciativas de desarrollo que afectan sus vidas.
La
participación comprende tanto a los entes colectivos organizados con cierta
permanencia, como a las agrupaciones coyunturales y transitorias que se formen,
también a la posibilidad de intervención de carácter individual que pueda
plantearse de acuerdo a las circunstancias de cada caso.
A
fin de desagregar el concepto, una primera instancia de la participación es la
información: con ella, las personas dejan de ser objetos pasivos de las
políticas, porque aparecen ante nuestro discernimiento con formas definidas, y
esto abre la posibilidad de promoverlas, favorecerlas o interpelarlas. Pueden,
incluso, caer en el área de desinterés, pero este desinterés será fruto de una
decisión y no del desconocimiento. La metodología que favorece esta instancia
participativa son las propias de una política de comunicación institucional,
incluidas las reuniones informativas o ámbitos de recepción de consultas, a fin
de abrir la posibilidad de esclarecer conceptos.
Una
instancia superior de participación es la consulta: el sujeto es consultado
acerca de la decisión a tomar, y esto puede ser, según lo haya diseñado el decisor, vinculante o no vinculante con la decisión que
finalmente tomará. El viejo derecho administrativo, que propone informes
técnicos y dictámenes legales antes de producir el acto administrativo, reflejo
legal de la decisión, se ve así enriquecido por una instancia que, superando la
cuestión legal y la cuestión técnica, se instala en la gobernabilidad: en la
aceptación social de la decisión.
La
metodología propia para este tipo de participación son las reuniones de
consultas, foros, comisiones y consejos, nuevas técnicas sociométricas de
obtención de opinión con grados diferentes en cuanto a la posibilidad de
influir en la decisión. Las consultas y audiencias públicas, la banca del
ciudadano, fueron otras metodologías promovidas en este campo.
Una
tercera instancia participativa ya refiere al protagonismo social: los
participantes son protagonistas del destino de la comunidad, de su proyecto
colectivo, y por lo tanto hacen su aporte desde el mismo momento de gestación
del proyecto de gobierno. Conceptos como compromiso y militancia están
íntimamente vinculados a este protagonismo, ya que en estos casos el proyecto
de vida personal, familiar y/o grupal, son parte del proyecto comunitario.
A
estas tres instancias propuestas por Castells, le agregamos una, la cual sería
realmente la primera instancia, moviendo secuencialmente
las posiciones de las demás instancias. Esta instancia es la socialización de
la ciudadanía, desde la infancia y la niñez, abarcando la adolescencia y la
juventud, hasta la edad adulta. En este proceso, el individuo internaliza el mundo subjetivo de vida en el tiempo y
espacio de una comunidad
2.2.2. Aprendizaje y socialización
Los
conceptos de aprendizaje y socialización se refieren a fenómenos de naturaleza
semejante (Tudesco, 1991). El aprendizaje se
refiere a la adquisición de nuevos recursos al repertorio de respuestas del
individuo y en este sentido su alcance es más amplio, ya que no todo
aprendizaje supone una socialización. La socialización es un proceso temporal y
avanza a lo largo del progreso evolutivo individual:
infancia-niñez-adolescencia-adulto. Para que ésta resulte efectiva el punto de
partida se inicia en la edad temprana con la asimilación de las estructuras
cognitivas y las habilidades lingüísticas y comunicativas para, a través de las
pautas de valores, normas y significados reconocidos, aprehender la realidad y
capacitar al individuo para alcanzar contenidos significativos más extensos y
lograr un proceso de interacción pleno en el mundo subjetivo de la vida (Berger y Luckmann, 1968).
Dentro
de las perspectivas del análisis de la socialización cabe mencionar las dos
fundamentales. La primera se interesa por el fenómeno como elemento mantenedor
y reproductor de la estructura y del orden social, preguntándose por los
requerimientos de rol impuesto y por los mecanismos adecuados para su
imposición, así como de los mecanismos de reintegración en los casos de desviación
social. La segunda mirada se orienta
hacia el desarrollo de la personalidad individual enmarcada en los usos y
valores del grupo con los que va a interactuar, por lo que su interés se centra
en el desarrollo afectivo, cognitivo y conductual. (Briones, 1992).
2.2.3.
Socialización y Ciudadano
Todo proceso de
participación es desarrollado por ciudadanos, es decir, hombres y mujeres que
tienen derechos
y responsabilidades frente al Estado, que son portadores de intereses,
opiniones e ideas que tienen que ser respetadas e incorporadas en los temas
públicos en general y en las políticas públicas en específico (Baño, 1997). En
este sentido, los ciudadanos-individuos han sido sometidos a los procesos de
socialización (primario y secundario) que se mencionó anteriormente, en los
cuales han logrado interiorizar su forma de verse en el espacio de lo público
desde su mundo subjetivo de vida, donde la idea de control ciudadano puede
estar presente o ausente.
Por ello, la participación
supone interactuar, más o menos organizadamente, con quienes comparten ideales
e intereses de vida, no sólo para colaborar y enfrentar juntos eventuales
resistencias, sino también para buscar soluciones a los problemas sociales que
presentan sus comunidades, soluciones que se lograr cuando el punto conector ha
sido alcanzado, es decir, la conexión inter-subjetiva
de los individuos en su mundo de vida compartido. Considerado, la participación
incluye la necesidad y la voluntad del individuo de construir o reconstruir su
mundo subjetivo de vida, las posibilidades reales para participar y el
reconocimiento de que la acción ciudadana puede cambiar la forma como funciona
la sociedad en esos mundos de vida.
2.2.4. Participación ciudadana en el
redimensionamiento y revalorización de la democracia representativa
El discurso de la participación ciudadana no puede separarse de su
entorno histórico. Así ha sido concebido por los estudiosos de la materia: para
algunos como Castells (1986), Bobio (1996) y Cunill (1997) este concepto esta inserto en la modernidad,
es decir, en el logro de una sociedad donde la participación se construye a
través de la representatividad democrática más. Los teóricos de la marginalidad
tal como Harnecker (2000), lo plantearon como un
instrumento para incorporar a los sectores marginados a la dinámica del
desarrollo. Y finalmente para otros autores como Volvió (1996) y Darherndof (1992), plantean la participación ciudadana como
elemento que hace frente a la pérdida de representatividad del sistema político.
Los gobiernos y los partidos la plantean como un instrumento óptimo para crear
una nueva relación concertada entre sociedad-Estado.La
participación ciudadana desde el punto de vista conceptual y práctico puede
considerarse también un concepto polisémico que
carece de una conceptualización univoca y que se
vincula a categorías teóricas como ciudadanía, Estado, democracia, sociedad,
poder, entre otras, donde sobre abundan posiciones teórico practicas muchas
veces en abierta contradicción, es decir, con una alta carga valorativa a la
participación ciudadana (Baño, 1997). Visto así, se define la participación
ciudadana como “todas aquellas experiencias que remiten a la intervención de
los individuos en actividades públicas para hacer valer intereses sociales” (Cunill 1991, 49), pero tal conceptualización
se refuerza con la idea que hemos venido planteando, la socialización del
individuo para interiorizar e interactuar con los demás en el mundo inter-subjetivo de la vida. En pocas palabras, la
construcción de la nueva ciudadanía, con valores y principios en el manejo de
lo público, donde el sentido de pertenencia define el alcance colectivo de la
relación sociedad-Estado.
Es importante destacar que la participación ciudadana se reinstaló con
fuerza como concepto en la comunidad académica y política a partir de la década
del ochenta y en especial, en la década del noventa del siglo XX (Soteldo, 2006). La incorporación del tema de la
participación en la agenda de los distintos gobiernos de América Latina ha sido
progresiva y por varias motivaciones. Una de ellas, fue el reconocimiento de la
incapacidad del Estado para atender de manera eficaz y eficiente la diversidad
de demandas y problemas de su entorno específico. Otra causa promotora de la
participación, fue la necesidad de democratizar las relaciones entre el Estado
y la sociedad como un elemento modernizador y de refrescamiento de la
democracia como sistema político. Una tercera vía, resultó del propio
desarrollo de la sociedad que, en combinación con el surgimiento de nuevos
liderazgos políticos en Latinoamérica contribuyeron de igual manera, a abrir
espacios para la participación de particulares en la gestión pública, en cuanto
a la formulación, control y evaluación de las políticas públicas.
De
esta manera, la democracia y su sistema representativo ven en la participación
un elemento clave para el fortalecimiento de las oportunidades que la misma
ofrece, se justifica un proceso de transformación que tienda a una verdadera
participación de los ciudadanos en el manejo de los recursos públicos,
rescatando el espacio de lo público de las manos de los políticos y los tecno-burócratas.
Igualmente,
la aparición de nuevos enfoques gerenciales y de reforma del Estado,
propiciaron nuevas formas de rendición de cuentas y de control de la gestión
pública; mediante incorporación de las comunidades y de sectores sociales
específicos, lo que se conoce como la nueva gestión pública, a partir de los
años noventa, profundizándose éste nuevo enfoque gerencial con los primeros
años del Siglo XXI.
En
total, la situación planteada ha definido un conjunto de factores que
convierten a la participación ciudadana en la gestión pública como la forma que
promueve el redimensionamiento y revalorización de la democracia representativa,
construyendo los caminos hacia la democracia participativa, es decir, el fin
del Estado democrático-representativo, y el advenimiento del Estado
democrático-participativo. Construcción que se puede convertir en una realidad
en el mundo subjetivo de la vida, cuando la socialización del
ciudadano-individuo comience arrojar sus resultados.
2.2.5. Participación ciudadana en la
nueva gestión pública
En el mundo subjetivo de la vida se rompe con el
contenido conceptual del término participación ciudadana que se utiliza para
describir o explicar la participación de los ciudadanos, organizaciones
sociales y/o las comunidades organizadas en la gestión pública, reduciéndolo a
un espacio normativo e institucional, como veremos a continuación
La acción gubernamental que impulsa la nueva gestión
pública, adoptado en los diferentes niveles territoriales de gobierno,
fundamenta su contenido en los principios de responsabilidad y capacidad de
respuesta, y su forma, en la transparencia y participación ciudadana (Bañon, 2003). En este sentido, la nueva gestión pública
estimula fuertemente la participación como mecanismo de control ciudadano.
Para
Cunill (1991) “la participación ciudadana encuentra
dos dimensiones: primero como medio de socialización de la política y segundo
como forma de ampliar el campo de lo público hacia la esfera de la sociedad
civil y por lo tanto favorecer a ésta” (p. 44).
En
este sentido, participar quiere decir que está tomando parte, que en el caso de
la participación ciudadana significa que los ciudadanos intervienen o toman
parte en la actividad pública. Y para diferenciarla de otro tipo de
participación, Cunill (1991) plantea: “la
participación social supone la relación de los individuos, no con el Estado
sino con otras instituciones sociales”. Así como también establece la
participación ciudadana supone una relación con el Estado, una intervención en
una actividad pública (p. 57).
En
términos muy sencillos, la participación ciudadana es el proceso mediante el
cual los ciudadanos en forma directa o mediante sus expresiones asociativas,
inciden en ciertos procesos gubernamentales definitorios de políticas públicas.
Es decir, por medio de la misma, individuos, comunidades y sectores sociales
organizados tienen la oportunidad de intervenir de distintas maneras en la
resolución de determinados asuntos de interés colectivo.
Pero
se debe indicar que esa intervención ciudadana en los asuntos públicos, se
traduce en la posibilidad participar en tres eventos fundamentales; a saber: la
formulación, la ejecución y el control de políticas públicas. La
participación ciudadana en la formulación de las políticas públicas implica la
obligación de parte de las entidades gubernamentales en: definir los actos
administrativos que podrán ser sujetos a consulta tales como leyes,
reglamentos, planes, programas o proyectos de inversión, ordenanzas urbanas o
urbanísticas, por tan sólo mencionar algunos. Asimismo, debe establecer las
condiciones, los mecanismos, los procedimientos y la duración de cada consulta
pública respectiva. Cabe agregar, que la complejidad de estos procesos de
consulta cívica dependerá del ámbito político-territorial donde se realicen,
bien sean a nivel nacional, estadal y municipal.
Asimismo,
la participación ciudadana en la ejecución de las políticas públicas está un
tanto más clara. En efecto, sobre este particular hay mucha más experiencia en
el ámbito latinoamericano. Al respecto, basta recordar los procesos de
privatización, aquellos de concesiones públicas, de descentralización o de convenimientos con agentes particulares (con o sin fines de
lucro), para la prestación de determinados servicios.
En
definitiva, el concepto de la participación ciudadana supone directamente el
ejercicio del control ciudadano, llamado control social o contraloría social.
Esta contraloría implica la participación de los ciudadanos, de las comunidades
y de los sectores sociales organizados en la supervisión, control y seguimiento
de las políticas públicas de impacto nacional, regional, local y comunitario;
con especial énfasis en aquellos dirigidos al desarrollo humano. La contraloría
social es un segmento importante y estratégico de la participación ciudadana
que requiere de un amplio y urgente desarrollo técnico y legislativo para
hacerlo realidad de una manera eficaz y eficiente.
La
participación ciudadana en el control de la gestión pública debe ser entendida
como un proceso de construcción del espacio participativo, donde el individuo
exterioriza sus valores y principios en la interacción con los demás miembros de
la comunidad, donde prevalece la dimensión socio-cultural del mundo subjetivo
de la vida, para lograr romper con el esquema instaurado con la democracia
representativa en la relación Estado-sociedad.
Juan
Pablo Soteldo (2006) señala que para comprender la
participación ciudadana es necesario conocer sus dimensiones y evaluación
histórica. Por ello, platea que se debe
tener clara la diferencia que existe entre ésta tendencia/realidad y las de
participación comunitaria, participación social y participación política, como
se explica en el Cuadro Nº 1, pues a veces se recubren
dichos términos con acepciones más amplias como participación popular y
participación democrática, o son utilizados como sinónimos indistintamente de
la asociación o vinculación conceptual con la participación ciudadana.
Cuadro Nº 1
Cuadro Comparativo
|
Tendencias |
Teorías |
Supuestos Conceptuales |
|
Participación
Comunitaria |
Intervención
Comunitaria |
Los
ciudadanos se organizan en las comunidades para la búsqueda de soluciones a
los problemas que padecen. |
|
Participación
Social |
Democracia
Representativa |
Las
organizaciones sociales que se relacionan con instituciones públicas; al
relacionarse con estas instituciones se vinculan directamente con la toma de
decisiones públicas. |
|
Participación
Política |
Democracia
Representativa |
La
participación de los ciudadanos en las organizaciones políticas y en los
procesos electorales. |
|
Participación Ciudadana |
Democracia
Participativa |
Los
ciudadanos, las organizaciones sociales y las comunidades organizadas
intervienen en los asuntos públicos a través de la formulación, ejecución,
control y evaluación de las políticas públicas. |
Fuente: Soteldo (2006).
Como
se observa en el Cuadro Nº1, en el contenido
conceptual de la participación, según el adjetivo con el cual se clasifica, no
tiene como componente o elemento de la estructura conceptual, el término
transferencia de valores, construcción de nuevas generaciones, el aprendizaje
socializante, la infancia, la niñez o la adolescencia, términos estos que reflejan
el total vacío o contraste de las teorías de la democracia, apoyadas en las
premisas del positivismo lógico, con la exigencia de la nueva realidad
participativa, para comprender la socialización de la nueva ciudadanía,
especialmente en lo que llamamos la socialización del control ciudadano, desde
los diferentes niveles epistemológicos: ontológicos, gnoseológicos y
axiológicos de la realidad participativa.
2.2.6. Control ciudadano
Es importante aclarar el uso del término control ciudadano y no el
de control social. La gran mayoría de los autores del tema de participación
ciudadana se refieren al control ciudadano como el control social,
diferenciando su uso del ámbito político al exclusivamente social, otros lo
utilizan para enfatizar la relevancia de lo social en el espacio de lo público,
reconociéndole al individuo su capacidad de interactuar con el Estado sin
mediador. Para nosotros estas concepciones se recogen en el término control
ciudadano, pero éste se diferencia de las mencionadas, en cuanto considera al
ciudadano-individuo lleno de valores y principios que le otorga la facultad de
intervenir en el espacio de lo publico, partiendo su mundo subjetivo de vida,
para la construcción o reconstrucción de las interacciones inter-subjetivas
en el redimensionamiento y revalorización de la relación Estado-sociedad.
De
acuerdo con Barrio (1997), el control ciudadano se define como el
conjunto de las acciones de organización, supervisión y vigilancia que el
ciudadano-individuo realiza, para asegurar que se cumplan los compromisos que
el gobierno adquiere con la comunidad, como también el cumplimiento de los
ciudadanos-individuos con las responsabilidades y con los acuerdos que
adquieren al participar en el diseño, formulación, discusión, aprobación, ejecución,
control y evaluación de las políticas públicas.
Según lo anteriormente indicado, el concepto del
control ciudadano se refiere a una práctica del mundo subjetivo de la vida,
manifestada en acciones de control y vigilancia que son realizadas de manera
natural por los ciudadanos-individuos en interacción con los actores
gobernantes y responsables de la construcción de la obra o ejecución de los
programas sociales humanos. Cuando uno o varios individuos asumen un
compromiso, responsabilidad u objetivo común, cuyos resultados afectan directa
o indirectamente a la comunidad en general, existe una tendencia espontánea o
instintiva o constatar si la actividad en cuestión se desarrolla de manera
correcta o si los resultados corresponden con lo planeado, ejerciendo así el
control ciudadano.
2.2.6.1. Socialización del control ciudadano
El control ciudadano se inicia con la interiorización
de los valores y principios de responsabilidad, honestidad, lealtad, respecto,
entre otros, en la niñez, como se observa en el Gráfico Nº 1; si muy bien, el
niño no es un ciudadano, lo será una vez que alcance la mayoría de edad, por lo
cual la forma como los agentes de socialización primaria y secundaria lo
incorporan en el proceso de aprendizaje cognoscitivo y social para interactuar
en el mundo subjetivo de la vida en el que se desenvuelve, se irá construyendo
con las condiciones socio-culturales para la nueva ciudadanía.
Gráfico 1
Socialización de
control ciudadano
Valores y principios de control ciudadano
Niñez ------------- Infancia ------------- Adolescencia
------------- Adulto
Construcción del espacio participativo
Los agentes de socialización actúan en un entorno
socio-cultural que puede estar a favor o generar resistencia al cambio que
implica el proceso de interiorización de esos valores y principios en la niñez
y su desenvolvimiento en el entono socio-cultural, ya que consideran la
construcción del espacio participativo en su mundo subjetivo de la vida como
una amenaza a sus intereses (Berger y Luckmaann, 1968).
En Sociología los valores son
un elemento de un sistema de símbolos compartidos que sirve como criterio o
estándar para la selección
de entre alternativas de orientaciones,
como señala Parson (citado en Austin, 2000). Cada individuo que conforma un
grupo humano posee su propio con unto de valores en su mundo subjetivo de la
vida, es decir, de cosas que valoran de mucho a nada y de nada a detestar, como
lo describe Austin en el Gráfico Nº 2.
Gráfico Nº 2
El valor en
los grupos humanos
|
|
A
su vez, ese conjunto de valores nos lleva a los individuos de un grupo a actuar
subjetivamente con tendencias hacia una u otra forma. El orientar la forma de
actuar según valores es llamado orientaciones de valores; cuando una persona o
un grupo expresa una marcada preferencia por una manera de pensar o decir las
cosas, a partir de su propia concepción del mundo, en detrimento de otras
formas, hablamos de juicios de valor (Austin, 2000). En este
sentido, el valor interiorizado como algo positivo, contribuye a que el ciudadano-individuo
pueda actuar en defensa de lo público, y sentir lo público como propio de lo
colectivo.
CAPÍTULO III
3.1. Bases Epistemológicas y Metodológicas
3.1.1. Enfoque epistemológico: Fenomenología hermenéutica
El enfoque epistemológico que se asume en la presente
investigación es el post-positivismo (Martínez, 1996), ya que sostiene el
significado ontológico de la realidad, en cuanto existe pero no puede ser
completamente aprehendida, las leyes naturales comprendidas solamente en forma
incompleta. “De esto se desprende que, aunque existe un mundo real manejado por
causas naturales, es imposible para los humanos poder percibirlo en su
totalidad debido a que sus mecanismos intelectuales y sensoriales son imperfectos”
(Flores, 2004).
Así, el
post-positivismo mantiene que la objetividad permanece como el ideal regulatorio, pero ésta sólo puede ser aproximada, colocando
un énfasis especial en guardianes externos tales como la tradición crítica y la
comunidad crítica.
Respecto a la pregunta metodológica, este paradigma enfatiza
la criticidad múltiple remediando las discrepancias y permitiendo la indagación
en escenarios naturales usando métodos cualitativos dependiendo más de la
generación emergente de datos y haciendo del descubrimiento una parte esencial
del proceso de indagación. Se le considera en lo metodológico como una
modificación al positivismo en su proceder experimental y manipulativo
(Flores, 2004).
Siguiendo a Toledo (2003), utilizaremos la expresión sociofenomenología
para designar las teorías e investigaciones que se desarrollan dentro de la
perspectiva de una ciencia de la sociedad inspirada en la fenomenología; que
nosotros asumiremos como un programa de investigación.
La denominación sociofenomenología nos
permitirá, además, distinguirla de otras iniciativas desarrolladas por
pensadores como Theodor Litt,
Alfred Vierkandt o Georges Gurvitch, también
inspirados en la fenomenología (Toeledo, 2003).
Para
iniciar en este contexto es necesario definir el término
"fenomenología" según la enciclopedia Wikipedia
(2006), procede del griego j a i n o m e n a
que significa lo que se muestra o
aparece. El programa del fenomenólogo es: Hay que llegar a las cosas mismas y
analizar lo que aparece. Superando estériles discusiones sobre la teoría del
conocimiento, de finales del siglo XIX, la filosofía ha de volverse a lo que
aparece, a lo que se da sin ninguna duda y que es el fenómeno. La fenomenología
es la ciencia de los fenómenos.
En
primer término, fenómeno es todo aquello que aparece en la experiencia. Puede
tratarse de la experiencia externa, (casas, plantas, vehículos), y de la
experiencia interna (deseos, temores, percepciones, deducciones) al percibir lo
que ocurre en nosotros.
Según
Hurtado (2000 p, 64), el planteamiento fenomenológico consiste en analizar los
fenómenos de tal modo que las esencias ideales y los contenidos
esenciales se convierten en objetos dados. El objetivo de la
fenomenología es un sistema puro (formal y material) de contenidos esenciales,
que abarca a todas las disciplinas filosóficas. De ahí que a la filosofía
fenomenológica se la denomina filosofía esencial. Las ciencias
filosóficas son ciencias eidéticas (ciencias esenciales) en oposición a
las ciencias empíricas (ciencias de los hechos).
En
este sentido, la investigación se apoya epistemológicamente
en los postulados de la fenomenología hermenéutica, inscribiéndose así en el
paradigma post-positivista. Este paradigma esta considerado en las ciencias
sociales como emergente, alternativo, naturalista, constructivista,
interpretativista, por lo cual asume la existencia de
realidades múltiples, con diferencias entre ellas que no pueden resolverse a
través de procesos racionales o aumentando los tamaños muestrales.
Asimismo,
es preciso puntualizar el término hermenéutica, deriva del Hermes, (el
mensajero divino que traía a los hombres los mensajes de los dioses);
originariamente es el arte de anunciar, traducir e interpretar (ermeneus: heraldo, traductor).
Desde
esta perspectiva, hoy día la hermenéutica en las ciencias sociales expone,
explica y entiende unos textos, doctrinas, sucesos, contenidos, entre otros. La
moderna hermenéutica deriva de la doctrina de los existenciales elaborada por
los existencialistas, y especialmente por Heidegger.
Así,
se puede compendiar el problema de la hermenéutica: cuando entendemos el
lenguaje, la historicidad y el ser-con como existenciales, el problema de la
comprensión se plantea de forma muy concreta.
De
acuerdo con Lakatos (citado por Toledo, 2003), en sus
inicios modernos, el ideal científico sólo aceptaba el conocimiento demostrable
y de él se excluían las conjeturas meramente probables. Se sostenía que la
ciencia era un procedimiento más bien mecánico que requería, para su aplicación
efectiva, de un uso claro e imparcial de los sentidos y un cierto conocimiento
de la lógica y la matemática. El científico debía aplicar estrictamente las
reglas y de ese modo aseguraba la fidelidad del pensamiento a los hechos y la
verdad estaba garantizada.
Se
suponía que, siguiendo el procedimiento correcto, nunca se tomaría por
verdadero lo que es falso y nunca se derrocharían los esfuerzos mentales
inútilmente, al tiempo que el conocimiento válido se acumularía de manera
incremental, incesante y gradualmente. Sin embargo, el monismo metodológico ha
perdido credibilidad y ninguna de las metodologías existentes actualmente
defendería que su deber es proveer de un manual de reglas para contrastar
teorías de manera infalible. En particular la metodología de los programas de
Investigación no propugna reglas rígidas y, al analizar las metodologías
rivales, enfatiza esa mayor ductilidad técnica (34).
El enfoque
epistemológico, la fenomenología hermenéutica, nos permite formular la
estructura del diseño de la investigación, en tres momentos: aproximación,
desarrollo y resultados del estudio, como se observa en el Cuadro Nº 1. Por
ello, el diseño se considera de carácter cualitativo, partiendo de la premisa
de que diseñar no es más que tomar decisiones a lo largo de todo el proceso de
investigación y sobre todas las fases que conlleva dicho proceso, que están
presente en cada uno de los momentos establecidos en el Cuadro.
Cuadro Nº 1
Estructura
del Diseño de
|
Momento
1 Aproximación
al estudio |
Momento
2 Desarrollo
del estudio |
Momento
3 Resultados
del estudio |
|
1. Formulación del
problema. 2. Selección de casos y
contextos. 3. Acceso al campo. 4. Marco temporal. 5. Selección de
estrategia/s metodológica/s. 6. Relación con teoría. 7. Detección sesgos e
ideología del investigador. 8. Aspectos éticos. |
1. Reajuste cronograma de
tareas. 2. Observaciones y
entrevistas a añadir o anular. 3. Modificación de
protocolos de observación y de guiones de entrevista. 4. Generación y
comprobación de hipótesis. |
1. Decisiones sobre el
momento y manera de abandono del campo. 2. Decisiones finales de
análisis. 3. Decisiones de
presentación y escritura del estudio. |
Fuente: Elaboración
Propia.
3.1.2.1. Tipo de Investigación:
ü Comprensión e interpretación del fenómeno objeto de
estudio
La interiorización de los valores y principios del
sentido de control de los individuos en su proceso de socialización, en marcado
en un mundo de la vida subjetivo e inter-subjetivo,
define nuestra investigación como exploratoria, no en el sentido del
positivismo lógico, sino en el post-positivismo.
ü Representativa subjetiva en el objeto de estudio
El objeto de estudio de la investigación son los
individuos que se encuentran en la fase infantil de su evolución psico-social, los cuales forman parte de las instituciones
educativas donde las contralorías estadales de Táchira, Nueva Esparta y
Portuguesa implementan el Programa
3.1.2.2. Instrumentos de recolección de datos
La entrevista de historia de vida, aplicada a los
alumnos participantes en el Programa
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
17. Levy, Evelyn (1998). Control
social y control de resultados: Un balance de los argumentos y de la
experiencia reciente. En: Luiz Carlos Bresser y Cunill Grau (Editores:
1998). Lo Público No Estatal en
30. Vieira, Liszt (1998).
Ciudadanía y control social. En: Luiz Carlos Bresser y Cunill Grau (Editores:
1998). Lo Público No Estatal en la Reforma del Estado. México: Paidos/CLAD.