UNIVERSIDAD YACAMBÚ

VICERRECTORADO DE INVESTIGACIÓN Y POSTGRADO

INSTITUTO DE INVESTIGACIÓN Y POSTGRADO

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SOCIALIZACIÓN Y PARTICIPACIÓN CIUDADANA EN EL CONTROL DE LA GESTIÓN PÚBLICA VENEZOLANA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Abog. Omaira de León

                                                

                                                                       C.I. 3.192.481

 

 

San Cristóbal, Octubre de 2006

 

 

 

 

MOMENTO II

 

LA DIRECCIONALIDAD TEÓRICA DE LA INVESTIGACIÓN

 

Nuestra investigación necesita apoyarse en proposiciones teóricas fiables para abordar el objeto de estudio identificado en el Momento 1. De tal manera, la construcción de esas proposiciones exige la revisión y análisis de las teorías de socialización y participación ciudadana que existen, igualmente establecer la relación entre los factores explicativos de esas teorías a partir de los premisas del mundo de la vida (Berger y Luchkmann, 1968), para formular las categorías y sub-categorías conceptuales que serán utilizadas para explicar los procesos de socialización del control ciudadano iniciados por los órganos de control externo de los estados Táchira, Portuguesa y Nueva Esparta.

Esas categorías y sub-categorías conceptuales están insertas en un nivel teórico abstracto-formal, construido sobre la base de la relación socialización/participación ciudadana, en la cual se ubica el objeto de estudio de la investigación. En este sentido, se pretende integrar factores explicativos de los enfoques normativo, sociológico e institucional en una propuesta hipotética-teórica acerca de los fenómenos socializantes en la ciudadanización de lo público, que desde l de la fenomenología social, significa esto: mundo simbólico y significativo, donde los actores de la socialización, como la familia y la escuela, verdean las relaciones sociales esenciales de los niños en los procesos formativos y educacionales en una comunidad de tiempo y espacio (Berger y Luchkmann, 1968).

 

 

Antecedentes de la Investigación

 

En la indagación de datos teóricos y empíricos sobre la relación de la socialización y la participación ciudadana en el control de la gestión pública de los diferentes niveles territoriales de gobierno, se recolectaron datos que tienen una relación indirecta con el objeto de estudio.

Flores (2005), en su investigación intitulada: La construcción psicocultural de la participación ciudadana en la Fiesta Mayor de Gracia, indica como objetivo principal comprender el proceso participativo vecinal en la Fiesta Mayor de Gracia desde una perspectiva psicocultural. La participación fue analizada mediante tres posturas filosófico-políticas: comunitarismo, liberalismo y republicanismo. El método utilizado fue de tipo cualitativo, que incluye: entrevistas a profundidad, grupo de discusión y observación participante. El autor construyó un modelo de análisis que implicó la definición de conceptos teóricos de dimensiones y componentes susceptibles de comprender la realidad participativa en espacios socio-culturales. En el modelo, define una serie de indicadores que permiten realizar interpretaciones al objeto de estudio, además de establecer una relación bidireccional entre dos conceptos básicos: la cultura participativa y los sujetos participativos. El autor da como conclusión que logró en parte el objetivo general de la investigación y cumplió totalmente con los objetivos específicos planteados. Igualmente, indica que el estudio en general permitió, entre otras cosas, que los actores se conozcan un poco más entre ellos, ya que existe muy poca interacción entre algunas juntas y colectivos.

El aporte de esta investigación para la nuestra consiste en la validación del contenido conceptual de cultura participativa y el sujeto participativo, aproximándose así a las dimensiones del objeto de estudio, donde se reconoce el surgimiento de fenómenos subjetivos como parte de la interacción y la comunicación humana, estableciendo conductas socioculturales e individuales que se incorporan en los procesos participativos de las comunidades; un proceso que va desde el nacimiento hasta la edad tardía, aunque se sabe es un proceso que tiene fuerza y arraigo  durante la infancia y la juventud..

Myriam Cardozo Brum (2005) en su investigación titulada Evaluación y participación social en el marco de la gerencia pública necesaria, publicada en la Revista Venezolana de Gerencia Vol. 10, N° 29, plantea que América Latina tiene importantes insuficiencias en sus sistemas de evaluación gubernamental y de participación, por lo cual México no escapa de esa realidad. La autora analiza el proceso de evaluación de la acción pública y la participación social mexicanas, en el contexto de la gerencia pública. Se analiza 31 programas sociales evaluados, empleando el método de análisis documental complementado con entrevistas a diferentes actores involucrado en el referido proceso. Las variables estudiadas fueron: organización del sistema de evaluación, recursos utilizados, fuentes de información y tratamiento de datos, contenido de la evaluación y participación de los beneficiarios y de organizaciones sociales.

Cardozo concluye que México esta muy lejos de contar con el nivel de evaluación y participación que pregona el enfoque de la gerencia pública, a pesar de los importantes avances que se han realizado en la evaluación de los programas gubernamentales, pero aun presenta problemas por resolver y no ha desarrollado mecanismos efectivos de participación social.

Los aportes del estudio de Cardozo a nuestra investigación esta en la forma de estructurar el sistema de variables y el análisis al enfoque de la nueva gestión pública. Para la autora la participación ciudadana el espacio de lo público, esta relacionado directamente con la variable la nueva gestión pública y la reforma del Estado; tres variables, incluyendo la participación ciudadana, que operacionalizan la democratización de la administración pública. Es obvio que la autora no trata su relación con la socialización, sin embargo, deja la puerta abierta con la categoría formación de la ciudadanía para ejercer los nuevos derechos republicanos y su rol en la formulación y evaluación de las políticas públicas.

María Elena León Álvarez (2004) en su estudio titulado La asamblea de ciudadanos como mecanismo de  participación popular: Análisis crítico, publicado en la Revista Ciencias de Gobierno Año 8, N° 15, analiza la Asamblea de Ciudadanos, como mecanismo, vinculante, de participación popular en Venezuela, mediante una investigación documental, basada en la observación de fuentes directas de normas y categorías jurídicas y de fenómenos sociales, tanto  de Venezuela como de otros países a través del método comparativo aplacado al Derecho. La autora concluye, en la no correspondencia entre las aspiraciones de una participación más efectiva de los ciudadanos y ciudadanas, y los reales alcances de dicha modalidad de democracia directa prevista en el artículo 70 de la Constitución de 1999;  marco jurídico que en todo caso, imprime a la Asamblea de Ciudadanos, un implícito carácter municipal o parroquial, con estrictas limitaciones de operatividad. 

La relevancia del estudio de León para el nuestro, consiste en la interpretación de la participación ciudadana desde el enfoque normativa y la forma como se ha regulado jurídicamente los criterios y parámetros de funcionamientos de los espacios participativos, como la Asamblea de Ciudadanos. El análisis critico de las normativas revela los alcances de la regulación constitucional para la ampliación de los ámbitos de acción de la ciudadanía en las diferentes dimensiones de lo público: político, social y económico, pero a su vez, se detecta las limitaciones legales, en cuanto a precisar esos criterios de organización y funcionamiento de la Asamblea, que sus decisiones tienen un carácter deliberante. Aquí esta el aporte, en los alcances y limitaciones de uno de los espacios fundamentales para la democratización de lo público, que tendrá sus implicaciones en los moldes formativos y educacionales de los niños, ya sea a través de los agentes de socialización primario o secundario.

 

 

Marco Teórico

 

Socialización y Participación

 

Es necesario revisar, de manera general, el contenido conceptual de los términos socialización y participación antes de proceder al análisis de las posturas teóricas acerca de los enfoques de la democracia y la participación ciudadana, para comprender el cambio que exige la nueva realidad de la participación ciudadana en el control de la gestión pública, promovida por algunos órganos de control externo, específicamente los estadales en el caso venezolano.

La socialización podría definirse como un proceso de aprendizaje e internalización de normas, valores y principios en los individuos y su forma de percibir una determinada realidad socio-cultual, que le transmite capacidades y habilidades intelectuales y emocionales necesarias. Estos elementos se adquieren a través de actividades interactivas, configurando en el individuo un modelo cognitivo y emotivo.

El proceso de socialización, que debemos conceptuar como la asunción o toma de conciencia de la estructura social en la que un individuo nace, es factible gracias a los agentes sociales, que son las instituciones e individuos representativos con capacidad para transmitir e imponer los elementos culturales apropiados. Los agentes sociales más representativos son la familia y la escuela.

 

Para Berger y Luckmann (1968) la socialización consiste en dos fases, donde el individuo adquiere e internaliza valores de los sectores particulares del mundo subjetivo de su sociedad. Por ello, el individuo en su niñez esta sometido a la socialización primaria, que de mas o menos desde los cuatro meses de edad hasta los cuatro año, y luego, esta sometido a otra fase, la socialización secundaria, más o menos entre los cuatro y los ochos años.

Por lo general se distingue la socialización primaria, como aquella en la que el infante adquiere las primeras capacidades intelectuales y sociales, y que juega el papel más crucial en la constitución de su identidad; mientras que, los procesos de socialización secundaria, en los que instituciones específicas proporcionan a los individuos competencias particulares, más abstractas y definibles. Pero ambos procesos son calves en la infancia y la juventud para la construcción y la reconstrucción de la realidad del mundo subjetivo.

De esta manera la socialización puede describirse desde dos puntos de vista: uno, el objetivo, el influjo que la sociedad ejerce en el individuo, en cuanto a proceso que moldea al sujeto y lo adapta a las condiciones de una sociedad determinada, característica fundamental del positivismo lógico; y, el otro, el subjetivo, la respuesta o reacción del individuo a la sociedad, propio de la fenomenología social. En la investigación se adopta esta última postura, considerando que para los sociólogos la socialización consiste en un proceso mediante el cual se inculca la cultura a los individuos de la sociedad, a través de él la cultura se va transfiriendo de generación a generación, siendo el objeto socializante el niño (Tudesco, 1991).

Así, los individuos aprenden conocimientos específicos, desarrollan sus potencialidades y habilidades necesarias para la participación adecuada en el mundo de la vida (vida social, política y económica), adaptándose a las formas de comportamiento organizado característico de su sociedad o modificando esas formas de comportamiento, ya que las nuevas generaciones de relevo pueden representar el cambio o continuidad de modelos psico-sociales de comportamiento societal e individual, dependiendo de los grados de participación de los individuos en la vida societal, la formación de un individuo con criterio independiente y crítico (Tinsgten, 1969).    

En este sentido, el término socialización aparece asociado con los términos de procesos educativos y edcuacionales de los agentes de socialziación, mientras que la participación interesada en los intereses colectivos, pone énfasis en la búsqueda de la negociación y la concertación de los intereses individuales en el mundo subjetivo de la vida, elementos estos ligados con la responsabilidad y legitimidad de toda acción social.

En una aproximación inicial, podría definirse el concepto de participación como toda acción colectiva de individuos orientada a la satisfacción de determinados objetivos, individuos adultos que actúan sobre la base de su mundo subjetivo de la vida. La consecución de tales objetivos supone la existencia de una identidad colectiva anclada en la presencia de valores, intereses y motivaciones inter-subjetivas que dan sustento a la existencia de un grupo.

De esta manera, se puede definir la participación como un proceso que involucra activa y equitativamente a los agentes interesados en la formulación de políticas y estrategias de desarrollo de las comunidades que conforman su mundo subjetivo de vida y en el análisis, planeación, implementación, monitoreo y evaluación de actividades del desarrollo.

Así, compartimos los planteamientos de Castells(1986), en cuanto considera a la participación como un esfuerzo organizado que se lleva a cabo dentro de las instituciones para incrementar el acceso y el control sobre los recursos por parte de los agentes interesados, así como la toma de decisiones relacionada que contribuye a lograr sistemas de vida y desarrollo sostenibles. Aún más, la participación es contemplada como un proceso interactivo que lleva hacia un continuo proceso de reajuste de las relaciones entre los diferentes agentes involucrados en una sociedad, para incrementar el control e influencia de estos agentes sobre las iniciativas de desarrollo que afectan sus vidas.

 

La participación comprende tanto a los entes colectivos organizados con cierta permanencia, como a las agrupaciones coyunturales y transitorias que se formen, también a la posibilidad de intervención de carácter individual que pueda plantearse de acuerdo a las circunstancias de cada caso.

A fin de desagregar el concepto, una primera instancia de la participación es la información: con ella, las personas dejan de ser objetos pasivos de las políticas, porque aparecen ante nuestro discernimiento con formas definidas, y esto abre la posibilidad de promoverlas, favorecerlas o interpelarlas. Pueden, incluso, caer en el área de desinterés, pero este desinterés será fruto de una decisión y no del desconocimiento. La metodología que favorece esta instancia participativa son las propias de una política de comunicación institucional, incluidas las reuniones informativas o ámbitos de recepción de consultas, a fin de abrir la posibilidad de esclarecer conceptos.

Una instancia superior de participación es la consulta: el sujeto es consultado acerca de la decisión a tomar, y esto puede ser, según lo haya diseñado el decisor, vinculante o no vinculante con la decisión que finalmente tomará. El viejo derecho administrativo, que propone informes técnicos y dictámenes legales antes de producir el acto administrativo, reflejo legal de la decisión, se ve así enriquecido por una instancia que, superando la cuestión legal y la cuestión técnica, se instala en la gobernabilidad: en la aceptación social de la decisión.

La metodología propia para este tipo de participación son las reuniones de consultas, foros, comisiones y consejos, nuevas técnicas sociométricas de obtención de opinión con grados diferentes en cuanto a la posibilidad de influir en la decisión. Las consultas y audiencias públicas, la banca del ciudadano, fueron otras metodologías promovidas en este campo.

Una tercera instancia participativa ya refiere al protagonismo social: los participantes son protagonistas del destino de la comunidad, de su proyecto colectivo, y por lo tanto hacen su aporte desde el mismo momento de gestación del proyecto de gobierno. Conceptos como compromiso y militancia están íntimamente vinculados a este protagonismo, ya que en estos casos el proyecto de vida personal, familiar y/o grupal, son parte del proyecto comunitario.

A estas tres instancias propuestas por Castells, le agregamos una, la cual sería realmente la primera instancia, moviendo secuencialmente las posiciones de las demás instancias. Esta instancia es la socialización de la ciudadanía, desde la infancia y la niñez, abarcando la adolescencia y la juventud, hasta la edad adulta. En este proceso, el individuo internaliza el mundo subjetivo de vida en el tiempo y espacio de una comunidad

 

 

Aprendizaje y socialización

 

Los conceptos de aprendizaje y socialización se refieren a fenómenos de naturaleza semejante (Tudesco, 1991). El aprendizaje se refiere a la adquisición de nuevos recursos al repertorio de respuestas del individuo y en este sentido su alcance es más amplio, ya que no todo aprendizaje supone una socialización. La socialización es un proceso temporal y avanza a lo largo del progreso evolutivo individual: infancia-niñez-adolescencia-adulto. Para que ésta resulte efectiva el punto de partida se inicia en la edad temprana con la asimilación de las estructuras cognitivas y las habilidades lingüísticas y comunicativas para, a través de las pautas de valores, normas y significados reconocidos, aprehender la realidad y capacitar al individuo para alcanzar contenidos significativos más extensos y lograr un proceso de interacción pleno en el mundo subjetivo de la vida (Berger y Luckmann, 1968).

Dentro de las perspectivas del análisis de la socialización cabe mencionar las dos fundamentales. La primera se interesa por el fenómeno como elemento mantenedor y reproductor de la estructura y del orden social, preguntándose por los requerimientos de rol impuesto y por los mecanismos adecuados para su imposición, así como de los mecanismos de reintegración en los casos de desviación social. La segunda mirada se orienta hacia el desarrollo de la personalidad individual enmarcada en los usos y valores del grupo con los que va a interactuar, por lo que su interés se centra en el desarrollo afectivo, cognitivo y conductual. (Briones, 1992).

 

 

Socialización y Ciudadano

 

Todo proceso de participación es desarrollado por ciudadanos, es decir, hombres y mujeres que tienen derechos y responsabilidades frente al Estado, que son portadores de intereses, opiniones e ideas que tienen que ser respetadas e incorporadas en los temas públicos en general y en las políticas públicas en específico (Baño, 1997). En este sentido, los ciudadanos-individuos han sido sometidos a los procesos de socialización (primario y secundario) que se mencionó anteriormente, en los cuales han logrado interiorizar su forma de verse en el espacio de lo público desde su mundo subjetivo de vida, donde la idea de control ciudadano puede estar presente o ausente.

Por ello, la participación supone interactuar, más o menos organizadamente, con quienes comparten ideales e intereses de vida, no sólo para colaborar y enfrentar juntos eventuales resistencias, sino también para buscar soluciones a los problemas sociales que presentan sus comunidades, soluciones que se lograr cuando el punto conector ha sido alcanzado, es decir, la conexión inter-subjetiva de los individuos en su mundo de vida compartido. Considerado, la participación incluye la necesidad y la voluntad del individuo de construir o reconstruir su mundo subjetivo de vida, las posibilidades reales para participar y el reconocimiento de que la acción ciudadana puede cambiar la forma como funciona la sociedad en esos mundos de vida.

 

 

Participación ciudadana en el redimensionamiento y revalorización de la democracia representativa

El discurso de la participación ciudadana no puede separarse de su entorno histórico. Así ha sido concebido por los estudiosos de la materia: para algunos como Castells (1986), Bobio (1996) y Cunill (1997) este concepto esta inserto en la modernidad, es decir, en el logro de una sociedad donde la participación se construye a través de la representatividad democrática más. Los teóricos de la marginalidad tal como Harnecker (2000), lo plantearon como un instrumento para incorporar a los sectores marginados a la dinámica del desarrollo. Y finalmente para otros autores como Volvió (1996) y Darherndof (1992), plantean la participación ciudadana como elemento que hace frente a la pérdida de representatividad del sistema político. Los gobiernos y los partidos la plantean como un instrumento óptimo para crear una nueva relación concertada entre sociedad-Estado.La participación ciudadana desde el punto de vista conceptual y práctico puede considerarse también un concepto polisémico que carece de una conceptualización univoca y que se vincula a categorías teóricas como ciudadanía, Estado, democracia, sociedad, poder, entre otras, donde sobre abundan posiciones teórico practicas muchas veces en abierta contradicción, es decir, con una alta carga valorativa a la participación ciudadana (Baño, 1997). Visto así, se define la participación ciudadana como “todas aquellas experiencias que remiten a la intervención de los individuos en actividades públicas para hacer valer intereses sociales” (Cunill 1991, 49), pero tal conceptualización se refuerza con la idea que hemos venido planteando, la socialización del individuo para interiorizar e interactuar con los demás en el mundo inter-subjetivo de la vida. En pocas palabras, la construcción de la nueva ciudadanía, con valores y principios en el manejo de lo público, donde el sentido de pertenencia define el alcance colectivo de la relación sociedad-Estado.

Es importante destacar que la participación ciudadana se reinstaló con fuerza como concepto en la comunidad académica y política a partir de la década del ochenta y en especial, en la década del noventa del siglo XX (Soteldo, 2006). La incorporación del tema de la participación en la agenda de los distintos gobiernos de América Latina ha sido progresiva y por varias motivaciones. Una de ellas, fue el reconocimiento de la incapacidad del Estado para atender de manera eficaz y eficiente la diversidad de demandas y problemas de su entorno específico. Otra causa promotora de la participación, fue la necesidad de democratizar las relaciones entre el Estado y la sociedad como un elemento modernizador y de refrescamiento de la democracia como sistema político. Una tercera vía, resultó del propio desarrollo de la sociedad que, en combinación con el surgimiento de nuevos liderazgos políticos en Latinoamérica contribuyeron de igual manera, a abrir espacios para la participación de particulares en la gestión pública, en cuanto a la formulación, control y evaluación de las políticas públicas.

De esta manera, la democracia y su sistema representativo ven en la participación un elemento clave para el fortalecimiento de las oportunidades que la misma ofrece, se justifica un proceso de transformación que tienda a una verdadera participación de los ciudadanos en el manejo de los recursos públicos, rescatando el espacio de lo público de las manos de los políticos y los tecno-burócratas.

Igualmente, la aparición de nuevos enfoques gerenciales y de reforma del Estado, propiciaron nuevas formas de rendición de cuentas y de control de la gestión pública; mediante incorporación de las comunidades y de sectores sociales específicos, lo que se conoce como la nueva gestión pública, a partir de los años noventa, profundizándose éste nuevo enfoque gerencial con los primeros años del Siglo XXI.

En total, la situación planteada ha definido un conjunto de factores que convierten a la participación ciudadana en la gestión pública como la forma que promueve el redimensionamiento y revalorización de la democracia representativa, construyendo los caminos hacia la democracia participativa, es decir, el fin del Estado democrático-representativo, y el advenimiento del Estado democrático-participativo. Construcción que se puede convertir en una realidad en el mundo subjetivo de la vida, cuando la socialización del ciudadano-individuo comience arrojar sus resultados.

 

 

Participación ciudadana en la nueva gestión pública

 

En el mundo subjetivo de la vida se rompe con el contenido conceptual del término participación ciudadana que se utiliza para describir o explicar la participación de los ciudadanos, organizaciones sociales y/o las comunidades organizadas en la gestión pública, reduciéndolo a un espacio normativo e institucional, como veremos a continuación

La acción gubernamental que impulsa la nueva gestión pública, adoptado en los diferentes niveles territoriales de gobierno, fundamenta su contenido en los principios de responsabilidad y capacidad de respuesta, y su forma, en la transparencia y participación ciudadana (Bañon, 2003). En este sentido, la nueva gestión pública estimula fuertemente la participación como mecanismo de control ciudadano.

Para Cunill (1991) “la participación ciudadana encuentra dos dimensiones: primero como medio de socialización de la política y segundo como forma de ampliar el campo de lo público hacia la esfera de la sociedad civil y por lo tanto favorecer a ésta” (p. 44).

En este sentido, participar quiere decir que está tomando parte, que en el caso de la participación ciudadana significa que los ciudadanos intervienen o toman parte en la actividad pública. Y para diferenciarla de otro tipo de participación, Cunill (1991) plantea: “la participación social supone la relación de los individuos, no con el Estado sino con otras instituciones sociales”. Así como también establece la participación ciudadana supone una relación con el Estado, una intervención en una actividad pública (p. 57).

En términos muy sencillos, la participación ciudadana es el proceso mediante el cual los ciudadanos en forma directa o mediante sus expresiones asociativas, inciden en ciertos procesos gubernamentales definitorios de políticas públicas. Es decir, por medio de la misma, individuos, comunidades y sectores sociales organizados tienen la oportunidad de intervenir de distintas maneras en la resolución de determinados asuntos de interés colectivo.

Pero se debe indicar que esa intervención ciudadana en los asuntos públicos, se traduce en la posibilidad participar en tres eventos fundamentales; a saber: la formulación, la ejecución y el control de políticas públicas.  La participación ciudadana en la formulación de las políticas públicas implica la obligación de parte de las entidades gubernamentales en: definir los actos administrativos que podrán ser sujetos a consulta tales como leyes, reglamentos, planes, programas o proyectos de inversión, ordenanzas urbanas o urbanísticas, por tan sólo mencionar algunos. Asimismo, debe establecer las condiciones, los mecanismos, los procedimientos y la duración de cada consulta pública respectiva. Cabe agregar, que la complejidad de estos procesos de consulta cívica dependerá del ámbito político-territorial donde se realicen, bien sean a nivel nacional, estadal y municipal.

 

Asimismo, la participación ciudadana en la ejecución de las políticas públicas está un tanto más clara. En efecto, sobre este particular hay mucha más experiencia en el ámbito latinoamericano. Al respecto, basta recordar los procesos de privatización, aquellos de concesiones públicas, de descentralización o de convenimientos con agentes particulares (con o sin fines de lucro), para la prestación de determinados servicios.

En definitiva, el concepto de la participación ciudadana supone directamente el ejercicio del control ciudadano, llamado control social o contraloría social. Esta contraloría implica la participación de los ciudadanos, de las comunidades y de los sectores sociales organizados en la supervisión, control y seguimiento de las políticas públicas de impacto nacional, regional, local y comunitario; con especial énfasis en aquellos dirigidos al desarrollo humano. La contraloría social es un segmento importante y estratégico de la participación ciudadana que requiere de un amplio y urgente desarrollo técnico y legislativo para hacerlo realidad de una manera eficaz y eficiente.

La participación ciudadana en el control de la gestión pública debe ser entendida como un proceso de construcción del espacio participativo, donde el individuo exterioriza sus valores y principios en la interacción con los demás miembros de la comunidad, donde prevalece la dimensión socio-cultural del mundo subjetivo de la vida, para lograr romper con el esquema instaurado con la democracia representativa en la relación Estado-sociedad.

Juan Pablo Soteldo (2006) señala que para comprender la participación ciudadana es necesario conocer sus dimensiones y evaluación histórica. Por ello, platea que se debe tener clara la diferencia que existe entre ésta tendencia/realidad y las de participación comunitaria, participación social y participación política, como se explica en el Cuadro Nº 1, pues a veces se recubren dichos términos con acepciones más amplias como participación popular y participación democrática, o son utilizados como sinónimos indistintamente de la asociación o vinculación conceptual con la participación ciudadana.

 

Cuadro Nº 1

 

Cuadro Comparativo

 

Tendencias

Teorías

Supuestos Conceptuales

 

Participación Comunitaria

 

Intervención Comunitaria

Los ciudadanos se organizan en las comunidades para la búsqueda de soluciones a los problemas que padecen.

 

Participación Social

 

Democracia Representativa

Las organizaciones sociales que se relacionan con instituciones públicas; al relacionarse con estas instituciones se vinculan directamente con la toma de decisiones públicas.

Participación Política

Democracia Representativa

La participación de los ciudadanos en las organizaciones políticas y en los procesos electorales.

 

 

Participación Ciudadana

 

 

Democracia Participativa

Los ciudadanos, las organizaciones sociales y las comunidades organizadas intervienen en los asuntos públicos a través de la formulación, ejecución, control y evaluación de las políticas públicas.

Fuente: Soteldo (2006).

 

Como se observa en el Cuadro Nº1, en el contenido conceptual de la participación, según el adjetivo con el cual se clasifica, no tiene como componente o elemento de la estructura conceptual, el término transferencia de valores, construcción de nuevas generaciones, el aprendizaje socializante, la infancia, la niñez o la adolescencia, términos estos que reflejan el total vacío o contraste de las teorías de la democracia, apoyadas en las premisas del positivismo lógico, con la exigencia de la nueva realidad participativa, para comprender la socialización de la nueva ciudadanía, especialmente en lo que llamamos la socialización del control ciudadano, desde los diferentes niveles epistemológicos: ontológicos, gnoseológicos y axiológicos de la realidad participativa.

 

Control ciudadano

 

Es importante aclarar el uso del término control ciudadano y no el de control social. La gran mayoría de los autores del tema de participación ciudadana se refieren al control ciudadano como el control social, diferenciando su uso del ámbito político al exclusivamente social, otros lo utilizan para enfatizar la relevancia de lo social en el espacio de lo público, reconociéndole al individuo su capacidad de interactuar con el Estado sin mediador. Para nosotros estas concepciones se recogen en el término control ciudadano, pero éste se diferencia de las mencionadas, en cuanto considera al ciudadano-individuo lleno de valores y principios que le otorga la facultad de intervenir en el espacio de lo publico, partiendo su mundo subjetivo de vida, para la construcción o reconstrucción de las interacciones inter-subjetivas en el redimensionamiento y revalorización de la relación Estado-sociedad.

De acuerdo con Barrio (1997), el control ciudadano se define como el  conjunto de las acciones de organización, supervisión y vigilancia que el ciudadano-individuo realiza, para asegurar que se cumplan los compromisos que el gobierno adquiere con la comunidad, como también el cumplimiento de los ciudadanos-individuos con las responsabilidades y con los acuerdos que adquieren al participar en el diseño, formulación, discusión, aprobación, ejecución, control y evaluación de las políticas públicas. 

Según lo anteriormente indicado, el concepto del control ciudadano se refiere a una práctica del mundo subjetivo de la vida, manifestada en acciones de control y vigilancia que son realizadas de manera natural por los ciudadanos-individuos en interacción con los actores gobernantes y responsables de la construcción de la obra o ejecución de los programas sociales humanos. Cuando uno o varios individuos asumen un compromiso, responsabilidad u objetivo común, cuyos resultados afectan directa o indirectamente a la comunidad en general, existe una tendencia espontánea o instintiva o constatar si la actividad en cuestión se desarrolla de manera correcta o si los resultados corresponden con lo planeado, ejerciendo así el control ciudadano.

 

 

Socialización del control ciudadano

 

El control ciudadano se inicia con la interiorización de los valores y principios de responsabilidad, honestidad, lealtad, respecto, entre otros, en la niñez, como se observa en el Gráfico Nº 1; si muy bien, el niño no es un ciudadano, lo será una vez que alcance la mayoría de edad, por lo cual la forma como los agentes de socialización primaria y secundaria lo incorporan en el proceso de aprendizaje cognoscitivo y social para interactuar en el mundo subjetivo de la vida en el que se desenvuelve, se irá construyendo con las condiciones socio-culturales para la nueva ciudadanía.

 

Gráfico 1

 

Socialización de control ciudadano

 

Valores y principios de control ciudadano

 

Niñez ------------- Infancia ------------- Adolescencia ------------- Adulto

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Construcción del espacio participativo

 

Los agentes de socialización actúan en un entorno socio-cultural que puede estar a favor o generar resistencia al cambio que implica el proceso de interiorización de esos valores y principios en la niñez y su desenvolvimiento en el entono socio-cultural, ya que consideran la construcción del espacio participativo en su mundo subjetivo de la vida como una amenaza a sus intereses (Berger y Luckmaann, 1968).

En Sociología los valores son un elemento de un sistema de símbolos compartidos que sirve como criterio o estándar para la selección de entre alternativas de orientaciones, como señala Parson (citado en Austin, 2000). Cada  individuo que conforma un grupo humano posee su propio con unto de valores en su mundo subjetivo de la vida, es decir, de cosas que valoran de mucho a nada y de nada a detestar, como lo describe Austin en el Gráfico Nº 2.

 

Gráfico Nº 2

 

El valor en los grupos humanos

 

 

A su vez, ese conjunto de valores nos lleva a los individuos de un grupo a actuar subjetivamente con tendencias hacia una u otra forma. El orientar la forma de actuar según valores es llamado orientaciones de valores; cuando una persona o un grupo expresa una marcada preferencia por una manera de pensar o decir las cosas, a partir de su propia concepción del mundo, en detrimento de otras formas, hablamos de juicios de valor (Austin, 2000).> En este sentido, el valor interiorizado como algo positivo, contribuye a que el ciudadano-individuo pueda actuar en defensa de lo público, y sentir lo público como propio de lo colectivo

 

 

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