UNIVERSIDAD YACAMBÚ
VICERRECTORADO DE INVESTIGACIÓN Y
POSTGRADO
INSTITUTO DE INVESTIGACIÓN Y POSTGRADO
SOCIALIZACIÓN Y
PARTICIPACIÓN CIUDADANA EN EL CONTROL DE
Abog. Omaira de León
C.I. 3.192.481
San Cristóbal, Octubre de 2006
MOMENTO II
Nuestra
investigación necesita apoyarse en proposiciones teóricas fiables para abordar
el objeto de estudio identificado en el Momento 1. De tal manera, la
construcción de esas proposiciones exige la revisión y análisis de las teorías
de socialización y participación ciudadana que existen, igualmente establecer
la relación entre los factores explicativos de esas teorías a partir de los
premisas del mundo de la vida (Berger y Luchkmann, 1968), para formular las
categorías y sub-categorías conceptuales que serán utilizadas para explicar los
procesos de socialización del control ciudadano iniciados por los órganos de
control externo de los estados Táchira, Portuguesa y Nueva Esparta.
Esas
categorías y sub-categorías conceptuales están insertas en un nivel teórico
abstracto-formal, construido sobre la base de la relación socialización/participación
ciudadana, en la cual se ubica el objeto de estudio de la investigación. En
este sentido, se pretende integrar factores explicativos de los enfoques
normativo, sociológico e institucional en una propuesta hipotética-teórica
acerca de los fenómenos socializantes en la ciudadanización de lo público, que
desde l de la fenomenología social, significa esto: mundo simbólico y
significativo, donde los actores de la socialización, como la familia y la
escuela, verdean las relaciones sociales esenciales de los niños en los
procesos formativos y educacionales en una comunidad de tiempo y espacio (Berger
y Luchkmann, 1968).
Antecedentes de
En
la indagación de datos teóricos y empíricos sobre la relación de la
socialización y la participación ciudadana en el control de la gestión pública
de los diferentes niveles territoriales de gobierno, se recolectaron datos que
tienen una relación indirecta con el objeto de estudio.
Flores (2005), en su
investigación intitulada: La construcción psicocultural de la participación
ciudadana en
El
aporte de esta investigación para la nuestra consiste en la validación del
contenido conceptual de cultura participativa y el sujeto participativo,
aproximándose así a las dimensiones del objeto de estudio, donde se reconoce el
surgimiento de fenómenos subjetivos como parte de la interacción y la
comunicación humana, estableciendo conductas socioculturales e individuales que
se incorporan en los procesos participativos de las comunidades; un proceso que
va desde el nacimiento hasta la edad tardía, aunque se sabe es un proceso que
tiene fuerza y arraigo durante la
infancia y la juventud..
Myriam
Cardozo Brum (2005) en su investigación titulada Evaluación y participación
social en el marco de la gerencia pública necesaria, publicada en
Cardozo
concluye que México esta muy lejos de contar con el nivel de evaluación y
participación que pregona el enfoque de la gerencia pública, a pesar de los
importantes avances que se han realizado en la evaluación de los programas
gubernamentales, pero aun presenta problemas por resolver y no ha desarrollado
mecanismos efectivos de participación social.
Los
aportes del estudio de Cardozo a nuestra investigación esta en la forma de
estructurar el sistema de variables y el análisis al enfoque de la nueva
gestión pública. Para la autora la participación ciudadana el espacio de lo público,
esta relacionado directamente con la variable la nueva gestión pública y la
reforma del Estado; tres variables, incluyendo la participación ciudadana, que
operacionalizan la democratización de la administración pública. Es obvio que
la autora no trata su relación con la socialización, sin embargo, deja la
puerta abierta con la categoría formación de la ciudadanía para ejercer los
nuevos derechos republicanos y su rol en la formulación y evaluación de las
políticas públicas.
María Elena León Álvarez
(2004) en su estudio titulado La asamblea de ciudadanos como mecanismo de
participación popular: Análisis crítico, publicado en
La
relevancia del estudio de León para el nuestro, consiste en la interpretación
de la participación ciudadana desde el enfoque normativa y la forma como se ha
regulado jurídicamente los criterios y parámetros de funcionamientos de los
espacios participativos, como
Marco Teórico
Socialización y Participación
Es necesario revisar, de manera general, el contenido conceptual de
los términos socialización y participación antes de proceder al análisis de las
posturas teóricas acerca de los enfoques de la democracia y la participación
ciudadana, para comprender el cambio que exige la nueva realidad de la
participación ciudadana en el control de la gestión pública, promovida por
algunos órganos de control externo, específicamente los estadales en el caso
venezolano.
La socialización podría definirse como un proceso de aprendizaje e
internalización de normas, valores y principios en los individuos y su forma de
percibir una determinada realidad socio-cultual, que le transmite capacidades y habilidades intelectuales y emocionales
necesarias. Estos elementos se adquieren a través de actividades interactivas, configurando
en el individuo un modelo cognitivo y emotivo.
El
proceso de socialización, que debemos conceptuar como la asunción o toma de
conciencia de la estructura social en la que un individuo nace, es factible
gracias a los agentes sociales, que son las instituciones e individuos
representativos con capacidad para transmitir e imponer los elementos
culturales apropiados. Los agentes sociales más representativos son la familia
y la escuela.
Para
Berger y Luckmann (1968) la socialización consiste en dos fases, donde el individuo
adquiere e internaliza valores de los sectores particulares del mundo subjetivo
de su sociedad. Por ello, el individuo en su niñez esta sometido a la socialización
primaria, que de mas o menos desde los cuatro meses de edad hasta los cuatro
año, y luego, esta sometido a otra fase, la socialización secundaria, más o
menos entre los cuatro y los ochos años.
Por
lo general se distingue la socialización
primaria, como aquella en la que el infante adquiere las primeras
capacidades intelectuales y sociales, y que juega el papel más crucial en la
constitución de su identidad; mientras que, los procesos de socialización secundaria, en los que
instituciones específicas proporcionan a los individuos competencias
particulares, más abstractas y definibles. Pero ambos procesos son calves en la
infancia y la juventud para la construcción y la reconstrucción de la realidad
del mundo subjetivo.
De esta manera la socialización puede describirse desde dos puntos
de vista: uno, el objetivo, el influjo que la sociedad ejerce en el individuo,
en cuanto a proceso que moldea al sujeto y lo adapta a las condiciones de una
sociedad determinada, característica fundamental del positivismo lógico; y, el
otro, el subjetivo, la respuesta o reacción del individuo a la sociedad, propio
de la fenomenología social. En la investigación se adopta esta última postura, considerando
que para los sociólogos la socialización consiste en un proceso mediante el
cual se inculca la cultura a los individuos de la sociedad, a través de él la
cultura se va transfiriendo de generación a generación, siendo el objeto
socializante el niño (Tudesco, 1991).
Así, los individuos aprenden conocimientos específicos,
desarrollan sus potencialidades y habilidades necesarias para la participación
adecuada en el mundo de la vida (vida social, política y económica), adaptándose
a las formas de comportamiento organizado característico de su sociedad o
modificando esas formas de comportamiento, ya que las nuevas generaciones de
relevo pueden representar el cambio o continuidad de modelos psico-sociales de
comportamiento societal e individual, dependiendo de los grados de
participación de los individuos en la vida societal, la formación de un
individuo con criterio independiente y crítico (Tinsgten, 1969).
En este sentido, el término socialización aparece
asociado con los términos de procesos educativos y edcuacionales de los agentes
de socialziación, mientras que la
participación interesada en los intereses colectivos, pone énfasis en la búsqueda
de la negociación y la concertación de los intereses individuales en el mundo
subjetivo de la vida, elementos estos ligados con la responsabilidad y
legitimidad de toda acción social.
En una
aproximación inicial, podría definirse el concepto de participación como toda
acción colectiva de individuos orientada a la satisfacción de determinados
objetivos, individuos adultos que actúan sobre la base de su mundo subjetivo de
la vida. La consecución de tales objetivos supone la existencia de una
identidad colectiva anclada en la presencia de valores, intereses y
motivaciones inter-subjetivas que dan sustento a la existencia de un grupo.
De
esta manera, se puede definir la participación como un proceso que
involucra activa y equitativamente a los agentes interesados en la formulación
de políticas y estrategias de desarrollo de las comunidades que conforman su
mundo subjetivo de vida y en el análisis, planeación, implementación, monitoreo
y evaluación de actividades del desarrollo.
Así,
compartimos los planteamientos de Castells(1986), en cuanto considera a la
participación como un esfuerzo organizado que se lleva a cabo dentro de las
instituciones para incrementar el acceso y el control sobre los recursos por
parte de los agentes interesados, así como la toma de decisiones relacionada
que contribuye a lograr sistemas de vida y desarrollo sostenibles. Aún más, la
participación es contemplada como un proceso interactivo que lleva hacia un
continuo proceso de reajuste de las relaciones entre los diferentes agentes
involucrados en una sociedad, para incrementar el control e influencia de estos
agentes sobre las iniciativas de desarrollo que afectan sus vidas.
La
participación comprende tanto a los entes colectivos organizados con cierta
permanencia, como a las agrupaciones coyunturales y transitorias que se formen,
también a la posibilidad de intervención de carácter individual que pueda
plantearse de acuerdo a las circunstancias de cada caso.
A
fin de desagregar el concepto, una primera instancia de la participación es la
información: con ella, las personas dejan de ser objetos pasivos de las
políticas, porque aparecen ante nuestro discernimiento con formas definidas, y
esto abre la posibilidad de promoverlas, favorecerlas o interpelarlas. Pueden,
incluso, caer en el área de desinterés, pero este desinterés será fruto de una
decisión y no del desconocimiento. La metodología que favorece esta instancia
participativa son las propias de una política de comunicación institucional,
incluidas las reuniones informativas o ámbitos de recepción de consultas, a fin
de abrir la posibilidad de esclarecer conceptos.
Una
instancia superior de participación es la consulta: el sujeto es consultado
acerca de la decisión a tomar, y esto puede ser, según lo haya diseñado el
decisor, vinculante o no vinculante con la decisión que finalmente tomará. El
viejo derecho administrativo, que propone informes técnicos y dictámenes
legales antes de producir el acto administrativo, reflejo legal de la decisión,
se ve así enriquecido por una instancia que, superando la cuestión legal y la
cuestión técnica, se instala en la gobernabilidad: en la aceptación social de
la decisión.
La
metodología propia para este tipo de participación son las reuniones de
consultas, foros, comisiones y consejos, nuevas técnicas sociométricas de
obtención de opinión con grados diferentes en cuanto a la posibilidad de
influir en la decisión. Las consultas y audiencias públicas, la banca del
ciudadano, fueron otras metodologías promovidas en este campo.
Una
tercera instancia participativa ya refiere al protagonismo social: los
participantes son protagonistas del destino de la comunidad, de su proyecto
colectivo, y por lo tanto hacen su aporte desde el mismo momento de gestación
del proyecto de gobierno. Conceptos como compromiso y militancia están íntimamente
vinculados a este protagonismo, ya que en estos casos el proyecto de vida
personal, familiar y/o grupal, son parte del proyecto comunitario.
A
estas tres instancias propuestas por Castells, le agregamos una, la cual sería
realmente la primera instancia, moviendo secuencialmente las posiciones de las demás
instancias. Esta instancia es la socialización de la ciudadanía, desde la infancia
y la niñez, abarcando la adolescencia y la juventud, hasta la edad adulta. En
este proceso, el individuo internaliza el mundo subjetivo de vida en el tiempo
y espacio de una comunidad
Aprendizaje y socialización
Los
conceptos de aprendizaje y socialización se refieren a fenómenos de naturaleza
semejante (Tudesco, 1991). El aprendizaje se
refiere a la adquisición de nuevos recursos al repertorio de respuestas del
individuo y en este sentido su alcance es más amplio, ya que no todo
aprendizaje supone una socialización. La socialización es un proceso temporal y
avanza a lo largo del progreso evolutivo individual: infancia-niñez-adolescencia-adulto.
Para que ésta resulte efectiva el punto de partida se inicia en la edad
temprana con la asimilación de las estructuras cognitivas y las habilidades
lingüísticas y comunicativas para, a través de las pautas de valores, normas y
significados reconocidos, aprehender la realidad y capacitar al individuo para
alcanzar contenidos significativos más extensos y lograr un proceso de
interacción pleno en el mundo subjetivo de la vida (Berger y Luckmann, 1968).
Dentro
de las perspectivas del análisis de la socialización cabe mencionar las dos
fundamentales. La primera se interesa por el fenómeno como elemento mantenedor
y reproductor de la estructura y del orden social, preguntándose por los
requerimientos de rol impuesto y por los mecanismos adecuados para su
imposición, así como de los mecanismos de reintegración en los casos de desviación
social. La segunda mirada se orienta
hacia el desarrollo de la personalidad individual enmarcada en los usos y
valores del grupo con los que va a interactuar, por lo que su interés se centra
en el desarrollo afectivo, cognitivo y conductual. (Briones, 1992).
Socialización
y Ciudadano
Todo proceso de
participación es desarrollado por ciudadanos, es decir, hombres y mujeres que
tienen derechos
y responsabilidades frente al Estado, que son portadores de intereses,
opiniones e ideas que tienen que ser respetadas e incorporadas en los temas
públicos en general y en las políticas públicas en específico (Baño, 1997). En
este sentido, los ciudadanos-individuos han sido sometidos a los procesos de
socialización (primario y secundario) que se mencionó anteriormente, en los
cuales han logrado interiorizar su forma de verse en el espacio de lo público
desde su mundo subjetivo de vida, donde la idea de control ciudadano puede
estar presente o ausente.
Por ello, la participación
supone interactuar, más o menos organizadamente, con quienes comparten ideales
e intereses de vida, no sólo para colaborar y enfrentar juntos eventuales
resistencias, sino también para buscar soluciones a los problemas sociales que
presentan sus comunidades, soluciones que se lograr cuando el punto conector ha
sido alcanzado, es decir, la conexión inter-subjetiva de los individuos en su
mundo de vida compartido. Considerado, la participación incluye la necesidad y
la voluntad del individuo de construir o reconstruir su mundo subjetivo de vida,
las posibilidades reales para participar y el reconocimiento de que la acción
ciudadana puede cambiar la forma como funciona la sociedad en esos mundos de
vida.
Participación ciudadana en el redimensionamiento y
revalorización de la democracia representativa
El discurso de la participación ciudadana no puede separarse de su
entorno histórico. Así ha sido concebido por los estudiosos de la materia: para
algunos como Castells (1986), Bobio (1996) y Cunill (1997) este concepto esta
inserto en la modernidad, es decir, en el logro de una sociedad donde la
participación se construye a través de la representatividad democrática más.
Los teóricos de la marginalidad tal como Harnecker (2000), lo plantearon como
un instrumento para incorporar a los sectores marginados a la dinámica del
desarrollo. Y finalmente para otros autores como Volvió (1996) y Darherndof
(1992), plantean la participación ciudadana como elemento que hace frente a la
pérdida de representatividad del sistema político. Los gobiernos y los partidos
la plantean como un instrumento óptimo para crear una nueva relación concertada
entre sociedad-Estado.La participación ciudadana desde el punto de vista
conceptual y práctico puede considerarse también un concepto polisémico que
carece de una conceptualización univoca y que se vincula a categorías teóricas
como ciudadanía, Estado, democracia, sociedad, poder, entre otras, donde sobre
abundan posiciones teórico practicas muchas veces en abierta contradicción, es
decir, con una alta carga valorativa a la participación ciudadana (Baño, 1997).
Visto así, se define la participación ciudadana como “todas aquellas
experiencias que remiten a la intervención de los individuos en actividades
públicas para hacer valer intereses sociales” (Cunill 1991, 49), pero tal
conceptualización se refuerza con la idea que hemos venido planteando, la
socialización del individuo para interiorizar e interactuar con los demás en el
mundo inter-subjetivo de la vida. En pocas palabras, la construcción de la
nueva ciudadanía, con valores y principios en el manejo de lo público, donde el
sentido de pertenencia define el alcance colectivo de la relación
sociedad-Estado.
Es importante destacar que la participación ciudadana se reinstaló con
fuerza como concepto en la comunidad académica y política a partir de la década
del ochenta y en especial, en la década del noventa del siglo XX (Soteldo,
2006). La incorporación del tema de la participación en la agenda de los
distintos gobiernos de América Latina ha sido progresiva y por varias
motivaciones. Una de ellas, fue el reconocimiento de la incapacidad del Estado
para atender de manera eficaz y eficiente la diversidad de demandas y problemas
de su entorno específico. Otra causa promotora de la participación, fue la
necesidad de democratizar las relaciones entre el Estado y la sociedad como un
elemento modernizador y de refrescamiento de la democracia como sistema
político. Una tercera vía, resultó del propio desarrollo de la sociedad que, en
combinación con el surgimiento de nuevos liderazgos políticos en Latinoamérica
contribuyeron de igual manera, a abrir espacios para la participación de
particulares en la gestión pública, en cuanto a la formulación, control y
evaluación de las políticas públicas.
De
esta manera, la democracia y su sistema representativo ven en la participación
un elemento clave para el fortalecimiento de las oportunidades que la misma
ofrece, se justifica un proceso de transformación que tienda a una verdadera
participación de los ciudadanos en el manejo de los recursos públicos,
rescatando el espacio de lo público de las manos de los políticos y los
tecno-burócratas.
Igualmente,
la aparición de nuevos enfoques gerenciales y de reforma del Estado,
propiciaron nuevas formas de rendición de cuentas y de control de la gestión
pública; mediante incorporación de las comunidades y de sectores sociales
específicos, lo que se conoce como la nueva gestión pública, a partir de los años
noventa, profundizándose éste nuevo enfoque gerencial con los primeros años del
Siglo XXI.
En
total, la situación planteada ha definido un conjunto de factores que
convierten a la participación ciudadana en la gestión pública como la forma que
promueve el redimensionamiento y revalorización de la democracia representativa,
construyendo los caminos hacia la democracia participativa, es decir, el fin
del Estado democrático-representativo, y el advenimiento del Estado
democrático-participativo. Construcción que se puede convertir en una realidad
en el mundo subjetivo de la vida, cuando la socialización del
ciudadano-individuo comience arrojar sus resultados.
Participación ciudadana en la nueva
gestión pública
En el mundo subjetivo de la vida se rompe con el
contenido conceptual del término participación ciudadana que se utiliza para
describir o explicar la participación de los ciudadanos, organizaciones
sociales y/o las comunidades organizadas en la gestión pública, reduciéndolo a
un espacio normativo e institucional, como veremos a continuación
La acción gubernamental que impulsa la nueva gestión
pública, adoptado en los diferentes niveles territoriales de gobierno,
fundamenta su contenido en los principios de responsabilidad y capacidad de
respuesta, y su forma, en la transparencia y participación ciudadana (Bañon,
2003). En este sentido, la nueva gestión pública estimula fuertemente la
participación como mecanismo de control ciudadano.
Para
Cunill (1991) “la participación ciudadana encuentra dos dimensiones: primero
como medio de socialización de la política y segundo como forma de ampliar el
campo de lo público hacia la esfera de la sociedad civil y por lo tanto
favorecer a ésta” (p. 44).
En
este sentido, participar quiere decir que está tomando parte, que en el caso de
la participación ciudadana significa que los ciudadanos intervienen o toman
parte en la actividad pública. Y para diferenciarla de otro tipo de
participación, Cunill (1991) plantea: “la participación social supone la
relación de los individuos, no con el Estado sino con otras instituciones
sociales”. Así como también establece la participación ciudadana supone una
relación con el Estado, una intervención en una actividad pública (p. 57).
En
términos muy sencillos, la participación ciudadana es el proceso mediante el
cual los ciudadanos en forma directa o mediante sus expresiones asociativas,
inciden en ciertos procesos gubernamentales definitorios de políticas públicas.
Es decir, por medio de la misma, individuos, comunidades y sectores sociales
organizados tienen la oportunidad de intervenir de distintas maneras en la
resolución de determinados asuntos de interés colectivo.
Pero
se debe indicar que esa intervención ciudadana en los asuntos públicos, se
traduce en la posibilidad participar en tres eventos fundamentales; a saber: la
formulación, la ejecución y el control de políticas públicas. La
participación ciudadana en la formulación de las políticas públicas implica la
obligación de parte de las entidades gubernamentales en: definir los actos
administrativos que podrán ser sujetos a consulta tales como leyes,
reglamentos, planes, programas o proyectos de inversión, ordenanzas urbanas o
urbanísticas, por tan sólo mencionar algunos. Asimismo, debe establecer las
condiciones, los mecanismos, los procedimientos y la duración de cada consulta
pública respectiva. Cabe agregar, que la complejidad de estos procesos de
consulta cívica dependerá del ámbito político-territorial donde se realicen,
bien sean a nivel nacional, estadal y municipal.
Asimismo,
la participación ciudadana en la ejecución de las políticas públicas está un
tanto más clara. En efecto, sobre este particular hay mucha más experiencia en
el ámbito latinoamericano. Al respecto, basta recordar los procesos de
privatización, aquellos de concesiones públicas, de descentralización o de
convenimientos con agentes particulares (con o sin fines de lucro), para la
prestación de determinados servicios.
En
definitiva, el concepto de la participación ciudadana supone directamente el
ejercicio del control ciudadano, llamado control social o contraloría social.
Esta contraloría implica la participación de los ciudadanos, de las comunidades
y de los sectores sociales organizados en la supervisión, control y seguimiento
de las políticas públicas de impacto nacional, regional, local y comunitario;
con especial énfasis en aquellos dirigidos al desarrollo humano. La contraloría
social es un segmento importante y estratégico de la participación ciudadana
que requiere de un amplio y urgente desarrollo técnico y legislativo para
hacerlo realidad de una manera eficaz y eficiente.
La
participación ciudadana en el control de la gestión pública debe ser entendida
como un proceso de construcción del espacio participativo, donde el individuo
exterioriza sus valores y principios en la interacción con los demás miembros
de la comunidad, donde prevalece la dimensión socio-cultural del mundo
subjetivo de la vida, para lograr romper con el esquema instaurado con la
democracia representativa en la relación Estado-sociedad.
Juan
Pablo Soteldo (2006) señala que para comprender la participación ciudadana es
necesario conocer sus dimensiones y evaluación histórica. Por ello, platea que se debe tener clara la
diferencia que existe entre ésta tendencia/realidad y las de participación
comunitaria, participación social y participación política, como se explica en
el Cuadro Nº 1, pues a veces se recubren
dichos términos con acepciones más amplias como participación popular y
participación democrática, o son utilizados como sinónimos indistintamente de
la asociación o vinculación conceptual con la participación ciudadana.
Cuadro Nº 1
Cuadro Comparativo
|
Tendencias |
Teorías |
Supuestos Conceptuales |
|
Participación
Comunitaria |
Intervención
Comunitaria |
Los
ciudadanos se organizan en las comunidades para la búsqueda de soluciones a
los problemas que padecen. |
|
Participación
Social |
Democracia
Representativa |
Las
organizaciones sociales que se relacionan con instituciones públicas; al
relacionarse con estas instituciones se vinculan directamente con la toma de
decisiones públicas. |
|
Participación
Política |
Democracia
Representativa |
La
participación de los ciudadanos en las organizaciones políticas y en los
procesos electorales. |
|
Participación Ciudadana |
Democracia
Participativa |
Los
ciudadanos, las organizaciones sociales y las comunidades organizadas
intervienen en los asuntos públicos a través de la formulación, ejecución,
control y evaluación de las políticas públicas. |
Fuente: Soteldo (2006).
Como
se observa en el Cuadro Nº1, en el contenido conceptual de la participación, según el adjetivo con
el cual se clasifica, no tiene como componente o elemento de la estructura
conceptual, el término transferencia de valores, construcción de nuevas
generaciones, el aprendizaje socializante, la infancia, la niñez o la
adolescencia, términos estos que reflejan el total vacío o contraste de las teorías
de la democracia, apoyadas en las premisas del positivismo lógico, con la exigencia
de la nueva realidad participativa, para comprender la socialización de la
nueva ciudadanía, especialmente en lo que llamamos la socialización del control
ciudadano, desde los diferentes niveles epistemológicos: ontológicos,
gnoseológicos y axiológicos de la realidad participativa.
Control ciudadano
Es importante aclarar el uso del término control ciudadano y no el
de control social. La gran mayoría de los autores del tema de participación
ciudadana se refieren al control ciudadano como el control social,
diferenciando su uso del ámbito político al exclusivamente social, otros lo
utilizan para enfatizar la relevancia de lo social en el espacio de lo público,
reconociéndole al individuo su capacidad de interactuar con el Estado sin
mediador. Para nosotros estas concepciones se recogen en el término control
ciudadano, pero éste se diferencia de las mencionadas, en cuanto considera al
ciudadano-individuo lleno de valores y principios que le otorga la facultad de
intervenir en el espacio de lo publico, partiendo su mundo subjetivo de vida,
para la construcción o reconstrucción de las interacciones inter-subjetivas en el
redimensionamiento y revalorización de la relación Estado-sociedad.
De
acuerdo con Barrio (1997), el control ciudadano se define como el
conjunto de las acciones de organización, supervisión y vigilancia que el
ciudadano-individuo realiza, para asegurar que se cumplan los compromisos que
el gobierno adquiere con la comunidad, como también el cumplimiento de los
ciudadanos-individuos con las responsabilidades y con los acuerdos que
adquieren al participar en el diseño, formulación, discusión, aprobación,
ejecución, control y evaluación de las políticas públicas.
Según lo anteriormente indicado, el concepto del
control ciudadano se refiere a una práctica del mundo subjetivo de la vida,
manifestada en acciones de control y vigilancia que son realizadas de manera
natural por los ciudadanos-individuos en interacción con los actores
gobernantes y responsables de la construcción de la obra o ejecución de los
programas sociales humanos. Cuando uno o varios individuos asumen un
compromiso, responsabilidad u objetivo común, cuyos resultados afectan directa
o indirectamente a la comunidad en general, existe una tendencia espontánea o
instintiva o constatar si la actividad en cuestión se desarrolla de manera
correcta o si los resultados corresponden con lo planeado, ejerciendo así el
control ciudadano.
Socialización
del control ciudadano
El control ciudadano se inicia con la interiorización
de los valores y principios de responsabilidad, honestidad, lealtad, respecto,
entre otros, en la niñez, como se observa en el Gráfico Nº 1; si muy bien, el
niño no es un ciudadano, lo será una vez que alcance la mayoría de edad, por lo
cual la forma como los agentes de socialización primaria y secundaria lo
incorporan en el proceso de aprendizaje cognoscitivo y social para interactuar
en el mundo subjetivo de la vida en el que se desenvuelve, se irá construyendo
con las condiciones socio-culturales para la nueva ciudadanía.
Gráfico 1
Socialización de
control ciudadano
Valores y principios de control ciudadano
Niñez ------------- Infancia ------------- Adolescencia
------------- Adulto
Construcción del espacio participativo
Los agentes de socialización actúan en un entorno
socio-cultural que puede estar a favor o generar resistencia al cambio que
implica el proceso de interiorización de esos valores y principios en la niñez
y su desenvolvimiento en el entono socio-cultural, ya que consideran la
construcción del espacio participativo en su mundo subjetivo de la vida como
una amenaza a sus intereses (Berger y Luckmaann, 1968).
En Sociología los valores son
un elemento de un sistema de símbolos compartidos que sirve como criterio o
estándar para la selección
de entre alternativas de orientaciones,
como señala Parson (citado en Austin,
2000). Cada individuo que conforma un grupo humano posee
su propio con unto de valores en su mundo subjetivo de la vida, es decir, de
cosas que valoran de mucho a nada y de nada a detestar, como lo describe
Austin en el Gráfico Nº 2.
Gráfico Nº 2
El valor en
los grupos humanos
|
|
A
su vez, ese conjunto de valores nos lleva a los individuos de un grupo a actuar
subjetivamente con tendencias hacia una u otra forma. El orientar la forma de
actuar según valores es llamado orientaciones de valores; cuando una persona o
un grupo expresa una marcada preferencia por una manera de pensar o decir las
cosas, a partir de su propia concepción del mundo, en detrimento de otras
formas, hablamos de juicios de valor (Austin, 2000).> En este sentido, el valor
interiorizado como algo positivo, contribuye a que el ciudadano-individuo pueda
actuar en defensa de lo público, y sentir lo público como propio de lo
colectivo