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Isabel Allende
LOS AFRODISIACOS DE ISABEL ALLENDE
"Me arrepiento de las
dietas, de los platos deliciosos rechazados por vanidad,
tanto como lamento las ocasiones de hacer el amor que he
dejado pasar por ocuparme de tareas pendientes o por virtud
puritana. Paseando por los jardines de la memoria, descubro
que mis recuerdos están asociados a los sentidos.
Mi tía Teresa, la que se fue transformando en ángel
y murió con embriones de alas en los hombros, está
ligada para siempre al olor de las pastillas de violeta.
Cuando esa dama encantadora aparecía de visita, con
su vestido gris discretamente iluminado por un cuello de
encaje y su cabeza de reina coronada de nieve, los niños
corríamos a su encuentro y ella abría con
gestos rituales su vieja cartera, siempre la misma, extraía
una pequeña caja de lata pintada y nos daba un caramelo
de color malva. Y desde entonces, cada vez que el aroma
inconfundible de violetas se insinúa en el aire,
la imagen de esa tía santa, que robaba flores de
los jardines ajenos para llevar a los moribundos del hospicio,
vuelve intacta a mi alma. Cuarenta años más
tarde supe que ése era el sello de Josefina Bonaparte,
quien confiaba ciegamente en el poder afrodisíaco
de aquel huidizo aroma que tan pronto asalta con una intensidad
casi nauseabunda, como desaparece sin dejar trazos para
regresar enseguida con renovado ardor. "No puedo separar
el erotismo de la comida y no veo razón para hacerlo;
al contrario, pretendo seguir disfrutando de ambos mientras
las fuerzas y el buen humor me alcancen. De allí
viene la idea de este libro, que es un viaje sin mapa por
las regiones de la memoria sensual, donde los límites
entre el amor y el apetito son tan difusos, que a veces
se me pierden del todo". Y, para aclarar desde un comienzo
que en Afrodita, más que rarezas, se encontrarán
soluciones prácticas y practicables, sugerencias
aptas para gente normal, "que se gana la vida con esfuerzo
y reza a escondidas, como usted y como yo", añade:
"Aletas de tiburón, testículos de babún
y otros ingredientes no figuran aquí porque no fue
posible encontrarlos en los supermercados aledaños.
Si usted necesita recurrir a tales extremos para elevar
su libido o las ganas de amar, sugerimos que consulte a
un psiquiatra o cambie de pareja". "Los cincuenta años
son como la última tarde, cuando el sol se ha puesto
y uno se inclina naturalmente hacia la reflexión.
En mi caso, sin embargo, el crepúsculo me induce
a pecar y, tal vez por eso, en la cincuentena reflexiono
sobre mi relación con la comida y el erotismo", explica.
"Después de dar un par de vueltas completas por el
mundo de los afrodisíacos, descubro que lo único
que en verdad me excita es el amor. (... ) No sé
cómo será con los hombres, pero con las mujeres
no hay afrodisíaco que valga sin el ingrediente indispensable
de la simpatía que, llevado a la perfección,
es amor. Espero que no me falte en el futuro. Y cuando ya
no pueda hacer el amor, no por indiferencia mía,
sino por los tropiezos de encontrar quién desee hacerlo
con una bisabuela, espero seguir gozando al menos de la
comida y de los recuerdos... ". (... ) El olor penetrante
del yodo no me trae imágenes de cortaduras o cirugías,
sino de erizos, esas extrañas criaturas del mar,
inevitablemente relacionadas con mi iniciación al
misterio de los sentidos. Tenía yo ocho años
cuando la mano ruda de un pescador puso una lengua de erizo
en mi boca. Cuando visito Chile, busco la oportunidad de
ir a la costa a probar de nuevo erizos recién extraídos
del mar, y cada vez me abruma la misma mezcla de terror
y fascinación que sentí durante aquel primer
encuentro íntimo con un hombre. (... ) La glotonería
es un camino recto hacia la lujuria y si se avanza un poco
más, a la perdición del alma. Por eso luteranos,
calvinistas y otros aspirantes a la perfección cristiana,
comen mal. Los católicos, en cambio, que nacen resignados
al pecado original y las debilidades humanas, y a quienes
el sacramento de la confesión deja purificados y
listos para volver a pecar, son mucho más flexibles
respecto de la buena mesa, tanto que han acuñado
la expresión "bocado de cardenal" para definir algo
delicioso. Menos mal que a mí me criaron entre los
segundos y puedo devorar cuantas golosinas desee sin pensar
en el infierno, sólo en mis caderas, pero no ha sido
igualmente fácil sacudirme de tabúes respecto
del erotismo. (... ) Una noche de enero de 1996 soñé
que me lanzaba una piscina llena de arroz con leche (vea
la receta en la sección postres), donde nadaba con
la gracia de una marsopa. Es mi dulce preferido -el arroz
con leche, no la marsopa-, tanto así que en 1991,
en un restaurante de Madrid, pedí cuatro platos de
arroz con leche y luego ordené un quinto de postre.
Me los comí sin parpadear, con la vaga esperanza
de que aquel nostálgico plato de mi niñez
me ayudaría a soportar la angustia de ver a mi hija
muy enferma. Ni mi alma ni mi hija se aliviaron, pero el
arroz con leche quedó asociado en mi memoria con
el consuelo espiritual. En el sueño, en cambio, nada
había de elevado: yo me zambullía y esa crema
deliciosa me acariciaba la piel, resbalaba por mis pliegues
y me llenaba la boca. Desperté feliz y me abalancé
sobre mi marido antes que el infortunado alcanzara a darse
cuenta de lo que ocurría. (... ) Las sociedades patriarcales,
es decir, casi todas, menos algunas de indios perdidos en
las crónicas de olvidados conquistadores, tienen
verdadera obsesión con la virilidad y su símbolo:
el falo. Se trata de producir hijos varones, por supuesto,
para garantizar la sucesión y preservar el poder
de la familia. En toda falocracia los afrodisíacos
son muy importantes, dadas las limitaciones del caprichoso
apéndice masculino, que suele desmayarse no sólo
por debilidad del propietario, sino también por hastío.
(... ) En la búsqueda incansable de fortalecer el
frágil miembro masculino y curar la indiferencia
de las mujeres distraídas, se llega al extremo de
tragar polvo de cucarachas. (... ) ¿Cómo vencen a
los demonios de la carne los santos, anacoretas, gurúes,
fakires, sacerdotes, anoréxicos y otras personas
que practican estas excentricidades como virtudes?
Tal como hay métodos para incitar al deseo, se conocen
otros que lo matan. Entre los antiafrodisíacos más
seguros está el mal aliento (en este caso no caben
eufemismos). (... ) Otros antiafrodisíacos que vale
la pena mencionar son el resfrío común, un
hombre desnudo en calcetines, una mujer con rollos para
encrespar el pelo, televisión y fatiga común.
(... ) Todo lo que se cocina para un amante es sensual,
pero mucho más lo es si ambos participan en la preparación
y aprovechan para ir quitándose la ropa con picardía,
mientras pelan cebollas y deshojan alcachofas. Lástima,
mi marido es buen cocinero, pero no es coqueto. Sería
divertido verlo afanando con sus cacerolas mientras lanza
piezas de su vestuario por los aires... Le he contado de
los adamitas, una secta cristiana del siglo II, cuyos miembros
se desplazaban desnudos con la idea de recuperar la inocencia
de Adán anterior al pecado original, pero no es hombre
que capte indirectas y hasta ahora no he logrado que se
quite los bluyines grasientos con que ejerce su incuestionable
autoridad en la cocina. (... ) Imaginemos una ocasión
especial, tal vez una cena elegante en el comedor de un
palacio renacentista convertido en restaurante o en hotel,
como tantos en las viejas ciudades de Europa. (... ) Rubí
y ámbar en las copas, el sonido apagado de las conversaciones
gentiles, el tintineo de la plata contra la porcelana...
Danzan los mesoneros, sacerdotes de una misa suntuosa, solícitos,
irónicos, llevando y trayendo las fuentes con deliciosos
manjares. Una pareja ocupa una de las mesas junto a la ventana.
(... ) Mantienen las espaldas rígidas y la distancia
precisa entre la silla y la mesa, sus gestos son controlados,
algo rígidos, como si se movieran en una acartonada
geografía, pero a través de sus gestos estudiados
se percibe la atracción mutua como un río
turbulento que amenaza con llevarse todo por delante. Bajo
el mantel, las rodillas se rozan por azar y ese contacto,
casi imperceptible, los golpea como una corriente poderosa;
una llamada iracunda sube por los muslos y enciende los
vientres. (... ) El mesonero se acerca para escanciar más
vino, pero no lo ven. Tiemblan. Ella levanta el tenedor,
abre los labios y desde el otro lado de la mesa él
adivina el sabor de su saliva y la tibieza de su aliento,
siente la lengua de ella moviéndose en su propia
boca como un molusco sofocante y terrible. Se le escapa
un gemido que, de inmediato, disimula tosiendo con discreción
y llevándose la servilleta a la cara. (... ) Una
de mis fantasías eróticas más recurrentes
es la orgía. En un libro sobre el Imperio Romano,
también bajo llave en el armario del tío Ramón,
averigüé que la idea es tan antigua como la
humanidad. (... ) ¿Qué serviría de comer en
mi propia orgía? Si contara con recursos ilimitados,
pondría a disposición de los comensales fuentes
con mariscos crudos y cocidos, carnes, aves y pescados,
ensaladas, dulces y frutas, especialmente uvas, que siempre
aparecen en las películas sobre elImperio Romano.
Y setas o callampas, por supuesto, que son tan afrodisíacos
como las ostras. La célebre envenenadora romana Locusta
conocía la popularidad de estos vegetales: por orden
de Agripina mató con setas envenenadas al emperador
Claudio y después usó la misma receta para
despachar a otros. Era relativamente fácil eliminar
enemigos con setas en la confusión de una orgía.
Nerón, hombre de escasa paciencia, exigió
a Locusta un veneno más poderoso y rápido
para deshacerse de su madre, pero Agripina había
aprendido a desconfiar de la cocina doméstica. Nerón,
entonces, la embarcó en una nave que -curiosa coincidencia-
se hundió en la costa de Anzio, pero la madre era
un hueso duro de roer y sabía nadar. Al final su
hijo debió enviar un soldado a matarla con una espada,
método algo más tradicional. El tema de las
orgías me distrae, no logro concentrarme... (...
) El esquinco es un lagarto del Africa del Norte al cual,
desde tiempos tan remotos como el de los griegos y romanos,
se le atribuyen fantásticas propiedades afrodisíacas.
El hocico, las patas y, sobre todo, los órganos genitales,
se maceraban en vino y se cocinaban en un lecho de hierbas.
Los persas mezclaban la carne con perlas molidas y ámbar.
También se preparaba un afrodisíaco exquisito
con el hippomanes, un trocito de carne tomada de la frente
de un potrillo acabado de nacer, mezclado con la sangre
de la persona amada. Si la sangre era menstrual, el efecto
podía ser fulminante. Se sospecha que un brebaje
semejante dio a beber Cesonia a Calígula para obtener
su amor, causándole aquella locura frenética
y arrogante que tantos crímenes le hizo cometer,
pero esta explicación es típica de los historiadores,
quienes siempre encuentran la manera de culpar a la mujer.
(... ) En todas las culturas a los huevos se les atribuyen
poderes eróticos y reconstituyentes; se supone que
dan bríos a los viejos, curan la indiferencia y regeneran
el vientre seco de las mujeres infértiles. En El
Jardín Perfumado, un negro llamado Mimún -¡cuán
orgulloso estaba de su hazaña!- estuvo practicando
el juego del amor por sesenta días sin hartarse porque
sólo se alimentó de yemas de huevo y pan.
(... ) Personalmente prefiero el caviar, por supuesto, y
se me ocurren mil maneras pornográficas de servirlo,
pero, como es tan caro, sólo lo como en ocasiones
especiales, cuando debo recurrir a excesos de astucia y
sensualidad para lograr el objetivo amoroso que me ocupa.
También suelo probarlo invitada en viajes de primera
clase. No es fácil juguetear con caviar en un vuelo
comercial: la azafata siempre está vigilando. Como
alternativa más modesta, también me gusta
un huevo crudo, servido en el ombligo de mi amado, con cebollines
picados, pimienta, sal, limón y una gota de tabasco,
pero este último ingrediente no siempre puedo usarlo:
mi hombre es alérgico al picante. El caviar es uno
de los afrodisíacos más caros del mundo, así
tanto como los famosos nidos de golondrina, célebres
en China. Se extrae de la hembra (lógicamente) del
esturión, no del centurión, como creía
yo en mi juventud. (... ) Néctar de los dioses, consuelo
de los mortales, el vino es un maravilloso brebaje que tiene
el poder de alejar las preocupaciones y darnos, aunque sea
por un instante, la visión del Paraíso. (...
) Investigación reciente demuestra que el vino bebido
con mesura y regularidad reduce el desgaste del corazón,
permitiéndonos así morir de cáncer.
El folclor sostiene que "disuelve la grasa de la comida
y lava las venas"; verdad comprobada por la medicina moderna:
eleva los niveles de HDL y limpia las arterias. (... ) Después
de dar un par de vueltas completas por el mundo de los afrodisíacos,
descubro que lo único que en verdad me excita es
el amor. (... ) Por desgracia pertenezco al tipo de persona
que cree en el amor a primera vista y, para colmo, se casa.
Oscar Wilde dijo que "el amor es un malentendido mutuo".
(... ) Jamás me he enamorado con prudencia, siempre
ha sido un relámpago que me ha dejado medio chamuscada,
pero la experiencia y la buena suerte me han ayudado a mantener
la llama de la pasión ardiendo más allá
de los seis meses que normalmente dura el capricho a primera
vista. (... ) Durante un año -lo que me he demorado
en escribir estas páginas- he preparado cada una
de las recetas afrodisíacas que figuran a continuación
y puesto en práctica casi todo lo dicho en los diferentes
capítulos, menos el columpio y una que otra postura
del Kama Sutra que resulta inadecuada a mi edad. Ha sido
un año feliz, porque para que florezca el erotismo
no bastan los guisos estimulantes, también es indispensable
crear un ambiente donde se regocijen los espíritus
y no haya lugar para palabras adversas, humores melancólicos
ni quebrantos".
(Este texto fue extraído
del libro Afrodita, de Isabel Allende)
COCINANDO CON ISABEL
LA APUESTA EROTICA
DE ISABEL ALLENDE
"Hay que amar sin expectativas"
LEVANTAMUERTOS
También llamado Caldo de Lázaro, es lo que
usamos en mi familia para curar resfríos. Con mayor
razón anima a amantes decaídos.
Ingredientes:
2 tazas de caldo de carne 1/2 cucharadita de curry 1 copita
de jerez 1 pizca de comino (en polvo) Gotas de tabasco 4
cucharadas de arroz cocinado 1 cucharada de pasas de Corinto
Preparación:
Aliñe el caldo con el curry disuelto en un poco de
agua caliente. Añada tabasco y comino y verifique
la sazón de sal y pimienta. Sirva caliente acompañado
de arroz mezclado previamente con pasas remojadas en el
mismo caldo.
SENO DE NOVICIA
El nombre verdadero es pecho de monja, pero por razones
literarias hemos escogido algo más sugerente.
Ingredientes:
1 taza de ciruelas picadas finas 4 claras 4 cucharadas de
azúcar en polvo 1/4 cucharadita de esencia de vainilla
Preparación:
Bata las claras firmes y de a poco agregue el azúcar
cernido. Añada la esencia de vainilla y suavemente
las ciruelas picadas. Coloque en un molde enmantequillado
y hornee (fuego moderado) por 1 hora. Se sirve con Crema
Inglesa o con crema Chantilly.
TRUCHAS RELLENAS
¿Es su amante uno de esos pescadores impenitentes? Lo más
probable es que su único trofeo sean unas truchas
más bien patéticas. Con esta receta puede
convertirlas en motivo de placer.
Ingredientes:
2 truchas medianas, sin cabeza ni cola 1 limón, el
jugo 100 gr. de jamón 2 cucharadas de mantequilla
1/2 taza de crema 1 yema cruda 1/2 copita de vino blanco
seco 1 rodaja de piña enlatada 1 pepinillo en escabeche
(pequeño) 1 cucharada de apio picado muy fino 1/2
cucharada de cebollín picado 1 cucharada de perejil
picado Sal y pimienta
Preparación:
Lave bien el pescado, séquelo y alíñelo
con limón, sal y pimienta. Haga una pasta en la procesadora
moliendo jamón, pepinillo, apio y cebollín.
Agregue la yema y la crema. Rellene con esta pasta las truchas
y junte los bordes con mondadientes de madera. Enmantecar
una asadera y coloque el pescado rociado con el vino. Cocine
en horno medio 15 minutos. Retire, vierta encima el resto
de la crema y cocine 5 minutos más a fuego suave.
Sirva caliente salpicada de perejil.
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