Para entender la
amistad virtual
La red es un escenario
en el cual actúan seductores y seducidos. La palabra, cuando
bien empleada, formando frases que acarician, generando un clima
propicio al encantamiento, es un arma de la cual la mayoría
no puede y no quiere defenderse.
La red es el mundo.
Un microuniverso que refleja con exactitud los estados del espíritu
posibles, el vacío mayoritario, la carencia afectiva, de
casi todos los que en el transitan, transformándose por
eso en terreno fértil para que una minoría de manipuladores
de emociones manipulen los sentimientos de una mayoría
de manipulables, creando expectativas donde no las hay.
Es verdad que en el
90% de los casos, eso ocurre sin planificación ni premeditación.
Y la famosa historia: si hablo bien, si organizo las frases con
habilidad, si construyo argumentos contundentes, si convenzo con
palabras que además de decir también halaguen el
ego del lector y acaricien sus sueños, ya es suficiente
para crear expectativas irreales, las que siempre terminarán
en el sufrimiento y en el dolor de quien pensó que esas
palabras escondían un mensaje subliminar de amor en las
estrellas
Por eso, la comunicación
online requiere que se conozcan las reglas del juego.
Sí, se trata
de un juego peligroso, pues el "adversario" es aquello que dice
ser, sin otra prueba que nuestra credibilidad.
Castillos en la arena
es el tema del juego, pues en nada más que eso se puede
construir cambiando mensajes electrónicos. Bien sabemos
que basta juntarse dos personas para que exista un vulnerador
y un vulnerable, un activo y otro pasivo, uno en el ataque y otro
en la defensa.
Cuando ese encuentro
se da por la vía cibernética, el vulnerador es mucho
más agresivo, pues se ampara en el anonimato, es vulnerable
mucho más indefenso, pues quiere creer en cuentos de hadas.
En fin: el tema es
amplio y nos permite atacarlo por mil lados.
Lo que no podemos
olvidar es que la inmensa mayoría de las personas quiere
ser engañada. Prefiere vivir una ilusión falsificada
- mas real en cuanto dura- de la que vive- diariamente en la novela
de las 8 , donde es apenas espectador pasivo.