A d i c c i ó n
EL lado peligroso de
la comunicación virtual
Junte en un mismo objeto su
juguete predilecto, sus amigos, sus libros, su trabajo. Coloque una pizca
de curiosidad, una cucharadita de afecto, una copita de espíritu
científico. Voilá: ese es su nuevo jueguetito, la computadora.
Con el adelanta su trabajo, escribe
cartas y relatos, hace cuentas, se divierte con jueguitos maravillosos,
encuentra siempre cosas interesantes para leer, dibuja con una facilidad
que nunca había imaginado.
El problema es que, para tener todo eso, precisa darle mucha atención.
Dedicarle cada vez más tiempo. Envolverse al punto de perder el
sueño. Exactamente como si estuviese enamorado.
Cuando despierta, la primera cosa que
hace es encender la computadora. Antes de dormir, el último aparato
que apaga es la computadora. Deja de ver TV, disminuye las salidas nocturnas,
interrumpe las conversaciones con la familia para irse de bruces sobre
el teclado y apuntar la cara en el monitor de su nueva compañera.
Mucho peor es cuando descubre los encuentros realizados a través
de la RED. Los chats y los intercambios de mensajes comienzan a hacer
parte importante de su vida. En ninguna otra ocasión tuvo una persona
que se dedicase totalmente a "oírla" y participar de su vida, por
más de una hora consecutiva y, principalmente, gratis, por placer.
Eso es mucho mejor que leer un libro, que aguantar la charla de la familia.
Siempre tiene alguna oportunidad de divertirse, escribir pavadas, sentirse
querido. La computadora pasa a ser su mejor "amiga".
Cuando menos espera, es adicto. Media hora antes de su hora habitual de
conectar ya entra en euforia, y si por acaso no puede conectar por un
día ya tiene alucinaciones y crisis de abstinencia, con temblores
y sudor frío.
Eso no es una fantasía. Puede realmente suceder. Si ya sucede con
la máquina inanimada y muda, imagine cuando además de máquina
la computadora es también su vehículo, su media, su punto
de encuentro con personas con quien tiene mucho en común, con quien
gusta de conversar, a través del cual recibe una carga de cariño
y atención que no recibe de nadie más en su vida cotidiana
La computadora - aún más la RED- invade su vida.
Toma posesión de sus pensamientos, de sus horas de placer, de su
cariño. Es un monstruo vampiresco. Destruye casamientos. Deja los
hijos infelices y abandonados, y los padres preocupados. Todo el resto
deja de tener importancia. Ud. respira, se alimenta, vive INTERNET. Su
trabajo se acumula, sus horas de sueño disminuyen, luego comienza
a presentar señales de cansancio: ojeras profundas, falta de concentración,
ojos ardiendo. Deja de hacer ejercicios, la barriga aumenta, ríe
y habla solo, conviviendo con "amigos imaginarios". Aún más:
conoce personas virtuales que nadie más ve, y TIENE SEXO con ELLAS!!!!
Ud. se excita mirando las letritas en el monitor, su respiración
se vuelve jadeante, transpira, suspira, y llega a tener orgasmos maravillosos...
Locura total!!!
Es claro que Ud. puede considerar la computadora en casa y la RED como
describo arriba. Finalmente, tal cual una droga, puede viciar y drenar
las energías. Es extremadamente envolvente. Sabia actitud, la de
las personas que la evitan. :-) Contradictorio con el resto de lo que
fue escrito? No, apenas otra cara.
Esas son algunas de las críticas que se escuchan de quien no tiene
computadora en casa, o tiene y se rehusa a entrar en el mundo mágico
de la comunicación virtual. Por acaso, es importante tener consciencia
de que todo eso puede suceder, pero sólo sucede realmente con personas
con tendencias compulsivas.
La fuga de la realidad no es atributo exclusivo de quien se dedica a la
Internet. Debemos tener en cuenta que, para ciertas personas, TODO puede
viciar.
Una persona que se dedique a la lectura de romances 8 horas por día
también es un adicto, que huye de la realidad.
Un joven que haga 5 horas de gimnasia por día, corra 10 km. y además
haga 2 horas de natación también es un fanático que
huye de la vida social y cultural.
Un adolescente que estudie 6 horas por día, además del horario
escolar, también estará pasando de los límites.
Una mujer que pasa sus tardes en los shopping centers mirando vidrieras
no es más "saludable" que otra que se dedique 5 horas por día
al intercambio de mensajes o chat.
Todas esas pueden ser formas de alienación. Todas ellas pueden
ser peligrosas.
Por otro lado, he notado con gran frecuencia que un período de
dedicación exagerada puede ayudar a superar una fase difícil
en la vida de las personas. Los amigos virtuales sirven de apoyo, entre
otras cosas.
En un momento de extrema carencia afectiva, en la época de su divorcio,
el ingeniero J.P. pasó una vez 40 horas seguidas en el chat. Era
un momento en que él precisaba "desenchufarse" de la realidad por
algún tiempo. Pasó algunos meses usando y abusando de las
conversaciones on-line. Después que se estabilizó emocionalmente
volvió a usar los chats con moderación, unas dos horas por
día. Más adelante, cuando se relacionó con una mujer
conocida a través de la RED, su necesidad de "virtualidad" disminuyó
todavía más, llegando a pasar días seguidos sin conectar.
Casos de personas que pasaron, eventualmente, diez horas seguidas conectadas
no son tan raros.
La abogada C. L., luego que se separó del marido, compró
su primera computadora y pasó a conectar el Vídeo Texto
de la TELESP, un servicio semejante a los chats de la RED. Pasaba días
seguidos encerrada en casa, conectada por más de 12 horas consecutivas.
Para la familia y los amigos, decía estar viajando; así,
podía dedicarse completamente a su "jueguito" sin ser criticada.
Eso duró algunos meses. Al tiempo su necesidad de compañía
constante y de búsqueda desesperada de cariño fue disminuyendo.
Entró en un proveedor de BBS, pasó a utilizarlo por dos
a tres horas, al máximo, por día. Después de algún
tiempo, conforme hacia nuevas amistades reales y volvía a tener
disponibilidad afectiva para volver al trabajo y salir con amigos, se
fue alejando cada vez más de los chats.
El fanatismo perdura en cuanto hay carencia afectiva, soledad. La adicción,
tal como la fiebre, no es un problema en si más un síntoma
de que algo no está bien.
Rafael compró una computadora cuando tuvo hepatitis. Luciano estaba
horas conectado después que sufrió un infarto.
Mira nunca tuvo una vida social - y sexual - tan intensa como después
del accidente que la mantuvo por ocho meses en una silla de ruedas. Personas
en fase de retorno a la vida, después de un período de depresión
o enfermedad, encuentran en los contactos virtuales gran apoyo emocional.
No son raros los casos de discusiones en familia por causa de la excesiva
dedicación de un miembro a la computadora.
Esposas tienen ataques de celos al ver los maridos "conversando" animadamente
con compañeras virtuales. Maridos reclaman de falta de atención
de las esposas que están conectadas en los chats.
Padres y profesores reclaman de la poca sociabilidad y notas bajas de
los adolescentes que pasan varias horas por día dedicados a la
computadora.
Mientras tanto, en algunos momentos, las conversaciones a través
del chat y de mensajes se vuelven el más importante vínculo
con el universo exterior. Al revés de alienantes, los contactos
virtuales pueden servir para integrar; tienden ha ser una fuente de interacción
y aprendizaje inagotable, social, cultural y afectivamente.