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Abjuraci�n de Galileo Galilei (1633)


Yo, Galileo Galilei, hijo de Vincenzio Galilei de Florencia, con 70 a�os de edad, llamado ante este tribunal, y arrodillado ante Uds., Eminentes Reverendos Cardenales, Inquisidores de la Rep�blica Cristiana ante la depravaci�n de la herej�a, ante mis ojos lo m�s Santos Magistrados, y tendiendo a ellos mis manos; juro que siempre he cre�do, y creo ahora, y con ayuda de Dios creer� en el futuro todo lo que la Santa Cat�lica y Apost�lica Iglesia sostiene, predica y ense�a. Y dado que, despu�s de haber sido llamado por este Santo Oficio a abandonar enteramente la falsa opini�n de que el sol es el centro del universo y que es inm�vil, y que la tierra no es el centro del mismo y se mueve, as� como tampoco sostener, defender ni ense�ar de manera alguna, ni oralmente ni en escritura, la mencionada falsa doctrina; y despu�s de haber recibido una notificaci�n de que dicha doctrina es contraria a las Sagradas Escrituras, yo escrib� e hice imprimir un libro en el cual hice menci�n de la ya condenada doctrina, y argument� a su favor, sin llegar a soluci�n alguna: He sido juzgado sospechoso grave de herej�a, esto es, de haber mantenido y cre�do que el sol es el centro del universo e inm�vil, y que la Tierra no es el centro del mismo, y s� se mueve.

Deseando remover de las mentes de sus Eminencias y de todos los Cristianos creyentes esta vehemente sospecha razonablemente concebida contra m�, yo abjuro con sincera fe de coraz�n, repruebo y detesto dichos errores y herej�as, y en general cualquier error o acto contrario a la Santa Iglesia Cat�lica. Y juro que en el futuro no dir� o sugerir� ni oralmente o de escritura cosas tales que hagan caer sobre mi sospecha similar; y si conozco alg�n hereje o sospechoso de herej�a lo denunciar� a este Santo Oficio, o al Inquisidor del lugar en el que me encuentre.

Tambi�n juro prometo adoptar y observar las penas que han sido o me sean impuestas. Y si contrario cualquiera de estas dichas promesas, o palabras dadas, (�que Dios me perdone!) yo me entrego a las penas y penalidades que por los Sagrados C�nones y otros Decretos son impuestos y promulgados contra los ofensores. Ay�denme Dios y los Santos Magistrados, que ahora toco con mis propias manos.

Yo, Galileo Galilei, he abjurado, jurado y prometido, y apeg�ndome a lo dicho, y tom�ndolo como verdad, con mi propia mano entrego el presente sumario de mi abjuraci�n, que he recitado palabra por palabra.

En Roma, en el Convento de la Minerva, el vig�simo segundo d�a de junio, 1633.

Yo, Galileo Galilei, abjuro, de mi propia mano.


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