Pero la gestión tecnológica no es un
campo del saber meramente especulativo sobre la tecnología y su desarrollo. Es
también una práctica so-portada en un conocimiento derivado del análisis
y la interpretación
de las observaciones del comportamiento
del desarrollo tecnológico, como proceso
social, y resultado de las observaciones de este proceso en organizaciones y
países, y de su relación con el proceso de desarrollo global de las sociedades
modernas.
Los procesos objeto de estudio de la
gestión tecnológica, en tantos procesos sociales, son procesos complejos,
multidimensionales, inseparables de su contexto y de la globalidad de los
procesos sociales; y, por tanto, sus estados y características involucran
dimensiones históricas, económicas y sociológicas. Si bien ellos han sido
considerados bajo ángulos y perspectivas distintas por disciplinas como la historia,
la economía,
la sociología
y la psicología,
cada una con su enfoque particular y sin pretensión alguna de una explicación total,
es la gestión tecnológica, como región de saberes y un campo de conocimiento
transdisciplinario, la que conjuga y relaciona es-tos saberes parcelados,
mediante su recomposición y recontextualización, para construir una mejor
visión que incorpora la totalidad de características del proceso.
En la dimensión económica del
desarrollo tecnológico, afirma Katz, resulta obvio que no pueden usarse los
mismos modelos
teóricos para describir las complejidades e idiosincrasia de
sociedades con grados extremadamente diferentes de madurez y desarrollo
económico.
Las
cuestiones económicas han preocupado a muchos intelectuales a lo largo de los
siglos. En la antigua Grecia, Aristóteles y Platón disertaron sobre los
problemas relativos a la riqueza, la propiedad y el comercio. Durante la edad
media predominaron las ideas de
La
economía, como ciencia moderna independiente de la filosofía y de la política,
data de la publicación de la obra Investigación sobre la naturaleza y causas de
la riqueza de las naciones (1776), del filósofo y economista escocés Adam
Smith. El mercantilismo y las especulaciones de los fisiócratas precedieron a
la economía clásica de Smith y sus seguidores del siglo XIX.
Mercantilismo
El
desarrollo de los modernos nacionalismos a lo largo del siglo XVI desvió la
atención de los pensadores de la época hacia cómo incrementar la riqueza y el
poder de las naciones Estado. La política económica que imperaba en aquella
época, el mercantilismo, fomentaba el autoabastecimiento de las naciones. Esta
doctrina económica imperó en Inglaterra y en el resto de Europa occidental
desde el siglo XVI hasta el siglo XVIII.
Los
mercantilistas consideraban que la riqueza de una nación dependía de la
cantidad de oro y plata que tuviese. Aparte de las minas de oro y plata
descubiertas por España en el Nuevo Mundo, una nación sólo podía aumentar sus
reservas de estos metales preciosos vendiendo más productos a otros países de
los que compraba de ellos. El conseguir una balanza de pagos con saldo positivo
implicaba que los demás países tenían que pagar la diferencia con oro y
plata.
Los mercantilistas daban por sentado que su país estaría siempre en guerra con
otros, o preparándose para la próxima contienda. Si tenían oro y plata, los dirigentes
podrían pagar a mercenarios para combatir, como hizo el rey Jorge III de
Inglaterra durante la guerra de
Esta preocupación mercantilista por acumular metales preciosos también afectaba
a la política interna. Era imprescindible que los salarios fueran bajos y que
la población creciese. Una población numerosa y mal pagada produciría muchos
bienes a un precio lo suficiente bajo como para poder venderlos en el exterior.
Se obligaba a la gente a trabajar jornadas largas, y se consideraba un
despilfarro el consumo de té, ginebra, lazos, volantes o tejidos de seda. De
esta filosofía también se deducía que, cuanto antes empezaran a trabajar los
niños, mejor para el país. Un autor mercantilista tenía un plan para los niños
de los pobres: "cuando estos niños tienen cuatro años, hay que llevarlos
al asilo para pobres de la región, donde se les enseñará a leer durante dos horas
al día, y se les tendrá trabajando el resto del día en las tareas que mejor se
ajusten a su edad, fuerza y capacidad".
Fisiocracia
Esta
doctrina económica estuvo en boga en Francia durante la segunda mitad del siglo
XVIII y surgió como una reacción ante las políticas restrictivas del
mercantilismo. El fundador de la escuela, François Quesnay, era médico de
cabecera en la corte del rey Luis XV. Su libro más conocido, Tableau Économique
(Cuadro económico, 1758), intentaba establecer los flujos de ingresos en una
economía, anticipándose a la contabilidad nacional, creada en el siglo XX.
Según los fisiócratas, toda la riqueza era generada por la agricultura; gracias
al comercio, esta riqueza pasaba de los agricultores al resto de la sociedad.
Los fisiócratas eran partidarios del libre comercio y del laissez-faire
(doctrina que defiende que los gobiernos no deben intervenir en la economía).
También sostenían que los ingresos del Estado tenían que provenir de un único
impuesto que debía gravar a los propietarios de la tierra, que eran
considerados como la clase estéril. Adam Smith conoció a los principales
fisiócratas y escribió sobre sus doctrinas, casi siempre de forma positiva.
Adam
Smith en su famoso tratado “La riqueza de las naciones”, Adam Smith sostenía
que la competencia privada libre de regulaciones produce y distribuye mejor la
riqueza que los mercados controlados por los gobiernos. Desde 1776, cuando
Smith escribió su obra, su razonamiento ha sido utilizado para justificar el
capitalismo y evitar la intervención gubernamental en el comercio y el cambio.
Según Smith, los empresarios privados que buscan su propio interés organizan la
economía de manera más eficaz "como por una mano invisible".
La escuela clásica
Como
cuerpo de teoría económica coherente, la economía clásica parte de los escritos
de Smith y continúa con la obra de los economistas británicos Thomas Robert
Malthus y David Ricardo; y culmina con la síntesis de John Stuart Mill,
discípulo de Ricardo. Aunque eran frecuentes las divergencias entre los
economistas clásicos que hubo en los 75 años que van desde la publicación de
Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones de
Smith (1776), hasta los Principios de economía política de Mill (1848), los economistas
pertenecientes a esta escuela coincidían en los conceptos principales. Todos
defendían la propiedad privada, los mercados y creían, como decía Mill, que
"sólo a través del principio de la competencia tiene la economía política
una pretensión de ser ciencia". Compartían la desconfianza de Smith hacia
los gobiernos, y su fe ciega en el poder del egoísmo y su famosa "mano
invisible", que hacía posible que el bienestar social se alcanzara
mediante la búsqueda individual del interés personal. Los clásicos obtuvieron
de Ricardo el concepto de rendimientos decrecientes, que afirma que a medida
que se aumenta la fuerza de trabajo y el capital que se utiliza para labrar la
tierra, disminuyen los rendimientos o, como decía Ricardo, "superada
cierta etapa, no muy avanzada, el progreso de la agricultura disminuye de una
forma paulatina".
El
alcance de la ciencia económica se amplió de manera considerable cuando Smith
subrayó el papel del consumo sobre el de la producción. Smith confiaba en que
era posible aumentar el nivel general de vida del conjunto de la comunidad.
Defendía que era esencial permitir que los individuos intentaran alcanzar su
propio bienestar como medio para aumentar la prosperidad de toda la sociedad.
En
el lado opuesto, Malthus, en su conocido e influyente Ensayo sobre el principio
de la población (1798), planteaba la nota pesimista a la escuela clásica, al
afirmar que las esperanzas de mayor prosperidad se escollarían contra la roca
de un excesivo crecimiento de la población. Según Malthus, los alimentos sólo
aumentaban adecuándose a una progresión aritmética (2-4-6-8-10, etc.), mientras
que la población se duplicaba cada generación (2-4-8-16-32, etc.), salvo que
esta tendencia se controlara, o por la naturaleza o por la propia prudencia de
la especie. Malthus sostenía que el control natural era 'positivo': "El
poder de la población es tan superior al poder de la tierra para permitir la
subsistencia del hombre, que la muerte prematura tiene que, frenar hasta cierto
punto el crecimiento del ser humano". Este procedimiento de frenar el
crecimiento eran las guerras, las epidemias, la peste, las plagas, los vicios
humanos y las hambrunas, que se combinaban para controlar el volumen de la
población mundial y limitarlo a la oferta de alimentos.
La
única forma de escapar a este imperativo de la humanidad y de los horrores de
un control positivo de la naturaleza, era la limitación voluntaria del
crecimiento de la población, no mediante un control de natalidad, contrario a
las convicciones religiosas de Malthus, sino retrasando la edad para casarse,
reduciendo así el volumen de las familias. Las doctrinas pesimistas de este
autor clásico dieron a la economía el sobrenombre de 'ciencia lúgubre'.
Los
Principios de economía política de Mill constituyeron el centro de esta ciencia
hasta finales del siglo XIX. Aunque Mill aceptaba las teorías de sus
predecesores clásicos, confiaba más en la posibilidad de educar a la clase
obrera para que limitase su reproducción de lo que lo hacían Ricardo y Malthus.
Además, Mill era un reformista que quería gravar con fuerza las herencias, e
incluso permitir que el gobierno asumiera un mayor protagonismo a la hora de
proteger a los niños y a los trabajadores. Fue muy crítico con las prácticas
que desarrollaban las empresas y favorecía la gestión cooperativa de las
fábricas, por parte de los trabajadores. Mill representa un puente entre la
economía clásica del laissez-faire y el Estado de bienestar.
Los
economistas clásicos aceptaban
Escuela clásica de economía
Thomas
Malthus, David Ricardo y John Stuart Mill, junto a Adam Smith, forman la
denominada escuela clásica de economía. Los cuatro creían en la propiedad
privada, el libre mercado y la competencia. Malthus, Ricardo y Mill, sin
embargo, alentaban la regulación gubernamental de la economía en ciertos casos.
Thomas MalthusMalthus ofreció una teoría pesimista de la economía, centrada en
la escasez de recursos y el crecimiento de la población. Malthus creía que la
población humana crece en progresión geométrica (1, 2, 4, 8,...) mientras que los
recursos, en concreto los recursos agrícolas, crecen sólo en progresión
aritmética (1, 2, 3, 4,...); por ello, a la larga, la escasez de alimentos debe
reducir al hambre a la mayoría de la gente. Defendió una limitación moral,
sugiriendo que la gente se casara tarde y formara familias pequeñas. Malthus
también reconoció el papel de las plagas, guerras y epidemias en la contención
de la superpoblación. Por estas ideas, la economía adquirió el nombre de
"la ciencia lúgubre".
Marxismo
La
oposición a la escuela de pensamiento
clásico vino de la mano de los primeros autores socialistas, como el filósofo
social francés, Claude Henri de Rouvroy conde de Saint-Simon, y del utópico
británico Robert Owen. Sin embargo, fue Karl Marx el autor de las teorías económicas
socialistas más importantes.
Para
la perspectiva clásica del capitalismo, el marxismo representó una seria
recusación, aunque no dejaba de ser, en algunos aspectos, una variante de la
temática clásica. Por ejemplo, Marx adoptó la teoría del valor trabajo de
Ricardo. Con algunas matizaciones, Ricardo explicó que los precios eran la
consecuencia de la cantidad de trabajo que se necesitaba para producir un bien.
Ricardo formuló esta teoría del valor para facilitar el análisis, de forma que
se pudiera entender la diversidad de precios. Para Marx, la teoría del valor
trabajo representaba la clave del modo de proceder del capitalismo, la causa de
todos los abusos y de toda la explotación generada por un sistema injusto.
Exiliado
de Alemania, Marx pasó muchos años en Londres, donde vivió gracias a la ayuda
de su amigo y colaborador Friedrich Engels, y a los ingresos derivados de sus
ocasionales contribuciones en la prensa. Desarrolló su extensa teoría en la
biblioteca del Museo Británico. Los estudios históricos y los análisis
económicos de Marx convencieron a Engels de que los beneficios y los demás
ingresos procedentes de una explotación sin escrúpulos de las propiedades y las
rentas son el resultado del fraude y el poder que ejercen los fuertes sobre los
débiles. Sobre esta crítica se alza la crítica económica que desemboca en la
certificación histórica de la lucha de clases.
La
'acumulación primitiva' en la historia económica de Inglaterra fue posible
gracias a la delimitación y al cercamiento de las tierras. Durante los siglos
XVII y XVIII los terratenientes utilizaron su poder en el Parlamento para
quitar a los agricultores los derechos que por tradición tenían sobre las
tierras comunales. Al privatizar estas tierras, empujaron a sus víctimas a las
ciudades y a las fábricas.
Sin
tierras ni herramientas, los hombres, las mujeres y los niños tenían que
trabajar para conseguir un salario. Así, el principal conflicto, según Marx, se
producía entre la denominada clase capitalista, que detentaba la propiedad de
los medios de producción (fábricas y máquinas) y la clase trabajadora o
proletariado, que no tenía nada, salvo sus propias manos. La explotación, eje
de la doctrina de Karl Marx, se mide por la capacidad de los capitalistas para
pagar sólo salarios de subsistencia a sus empleados, obteniendo de su trabajo
un beneficio (o plusvalía), que era la diferencia entre los salarios pagados y
los precios de venta de los bienes en los mercados.
Aunque
en el Manifiesto Comunista (1848) Marx y Engels pagaban un pequeño tributo a
los logros materiales del capitalismo, estaban convencidos que estos logros
eran transitorios y que las contradicciones inherentes al capitalismo y al
proceso de lucha de clases terminarían por destruirlo, al igual que en el
pasado había ocurrido con el extinto feudalismo medieval.
A
este respecto, los escritos de Marx se alejan de la tradición de la economía
clásica inglesa, siguiendo la metafísica del filósofo alemán George Wilhelm
Friedrich Hegel, el cual consideraba que la historia de la humanidad y de la
filosofía era una progresión dialéctica: tesis, antítesis y síntesis. Por
ejemplo, una tesis puede ser un conjunto de acuerdos económicos, como el
feudalismo o el capitalismo. Su contrapuesto, o antítesis, sería, por ejemplo,
el socialismo, como sistema contrario al capitalismo. La confrontación de la
tesis y la antítesis daría paso a una evolución, que sería la síntesis, en este
caso, el comunismo que permite combinar la tecnología capitalista con la
propiedad pública de las fábricas y las granjas.
A
largo plazo, Marx creía que el sistema capitalista desaparecería debido a que
su tendencia a acumular la riqueza en unas pocas manos provocaría crecientes
crisis debidas al exceso de oferta y a un progresivo aumento del desempleo.
Para Marx, la contradicción entre los adelantos tecnológicos, y el consiguiente
aumento de la eficacia productiva, y la reducción del poder adquisitivo que
impediría adquirir las cantidades adicionales de productos, sería la causa del
hundimiento del capitalismo.
Según
Marx, las crisis del capitalismo se reflejarían en un desplome de los
beneficios, una mayor conflictividad entre trabajadores y empresarios e
importantes depresiones económicas. El resultado de esta lucha de clases culminaría
en la revolución y en el avance hacia, en primer lugar, el socialismo, para al
fin avanzar hacia la implantación gradual del comunismo. En una primera etapa
todavía sería necesario tener un Estado que eliminara la resistencia de los
capitalistas. Cada trabajador sería remunerado en función de su aportación a la
sociedad. Cuando se implantara el comunismo, el Estado, cuyo objetivo principal
consiste en oprimir a las clases sociales, desaparecería, y cada individuo
percibiría, en ese porvenir utópico, en razón de sus necesidades.
Los neoclásicos
La
economía clásica partía del supuesto de escasez, como lo muestra la ley de
rendimientos decrecientes y la doctrina malthusiana sobre la población. A
partir de la década de 1870, los economistas neoclásicos como William Stanley
Jevons en Gran Bretaña, Léon Walras en Francia, y Karl Menger en Austria,
imprimieron un giro a la economía, abandonaron las limitaciones de la oferta
para centrarse en la interpretación de las preferencias de los consumidores en
términos psicológicos. Al fijarse en el estudio de la utilidad o satisfacción
obtenida con la última unidad, o unidad marginal, consumida, los neoclásicos
explicaban la formación de los precios, no en función de la cantidad de trabajo
necesaria para producir los bienes, como en las teorías de Ricardo y de Marx,
sino en función de la intensidad de la preferencia de los consumidores en
obtener una unidad adicional de un determinado producto.
El economista británico Alfred Marshall, en su obra maestra, Principios de
Economía (1890), explicaba la demanda a partir del principio de utilidad
marginal, y la oferta a partir del coste marginal (coste de producir la última
unidad). En los mercados competitivos, las preferencias de los consumidores
hacia los bienes más baratos y la de los productores hacia los más caros, se
ajustarían para alcanzar un nivel de equilibrio. Ese precio de equilibrio sería
aquel que hiciera coincidir la cantidad que los compradores quieren comprar con
la que los productores desean vender.
Este
equilibrio también se alcanzaría en los mercados de dinero y de trabajo. En los
mercados financieros, los tipos de interés equilibrarían la cantidad de dinero
que desean prestar los ahorradores y la cantidad de dinero que desean pedir
prestado los inversores. Los prestatarios quieren utilizar los préstamos que
reciben para invertir en actividades que les permitan obtener beneficios
superiores a los tipos de interés que tienen que pagar por los préstamos. Por
su parte, los ahorradores cobran un precio a cambio de ceder su dinero y
posponer la percepción de la utilidad que obtendrán al gastarlo. En el mercado
de trabajo se alcanza asimismo un equilibrio. En los mercados de trabajo
competitivos, los salarios pagados representan, por lo menos, el valor que el
empresario otorga a la producción obtenida durante las horas trabajadas, que
tiene que ser igual a la compensación que desea recibir el trabajador a cambio
del cansancio y el tedio laboral.
La
doctrina neoclásica es, de forma implícita, conservadora. Los defensores de
esta doctrina prefieren que operen los mercados competitivos a que haya una
intervención pública. Al menos hasta
Economía keynesiana
John
Maynard Keynes fue alumno de Alfred Marshall y defensor de la economía neoclásica
hasta la década de 1930.
Se
necesitaban nuevas políticas y nuevas explicaciones, que fue lo que en ese
momento proporcionó Keynes. En su imperecedera Teoría general sobre el empleo,
el interés y el dinero (1936), aparecía un axioma central que puede resumirse
en dos grandes afirmaciones: (1) las teorías existentes sobre el desempleo no
tenían ningún sentido; ni un nivel de precios elevado ni unos salarios altos
podían explicar la persistente depresión económica y el desempleo generalizado.
(2) Por el contrario, se proponía una explicación alternativa a estos fenómenos
que giraba en torno a lo que se denominaba demanda agregada, es decir, el gasto
total de los consumidores, los inversores y las instituciones públicas. Cuando
la demanda agregada es insuficiente, decía Keynes, las ventas disminuyen y se
pierden puestos de trabajo; cuando la demanda agregada es alta y crece, la
economía prospera.
A
partir de estas dos afirmaciones genéricas, surgió una poderosa teoría que
permitía explicar el comportamiento económico. Esta interpretación constituye
la base de la macroeconomía contemporánea. Puesto que la cantidad de bienes que
puede adquirir un consumidor está limitada por los ingresos que éste percibe,
los consumidores no pueden ser responsables de los altibajos del ciclo
económico. Por lo tanto, las fuerzas motoras de la economía son los inversores
(los empresarios) y los gobiernos. Durante una recesión, y también durante una
depresión económica, hay que fomentar la inversión privada o, en su defecto,
aumentar el gasto público. Si lo que se produce es una ligera contracción, hay
que facilitar la concesión de créditos y reducir los tipos de interés (sustrato
fundamental de la política monetaria), para estimular la inversión privada y
restablecer la demanda agregada, aumentándola de forma que se pueda alcanzar el
pleno empleo. Si la contracción de la economía es grande, habrá que incurrir en
déficits presupuestarios, invirtiendo en obras públicas o concediendo
subvenciones a fondo perdido a los colectivos más perjudicados.
John
Maynard Keynes planteó soluciones para superar
Economía analítica
Tanto
la teoría neoclásica de los precios como la teoría keynesiana de los ingresos
han sido desarrolladas de forma analítica por matemáticos, utilizando técnicas
de cálculo, álgebra lineal y otras sofisticadas técnicas de análisis
cuantitativo. En la especialidad denominada econometría se une la ciencia
económica con la matemática y la estadística. Los económetras crean modelos que
vinculan cientos, a veces miles de ecuaciones, para intentar explicar el
comportamiento agregado de una economía. Los modelos econométricos son
utilizados por empresas y gobiernos como herramientas de predicción, aunque su
grado de precisión no es ni mayor ni menor que cualquier otra técnica de
previsión del futuro.
El
análisis operativo y el análisis input-output son dos especialidades en las que
cooperan los expertos en análisis económico y los matemáticos. El análisis
operativo subraya la necesidad de plantear los problemas de una manera
sistemática. Por lo general, se trata de coordinar los distintos departamentos
y las diferentes operaciones que tienen lugar en el seno de una corporación que
dirige varias fábricas, produciendo muchos bienes, por lo que hay que utilizar
las instalaciones de forma que se puedan minimizar los costes y maximizar la
eficiencia. Para ello se acude a ingenieros, economistas, psicólogos
laboralistas, estadísticos y matemáticos.
Según
su propio inventor, el economista estadounidense, de origen ruso, Wassily
Leontief, las tablas input-output "describen el flujo de bienes y
servicios entre todos los sectores industriales de una economía durante
determinado período". Aunque la construcción de esta tabla es muy compleja,
este método ha revolucionado el pensamiento
económico. Hoy está muy extendido como método de análisis, tanto en los países
socialistas como en los capitalistas.
GESTIÓN
TECNOLÓGICA Y DESARROLLO TECNOLÓGICO
Por Heberto tapias García
Profesor Ingeniería Química
Universidad de Antioquia
Publicado en Revista Facultad de Ingeniería
Universidad de Antioquia
Diciembre de 2000 pags. 158 - 177
Resumen
El papel clave que tiene la tecnología. y
especialmente la innovación, en la cons-trucción y sostenimiento de la
competitividad de empresas y países, está gene-rando un cambio en las prácticas
de gestión empresarial. La búsqueda deliberada y sistemática de innovaciones y
el uso intensivo del conocimiento como facto-res dominantes y responsables del éxito
de las empresas, están promoviendo la gestión tecnológica como la función
motora e integradora de las estrategias de desarrollo empresarial.
Para tener una aproximación a esta nueva práctica de gestión empresarial, en
este artículo se presentan conceptos y teorías sobre tecnología, innovación y
desarrollo tecnológico y se propone como tesis que la gestión tecnológica es un
sistema de conocimientos y prácticas relacionados cuyo objeto es el desa-rrollo
tecnológico en los sistemas de innovación de los países y en las empre-sas.
Igualmente se describen las funciones de la gestión tecnológica en los
dife-rentes niveles del sistema de innovación y especifican los procesos y
funciones básicos de la gestión tecnológica en la empresa.
Palabras clave: Tecnología, innovación, desarrollo tecnológico. gestión
tecnológica, gestión empresarial.
Abstract
The role of technology, and specially of innovation, with regard to building
and supporting the competitiveness of enterprises and countries, is creating a
shift in business managerial practices. The conscious and systematie search for
innovations and the intensive use of knowledge as key fáctors of business
sucess, are promoting the technology management as an integrative and driver
function of business managerial strategies.
In order to provide an approach to that new business management practice, this
essay presents concepts and theories about technology, innovation and
technology development, and claims the thesis that technology management is a
transdisciplinary knowIedge system and a set of related practices whose object
is the technology development in the innovation system of the countries and the
enterprises. Likew¡se, the function of technology management at the different
levels of the innovation system is described as weIl as the basic function and
processes of technology management at the enterprise.
Key words: Technology, innovation, technology development, technology
management, business management.
Introducción
Cada día crecen las evidencias empíricas de la relación entre el desarrollo
tecnológico y el creci-miento económico, y la importancia de la tecno-logía,
especialmente el papel central que tiene la innovación, en la construcción y
sostenimiento de la competitividad de empresas y países. Así lo reconoce
Colciencias cuando, en su propósito de orientar el desarrollo tecnológico del
país, decla-ra la urgente necesidad de la inserción creativa de la economía
colombiana en la corriente de la economía global, "rnediante el
fortalecimiento de la innovación y la productividad en las empresas y
organizaciones, con la finalidad de garantizar en el largo plazo la
competitividad de los bienes y servicios de producción nacional y de mejorar
las condiciones de vida de la población colom-biana" (Colciencias, 1998).
Ese reconocimiento del papel clave que tiene la tecnología, y en particular la
innovación tecno-lógica en la competitividad, ha generado en los últimos años
un cambio en la cultura empresarial, con la incorporación deliberada y
sistemáti-ca de la gestión tecnológica como una dimen-sión dominante en la
gestión moderna de las or-ganizaciones, para la toma de decisiones y eje-cución
de estrategias de desarrollo que les per-mitan efectivamente construir y
sostener venta-jas competitivas. Para tener una aproximación a esta nueva
práctica de gestión empresarial, se presentan en forma integrada, en un marco
con-ceptual coherente, términos y teorías sobre tec-nología, innovación y
desarrollo tecnológico; se procura mostrar su unidad y relaciones, para po-der
comprender entonces los procesos de ges-tión tecnológica.
En un esfuerzo de síntesis, se presenta en este artículo a la tecnología como
sistema y como pro-ducto y proceso social que evoluciona, regida por una clara
intencionalidad social, mediante las in-novaciones como sus principales agentes
de cam-bio, en íntima relación e interdependencia con el sistema económico y
con otros sistemas sociales como la ciencia. Así mismo, se describen los
prin-cipales modelos para explicar el proceso de innovación que se han
propuesto en los distintos mar-cos teóricos del desarrollo tecnológico.
Con ese cuadro sintético del desarrollo tecnológi-co, elaborado esencialmente a
partir de las con-tribuciones de los autores citados, se postula, como
aproximación: que el objetivo último de la ges-tión tecnológica es la
incorporación deliberada y sistemática del cambio tecnológico para el
desarrollo de países, empresas u organizacio-nes. Igualmente se aventura la
tesis de que la ges-tión tecnológica es un sistema de conocimientos transdisciplinario
y de prácticas relacionados, que en el ámbito de la práctica se manifiesta como
un proceso complejo y multidimensional orientado al desarrollo, la optimización
y el uso efectivo de competencias tecnológicas, competencias de ges-tión y recursos
disponibles para la empresa, en el cumplimiento de sus propósitos, objetivos,
estra-tegias y operaciones. Procesos que involucran también el uso de datos,
información y conoci-mientos, y la interacción social de personas en la
creación de conocimiento y el desarrollo de inno-vaciones para la creación de
valor y de ventajas competitivas.
Tecnología e innovación
En el contexto de este discurso, la tecnología se concibe como conocimiento
aplicado en casi to-das las actividades humanas. Estos conocimien-tos han
desempeñado un rol importante en los logros materiales y culturales, y en la
evolución de la sociedad. Sin la tecnología no podrían reali-zarse algunas
actividades humanas, pues es ella la que establece el "cómo" se
ejecuta la activi-dad. Y no puede realizarse acción humana algu-na sin cierto
acervo de conocimientos empíricos o racionales acerca del mundo físico,
biológico o social.
En un sentido fundamental, la tecnología deter-mina la forma o configuración de
las cosas artifi-ciales y la reconfiguración y transformación de las naturales.
"La primera función inmediata de la tecnología -y la condición inmediata
de su utilidad es dar una forma definida y artificial a un conjunto de
materiales o a una actividad humana específica" (Winner, 1979). En sus
múlti-ples manifestaciones, la tecnología amplía el al-cance y el poder de la
actividad humana. La tec-nología posibilita hacer lo que antes no se había
hecho, pues ella permite "ampliar y superar los límites orgánicos del
cuerpo humano y compen-sar su fragilidad y vulnerabilidad" (Zuboff, 1996).
En este sentido la tecnología adquiere un carác-ter instrumental o de medio
para facilitar el em-peño humano, facilitar su desempeño o permitir-le ejecutar
tareas más allá de sus capacidades humanas. Hace factible actividades con las
que ni siquiera soñaba el hombre, o eran una utopía. La tecnología está
presente en casi todo el espec-tro de actividades humanas, desde las más
sim-ples, cotidianas y domésticas, como la elabora-ción y preparación de
alimentos, hasta las más sofisticadas y organizadas hoy para la produc-ción
industrial o usadas en servicios, como los procedimientos quirúrgicos con
tecnología láser, las terapias genéticas o la tomografia combinada con
resonancia magnética.
La tecnología es el resultado de la actividad del hombre en sociedad en procura
de la satisfacción de sus necesidades y deseos. Este conocimiento desarrollado
por el hombre mediante su activi-dad científica o empírica, existe y se
manifiesta en varias formas como: hardware, software, humaneware o manpower: El
hardware es el com-ponente físico o material de una tecnología, en el que se
incorpora el conocimiento en la forma de equipos, dispositivos, aparatos,
instrumentos, pro-ductos y otros elementos materiales involucrados en las actividades
humanas. El software es un componente no material de la tecnología,
cons-tituido por la información registrada en libros, re-vistas, boletines,
manuales, planos, medios mag-néticos u ópticos, etc., sobre elementos
materia-les, procesos y procedimientos o formas de ha-cer las cosas; mientras
que el humaneware, otra componente inmaterial, es la componente huma-na de una
tecnología constituida por las compe-tencias, habilidades y destrezas, o como
conoci-miento práctico, no sistematizado, ni estructura-do, que tienen las
personas. Son éstas las tres componentes que integran toda tecnología y cuya
participación en la composición de una tecnología en particular depende de la
naturaleza específica de ella. No es igual la composición en una tecnolo-gía
para realizar actividades administrativas, a la que se requiere en una
operación de transforma-ción fisica de materiales en productos.
Más conocida y formal es la definición de la tec-nología como conocimiento
aplicado en los pro-cesos de creación, producción, comercialización,
distribución y uso o consumo de productos y ser-vicios (Szabó, 1995), así como
el conocimiento empleado en la investigación y desarrollo de es-tos procesos.
Son conocimientos de naturaleza empírica y científica que hacen referencia no sólo
a los productos, servicios y procesos fisicos, sino también a procesos
gerenciales y administrativos; es decir, conocimientos asociados a todas las
ac-tividades que desarrolla una organización empre-sarial. Está implícita esta
definición en el concep-to de "paquete tecnológico" (Waissbluth,
1990), y Porter la incorpora en su teoría de la cadena de valor cuando afirma
que toda actividad de valor emplea tecnología, que todo lo que la empresa hace
involucra algún tipo de tecnología, y que 14una empresa, como una colección de
activida-des, es una colección de tecnologías" (Porter, 1995). Lo que
equivale a afirmar que una empre-sa es, en última instancia, una colección de
cono-cimientos. En las organizaciones, el conocimiento no sólo lo tienen las
personas o se halla incorpora-do en los equipos, sino que "también se
encuentra en la forma de rutinas organizacionales, procesos, prácticas y
normas" (Davenport, 1998).
La tecnología como conjunto de conocimientos configura un sistema con sus
propios procesos y su propia dinámica, en el que las innovaciones son los
principales agentes de cambio. Son las innovaciones, como acciones sistemáticas
e intencionales para introducir cambios o noveda-des, los elementos que están
en la base de la di-námica de este sistema. Dinámica que se expresa en nuevos o
mejores productos o procesos y nue-vos mercados, pero también en nuevas
activida-des humanas o formas diferentes o mejoradas de hacer actividades ya
establecidas. Innovaciones que son el resultado de la incorporación novedosa de
conocimientos en las actividades humanas.
Las innovaciones "no sólo son el fruto de la investigación, sino también
de la asimilación y adaptación de conocimientos desarrollados, do-minados y
aplicados eventualmente en otros campos de actividades, pero cuya puesta en
práctica en un contexto organizativo, cultural, técnico o comercial diferente
constituye una no-vedad" (Morin, 1998). En las empresas, la in-novación,
como componente crucial de una es-trategia competitiva, es el resultado de un
pro-ceso que combina elementos de la cultura y la organización empresarial, la
investigación y el desarrollo, la transferencia de tecnología, la
es-pecialización y la motivación de los recursos humanos, y el aprovechamiento
de oportuni-dades tecnológicas y de mercado, entre otros aspectos afines
(Bernal, 1998). Ella es hoy el activo corporativo más valioso para construir
las ventajas competitivas sostenibles de una em-presa. Como estrategia de
desarrollo empresa-rial, la innovación no sólo está orientada a la generación
de nuevos productos y procesos, sino también a la adaptación y mejora de
tec-nologías y a la adopción de cambios en la cul-tura empresarial, en fin, a
la introducción per-manente de cambios que permitan incrementar la
productividad y competitividad de las em-presas (Colciencias, 2000).
En una perspectiva global, la tecnología es un sistema que emerge de la
sociedad como un pro-ducto social. "Es el sistema mediante el cual la
sociedad satisface sus necesidades y deseos" (Steele, 1989). Sistema
derivado de la evolución de la sociedad como un proceso más amplio y complejo,
en un marco humano, económico, científico, social y cultural configurado por la
his-toria. Es un producto social y un proceso social entre otros: "no es
cuestión de que el desarrollo técnico ocurra por un lado y el social por otro,
como si fueran dos mundos o dos procesos ente-ramente distintos. La sociedad se
configura por los cambios técnicos que, a su vez, son configu-rados por
ella" (Salomon, 1996). La complejidad es inherente a la tecnología, y su
desarrollo hace
parte de una trama compleja sin costura con otros sistemas sociales como la
ciencia, la economía, la educación y la política, que lo determinan y
condicionan a través de una intrincada red de interacciones.
El desarrollo tecnológico está regido por una clara intencionalidad social que
resulta de la convergen-cia de intereses y objetivos de la sociedad, en la cual
se origina y despliega, de las características de ese entomo social y de los
problemas y necesidades que dicha sociedad enfrenta en un momento históri-co
dado. La intencionalidad también se manifiesta en la utilización de la
tecnología como un instrumen-to para implementar la voluntad de cambio de
es-tructuras y procesos sociales, económicos y natura-les (Bifani, 1994).
En el ámbito internacional se evidencia la intencionalidad en el desarrollo
tecnológico, en la creación de los sistemas nacionales de innova-ción para
articular en forma coherente las capa-cidades de organizaciones e
instituciones, y de todos los agentes de cambio económico y tecno-lógico, para
la puesta en marcha de procesos de generación, utilización y difusión de
innovacio-nes, en la perspectiva de la satisfacción de aspi-raciones y
expectativas de desarrollo de los paí-ses. Por ello, las características de la
tecnología y la aparición y difusión M componente dinámico de este sistema, las
innovaciones, no pueden examinarse únicamente en la dinámica interna de la
tecnología como sistema, sino dentro del flujo global de cambios, donde el
cambio tecnológico es sólo una de sus manifestaciones. Flujo que involucra los
otros sistemas de actividades hu-manas, con los cuales la tecnología comparte
ca-racterísticas e influencias en el contexto en el cual se desarrolla y se
aplica (Bifani, 1994).
Tanto el sistema social corno el natural no son indiferentes a las
intervenciones de la tecnolo-gía y reaccionan a ellas en una relación
dialécti-ca y compleja. La concepción sistémica del de-sarrollo tecnológico y
su interrelación con otros procesos sociales y con el sistema natural,
cons-tituyen una perspectiva crucial para la gestión tecnológica, y, por tanto,
para el análisis e inter-pretación de su objeto de estudio: el desarrollo
tecnológico.
Desarrollo tecnológico
El desarrollo tecnológico o progreso tecnológico, como se denomina el proceso
de evolución de la tecnología en este artículo, en el sentido más am-plio y
probablemente el más importante, está rela-cionado con el desarrollo económico
y de la socie-dad en su totalidad, mientras que en sentido res-tringido, se
refiere al cambio de la tecnología en una unidad productiva o en un proceso
determina-do. En términos generales, el desarrollo tecnológi-co se puede
considerar como el "proceso de desa-rrollo y perfección de la tecnología
dentro de rela-ciones de producción determinadas" (Martínez, 1994). Ello
implica la introducción y difusión de conocimientos incorporados en elementos
mate-riales, equipos y dispositivos, o en métodos, pro-cedimientos y procesos,
en una actividad humana; como los procesos de producción, distribución o
comercialización de bienes y servicios. Lo cual se manifiesta en un
mejoramiento de la actividad o proceso, en un incremento de la productividad,
en la creación de nuevos bienes y servicios o en el mejoramiento de su calidad.
El desarrollo tecnológico, como proceso social, está embebido en la trama de
sucesos de la evolución de las sociedades, y muy estrechamente relacio-nado y
determinado por el sistema económico; hasta el punto que hoy suele
considerársele como un proceso endógeno de la dinámica del proceso de
desarrollo económico. Es quizás este hecho lo que explica que hayan sido los
economistas los primeros en reflexionar sobre este proceso.
Los efectos o consecuencias del cambio tecnoló-gico no han sido ignorados en
las reflexiones teó-ricas y análisis del desarrollo económico. Kondratieff, por
ejemplo, identificó el cambio tecnológico con los despliegues de los ciclos
eco-nómicos que se han presentado en la producción capitalista, y Schumpeter
asoció la aparición de estos ciclos a las innovaciones tecnológicas.
Perspectiva de la economía clásica
Martínez sostiene que el cambio tecnológico no fue ignorado en los análisis de
los economistas clásicos, pero tampoco fue objeto de un análisis profundo en su
naturaleza y dinámica, relegando su intervención a un papel secundario en sus
teo-rías, en las que fueron consideradas como más importantes otras variables,
de tal suerte que sus afinaciones sobre este proceso son incompletas o erradas.
Y que tanto Adam Smith como David Ricardo reconocen el cambio tecnológico como
una causa del crecimiento económico y como un proceso endógeno al proceso
productivo, y pos-tulan que se lleva a cabo sin costo alguno, me-diante la
realización de esfuerzos informales de personas vinculadas a las actividades
producti-vas, aunque aceptan que algunos desarrollos son realizados por
personas ajenas a las actividades productivas (Martínez, 1994).
El modelo neoclásico
Schumpeter es quien introduce la atención del cambio tecnológico en la escuela
neoclásica. Si bien le otorgó un papel importante en sus análisis y
explicaciones económicas, consideró el desa-rrollo tecnológico como un proceso
exógeno -como inicialmente lo hicieron los neoclásicos-, que no tenía causas
económicas fácilmente identificables (Martínez, 1994). Schumpeter ubica en las
inno-vaciones las causas del desarrollo económico, y en particular de los
desequilibrios y fenómenos cíclicos en la economía, y considera que los
in-ventos o los conocimientos en los que se basan las innovaciones siempre están
disponibles en una reserva interminable y creciente para aumentar la
productividad. Así mismo, precisa la innova-ción en términos económicos como
"la fijación de una nueva función de producción" e incluye en esta
noción, además de la introducción de un nuevo producto o proceso, la apertura
de un nuevo mer-cado, la conquista de una nueva fuente de materia prima y un
cambio en la estructura organizativa de la industria (Schumpeter, 1939).
Es a partir del trabajo de Solow -en 1957- -sobre el impacto del cambio
tecnológico en el cre-cimiento de la economía norteamericana en el período
1900-1940, que se reconoce el papel crucial que tiene este cambio como motor de
la economía y la escasa comprensión y explicación que se tenía de este
fenómeno. Esta evidencia suscita debate y revisión del modelo neoclásico
tradicional, que suponía que los nuevos conoci-mientos tecnológicos fluían
desde fuera del siste-ma económico como maná del cielo; es decir, concebía el
cambio tecnológico como exógeno al sistema (Katz, 1996). Y es Arrow, en un
trabajo pionero publicado en 1962, quien plantea por pri-mera vez en la escuela
neoclásica la idea de que el proceso de cambio tecnológico es unfenóme-no
endógeno al sistema productivo y que está profundamente interrelacionado con el
funciona-miento global del mismo (Katz, 1990). Para Arrow, la empresa aprende a
hacer mejor lo que hace con su experiencia. Con este "leaming by
doing" de Arrow se plantea que hay que concebir la empresa como una
organización que aprende de la experiencia a hacer mejor lo que hace y como una
organización social que también pro-duce nuevos conocimientos tecnológicos,
además de sus productos y servicios (Arrow, 1962).
Si bien los aportes de Arrow fueron importantes, al considerar el cambio
tecnológico de la unidad productiva como un proceso endógeno que de-pende del
comportamiento global de ella, su con-tribución no provee una explicación sobre
los orí-genes y consecuencias del cambio tecnológico endógeno, como para
integrar una teoría que pue-da utilizarse para la elaboración de estrategias
tec-nológicas que puedan seguir a empresas o países (Katz, 1990).
Con la "curva de posibilidades innovativas" de Kennedy, se enriquece
el modelo de proceso endógeno de la búsqueda de nuevos conocimien-tos
tecnológicos, al contemplar la existencia de un espectro de conocimientos,
"accesibles y en estado de espera ", el cual establece las nuevas
posibilidades técnicas que el empresario puede elegir en un momento dado,
dependiendo de los precios relativos de los factores clásicos de pro-ducción,
capital y trabajo (Kennedy, 1964).
Todas las contribuciones a la concepción neoclásica del cambio tecnológico
desde sus orí-genes, con la introducción de la función de pro-ducción de
Cobb-Douglas, en los años 30, has-ta los refinamientos del modelo endógeno, son
consideradas útiles por los neoclásicos para obte-ner un bosquejo preliminar de
los efectos del cam-bio tecnológico sobre el desarrollo económico, pero no para
dar respuesta cabal a algunos pro-blemas del desarrollo tecnológico, como lo
de-muestran algunos estudios empíricos cuyos re-sultados se desvían
considerablemente de la teo-ría (Martínez, 1994).
Una razón de la debilidad de las explicaciones neoclásicas, y quizás el
problema más grave, es el concepto implícito de tecnología incorporado en la
teoría y su concepción del proceso de inno-vación. Para ellos, la tecnología es
información previamente disponible, con conocimiento per-fecto de las opciones
y libre acceso a ellas, uni-versalmente aplicable y fácil de adquirir y repro-ducir.
Su desarrollo se da en un continuo sin cos-to alguno para el empresario, guiado
por una ló-gica puramente económica, que busca en ese es-pacio de posibilidades
tecnológicas aquellas ahorradoras de capital o trabajo de acuerdo con el costo
relativo de estos factores de producción.
A diferencia del pensamiento neoclásico, la tec-nología tiene un componente
tácito importante que no puede organizarse ni explicitarse del todo. No es un
producto que pueda empacarse para ser trasladado y usado como los bienes de
con-sumo. Ella "no puede verse como un conjunto de conocimientos
perfectamente integrado, deta-lladamente especificado, completamente
codifi-cado y, en consecuencia, fácilmente repetible y transferible"
(Ávalos, 1993). Significa esto que una tecnología adquirida por una empresa
nunca será "una réplica exacta de la tecnología desarro-llada por su dueño
y utilizada por otros, lo cual a su vez implica que el receptor siempre va a
tener que desarrollar un conjunto de conocimientos adicionales a los que recibió
del proveedor" (Ávalos, 1993) para adecuarla a sus condiciones. Además,
durante su uso la tecnología sufre adap-taciones y mejoras, como resultado de
la solu-ción de problemas y esfuerzos de mejoramiento continuo para explotar su
máximo potencial y para dar cuenta de los cambios en el mercado y en la
disponibilidad de insumos y recursos.
Nuevas teorías
La necesidad de comprender mejor el proceso de desarrollo tecnológico y su
relación con los fenó-menos económicos de la posguerra, y la imposi-bilidad de
los modelos conocidos para explicar-los, han aportado "nueva vida a los
debates acer-ca de la existencia y la explicación de los ciclos de larga
duración y, particularmente, acerca del papel de la innovación tecnológica como
fuerza impulsora de los ciclos económicos prolongados" (Rodrigues, 1996).
El abanico de teorías va des-de las neomarxistas con Mandel, pasando por las
"evolucionistas" de Nelson y Winter, hasta las neoschumpeterianas de
Mensch, Dos¡, Freeman y Pérez entre otros. La mayoría de ellas le asig-nan un
papel central a las innovaciones para ex-plicar los cielos económicos de
Kondratieff, y en particular los neoschumpeterianos le otorgan una importancia
capital a la difusión de los nuevos sistemas tecnológicos y al agotamiento de
los vie-jos, en la estimulación del crecimiento económi-co en las ondas largas.
En el marco de las nuevas teorías, el cambio tec-nológico es un proceso
evolutivo e interactivo, en el que la tecnología evoluciona mediante
formulaciones sucesivas de problemas técnicos y soluciones propuestas, y a
diferencia de la con-cepción neoclásica se considera como un proceso que
evoluciona con discontinuidades producidas por los cambios de paradigmas. En
este nuevo es-pacio de reflexiones sobre el desarrollo tecnológi-co se concibieron
las innovaciones como vincula-das entre sí, y se concentró el análisis en la
estruc-tura que rige tales vínculos, más que en las inno-vaciones,
supuestamente independientes, que for-man parte de dicha estructura
(Cassiolato, 1994).
La perspectiva evolucionista del cambio tecnológi-co se inicia con los trabajos
de Nelson y Winter, y se continuó desarrollando con el concepto de los
paradigmas tecnológicos aportados por Dos¡. Nelson y Winter utilizan los
conceptos de regímenes tecno-lógicos y trayectorias tecnológicas, para
referirse a la estructura intelectual que guía el cambio tecnoló-gico en un
sector y a la ruta correspondiente por la que transita el cambio,
respectivamente.
La conceptualización de la tecnología y del cam-bio tecnológico basada en
paradigmas, ayuda a resolver un viejo debate sobre la importancia del mercado y
del conocimiento científico y tecnoló-gico en la generación de las
innovaciones, otor-gándole a cada uno de estos factores su papel en la
configuración, ritmo y trayectoria del cambio tecnológico. Cada paradigma
tecnológico, como modelo o patrón de solución de los problemas tecnológicos, o
como conjunto de conocimientos y reglas, determina tanto las posibilidades u
op-ciones del progreso tecnológico, como los límites dentro de los cuales las
variables del entorno, como la demanda, los precios relativos o la
aceptabilidad social ejercen sus influencias. Los paradigmas explican en cierto
sentido los impera-tivos tecnológicos -posibilidades de dirección del cambio
tecnológico o lo que es factible intentar-, los cuales establecen la
inevitabilidad de la búsqueda de las innovaciones en ciertas direcciones
permitidas por los conocimientos que configuran el paradigma.
Los paradigmas tecnológicos forman un universo de posibilidades del cual pueden
surgir, mediante una heurística altamente selectiva, unos diseños concretos o
soluciones básicas, que le dan for-mas tecnológicas específicas a productos y
pro-cesos que fijan las normas tecnológicas o patro-nes tecnológicos por un
tiempo determinado. En la infancia de un paradigma tecnológico se pue-den
encontrar en competencia varias versiones de estos diseños concretos o
productos tecnoló-gicos. La adopción y difusión de uno de ellos como solución
tecnológica dominante es media-da por la aceptación social, en la que las
empre-sas, los mercados y las relaciones sociales des-empeñan un papel
importante, actuando como ambiente de selección (Cassiolato, 1994).
Se plantea también en el ámbito de esta perspec-tiva del desarrollo
tecnológico, que el desarrollo económico de los países capitalistas, desde lo
que se conoce como revolución industrial en Inglate-rra hasta hoy, se ha dado
por ciclos, con perío-dos de auge y de depresión que se repiten
aproxi-madamente cada
La difusión o despliegue de cada revolución tec-nológica, formada por una
constelación de siste-mas tecnológicos -familia de tecnologías
interrelacionadas con una dinámica común que afecta todo el aparato productivo,
se interpreta como guiada por un paradigma tecnoeconómico, orientada por un
conjunto de conocimientos, re-glas, modelos, valores y procedimientos que
con-figuran una lógica general, para la toma no sólo de decisiones de inversión
sino también sobre las innovaciones y los cambios tecnológicos. Se dice que es
tal la fuerza de ese conjunto de criterios e ideas para la toma de decisiones,
en la práctica productiva óptima y en la gestión de la produc-ción, que resulta
penetrando la conciencia colec-tiva y convirtiéndose casi en sentido común de
científicos, ingenieros, gerentes, inversionistas y de todos los que se
vinculan a las actividades eco-nómicas. Las revoluciones tecnológicas condu-cen
a profundos cambios estructurales, no sólo en el modo de producir y el modo de
vivir sino también en la geografia económica mundial. Ellas requieren de nuevos
marcos socioinstitucionales, los cuales se producen mediante transformacio-nes
en el terreno de lo social, lo organizativo y regulatorio; en todas las
instancias, desde la em-presa pasando por el estado, hasta las relaciones
internacionales (Pérez, 1986).
Los cambios producidos por un paradigma tecnoeconómico son complejos y
trascienden los simples cambios técnicos. El universo de cam-bios comprende un
nuevo concepto de eficiencia y organización de la producción, un nuevo mo-delo
de gerencia y organización empresarial, per-files diferentes de la fuerza de
trabajo, maneras diferentes de hacer el trabajo, nuevos patrones de inversión,
reconcepción de las escalas ópti-mas de producción, nuevas industrias y
activida-des económicas, nuevo patrón de localización geográfica de la
inversión; en fin, unas nuevas relaciones y prácticas sociales. Pero estas
trans-formaciones no se limitan al ámbito del sistema económico, sino que se
extienden también al mar-co socio-institucional y a toda la sociedad. Los
paradigmas tecnoeconómicos generan imperati-vos sociales, requisitos o
condiciones del entorno social que son imprescindibles para el funciona-miento
del modo de producción impulsado por el paradigma (Winner, 1979). Las instituciones
so-ciales y el marco general de regulación deben transformarse mediante vastas
innovaciones so-cio-institucionales que faciliten el establecimien-to de nuevas
reglas de juego, nuevos mecanis-mos de regulación y nuevas instituciones, y por
tanto, la estructuración de un contexto coherente con el nuevo paradigma.
Son visibles los síntomas de agotamiento del último paradigma tecnoeconómico y
la transi-ción hacia uno nuevo, producido por la revolu-ción tecnológica
impulsada por los desarrollos tecnológicos en la microelectrónica, la
infor-mática y las telecomunicaciones. Las tecnolo-gías que se han usado con el
último paradigma han alcanzado su madurez y agotado sus posi-bilidades de
innovaciones increméntales, de acuerdo con los límites de sus propias
trayec-torias. Se reconoce hoy la capacidad que tie-nen las tecnologías de la
microelectrónica, la informática y las telecomunicaciones para su-perar las
limitaciones enfrentadas por el para-digma anterior y la oportunidad inédita de
de-sarrollar nuevas trayectorias tecnológicas que generen nuevos productos,
nuevos servicios, nuevas industrias y el aumento de la producti-vidad, aun en
las viejas actividades producti-vas y en las tecnologías maduras (Pérez, 1986).
El ciclo de vida de la tecnología
Una tecnología tiene un cielo de existencia, y por analogía con los seres
biológicamente constitui-dos ella evoluciona en una secuencia de estados. Es
decir, a una tecnología se le puede asociar una gestación, un nacimiento, un
crecimiento y desa-rrollo, y finalmente una muerte u obsolescencia.
La gestación está asociada con la idea de un nue-vo producto, un proceso o una
nueva manera de realizar actividades establecidas, y está íntima-mente
vinculada con las oportunidades tecnoló-gicas, necesidades y deseos existentes
o latentes. Como resultado de la gestación se obtiene el in-vento, por medio de
un proceso que involucra todos los esfuerzos orientados a la creación de nuevas
ideas y al logro de su funcionamiento y utilidad (Roberts, 1989). El nacimiento
lo consti-tuye la innovación radical, definida ésta como la primera aplicación
de la invención en un pro-ceso productivo o en el mercado. La innovación es un
hecho económico, mientras el invento es tecnocientífico. Esta innovación, que
pone en el mercado o en el sistema productivo un producto o proceso
verdaderamente novedoso, no surge como una transformación de una tecnología
exis-tente. "Es prácticamente imposible que resulte de los esfuerzos por
mejorar una tecnología existen-te" (Pérez, 1986). Ellas generan verdaderas
trans-formaciones en la economía y la sociedad, pues los nuevos rumbos
tecnológicos que inauguran no sólo dan nacimiento a nuevas industrias y
ac-tividades económicas, sino también a nuevas ins-tituciones y relaciones
sociales.
El crecimiento y desarrollo lo experimenta la tec-nología con la adopción,
propagación o difusión masiva de la innovación radical. La difusión, que
transforma una innovación radical en un fenó-meno económico-social, es un
proceso que se lle-va a cabo a ritmo variable y en el cual influyen variables
sociales, económicas, políticas y de mercado.
A medida que una tecnología se difunde, experi-menta sucesivas mejoras o
cambios. Estos cam-bios, introducidos deliberadamente, se denomi-nan
innovaciones incrementales. Con ellas es-tán asociados la disminución de los
costos y el aumento de la productividad en los procesos pro-ductivos, y el
mejoramiento del desempeño de los productos tecnológicos o el aumento de la
gama de sus posibles aplicaciones. La velocidad de introducción de las innovaciones
incrementales en una tecnología es variable. En los primeros años o infancia de
la tecnología este ritmo es len-to, luego se acelera en la adolescencia, para
final-mente decrecer cuando ella se hace madura. Este límite en el potencial de
cambio o mejora de una tecnología es lo que estimula el surgimiento de
innovaciones radicales.
La muerte u obsolescencia de una tecnología se vislumbra cuando las empresas
que las usan van agotando las posibilidades de innovaciones incrementales, y
ven estancarse su productividad y amenazados sus niveles de rentabilidad. En
es-tas condiciones el aparato productivo abandona gradualmente una tecnología y
adopta una nue-va. Justamente, este proceso de abandono de un modelo productivo
por uno nuevo caracteriza el descenso de las ondas largas de Kondratieff
(Pérez, 1986). La muerte u obsolescencia de una tecnología se puede presentar
en cualquier mo-mento de su ciclo de vida. La tecnología puede morirse aún en
su infancia, si es sustituida por una tecnología que tiene mejor desempeño o
mayor aceptación social.
Modelos de innovación
En los intentos de definir los elementos del pro-ceso de innovación radical y
los factores que in-fluyen e inducen a la actividad innovadora, se encuentran
en la literatura económica dos pers-pectivas antagónicas: las fuerzas del
mercado, como el principal determinante de las innovacio-nes, y el desarrollo
de ellas, como un proceso autónomo vinculado al desarrollo del conocimien-to
científico y tecnológico.
El elemento común de estos modelos es la con-cepción del desarrollo tecnológico
como un pro-ceso lineal-secuencial, en la que se interpreta que la innovación
es un proceso que encadena en una secuencia lineal la investigación básica, la
investi-gación aplicada, el desarrollo experimental, la pro-ducción y la
comercialización. Modelo que supo-ne la finalización de una etapa para iniciar
la si-guiente. Según estos modelos, el proceso de in-novación radical se
"entuba" y se conduce en un flujo lineal desde la investigación básica
hasta la aplicación industrial y su difusión. La diferencia estriba en que un
modelo supone que la demanda del mercado es la que origina el proceso,
mien-tras el otro se lo asigna a los descubrimientos (Martínez, 1994).
El modelo basado en el empuje del conocimiento científico y tecnológico
enfatiza el rol de la cien-cia en la producción de los inventos, o la
depen-dencia de éstos de anteriores adelantos en la tec-nología; en cambio, el
modelo de arrastre de la demanda acentúa la necesidad percibida y la eva-luación
de necesidades potenciales o latentes, como el evento que precede la secuencia
inven-ción-innovación.
Ambos modelos son simplificaciones teóricas, que no pueden explicar
satisfactoriamente todos los detalles del proceso del cambio tecnológico y las
causas de las innovaciones. Algunos estudios empíricos confirman
indistintamente ambas hi-pótesis básicas, mientras que otros reconocen la
variabilidad de la génesis del proceso entre el des-cubrimiento y la necesidad
percibida; con lo que se comprueban las limitaciones de los modelos lineales
secuenciales tradicionales. En su lugar, se ha propuesto que el proceso de
innovación sea considerado como un flujo concurrente e interactivo de eventos,
que incluye tanto eventos técnicos como sociales (Martínez, 1994), sin que
exista necesariamente un evento privilegiado que inicie el proceso.
Ya Schumpeter había señalado que no existía una conexión necesaria entre
invención e innovación radical. Si bien una innovación puede incorporar un gran
número de invenciones de componentes, materiales y subsistemas, ellas también
pueden resultar de una nueva combinación, o de un nue-vo uso de conocimiento
técnico existente. Aun-que se reconoce que las invenciones surgen de fuentes
variadas y difusas, en un juego complejo que interrelaciona la inspiración
genial, una nue-va combinación de elementos acumulados durante mucho tiempo, o
la síntesis acumulativa de in-venciones sencillas (Usher, 1954), se acepte que
es la selección social la que predomina finalmente en la generación y difusión
de innovaciones. Por ello, es ingenuo pensar que la investigación científica y
tecnológica genera los inventos que la industria recoge y convierte en
innovaciones en forma automática (Martínez, 1994).
El proceso de innovación radical involucra todas las actividades para convertir
en una realidad co-mercial una idea novedosa sobre un producto o proceso, pero
estas actividades no se desarrollan necesariamente siguiendo un flujo lineal
entre la investigación básica, la concepción de la innova-ción y la puesta en
el mercado del producto de la innovación. Tampoco es plausible suponer que haya
una nítida división social del trabajo en la innovación, con unas instituciones
o actores es-pecializados e independientes para ejecutar unas etapas, como lo
suponían los modelos lineales. División del trabajo donde las etapas del
proceso de innovación pueden ubicarse en organizacio-nes distintas, y que
asigna a los institutos o cen-tros de investigación la supuesta misión de
gene-rar los inventos y a las empresas la tarea de su explotación comercial. Un
modelo más realista es el que se apoya en la teoría de los paradigmas
tecnoeconómicos, que reconoce la variabilidad del origen de la innovación y
concibe el proceso de innovación como un flujo de actividades combi-nadas,
integradas e interactivas, para convertir en una realidad comercial un
producto, servicio o proceso; en general, para hacer realidad una tecnología.
La innovación tecnológica es un proceso multietapa, con variaciones
significativas en las actividades iniciales, así como en los aspectos y
problemas de gestión en sus etapas. Ella se realiza mediante esfuerzos
técnicos, llevados a cabo esen-cialmente en el contexto de una organización,
pero involucra intensas interacciones con el entorno tec-nológico y el mercado.
En su desarrollo, son críti-cas la búsqueda proactiva de los insumos del
mer-cado y de contribuciones tecnológicas externas, y es inevitable la
retroalimentación y la reiteración que ocurre entre sus etapas (Roberts, 1989).
El número preciso de las etapas que forman el proceso es arbitrario, pero en
términos generales involucra "la generación de una idea o un inven-to y la
conversión de la invención en un negocio u otra aplicación útil" (Roberts,
1989). Roberts, por ejemplo, considera el proceso integrado por: el
reconocimiento de una oportunidad de merca-do o tecnológica, la formulación de
la idea de la innovación, la solución del problema, la produc-ción del
prototipo, el desarrollo comercial, la uti-lización y la difusión. En cambio,
Rosenthal lo concibe, para el desarrollo de un nuevo producto industrial, como
formado por la validación de la idea, el diseño conceptual, las
especificaciones y el diseño del producto y del proceso, la produc-ción y las
pruebas de los prototipos, y la manu-factura y comercialización (Rosenthal,
1998).
En síntesis, el proceso de innovación es un pro-ceso multietapas interactivas,
con una diversidad significativa de tareas específicas, así como de actividades
gerenciales y prácticas de gestión tec-nológica efectivas, que involucra una
fuerte interacción con el entorno tecnológico y el mer-cado. Así mismo, para
que una innovación sea exitosa debe conjugar, necesariamente, la posibi-lidad
técnica, la factibilidad económica y la aceptabilidad social.
Ese proceso integral-interactivo se lleva a cabo con un traslapo, o con cierto
grado de simulta-neidad en la ejecución de las actividades, y con la
consideración simultánea de todas las interacciones y relaciones internas
relevantes en el proceso y entre éste y su entorno. Es decir, la innovación
avanza mediante un flujo en codesarrollo y combinación de actividades y con el
trabajo cooperativo o colaborativo de todos los actores que intervienen en una
innovación. En algunos casos, esta concurrencia de fases lle-ga, inclusive, a las
fases ascendentes de la inno-vación: la investigación básica y la investigación
aplicada, y a que en cualquier momento se retor-ne a actividades ya ejecutadas,
pero también a la anticipación de otras que en la lógica secuencial se ubican
en fases posteriores. El modelo inte-gral-interactivo rompe la linealidad de
los mode-los secuenciales y estructura el proceso de inno-vación en
multietapas, con un flujo natural de actividades interactivas, con cierto grado
de iteración, que casi nunca avanza en secuencia li-neal.
El otro aspecto relevante de este modelo integra-do e interactivo de la
innovación, es que a nivel empresarial no sólo se vinculan al proceso todas las
unidades funcionales: investigación y desarro-llo, ingeniería y diseño,
producción, mercadeo, finanzas, servicios, compras, etc., para poner al
servicio de la innovación todas las capacidades tecnológicas de la
organización, sino que también se involucran usuarios potenciales, proveedores
de tecnologías, asesores, centros e institutos de investigación, para disponer
de aquellas capaci-dades tecnológicas que no se tienen, y para dis-minuir los
riesgos y problemas técnicos y de mer-cado que son inherentes a toda innovación
(Rosenthal, 1998).
Este es un escenario conceptual claramente dis-tinto del neoclásico, el cual
provee una visión interpretativa de la naturaleza y dinámica del de-sarrollo
tecnológico más integral, con la que se pueden orientar mejor las decisiones y
acciones deliberadas relacionadas con el desarrollo, uso y difusión de la tecnología
de un país, sector, orga-nización o empresa. La complejidad y riesgos
in-trínsecos de la innovación, así como la importan-cia estratégica que ella
tiene en la competitividad de empresas y naciones, hacen de la innovación un
proceso clave que debe estar en el centro de la gestión empresarial e integrado
a las estrate-gias competitivas, y por tanto planeado, organi-zado, dirigido,
ejecutado, controlado y evaluado; en síntesis, gestionado.
Gestión tecnológica
¿Qué es gestión tecnológica? ¿Cuál es su ámbito de problemas? ¿Cuál es el
alcance de las activi-dades de la gestión tecnológica? ¿Quién, y con cuáles
conocimientos y competencias, se ocupa de estas actividades en las
organizaciones? Son preguntas que todavía no tienen una respuesta definitiva y,
por tanto, son tema de debate y aproximaciones en eventos académicos, como el
realizado en septiembre de 1998 en Arlington, Virginia U.S.A., organizado por
No tienen respuestas definitivas debido a lo re-ciente de las reflexiones sobre
ellas, así como por la dependencia que tienen de los cambios en co-nocimientos,
reglas, modelos, valores, procedi-mientos e instituciones requeridos para configu-rar
la nueva lógica general, que guiará las prácti-cas de gestión empresarial en el
contexto del nue-vo paradigma tecnoeconómico en cierne. La com-plejidad y
velocidad de los cambios que se están produciendo, el uso intensivo del
conocimiento y la innovación como factores dominantes y res-ponsables del éxito
de las empresas en el nuevo ambiente empresarial, demandan nuevas prácti-cas de
gestión. Nuevas lógicas y procesos de ges-tión para la efectiva producción e
incorporación de conocimientos a las actividades de la empre-sa, y la
integración de estrategias tecnológicas en las estrategias empresariales para
crear ventajas sostenibles y prosperidad. Esta necesidad de bús-queda
intencionada y sistemática del desarrollo de innovaciones, al ritmo impuesto por
la veloci-dad de cambios de conocimientos y del mercado, están promoviendo la
gestión tecnológica como la función más importante en la gestión empresa-rial,
por ser ella la responsable de la gestión del recurso clave para la
competitividad: el conoci-miento.
En la literatura no se encuentra una definición universalmente aceptada para
gestión tecnológi-ca. "Para muchos significa gestión de ingeniería. Para
otros significa gestión de información, ges-tión de la investigación, gestión
del desarrollo, gestión de operaciones de manufactura, gestión de actividades
de ingenieros y científicos, o ges-tión de actividades funcionales sin importar
el espectro total de actividades que abarcan los pro-cesos empresariales, desde
el concepto del nego-cio hasta la comercialización" (Gaynor, 1996). Lo que
sí se observa, en la práctica de la gestión tecnológica en las empresas, es una
evolución desde el alcance limitado de la gestión de la in-vestigación y el
desarrollo, a una función integradora y holística, que extiende sus actividades
al diseño, la manufactura, el mercadeo, las ventas, la distribución, el
servicio al cliente, los sistemas de información, los recursos humanos, las
finanzas, las compras, los clientes, los pro-veedores, las relaciones públicas
y la administra-ción general (Gaynor, 1996). Es decir, la gestión tecnológica
en las organizaciones está evolucio-nando hacia un sistema de gestión que
cumple una función integradora y holística en la gestión empresarial. En
esencia, está evolucionando ha-cia un sistema cuya función última es el
desarro-llo, la integración y el uso efectivo de recursos tecnológicos, para la
creación de valor en la bús-queda de la satisfacción competitiva de
necesida-des y demandas de los clientes.
Es justamente con esa interpretación sistémica y holística que se aborda en
este artículo la gestión tecnológica. Ella será concebida como un sistema de
conocimientos, pero también como un sistema complejo formado por un conjunto de
procesos interrelacionados e integrados para la producción de innovaciones y
ventajas competitivas, en la pers-pectiva del desarrollo de países y empresas.
La gestión tecnológica:
un sistema de conocimientos
La gestión tecnológica es conocimiento y es una práctica. Es un sistema de
conocimientos y prác-ticas relacionados con los procesos de creación,
desarrollo, transferencia y uso de la tecnología. Algunos conciben este sistema
como "una colec-ción de métodos sistemáticos para la gestión de procesos
de aplicación de conocimientos, exten-der el rango de actividades humanas y
producir bienes y servicios" (Kanz and Lam, 1996). Mien-tras otros, como
el National Research Council (NRC) de Estados Unidos, lo considera integra-do
por los conocimientos de "ingeniería, ciencias y disciplinas del área de
gestión, para planear, desarrollar e implementar capacidades tecnológi-cas en
el diseño y el logro de los objetivos estra-tégicos y operacionales de una
organización" (Khalil, 1998). Es un sistema de conocimientos o región de
conocimientos, en los términos que plan-tea Mario Díaz (1995) la organización
del cono-cimiento; constituido por conceptos y proposiciones sobre relaciones
entre estos conceptos, modelos y teorías sobre los procesos de toma de
decisiones y ejecución de acciones relacionados con las tecnologías, en organizaciones,
empre-sas, países y regiones.
Pero la gestión tecnológica no es un campo del saber meramente especulativo
sobre la tecnolo-gía y su desarrollo. Es también una práctica so-portada en un
conocimiento derivado del análisis y la interpretación de las observaciones del
com-portamiento del desarrollo tecnológico, como pro-ceso social, y resultado
de las observaciones de este proceso en organizaciones y países, y de su
relación con el proceso de desarrollo global de las sociedades modernas.
La gestión tecnológica como "dominio" de expli-caciones, como
conjunto de conocimientos que la identifican, es una reconstrucción o
reformulación interpretativa de los procesos de generación, transformación y
difusión de la tec-nología, que a su vez constituye y determina un
"dominio" de acciones legítimas y de prácticas profesionales para la
intervención de estos pro-cesos. Estos dominios, el teórico y el de la
prácti-ca, constituyen una unidad dialéctica. Las teorizaciones se desarrollan
sobre las prácticas de decisiones y actividades tecnológicas; es de-cir, la
práctica como origen del conocimiento, y este conocimiento, configurado en
modelos de las mejores prácticas, sirve como guía de la prác-tica de la gestión
de los procesos del desarrollo tecnológico.
Los procesos objeto de estudio de la gestión tec-nológica, en tanto procesos
sociales, son proce-sos complejos, multidimensionales, inseparables de su
contexto y de la globalidad de los procesos sociales; y, por tanto, sus estados
y característi-cas involucran dimensiones históricas, económi-cas y
sociológicas. Si bien ellos han sido conside-rados bajo ángulos y perspectivas
distintas por disciplinas como la historia, la economía, la so-ciología y la
sicología, cada una con su enfoque particular y sin pretensión alguna de una
explica-ción total, es la gestión tecnológica, como región de saberes y un
campo de conocimiento transdisciplinario, la que conjuga y relaciona es-tos
saberes parcelados, mediante su recomposi-ción y recontextualización, para
construir una mejor visión que incorpora la totalidad de carac-terísticas del
proceso.
Los procesos de los cuales se ocupa la gestión tecnológica son diversos y
dinámicos, en cuyo comportamiento y desarrollo se reconoce la exis-tencia de
ciertos patrones estructurales que son recurrentes y que constituyen la clave
para com-prender su evolución, pero también para enten-der las singularidades
que le son inherentes. Este reconocimiento de los patrones subyacentes per-mite
organizar la complejidad de este proceso en una exposición coherente para
comprenderlo e intervenirlo, pero también para tratar sus dife-rencias.
En la dimensión económica del desarrollo tecno-lógico, afirma Katz, resulta
obvio que no pueden usarse los mismos modelos teóricos para descri-bir las
complejidades e idiosincrasia de socieda-des con grados extremadamente
diferentes de madurez y desarrollo económico.
La organización de la producción en el ámbito de la empresa, la extensión de
los mercados, su fraccio-namiento y grado de imperfección, la naturaleza y comportamiento
de las instituciones encargadas de la regulación, entre otras variables, son
diferentes entre países, y resulta dificil aceptar que un sólo modelo pudiera
utilizarse con la misma eficacia para comprender y dar cuenta del desarrollo
tecnológico de las sociedades que difieren en aspectos impor-tantes de su
organización social (Katz, 1996).
El proceso de gestión tecnológica
La gestión tecnológica es, en su esencia, tecnolo-gía, de acuerdo con el
concepto global que de tecnología se ha presentado en este artículo; pues es
conocimiento que se usa en los procesos de toma de decisiones y de ejecución de
las accio-nes derivadas de estas decisiones en los procesos de desarrollo
tecnológico. El conjunto de teorías, modelos y herramientas que integran la
gestión tecnológica, permiten la planeación, organización, operación,
orientación, control y coordinación de los mecanismos y sistemas, el flujo de
acciones e interacciones que constituyen el proceso de de-sarrollo tecnológico,
y sus interrelaciones con otros procesos sociales.
En el "dominio" de la práctica, las actividades de la gestión
tecnológica configuran un proceso glo-bal cuyo objetivo último es la
incorporación deli-berada y sistemática del cambio tecnológico para el
desarrollo de países, empresas u organizacio-nes. En este sentido la gestión
tecnológica se asu-me como el "proceso de adopción y ejecución de
decisiones sobre políticas, planes, estrategias y acciones relacionadas con la
creación, difusión y uso de la tecnología" (Szabó, 1995). El proceso
incluye, además de los procesos de toma de de-cisiones, los procesos para
coordinar la ejecución de estas decisiones y los procedimientos mismos de
operación para la ejecución de las decisiones. Procesos que están integrados
por actividades que pueden catalogarse, de acuerdo con la clasifica-ción
tradicional, como gerenciales, administrati-vas y operativas propiamente
dichas.
El proceso de gestión tecnológica, así como su objeto -el proceso de desarrollo
tecnológico -y el uso de la tecnología misma, sólo pueden dar-se con el dominio
de conocimientos, habilidades y destrezas asociados a esos procesos.
Conoci-mientos, habilidades y destrezas que constituyen las capacidades
tecnológicas; que son las que po-sibilitan y soportan todas las actividades involucradas
en el desarrollo tecnológico, pero también todo lo que una organización o
empresa hace en su cadena de valor. Ellas hacen parte de los recursos
tecnológicos, junto con el conjunto de medios materiales (maquinarias, equipos,
etc.) y otros elementos inmateriales como la propie-dad intelectual, las bases
de datos y de conoci-mientos. Son estas capacidades las que sustentan las
características de los productos y servicios, los procesos y métodos de
producción, los mate-riales que se usan, los métodos de organización, y los
procesos gerenciales y administrativos; y con las cuales se operan, mejoran,
transforman, reemplazan y crean los sistemas productivos y los productos.
"El desarrollo y consolidación de tales capacidades permite saber acerca
de las tecnologías que se requieren, acerca de cómo evaluarlas y comprarlas y
acerca de la manera de usarlas, mejorarlas y adaptarlas, o de crearlas si fuere
el caso" (Ávalos, 1993).
En esta perspectiva, el desarrollo, adquisición, utilización efectiva y
consolidación de las capaci-dades tecnológicas pasa a tener una importancia
capital en la gestión de la tecnología. Se hace mucho más relevante esta
función de la gestión tecnológica a partir del reconocimiento de que los
recursos tecnológicos son los elementos esen-ciales que habilitan a las
empresas y los países para participar en forma estable y creciente en los
mercados. Son ellos los que les permiten a empresas y países desarrollar
competencias dis-tintivas, con las cuales construyen y sostienen su
competitividad (Bessant, 1995). Y es justamente con esta interpretación que se
ha otorgado a la gestión tecnológica no sólo el papel motor en la gestión
moderna de las organizaciones, sino tam-bién el rol de función institucional
holística e integradora, en términos organizativos, de la ges-tión empresarial.
La gestión tecnológica
en el Sistema Nacional de Innovación
La gestión tecnológica se realiza en diferentes ni-veles del sistema de
innovación de los países, y la lógica y los objetivos generales de los procesos
de gestión son los mismos, independientemente de donde se localicen dichos
procesos, ya sea en el sector productivo o en las entidades de la
in-fraestructura científico-tecnológica.
En el campo de las funciones del gobierno -se-gún el modelo de Sábato- la gestión
tecnológica se manifiesta en los planes y las políticas científi-cas y
tecnológicas, así como en sus acciones coor-dinadoras, promotoras y de
financiamiento de los esfuerzos de desarrollo que realizan las em-presas e
instituciones que forman el sistema. Pero también se extiende a la creación de
un ambiente macroeconómico y un clima de competencia fa-vorable en el mercado,
que estimule a las empre-sas a invertir recursos y esfuerzos en el desarro-llo
y uso de capacidades tecnológicas para el de-sarrollo tecnológico. De igual
manera, la gestión del gobierno se expresa en la intervención en el sistema
educativo para la formación de recursos humanos con las competencias
apropiadas, y en la creación de instituciones específicas -reglas,
regulaciones, rutinas, códigos, estándares, meca-nismos, arreglos
estructurales, organizaciones -para configurar un marco institucional adecuado,
que regule y promueva vínculos entre las empre-sas productivas y comerciales y
las instituciones educativas y de servicios tecnológicos, para jun-tar las
capacidades necesarias y hacer posible el desarrollo tecnológico endógeno
(Lall, 1996).
En la infraestructura científica y tecnológica del sistema nacional de
innovación --configurada por los centros de investigación y desarrollo tecnoló-gico,
las instituciones y entidades de servicios tec-nológicos, las instituciones
educativas, etc.-, la gestión tecnológica también se expresa en pla-nes,
políticas, programas y acciones, alineados con los planes y políticas
nacionales, formulados sobre la base de atender los problemas y necesi-dades
sociales y de los sectores económicos. Si bien estas organizaciones se
concentran en la ges-tión de proyectos para la producción de conoci-miento -su
producto esencial también en ellas se realizan todas las actividades de gestión
tecno-lógica, sólo que se hacen más frecuentes e inten-sivas y tienen un peso
relativo más alto las activi-dades de gestión tecnológica relacionadas con la
investigación y el desarrollo. Por ello, es aplica-ble en estas entidades las
prácticas y procesos de gestión tecnológica que se ejecutan en las empre-sas,
con las singularidades propias de la naturale-za de los procesos que ellas
desarrollan y los insumos y recursos que utilizan.
Las actividades específicas de gestión de la in-vestigación y desarrollo, y en
particular de la in-novación, son independientes de la localización del
proyecto; ya sea en una empresa, instituto de investigación, centro de
desarrollo tecnológico o centro académico, ellas recorren todas las deci-siones
y acciones desde la selección de los pro-yectos, organización, procura y
aseguramiento de los recursos para su ejecución, hasta las activida-des de
protección de la propiedad intelectual y su comercialización.
La gestión tecnológica
en la empresa
En el ambiente empresarial la gestión tecnológica se revela en sus planes,
políticas y estrategias tecnológicas para la adquisición, uso y creación de
tecnología, así como cuando se asume la innova-ción como eje de las estrategias
de desarrollo de los negocios. También es evidente cuando en la cultura de las
empresas se ha logrado "crear una mentalidad innovadora, enfocada hacia el
apren-dizaje permanente que sirva de sustento al creci-miento de la
competitividad en el largo plazo" (Colciencias, 1998).
En una empresa que ha incorporado la gestión tecnológica en su cultura, las
actividades propias de ella están incorporadas en su cadena de valor y son
realizadas en forma sistemática mediante unos procesos básicos que desarrollan
funciones de gestión tecnológica. Procesos que integran competencias
tecnológicas, competencias de ges-tión y recursos disponibles para la empresa
en el cumplimiento de sus propósitos, objetivos, estra-tegias y operaciones.
Procesos que involucran también el uso de datos, información y conoci-mientos,
y la interacción social de personas en la creación de conocimiento y el
desarrollo de inno-vaciones para la creación de valor y de ventajas
competitivas (Gaynor, 1996). Entre estos proce-sos pueden mencionarse: la
gestión del conoci-miento, el monitoreo y la inteligencia tecnoeconómica, la
evaluación de alternativas tec-nológicas, la negociación de tecnología, la
trans-ferencia de tecnología, la asimilación y adapta-ción, y la investigación
y el desarrollo.
En términos generales, los procesos de gestión tecnológica en la empresa
involucran funciones básicas, como: "identificación, evaluación y
se-lección de tecnologías, desagregación de paque-tes tecnológicos, negociación
de tecnologías, construcción y puesta en marcha de sistemas pro-ductivos, uso y
asimilación de tecnologías, adap-tación y mejoramiento de la tecnología,
genera-ción y comercialización de nuevas tecnologías" (Ávalos, 1993). El
alcance de las actividades de gestión tecnológica va más allá de las
consideradas como básicas. El espectro es más amplio e incluye: suministro,
monitoreo, análisis y evalua-ción de información técnica y prospectiva
tecno-lógica; evaluación tecnológica de la empresa; pla-nificación del
desarrollo tecnológico; gestión del financiamiento del desarrollo tecnológico;
identi-ficación, selección y reclutamiento de asesores técnicos; formulación y
ejecución de políticas de capacitación del recurso humano; planteamiento,
prevención y protección de derechos de propie-dad intelectual; y muchas más.
Ávalos (1993), por ejemplo, agrupa los procesos de gestión tecnológica en la
empresa en tres ám-bitos: el de la adquisición, el de su uso propia-mente dicho
y el de la realización de actividades de investigación y desarrollo, en los que
ubica algunas de las funciones de gestión tecnológica antes señaladas.
La adquisición de tecnología tiene un papel im-portante en el proceso de
acumulación de capa-cidades tecnológicas y por ello se le asigna el pro-pósito
general de convertir los procesos de com-pra de tecnología en procesos que
permitan una verdadera transferencia de tecnología; orientan-do la gestión a
adquirir las capacidades tecnológi-cas para usar adecuadamente la tecnología,
adap-tarla y mejorarla, más que a adquirir una capaci-dad productiva. En las
etapas globales para la ad-quisición de tecnología, Ávalos incluye: búsque-da
de información, selección, evaluación, nego-ciación y adopción de tecnología; y
considera fun-damentales para el proceso de adopción: el dise-ño de ingeniería,
la compra de maquinaria y equi-pos, la construcción, el montaje, la prueba y
pues-ta en marcha de los sistemas productivos.
Destaca también Ávalos la necesidad de hacer gestión tecnológica durante el uso
de la tecnolo-gía, desarrollando estrategias diseñadas para con-vertir la
experiencia en producción y manteni-miento, y en procesos de aprendizaje
delibera-dos, mediante la observación, registro y análisis de esa experiencia.
0 sea, que la gestión tecnoló-gica en el uso de la tecnología, tiene el
objetivo de usar la experiencia como fuente de aprendiza-je consciente,
racionalizándola para adquirir conocimientos complementarios a los que se
reci-bieron del proveedor de tecnología. Procesos de aprendizaje planeados,
organizados y desarrolla-dos para una asimilación plena de la tecnología, y lograr
así una explotación de su máximo poten-cial, con la optimización, adecuación y
adapta-ción a las condiciones cambiantes del mercado donde opera.
En la gestión de la investigación y el desarrollo, la empresa debe realizar
actividades de gestión tecnológica a fin de crear nuevos y mejores pro-ductos y
procesos, pero también actividades para el mejoramiento de los productos y
procesos exis-tentes por medio de programas de mejoramiento continuo o de
actividades propias de un sistema de aseguramiento y mejoramiento de la
calidad. La empresa puede desarrollar actividades de ges-tión de la
investigación y desarrollo, así no disponga de una unidad especializada dentro
de la organización para realizarlas, si ha desarrollado capacidades de
vinculación con unidades de la infraestructura del sistema de innovación. Pero
sea cual sea el estado de desarrollo y madurez de la gestión tecnológica en la
empresa, los proce-sos genéricos que debe ejecutar en el ámbito de la
investigación y el desarrollo son similares a las de un instituto o centro de
desarrollo tecnológi-co, pero con un portafolio de proyectos de una alta
composición de proyectos de desarrollo de nuevos productos y procesos, más que
de pro-yectos de investigación básica y aplicada.
La gestión de la innovación tecnológica en las empresas no se reduce únicamente
al ámbito de la investigación y el desarrollo de los productos y procesos
productivos. Ella se extiende a todas las actividades de la cadena de valor
donde se pueda mejorar la productividad y la competitividad. "Una empresa
ya no puede basar su competitividad exclusivamente en la innovación de sus
procesos sustantivos. Las funciones de apoyo, al adquirir un carácter
estratégico, también deben incorpo-rar innovaciones" (Ramírez, 1999). Son
múlti-ples las posibilidades de innovación en estas otras actividades, aunque
en la práctica son más visi-bles las que se logran en los cambios
organizacionales, las que se producen con los programas de aseguramiento de la
calidad, las que se buscan con los programas de reducción de desperdicios de
insumos y materias primas, las que se persi-guen con los programas de
incremento de la efi-ciencia en el uso de energía, e inclusive, las que se
introducen con los cambios de estilos y prácti-cas gerenciales y
administrativas.
El valor estratégico que tiene el conocimiento en la construcción y
sostenimiento de la compe-titividad en una economía basada en el conoci-miento,
hace del proceso de gestión del conoci-miento un proceso clave en la gestión
tecnológi-ca de la empresa. La empresa debe sistematizar deliberadamente los
esfuerzos para encontrar, reunir y organizar el capital intelectual
-conocimiento- que hay en ella (Datz, 19999), para usarlo en la creación de
valor y de ventajas competiti-vas. Ella debe aprender a mejorar el conocimien-to
actual, aprender a crear un nuevo conocimien-to y a difundirlo o transferirlo a
donde se requie-ra en la organización (Nayak, 1998). Este proce-so tiene el
propósito de hacer de la empresa una organización inteligente que sea capaz de
tomar decisiones rápidas, para responder oportunamente a los cambios que se
producen en el entorno: cambios económicos, cambios demográficos, cambios
tecnológicos, cambios en el mercado y, muy especialmente, cambios en los
gustos, nece-sidades y expectativas de los clientes.
Como soporte del proceso de gestión del conoci-miento, la empresa debe disponer
de un sistema nervioso digital, equivalente al sistema nervioso biológico, que
sea capaz de aportar un flujo de información, bien integrado al lugar oportuno
de la organización, y en el momento oportuno (Gates, 1999). Sistema que integre
las fuentes de infor-mación corporativa y las fuentes externas, y per-mita
encadenar estrechamente la base de conoci-miento de la empresa y la
inteligencia de las per-sonas al obtener y transformar información en
conocimiento y en acción inmediata para crear valor; todo ello en la
perspectiva de construir una ventaja competitiva.
El proceso de gestión del conocimiento, en su objetivo de crear valor a partir
del empleo e incremento del conocimiento estratégico que posee una
organización, debe integrar virtualmente los procesos de socialización,
externalización, com-binación e internalización del conocimiento, para aumentar
la base de conocimiento, con los pro-cesos de recolección, creación,
distribución y uso del conocimiento, para que efectivamente se co-necte la base
de conocimientos con la creación de valor en la empresa (Arteche, 1999).
Son críticas, en todos los procesos de gestión tec-nológica, las actividades
para la vinculación e interacción de los distintos actores y agentes
involucrados en el proceso de desarrollo tecnoló-gico. Son ellas, actividades
requeridas para hacer efectiva la integración de capacidades tecnológi-cas, y
para la búsqueda proactiva de insumos del mercado, así como de información, de
contribu-ciones tecnológicas externas y de recursos finan-cieros. Resultan
cruciales para el éxito de las in-novaciones las vinculaciones con otras
empresas, con proveedores de insumos, materiales y tecno-logía, con clientes y
usuarios potenciales del re-sultado de la innovación, con universidades y
cen-tros de desarrollo tecnológico, con firmas de ingeniería y consultoría; que
no pueden dejarse a la generación espontánea o casual, sino que de-ben ser
planeadas, organizadas y ejecutadas en forma deliberada, es decir, gestionadas.
Conclusiones
Una gran conclusión que se deriva de este ensa-yo es que la tecnología es un
sistema de conoci-mientos que evoluciona en estrecha relación e influencias con
otros procesos sociales, con gran-des discontinuidades y guiado por paradigmas
tecnoeconómicos. Proceso de evolución que ge-nera profundas y complejas
transformaciones en la sociedad, con efectos dramáticos, y que re-quiere de un
marco socio-institucional que mol-dea, selecciona, regula y orienta el rumbo
defini-tivo del potencial que ofrece cada paradigma tecnoeconómico.
Hoy es más evidente que el desarrollo tecnológi-co está regido por una clara
intencionalidad so-cial, que conjuga intereses y objetivos de los distintos
actores que en él intervienen; y que es usa-do como un instrumento para
implementar la vo-luntad de cambio de estructuras y procesos so-ciales,
económicos y naturales. Y si bien el pro-ceso de desarrollo tecnológico se
encuentra em-bebido en la trama de sucesos de la evolución de las sociedades,
suele considerársele actualmente como un proceso endógeno del proceso de
desa-rrollo económico, y como un proceso no lineal que avanza con
discontinuidades producidas por los cambios de paradigmas.
Del análisis del desarrollo tecnológico y de los modelos analíticos de la
innovación, se colige que los procesos de innovación son los principales
agentes del cambio tecnológico. Innovaciones que hoy se interpretan como
procesos integrados por un conjunto de múltiples etapas interactivas, con una
diversidad de tareas específicas y de prácti-cas gerenciales y administrativas,
y que involucran una fuerte interacción con el entorno tecnológico y el
mercado. El otro aspecto relevante de este proceso, es que en las empresas no
sólo se vin-culan prácticamente todas las unidades funciona-les, sino que
también se involucra a potenciales usuarios y proveedores de tecnologías,
asesores, centros e instituciones de investigación y desa-rrollo, para acceder
a capacidades que no se tie-nen en la organización, en la perspectiva de
dis-minuir los riesgos y problemas y de asegurar el éxito de las innovaciones.
Se ha dicho en este ensayo que la gestión tecno-lógica es un sistema de
conocimientos transdisciplinarios que determina un dominio de prácticas, pero
también que es un proceso multidimensional cuya función es la planeación, la
organización, la dirección, la ejecución y el control del desarrollo
tecnológico en los sistemas nacionales de innovación y en las empresas.
Igualmente se deriva, como corolario de la expo-sición, que como la gestión
tecnológica lo que gestiona finalmente es conocimiento, pues la tec-nología es
en esencia conocimiento aplicado, las organizaciones que existirán en el futuro
serán las que aprendan a gestionar el conocimiento como recurso y como producto
para incorporarlo en los bienes y servicios que ponen en el mercado. En
consecuencia, debido al carácter estratégico que tiene hoy el conocimiento, las
empresas de-ben convertirse en organizaciones inteligentes, incorporando en forma
deliberada procesos y prácticas de gestión del conocimiento, para crear
conocimiento y explotar su potencial en la crea-ción de valor y de ventajas
competitivas.
Es claro, que cualquiera sea la organización que se dé a los procesos de
gestión tecnológica en las empresas, su alcance debe extenderse a activida-des
de investigación y desarrollo, diseño, manu-factura, mercadeo, ventas,
distribución, servicio al cliente, sistemas de información, recursos hu-manos,
finanzas, compras, clientes, proveedores, relaciones públicas, administración
general y de vinculación externa con todos los agentes de de-sarrollo
tecnológico.
Y, finalmente, con la visión de conjunto que se ha presentado en esta síntesis
sobre la tecnolo-gía, su desarrollo y la manera de intervenirlo y conducirlo a
los propósitos de desarrollo social, es claramente visible cómo la gestión
tecnológi-ca, y particularmente la gestión de la innovación y el conocimiento,
pueden efectivamente alterar la posición competitiva de países y empresas cuan-do
ella se adopta como eje articulador de sus de-sarrollos.
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40. Zubboff, S. 1n the age of the smart machine". Basic Books. New York. 1988 (Citado por Kanz, 1996).
El Concepto y Alcance de
Guillermo
Restrepo González*
RESUMEN
A partir de los conceptos de gestión y
tecnología se presenta el de gestión tecnológica. También se contextualiza su
marco de acción en la empresa. De allí se pasa a identificar las funciones y
actividades propias tales como prospectiva, plan tecnológico, innovación tecnológica
y transferencia de tecnología.
Palabras claves: gestión tecnológica, tecnología, gestión.
ABSTRACT
In order
to present the concept of Management of Technology, Management and Technology
have been treated separately. After that, the ambit where it can be used is
presented, as well as its functions and main activities, like prospective,
technology plan, innovation and transference of technology.
Key
words: management of technology, management, technology.
INTRODUCCIÓN
El Comité de Currículo de
Como contrapropuesta hemos planteado desde
el año anterior: "El objeto de la ingeniería es la aplicación de las
matemáticas, las ciencias naturales y la tecnología en el diseño, construcción,
operación, mantenimiento, control, administración e innovación de procesos,
productos, servicios, equipos y materiales en todos los sectores de la
economía".
Creemos, que además de hacer
ingeniería nuestros profesionales requieren conocimientos, habilidades y
actitudes de gestión que aunados a su experiencia le permitan desempeñarse en
cargos como los de la gerencia funcional (tecnológica, de producción, de
personal…) hasta el de gerencia general.
El presente artículo está referido al
concepto, alcance y actividades propias de la gestión tecnológica. Para ello
nos hemos apoyado en publicaciones del Centro Interuniversitario de Desarrollo
(CINDA) con sede en Chile y que lleva más de veinte años impulsando la teoría y
aplicación de los temas de desarrollo tecnológico. También han sido útiles
escritos del BID, OEA y ONU y las opiniones de expertos nacionales como Félix
Moreno, Campo Elías Bernal y Jorge Robledo.
1. EL CONCEPTO DE GESTIÓN TECNOLÓGICA
Antes de definir gestión tecnológica, puede
ser muy útil tratar por separado los conceptos de gestión y de tecnología.
1.1. Gestión
En términos generales los conceptos de
administración, gerencia y gestión, son sinónimos a pesar de los grandes
esfuerzos y discusiones por diferenciarlos. En la práctica se observa que el
término managementes traducido como administración pero también
como gerencia. En algunos países la administración está más referida a lo
público y la gerencia a lo privado. En los libros clásicos se toman como
sinónimos administración y gerencia. En el glosario del CINDA, por ejemplo,
aparece gestión como equivalente a administración.
Lo esencial de los conceptos administración,
gestión y gerencia está en que los tres se refieren a un proceso de
"planear, organizar, dirigir, evaluar y controlar" como lo planteara
H. Fayol al principio del siglo o Koontz [2].
Queremos destacar que en los textos de
administración así como en sus funciones prácticas no aparece la palabra
ejecución, pues si somos esquemáticos podríamos decir: unos hacen y otros
administran. El gerente busca que los grupos y personas logren objetivos específicos
en desarrollo de la misión de la organización.
A pesar de la esencia común a los tres
conceptos, algunas personas le dan un alcance diferente a la
administración, la gerencia y la gestión. A la gerencia, muchos expertos le
están dando una connotación más externa, más innovadora y de mayor valor
agregado en contraste con la administración que la consideran más interna, más
de manejo de los existente o de lo funcional. Algún conferencista hacía un
símil con la famosa alusión bíblica: "Al administrador le dan tres
denarios y conserva tres denarios. Al gerente le dan tres y devuelve más".
El profesor Augusto
El sistema de las relaciones económicas internacionales ha
devenido en la actualidad en un proceso altamente complejo, donde la actuación
de los intereses económicos, políticos y militares del capitalismo desarrollado
lograron incidir decisivamente en la recomposición del Orden Económico
Internacional existente.
En efecto, en el escenario mundial, los países capitalistas desarrollados
lograron ocupar su soñada posición preponderante a través de un hábil e
impetuoso proceso de utilización y desarrollo de su potencial
científico-técnico, del manejo de políticas macroeconómicas que alargan los
ciclos expansivos coyunturales y mediante la búsqueda y ampliación de los
espacios económicos regionales sobre la base de una convergencia de intereses
económicos y geopolítico.
En definitiva, la revolución tecnológica de los procesos y de la organización
productiva ha promovido un mayor nivel de integración e interdependencia
económica en el ámbito internacional, especialmente entre los países
industrializados. A éste fenómeno de la economía mundial se le denomina
globalización, el cual tiene una estrecha relación de causalidad con el proceso
universal de internacionalización del capital. Así pues, la actual tendencia
hacia la "aldea global" no es nueva ni casual y mucho menos fruto de
la voluntad divina, sino por el contrario constituye un proceso objetivo que
emana del propio desarrollo lógico e histórico del capitalismo como sistema.
La globalización abarca diferentes ámbitos de la vida, incluyendo tanto el
aspecto socioeconómico y político como el científico-técnico, el
teórico-conceptual, el medio ambiental y el institucional. Sin embargo, la
tendencia más sobresaliente es, sin dudas, la globalización e
internacionalización de la actividad económica.
No obstante, la imbricación de los mercados y la consiguiente destrucción de
los sistemas estatales actuales en que encajan las actividades económicas,
están generando grandes cambios estructurales que se traducen en la creciente
concentración del ingreso y en formas de exclusión social que se manifiesta en
todos los países. Estos negativos resultados, en ocasiones son presentados como
condiciones previas para una nueva forma de crecimiento económico cuyos
contornos aún no están definidos.
En otras palabras, en este fin de siglo, el crecimiento económico tendría
imperativamente como contrapartida el nacimiento de una nueva forma de
organización social. Puede interpretarse esa simple observación como una
amenaza o como un desafío, o por lo menos, como el presagio de una era de
transición, y también de incertidumbre.
El aumento del comercio intraindustrial, la deslocalización y los sistemas
regionales de producción, son solo algunos de los aspectos que dan cuenta del
proceso de integración global del comercio.
Por otra parte, en los últimos años la liberalización y desregulación de los
flujos financieros acompañado del aumento de
El enorme monstruo del Mercado Financiero Globalizado ha creado una
piramidación de transacciones que se alejan o, si se quiere, se independizan
tanto de la base real de operaciones a la que supuestamente sirven, como de las
regulaciones y políticas nacionales. El dominio financiero constituye quizás,
la expresión más clara de la integración planetaria de los mercados. Se estima
que ese Mercado Financiero maneja 70 veces más dinero que
Ahor
En 1960 el 20% más rico de la población mundial obtenía el 70.2% de los
ingresos , mientras el 20% más pobre recibía el 2.4% lo cual significa una
relación de
Como se sabe,
Como resultado de todo los anterior, el margen de acción de los países
subdesarrollados se ha reducido. Los planes de desarrollo son cada vez más
condicionados por la inserción del país en el escenario internacional.
Esta realidad compleja y contradictoria del proceso de Globalización, está en
la base del proceso que se está verificando en
El fin de la gran confrontación global de cuatro décadas, ha conllevado una
drástica reducción de la importancia estratégica de la región caribeña para las
grandes potencias, y en particular para Estados Unidos. El Caribe ve así
disminuida su capacidad de negociación y, cuando Estados Unidos, y por primera
vez en la historia de cinco siglos de la región, es la potencia hegemónica
incuestionable, sin tener que enfrentar desafíos estatales a su supremacía,
ahora incompartida: A lo sumo Washington debe enfrentar solo el reto de actores
no estatales como los narcotraficantes, verdaderos piratas modernos.
Y este cambio estratégico sustancial se produce cuando la globalización impulsa
la conformación de grandes bloques geoeconómicos, que dominan la dinámica
internacional, Unión Europea, Tratado de Libre Comercio de América del Norte, y
el mas informal agrupamiento en torno a Japón y los llamados "tigres"
en el Este de Asia. También cuando la concepción neoliberal dominante en la
economía mundial, impone una tendencia al libre comercio en condiciones de
reciprocidad, y la virtual supresión de los regímenes preferenciales, en el
marco de una "aid fatigue", como algunos analistas han calificado
eufemísticamente a la reducción sustancial de la ayuda al Tercer Mundo,
proveniente de los centros capitalistas desarrollados.
Los estados del Caribe han disfrutado de varios mecanismos preferenciales en
las últimas décadas. Así Caribe anglófono, que integra
La última edición de Lomé,
La ICC y CARIBCAN, por sus limitaciones intrínsecas (dejaban fuera de las
preferencias comerciales una lista de productos importantes de los países de
El colapso del sistema socialista europeos, y ante todo de
Para los países de
Washington espera que el ALCA quede instalada para el 2005, lo que, sin duda,
no es una meta fácil de cumplir, si se tienen en cuenta las resistencias
internas dentro de EE.UU., tanto Congresionales como de significativos actores
sociales.
Para el Caribe, sin embargo, y en particular el Caribe insular, el ALCA ha sido
hasta ahora, en cierta medida, mas una amenaza, que una expectativa fructífera,
en la medida en que el proceso negociador en curso, no ofrece respuestas para
la problemática de las pequeñas economías, que no pueden, sino en un proceso
gradual, incorporarse a esquemas de libre comercio. El tema no ha sido abordado
en profundidad, dada la resistencia mostrada parcialmente por Estados Unidos, y
algunas grandes economías latinoamericanas a considerar el caso particular de
las pequeñas economías, y apenas un Comité Consultivo da seguimiento a la
cuestión.
Como consecuencia, y en particular los países de CARICOM, que han funcionado
como eje integrador de la región, se plantean la profundización de ese proceso,
a través de la creación de un verdadero mercado común, la aceptación de nuevos
países, y la proyección hacia toda
La AEC, sin embargo, avanza lentamente en su proceso de consolidación
institucional, y hasta ahora los mayores resultados se han obtenido en áreas de
cooperación funcional. Se trata de un agrupamiento de estados muy heterogéneo,
si se atiende a sus características etno-históricas, culturales, lingüísticas y
las asimetrías geográfico-económicas. Las tres potencias medias de la región,
México, Venezuela, Colombia, involucradas en un proceso de especial
relacionamiento económico entre ellas, el llamado "Grupo de los
Tres"(G-3), y que pudieran constituir un motor dinámico del proceso
integracionista en el área, no
carecen de contradicciones entre ellas y ambigüedades frente al conjunto AEC.
Por la lenta evolución de
Mientras tanto el Caribe anglófono e insular firmó el nuevo Acuerdo de Cotonou
.Las negociaciones con Europa se enmarcan en el objetivo de que éste nuevo
Acuerdo le conceda a la región un tiempo de adaptación a la tendencia mundial
al comercio en condiciones recíprocas, mediante el mantenimiento de algunas
ventajas comerciales y formas de cooperación. Si bien los países europeos han
mostrado, al igual que Estados Unidos, un mayor desinterés por la región
después de la terminación de la guerra fría (con la excepción tal vez de
Francia, con sus Departamentos de Ultramar, y su instalación naval y coheteril
en Cayena), los vínculos históricos, y algunos fenómenos mas recientes, han
contribuido al sostenimiento de los vínculos, e incluso a una cierta renovación
del interés.
En general, Europa coincide con el criterio caribeño que vincula la seguridad a
la problemática económica y el desarrollo, y acepta, al menos en principio, la
necesidad de estas pequeñas economías de un período de gracia para adaptarse a
las nuevas exigencias de la economía mundial.
En esto la posición europea difiere, de la sostenida por Estados Unidos. Por
ello, por los vínculos históricos y culturales, y por la necesidad de
equilibrar de alguna manera el peso desmesurado de Estados Unidos, en la
región, para los estadistas del Caribe anglófono y su activa diplomacia, la
relación con Europa es estratégica.
Para el Caribe, la conformación del TLC ha significado el cuestionamiento de
los muy limitados beneficios ofrecidos por
Desde la firma del TLC y el inicio de las negociaciones ALCA, la diplomacia del
Caribe anglófono ha venido insistiendo ante Washington para lograr alguna forma
de inclusión en el bloque de América del Norte o al menos, alcanzar algún
arreglo que otorgue a los productos de la región, alguna forma de paridad con
las preferencias otorgadas a México. En
Un aspecto significativo del Acta es que extiende los beneficios hasta el 2008,
lo que permitirá a estos países disfrutar de sus beneficios en espera de la
conclusión del ALCA que se prevé para el 2005. Implícitamente, con esto el
gobierno norteamericano parece atender los reclamos de las pequeñas economías
de que se atienda a sus demandas en el complejo proceso de negociaciones
hemisférico.
Todo indica que el régimen preferencial otorgado por el "ACTA 2000"
aunque limitado a una serie de productos, es beneficioso para los países
Centroamericanos y Caribeños, y, de hecho, los inserta parcialmente en el
bloque de América del Norte, como una solución intermedia, hasta su inserción
definitiva en el acuerdo de libre comercio hemisférico de
Desde comienzos de la década de los 90, el Caribe anglófono en particular ha
estimulado y apoyado enérgicamente la incorporación de Cuba a los esquemas
integracionistas regionales, Como lo ha expresado claramente, Sir Edwin
Carrington, Secretario General de CARICOM, "no podemos permitirnos pensar
en un Caribe sin Cuba, Haití, República Dominicana o Surinam". Por sus
dimensiones geográficas, como la isla más grande y poblada del archipiélago,
sus recursos y capacidades humanas, desarrolladas gracias al esfuerzo
revolucionario de cuatro décadas, y su posición central estratégica en la
región, Cuba, sin duda, está llamada a desempeñar un papel de mayor
significación en los desarrollos caribeños.
La integración constituye una necesidad incuestionable para los países
subdesarrollados y por ende para elevar el nivel de vida de toda la población y
comenzar a satisfacer las apremiantes necesidades sociales acumuladas en toda
la región.
La integración hay que verla con una óptica de integralidad y en ese sentido
reclaman cada vez más atención las formulas de cooperación e integración en
sectores sociales que hasta hace poco se creía que nada, o casi nada, podían
hacer en el marco de un esfuerzo integracionista.
Hoy hay cada vez más comprensión de que uno de los puntos más débiles que han
tenido los esfuerzos unitarios en toda la región ha sido el no haber logrado el
verdadero efecto social. Siendo los aspectos socio-culturales menos
conflictivos para lograr concertar posiciones y esfuerzos conjuntos, esta resulta
un área donde es necesario avanzar en profundidad y contribuir así a rescatar y
a afirmar la credibilidad en el objetivo de integración.
Los sectores de educación y salud pública, toda la amplia gama que supone el
desarrollo espiritual mas pleno del ser humano, reclama atención priorizada y
privilegiada.
Las naciones caribeñas tienen que poner en primer plano al ser humano. Solo así
se logrará que todos y cada uno sienta como suyo, como algo esencial para si
mismo y para su progreso y bienestar, la acción integracionista. Se podrá in
forjando una conciencia colectiva de carácter y perfil militar.
La sociedad civil del Gran Caribe tiene que participar activamente en este
esfuerzo de concertación e integración que sea capaz de adaptarse a las
condiciones surgidas en el planeta en los últimos años y enfrentar los
principales desafíos que se levantan en el mundo de hoy, que es ya de por sí un
reto colosal. Tratar de despojar de las insuficiencias y limitaciones que han
experimentado los mecanismos integracionistas existentes y subsanar sus fallas
supone sabiduría y audacia.
La integración caribeña tiene que llegar a ser capaz de involucrar en su
trabajo y gestión con acciones apropiadas, al más amplio espectro de la
sociedad civil caribeña. Lograrlo significa el éxito.
Diciembre del 2000
________________________________________
Notas:
1- Se refiere específicamente a los acuerdos de colaboración, fusiones y
adquisiciones y a las alianzas estratégicas entre los trres principales centros
del capitalismo mundial.
2- PNUD. Desarrollo Humano Informe 1996