La Gestión Tecnológica es conocimiento y es una práctica. Es un sistema de conocimientos y prácticas relacionados con los procesos de creación, desarrollo, transferencia y uso de la tecnología. Algunos conciben este sistema como "una colección de métodos sistemáticos para la gestión de procesos de aplicación de conocimientos, extender el rango de actividades humanas y producir bienes y servicios" (Kanz and Lam, 1996). Mientras otros, como el National Research Council (NRC) de Estados Unidos, lo considera integrado por los conocimientos de "ingeniería, ciencias y disciplinas del área de gestión, para planear, desarrollar e implementar capacidades tecnológicas en el diseño y el logro de los objetivos estratégicos y operacionales de una organización" (Khalil, 1998). Es un sistema de conocimientos o región de conocimientos, en los términos que plantea Mario Díaz (1995) la organización del conocimiento; constituido por conceptos y proposiciones sobre relaciones entre estos conceptos, modelos y teorías sobre los procesos de toma de decisiones y ejecución de acciones relacionados con las tecnologías, en organizaciones, empresas, países y regiones.

Pero la gestión tecnológica no es un campo del saber meramente especulativo sobre la tecnología y su desarrollo. Es también una práctica so-portada en un conocimiento derivado del análisis y la interpretación de las observaciones del comportamiento del desarrollo tecnológico, como proceso social, y resultado de las observaciones de este proceso en organizaciones y países, y de su relación con el proceso de desarrollo global de las sociedades modernas.

Los procesos objeto de estudio de la gestión tecnológica, en tantos procesos sociales, son procesos complejos, multidimensionales, inseparables de su contexto y de la globalidad de los procesos sociales; y, por tanto, sus estados y características involucran dimensiones históricas, económicas y sociológicas. Si bien ellos han sido considerados bajo ángulos y perspectivas distintas por disciplinas como la historia, la economía, la sociología y la psicología, cada una con su enfoque particular y sin pretensión alguna de una explicación total, es la gestión tecnológica, como región de saberes y un campo de conocimiento transdisciplinario, la que conjuga y relaciona es-tos saberes parcelados, mediante su recomposición y recontextualización, para construir una mejor visión que incorpora la totalidad de características del proceso.

En la dimensión económica del desarrollo tecnológico, afirma Katz, resulta obvio que no pueden usarse los mismos modelos teóricos para describir las complejidades e idiosincrasia de sociedades con grados extremadamente diferentes de madurez y desarrollo económico.

 

     Las cuestiones económicas han preocupado a muchos intelectuales a lo largo de los siglos. En la antigua Grecia, Aristóteles y Platón disertaron sobre los problemas relativos a la riqueza, la propiedad y el comercio. Durante la edad media predominaron las ideas de la Iglesia católica apostólica romana, se impuso el Derecho canónico, que condenaba la usura (el cobro de intereses abusivos a cambio de efectivo) y consideraba que el comercio era una actividad inferior a la agricultura.

     La economía, como ciencia moderna independiente de la filosofía y de la política, data de la publicación de la obra Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones (1776), del filósofo y economista escocés Adam Smith. El mercantilismo y las especulaciones de los fisiócratas precedieron a la economía clásica de Smith y sus seguidores del siglo XIX. 
 

Mercantilismo 

     El desarrollo de los modernos nacionalismos a lo largo del siglo XVI desvió la atención de los pensadores de la época hacia cómo incrementar la riqueza y el poder de las naciones Estado. La política económica que imperaba en aquella época, el mercantilismo, fomentaba el autoabastecimiento de las naciones. Esta doctrina económica imperó en Inglaterra y en el resto de Europa occidental desde el siglo XVI hasta el siglo XVIII.

     Los mercantilistas consideraban que la riqueza de una nación dependía de la cantidad de oro y plata que tuviese. Aparte de las minas de oro y plata descubiertas por España en el Nuevo Mundo, una nación sólo podía aumentar sus reservas de estos metales preciosos vendiendo más productos a otros países de los que compraba de ellos. El conseguir una balanza de pagos con saldo positivo implicaba que los demás países tenían que pagar la diferencia con oro y plata. 
Los mercantilistas daban por sentado que su país estaría siempre en guerra con otros, o preparándose para la próxima contienda. Si tenían oro y plata, los dirigentes podrían pagar a mercenarios para combatir, como hizo el rey Jorge III de Inglaterra durante la guerra de la Independencia estadounidense. En caso de necesidad, el monarca también podría comprar armas, uniformes y comida para los soldados. 
Esta preocupación mercantilista por acumular metales preciosos también afectaba a la política interna. Era imprescindible que los salarios fueran bajos y que la población creciese. Una población numerosa y mal pagada produciría muchos bienes a un precio lo suficiente bajo como para poder venderlos en el exterior. Se obligaba a la gente a trabajar jornadas largas, y se consideraba un despilfarro el consumo de té, ginebra, lazos, volantes o tejidos de seda. De esta filosofía también se deducía que, cuanto antes empezaran a trabajar los niños, mejor para el país. Un autor mercantilista tenía un plan para los niños de los pobres: "cuando estos niños tienen cuatro años, hay que llevarlos al asilo para pobres de la región, donde se les enseñará a leer durante dos horas al día, y se les tendrá trabajando el resto del día en las tareas que mejor se ajusten a su edad, fuerza y capacidad". 
 
 

Fisiocracia 

     Esta doctrina económica estuvo en boga en Francia durante la segunda mitad del siglo XVIII y surgió como una reacción ante las políticas restrictivas del mercantilismo. El fundador de la escuela, François Quesnay, era médico de cabecera en la corte del rey Luis XV. Su libro más conocido, Tableau Économique (Cuadro económico, 1758), intentaba establecer los flujos de ingresos en una economía, anticipándose a la contabilidad nacional, creada en el siglo XX. Según los fisiócratas, toda la riqueza era generada por la agricultura; gracias al comercio, esta riqueza pasaba de los agricultores al resto de la sociedad. Los fisiócratas eran partidarios del libre comercio y del laissez-faire (doctrina que defiende que los gobiernos no deben intervenir en la economía). También sostenían que los ingresos del Estado tenían que provenir de un único impuesto que debía gravar a los propietarios de la tierra, que eran considerados como la clase estéril. Adam Smith conoció a los principales fisiócratas y escribió sobre sus doctrinas, casi siempre de forma positiva.

     Adam Smith en su famoso tratado “La riqueza de las naciones”, Adam Smith sostenía que la competencia privada libre de regulaciones produce y distribuye mejor la riqueza que los mercados controlados por los gobiernos. Desde 1776, cuando Smith escribió su obra, su razonamiento ha sido utilizado para justificar el capitalismo y evitar la intervención gubernamental en el comercio y el cambio. Según Smith, los empresarios privados que buscan su propio interés organizan la economía de manera más eficaz "como por una mano invisible".  
 

La escuela clásica 

     Como cuerpo de teoría económica coherente, la economía clásica parte de los escritos de Smith y continúa con la obra de los economistas británicos Thomas Robert Malthus y David Ricardo; y culmina con la síntesis de John Stuart Mill, discípulo de Ricardo. Aunque eran frecuentes las divergencias entre los economistas clásicos que hubo en los 75 años que van desde la publicación de Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones de Smith (1776), hasta los Principios de economía política de Mill (1848), los economistas pertenecientes a esta escuela coincidían en los conceptos principales. Todos defendían la propiedad privada, los mercados y creían, como decía Mill, que "sólo a través del principio de la competencia tiene la economía política una pretensión de ser ciencia". Compartían la desconfianza de Smith hacia los gobiernos, y su fe ciega en el poder del egoísmo y su famosa "mano invisible", que hacía posible que el bienestar social se alcanzara mediante la búsqueda individual del interés personal. Los clásicos obtuvieron de Ricardo el concepto de rendimientos decrecientes, que afirma que a medida que se aumenta la fuerza de trabajo y el capital que se utiliza para labrar la tierra, disminuyen los rendimientos o, como decía Ricardo, "superada cierta etapa, no muy avanzada, el progreso de la agricultura disminuye de una forma paulatina".

     El alcance de la ciencia económica se amplió de manera considerable cuando Smith subrayó el papel del consumo sobre el de la producción. Smith confiaba en que era posible aumentar el nivel general de vida del conjunto de la comunidad. Defendía que era esencial permitir que los individuos intentaran alcanzar su propio bienestar como medio para aumentar la prosperidad de toda la sociedad.

     En el lado opuesto, Malthus, en su conocido e influyente Ensayo sobre el principio de la población (1798), planteaba la nota pesimista a la escuela clásica, al afirmar que las esperanzas de mayor prosperidad se escollarían contra la roca de un excesivo crecimiento de la población. Según Malthus, los alimentos sólo aumentaban adecuándose a una progresión aritmética (2-4-6-8-10, etc.), mientras que la población se duplicaba cada generación (2-4-8-16-32, etc.), salvo que esta tendencia se controlara, o por la naturaleza o por la propia prudencia de la especie. Malthus sostenía que el control natural era 'positivo': "El poder de la población es tan superior al poder de la tierra para permitir la subsistencia del hombre, que la muerte prematura tiene que, frenar hasta cierto punto el crecimiento del ser humano". Este procedimiento de frenar el crecimiento eran las guerras, las epidemias, la peste, las plagas, los vicios humanos y las hambrunas, que se combinaban para controlar el volumen de la población mundial y limitarlo a la oferta de alimentos.

     La única forma de escapar a este imperativo de la humanidad y de los horrores de un control positivo de la naturaleza, era la limitación voluntaria del crecimiento de la población, no mediante un control de natalidad, contrario a las convicciones religiosas de Malthus, sino retrasando la edad para casarse, reduciendo así el volumen de las familias. Las doctrinas pesimistas de este autor clásico dieron a la economía el sobrenombre de 'ciencia lúgubre'.

     Los Principios de economía política de Mill constituyeron el centro de esta ciencia hasta finales del siglo XIX. Aunque Mill aceptaba las teorías de sus predecesores clásicos, confiaba más en la posibilidad de educar a la clase obrera para que limitase su reproducción de lo que lo hacían Ricardo y Malthus. Además, Mill era un reformista que quería gravar con fuerza las herencias, e incluso permitir que el gobierno asumiera un mayor protagonismo a la hora de proteger a los niños y a los trabajadores. Fue muy crítico con las prácticas que desarrollaban las empresas y favorecía la gestión cooperativa de las fábricas, por parte de los trabajadores. Mill representa un puente entre la economía clásica del laissez-faire y el Estado de bienestar.

     Los economistas clásicos aceptaban la Ley de Say sobre los mercados, fundada por el economista francés Jean Baptiste Say. Esta ley sostiene que el riesgo de un desempleo masivo en una economía competitiva es despreciable, porque la oferta crea su propia demanda, limitada por la cantidad de mano de obra y los recursos naturales disponibles para producir. Cada aumento de la producción aumenta los salarios y los demás ingresos que se necesitan para poder comprar esa cantidad adicional producida. 
 

Escuela clásica de economía 

     Thomas Malthus, David Ricardo y John Stuart Mill, junto a Adam Smith, forman la denominada escuela clásica de economía. Los cuatro creían en la propiedad privada, el libre mercado y la competencia. Malthus, Ricardo y Mill, sin embargo, alentaban la regulación gubernamental de la economía en ciertos casos. Thomas MalthusMalthus ofreció una teoría pesimista de la economía, centrada en la escasez de recursos y el crecimiento de la población. Malthus creía que la población humana crece en progresión geométrica (1, 2, 4, 8,...) mientras que los recursos, en concreto los recursos agrícolas, crecen sólo en progresión aritmética (1, 2, 3, 4,...); por ello, a la larga, la escasez de alimentos debe reducir al hambre a la mayoría de la gente. Defendió una limitación moral, sugiriendo que la gente se casara tarde y formara familias pequeñas. Malthus también reconoció el papel de las plagas, guerras y epidemias en la contención de la superpoblación. Por estas ideas, la economía adquirió el nombre de "la ciencia lúgubre".  

Marxismo 

     La oposición a la escuela de pensamiento clásico vino de la mano de los primeros autores socialistas, como el filósofo social francés, Claude Henri de Rouvroy conde de Saint-Simon, y del utópico británico Robert Owen. Sin embargo, fue Karl Marx el autor de las teorías económicas socialistas más importantes.

     Para la perspectiva clásica del capitalismo, el marxismo representó una seria recusación, aunque no dejaba de ser, en algunos aspectos, una variante de la temática clásica. Por ejemplo, Marx adoptó la teoría del valor trabajo de Ricardo. Con algunas matizaciones, Ricardo explicó que los precios eran la consecuencia de la cantidad de trabajo que se necesitaba para producir un bien. Ricardo formuló esta teoría del valor para facilitar el análisis, de forma que se pudiera entender la diversidad de precios. Para Marx, la teoría del valor trabajo representaba la clave del modo de proceder del capitalismo, la causa de todos los abusos y de toda la explotación generada por un sistema injusto.

     Exiliado de Alemania, Marx pasó muchos años en Londres, donde vivió gracias a la ayuda de su amigo y colaborador Friedrich Engels, y a los ingresos derivados de sus ocasionales contribuciones en la prensa. Desarrolló su extensa teoría en la biblioteca del Museo Británico. Los estudios históricos y los análisis económicos de Marx convencieron a Engels de que los beneficios y los demás ingresos procedentes de una explotación sin escrúpulos de las propiedades y las rentas son el resultado del fraude y el poder que ejercen los fuertes sobre los débiles. Sobre esta crítica se alza la crítica económica que desemboca en la certificación histórica de la lucha de clases.

     La 'acumulación primitiva' en la historia económica de Inglaterra fue posible gracias a la delimitación y al cercamiento de las tierras. Durante los siglos XVII y XVIII los terratenientes utilizaron su poder en el Parlamento para quitar a los agricultores los derechos que por tradición tenían sobre las tierras comunales. Al privatizar estas tierras, empujaron a sus víctimas a las ciudades y a las fábricas.

     Sin tierras ni herramientas, los hombres, las mujeres y los niños tenían que trabajar para conseguir un salario. Así, el principal conflicto, según Marx, se producía entre la denominada clase capitalista, que detentaba la propiedad de los medios de producción (fábricas y máquinas) y la clase trabajadora o proletariado, que no tenía nada, salvo sus propias manos. La explotación, eje de la doctrina de Karl Marx, se mide por la capacidad de los capitalistas para pagar sólo salarios de subsistencia a sus empleados, obteniendo de su trabajo un beneficio (o plusvalía), que era la diferencia entre los salarios pagados y los precios de venta de los bienes en los mercados.

     Aunque en el Manifiesto Comunista (1848) Marx y Engels pagaban un pequeño tributo a los logros materiales del capitalismo, estaban convencidos que estos logros eran transitorios y que las contradicciones inherentes al capitalismo y al proceso de lucha de clases terminarían por destruirlo, al igual que en el pasado había ocurrido con el extinto feudalismo medieval.

     A este respecto, los escritos de Marx se alejan de la tradición de la economía clásica inglesa, siguiendo la metafísica del filósofo alemán George Wilhelm Friedrich Hegel, el cual consideraba que la historia de la humanidad y de la filosofía era una progresión dialéctica: tesis, antítesis y síntesis. Por ejemplo, una tesis puede ser un conjunto de acuerdos económicos, como el feudalismo o el capitalismo. Su contrapuesto, o antítesis, sería, por ejemplo, el socialismo, como sistema contrario al capitalismo. La confrontación de la tesis y la antítesis daría paso a una evolución, que sería la síntesis, en este caso, el comunismo que permite combinar la tecnología capitalista con la propiedad pública de las fábricas y las granjas.

     A largo plazo, Marx creía que el sistema capitalista desaparecería debido a que su tendencia a acumular la riqueza en unas pocas manos provocaría crecientes crisis debidas al exceso de oferta y a un progresivo aumento del desempleo. Para Marx, la contradicción entre los adelantos tecnológicos, y el consiguiente aumento de la eficacia productiva, y la reducción del poder adquisitivo que impediría adquirir las cantidades adicionales de productos, sería la causa del hundimiento del capitalismo.

     Según Marx, las crisis del capitalismo se reflejarían en un desplome de los beneficios, una mayor conflictividad entre trabajadores y empresarios e importantes depresiones económicas. El resultado de esta lucha de clases culminaría en la revolución y en el avance hacia, en primer lugar, el socialismo, para al fin avanzar hacia la implantación gradual del comunismo. En una primera etapa todavía sería necesario tener un Estado que eliminara la resistencia de los capitalistas. Cada trabajador sería remunerado en función de su aportación a la sociedad. Cuando se implantara el comunismo, el Estado, cuyo objetivo principal consiste en oprimir a las clases sociales, desaparecería, y cada individuo percibiría, en ese porvenir utópico, en razón de sus necesidades. 
 

Los neoclásicos 

     La economía clásica partía del supuesto de escasez, como lo muestra la ley de rendimientos decrecientes y la doctrina malthusiana sobre la población. A partir de la década de 1870, los economistas neoclásicos como William Stanley Jevons en Gran Bretaña, Léon Walras en Francia, y Karl Menger en Austria, imprimieron un giro a la economía, abandonaron las limitaciones de la oferta para centrarse en la interpretación de las preferencias de los consumidores en términos psicológicos. Al fijarse en el estudio de la utilidad o satisfacción obtenida con la última unidad, o unidad marginal, consumida, los neoclásicos explicaban la formación de los precios, no en función de la cantidad de trabajo necesaria para producir los bienes, como en las teorías de Ricardo y de Marx, sino en función de la intensidad de la preferencia de los consumidores en obtener una unidad adicional de un determinado producto. 
El economista británico Alfred Marshall, en su obra maestra, Principios de Economía (1890), explicaba la demanda a partir del principio de utilidad marginal, y la oferta a partir del coste marginal (coste de producir la última unidad). En los mercados competitivos, las preferencias de los consumidores hacia los bienes más baratos y la de los productores hacia los más caros, se ajustarían para alcanzar un nivel de equilibrio. Ese precio de equilibrio sería aquel que hiciera coincidir la cantidad que los compradores quieren comprar con la que los productores desean vender.

     Este equilibrio también se alcanzaría en los mercados de dinero y de trabajo. En los mercados financieros, los tipos de interés equilibrarían la cantidad de dinero que desean prestar los ahorradores y la cantidad de dinero que desean pedir prestado los inversores. Los prestatarios quieren utilizar los préstamos que reciben para invertir en actividades que les permitan obtener beneficios superiores a los tipos de interés que tienen que pagar por los préstamos. Por su parte, los ahorradores cobran un precio a cambio de ceder su dinero y posponer la percepción de la utilidad que obtendrán al gastarlo. En el mercado de trabajo se alcanza asimismo un equilibrio. En los mercados de trabajo competitivos, los salarios pagados representan, por lo menos, el valor que el empresario otorga a la producción obtenida durante las horas trabajadas, que tiene que ser igual a la compensación que desea recibir el trabajador a cambio del cansancio y el tedio laboral.

     La doctrina neoclásica es, de forma implícita, conservadora. Los defensores de esta doctrina prefieren que operen los mercados competitivos a que haya una intervención pública. Al menos hasta la Gran Depresión de la década de 1930, se defendía que la mejor política era la que reflejaba el pensamiento de Adam Smith: bajos impuestos, ahorro en el gasto público y presupuestos equilibrados. A los neoclásicos no les preocupa la causa de la riqueza, explican que la desigual distribución de ésta y de los ingresos, se debe en gran medida a los distintos grados de inteligencia, talento, energía y ambición de las personas. Por lo tanto, el éxito de cada individuo depende de sus características individuales, y no de que se beneficien de ventajas excepcionales o sean víctimas de una incapacidad especial. En las sociedades capitalistas, la economía clásica es la doctrina predominante a la hora de explicar la formación de los precios y el origen de los ingresos. 
 

Economía keynesiana 

     John Maynard Keynes fue alumno de Alfred Marshall y defensor de la economía neoclásica hasta la década de 1930. La Gran Depresión sorprendió a economistas y políticos por igual. Los economistas siguieron defendiendo, a pesar de la experiencia contraria, que el tiempo y la naturaleza restaurarían el crecimiento económico si los gobiernos se abstenían de intervenir en el proceso económico. Por desgracia, los antiguos remedios no funcionaron. En Estados Unidos, la victoria en las elecciones presidenciales de Franklin D. Roosevelt (1932) sobre Herbert Hoover marcó el final político de las doctrinas del laissez-faire.

     Se necesitaban nuevas políticas y nuevas explicaciones, que fue lo que en ese momento proporcionó Keynes. En su imperecedera Teoría general sobre el empleo, el interés y el dinero (1936), aparecía un axioma central que puede resumirse en dos grandes afirmaciones: (1) las teorías existentes sobre el desempleo no tenían ningún sentido; ni un nivel de precios elevado ni unos salarios altos podían explicar la persistente depresión económica y el desempleo generalizado. (2) Por el contrario, se proponía una explicación alternativa a estos fenómenos que giraba en torno a lo que se denominaba demanda agregada, es decir, el gasto total de los consumidores, los inversores y las instituciones públicas. Cuando la demanda agregada es insuficiente, decía Keynes, las ventas disminuyen y se pierden puestos de trabajo; cuando la demanda agregada es alta y crece, la economía prospera.

     A partir de estas dos afirmaciones genéricas, surgió una poderosa teoría que permitía explicar el comportamiento económico. Esta interpretación constituye la base de la macroeconomía contemporánea. Puesto que la cantidad de bienes que puede adquirir un consumidor está limitada por los ingresos que éste percibe, los consumidores no pueden ser responsables de los altibajos del ciclo económico. Por lo tanto, las fuerzas motoras de la economía son los inversores (los empresarios) y los gobiernos. Durante una recesión, y también durante una depresión económica, hay que fomentar la inversión privada o, en su defecto, aumentar el gasto público. Si lo que se produce es una ligera contracción, hay que facilitar la concesión de créditos y reducir los tipos de interés (sustrato fundamental de la política monetaria), para estimular la inversión privada y restablecer la demanda agregada, aumentándola de forma que se pueda alcanzar el pleno empleo. Si la contracción de la economía es grande, habrá que incurrir en déficits presupuestarios, invirtiendo en obras públicas o concediendo subvenciones a fondo perdido a los colectivos más perjudicados.

     John Maynard Keynes planteó soluciones para superar la Gran Depresión en su obra Teoría general sobre el empleo, el interés y el dinero (1936). Keynes creía que el elevado desempleo era el resultado de la falta de demanda de productos y servicios. Sugirió que los gobiernos se hicieran cargo del déficit invirtiendo en obras públicas y otros proyectos para incrementar la demanda y el consumo. Las propuestas de Keynes influyeron y respaldaron la política del New Deal del presidente Franklin Roosevelt, incluidas las oficinas de empleo, que crearon trabajos en obras públicas para los desempleados. 

Economía analítica 

     Tanto la teoría neoclásica de los precios como la teoría keynesiana de los ingresos han sido desarrolladas de forma analítica por matemáticos, utilizando técnicas de cálculo, álgebra lineal y otras sofisticadas técnicas de análisis cuantitativo. En la especialidad denominada econometría se une la ciencia económica con la matemática y la estadística. Los económetras crean modelos que vinculan cientos, a veces miles de ecuaciones, para intentar explicar el comportamiento agregado de una economía. Los modelos econométricos son utilizados por empresas y gobiernos como herramientas de predicción, aunque su grado de precisión no es ni mayor ni menor que cualquier otra técnica de previsión del futuro.

     El análisis operativo y el análisis input-output son dos especialidades en las que cooperan los expertos en análisis económico y los matemáticos. El análisis operativo subraya la necesidad de plantear los problemas de una manera sistemática. Por lo general, se trata de coordinar los distintos departamentos y las diferentes operaciones que tienen lugar en el seno de una corporación que dirige varias fábricas, produciendo muchos bienes, por lo que hay que utilizar las instalaciones de forma que se puedan minimizar los costes y maximizar la eficiencia. Para ello se acude a ingenieros, economistas, psicólogos laboralistas, estadísticos y matemáticos.

     Según su propio inventor, el economista estadounidense, de origen ruso, Wassily Leontief, las tablas input-output "describen el flujo de bienes y servicios entre todos los sectores industriales de una economía durante determinado período". Aunque la construcción de esta tabla es muy compleja, este método ha revolucionado el pensamiento económico. Hoy está muy extendido como método de análisis, tanto en los países socialistas como en los capitalistas. 

 

 

GESTIÓN TECNOLÓGICA Y DESARROLLO TECNOLÓGICO

Por Heberto tapias García
Profesor Ingeniería Química
Universidad de Antioquia

Publicado en Revista Facultad de Ingeniería
Universidad de Antioquia
Diciembre de 2000 pags. 158 - 177


Resumen

El papel clave que tiene la tecnología. y especialmente la innovación, en la cons-trucción y sostenimiento de la competitividad de empresas y países, está gene-rando un cambio en las prácticas de gestión empresarial. La búsqueda deliberada y sistemática de innovaciones y el uso intensivo del conocimiento como facto-res dominantes y responsables del éxito de las empresas, están promoviendo la gestión tecnológica como la función motora e integradora de las estrategias de desarrollo empresarial.

Para tener una aproximación a esta nueva práctica de gestión empresarial, en este artículo se presentan conceptos y teorías sobre tecnología, innovación y desarrollo tecnológico y se propone como tesis que la gestión tecnológica es un sistema de conocimientos y prácticas relacionados cuyo objeto es el desa-rrollo tecnológico en los sistemas de innovación de los países y en las empre-sas. Igualmente se describen las funciones de la gestión tecnológica en los dife-rentes niveles del sistema de innovación y especifican los procesos y funciones básicos de la gestión tecnológica en la empresa.

Palabras clave: Tecnología, innovación, desarrollo tecnológico. gestión tecnológica, gestión empresarial.

Abstract

The role of technology, and specially of innovation, with regard to building and supporting the competitiveness of enterprises and countries, is creating a shift in business managerial practices. The conscious and systematie search for innovations and the intensive use of knowledge as key fáctors of business sucess, are promoting the technology management as an integrative and driver function of business managerial strategies.

In order to provide an approach to that new business management practice, this essay presents concepts and theories about technology, innovation and technology development, and claims the thesis that technology management is a transdisciplinary knowIedge system and a set of related practices whose object is the technology development in the innovation system of the countries and the enterprises. Likew¡se, the function of technology management at the different levels of the innovation system is described as weIl as the basic function and processes of technology management at the enterprise.

Key words: Technology, innovation, technology development, technology management, business management.


Introducción

Cada día crecen las evidencias empíricas de la relación entre el desarrollo tecnológico y el creci-miento económico, y la importancia de la tecno-logía, especialmente el papel central que tiene la innovación, en la construcción y sostenimiento de la competitividad de empresas y países. Así lo reconoce Colciencias cuando, en su propósito de orientar el desarrollo tecnológico del país, decla-ra la urgente necesidad de la inserción creativa de la economía colombiana en la corriente de la economía global, "rnediante el fortalecimiento de la innovación y la productividad en las empresas y organizaciones, con la finalidad de garantizar en el largo plazo la competitividad de los bienes y servicios de producción nacional y de mejorar las condiciones de vida de la población colom-biana" (Colciencias, 1998).

Ese reconocimiento del papel clave que tiene la tecnología, y en particular la innovación tecno-lógica en la competitividad, ha generado en los últimos años un cambio en la cultura empresarial, con la incorporación deliberada y sistemáti-ca de la gestión tecnológica como una dimen-sión dominante en la gestión moderna de las or-ganizaciones, para la toma de decisiones y eje-cución de estrategias de desarrollo que les per-mitan efectivamente construir y sostener venta-jas competitivas. Para tener una aproximación a esta nueva práctica de gestión empresarial, se presentan en forma integrada, en un marco con-ceptual coherente, términos y teorías sobre tec-nología, innovación y desarrollo tecnológico; se procura mostrar su unidad y relaciones, para po-der comprender entonces los procesos de ges-tión tecnológica.

En un esfuerzo de síntesis, se presenta en este artículo a la tecnología como sistema y como pro-ducto y proceso social que evoluciona, regida por una clara intencionalidad social, mediante las in-novaciones como sus principales agentes de cam-bio, en íntima relación e interdependencia con el sistema económico y con otros sistemas sociales como la ciencia. Así mismo, se describen los prin-cipales modelos para explicar el proceso de innovación que se han propuesto en los distintos mar-cos teóricos del desarrollo tecnológico.

Con ese cuadro sintético del desarrollo tecnológi-co, elaborado esencialmente a partir de las con-tribuciones de los autores citados, se postula, como aproximación: que el objetivo último de la ges-tión tecnológica es la incorporación deliberada y sistemática del cambio tecnológico para el desarrollo de países, empresas u organizacio-nes. Igualmente se aventura la tesis de que la ges-tión tecnológica es un sistema de conocimientos transdisciplinario y de prácticas relacionados, que en el ámbito de la práctica se manifiesta como un proceso complejo y multidimensional orientado al desarrollo, la optimización y el uso efectivo de competencias tecnológicas, competencias de ges-tión y recursos disponibles para la empresa, en el cumplimiento de sus propósitos, objetivos, estra-tegias y operaciones. Procesos que involucran también el uso de datos, información y conoci-mientos, y la interacción social de personas en la creación de conocimiento y el desarrollo de inno-vaciones para la creación de valor y de ventajas competitivas.

Tecnología e innovación
En el contexto de este discurso, la tecnología se concibe como conocimiento aplicado en casi to-das las actividades humanas. Estos conocimien-tos han desempeñado un rol importante en los logros materiales y culturales, y en la evolución de la sociedad. Sin la tecnología no podrían reali-zarse algunas actividades humanas, pues es ella la que establece el "cómo" se ejecuta la activi-dad. Y no puede realizarse acción humana algu-na sin cierto acervo de conocimientos empíricos o racionales acerca del mundo físico, biológico o social.

En un sentido fundamental, la tecnología deter-mina la forma o configuración de las cosas artifi-ciales y la reconfiguración y transformación de las naturales. "La primera función inmediata de la tecnología -y la condición inmediata de su utilidad es dar una forma definida y artificial a un conjunto de materiales o a una actividad humana específica" (Winner, 1979). En sus múlti-ples manifestaciones, la tecnología amplía el al-cance y el poder de la actividad humana. La tec-nología posibilita hacer lo que antes no se había hecho, pues ella permite "ampliar y superar los límites orgánicos del cuerpo humano y compen-sar su fragilidad y vulnerabilidad" (Zuboff, 1996). En este sentido la tecnología adquiere un carác-ter instrumental o de medio para facilitar el em-peño humano, facilitar su desempeño o permitir-le ejecutar tareas más allá de sus capacidades humanas. Hace factible actividades con las que ni siquiera soñaba el hombre, o eran una utopía. La tecnología está presente en casi todo el espec-tro de actividades humanas, desde las más sim-ples, cotidianas y domésticas, como la elabora-ción y preparación de alimentos, hasta las más sofisticadas y organizadas hoy para la produc-ción industrial o usadas en servicios, como los procedimientos quirúrgicos con tecnología láser, las terapias genéticas o la tomografia combinada con resonancia magnética.

La tecnología es el resultado de la actividad del hombre en sociedad en procura de la satisfacción de sus necesidades y deseos. Este conocimiento desarrollado por el hombre mediante su activi-dad científica o empírica, existe y se manifiesta en varias formas como: hardware, software, humaneware o manpower: El hardware es el com-ponente físico o material de una tecnología, en el que se incorpora el conocimiento en la forma de equipos, dispositivos, aparatos, instrumentos, pro-ductos y otros elementos materiales involucrados en las actividades humanas. El software es un componente no material de la tecnología, cons-tituido por la información registrada en libros, re-vistas, boletines, manuales, planos, medios mag-néticos u ópticos, etc., sobre elementos materia-les, procesos y procedimientos o formas de ha-cer las cosas; mientras que el humaneware, otra componente inmaterial, es la componente huma-na de una tecnología constituida por las compe-tencias, habilidades y destrezas, o como conoci-miento práctico, no sistematizado, ni estructura-do, que tienen las personas. Son éstas las tres componentes que integran toda tecnología y cuya participación en la composición de una tecnología en particular depende de la naturaleza específica de ella. No es igual la composición en una tecnolo-gía para realizar actividades administrativas, a la que se requiere en una operación de transforma-ción fisica de materiales en productos.

Más conocida y formal es la definición de la tec-nología como conocimiento aplicado en los pro-cesos de creación, producción, comercialización, distribución y uso o consumo de productos y ser-vicios (Szabó, 1995), así como el conocimiento empleado en la investigación y desarrollo de es-tos procesos. Son conocimientos de naturaleza empírica y científica que hacen referencia no sólo a los productos, servicios y procesos fisicos, sino también a procesos gerenciales y administrativos; es decir, conocimientos asociados a todas las ac-tividades que desarrolla una organización empre-sarial. Está implícita esta definición en el concep-to de "paquete tecnológico" (Waissbluth, 1990), y Porter la incorpora en su teoría de la cadena de valor cuando afirma que toda actividad de valor emplea tecnología, que todo lo que la empresa hace involucra algún tipo de tecnología, y que 14una empresa, como una colección de activida-des, es una colección de tecnologías" (Porter, 1995). Lo que equivale a afirmar que una empre-sa es, en última instancia, una colección de cono-cimientos. En las organizaciones, el conocimiento no sólo lo tienen las personas o se halla incorpora-do en los equipos, sino que "también se encuentra en la forma de rutinas organizacionales, procesos, prácticas y normas" (Davenport, 1998).

La tecnología como conjunto de conocimientos configura un sistema con sus propios procesos y su propia dinámica, en el que las innovaciones son los principales agentes de cambio. Son las innovaciones, como acciones sistemáticas e intencionales para introducir cambios o noveda-des, los elementos que están en la base de la di-námica de este sistema. Dinámica que se expresa en nuevos o mejores productos o procesos y nue-vos mercados, pero también en nuevas activida-des humanas o formas diferentes o mejoradas de hacer actividades ya establecidas. Innovaciones que son el resultado de la incorporación novedosa de conocimientos en las actividades humanas.

Las innovaciones "no sólo son el fruto de la investigación, sino también de la asimilación y adaptación de conocimientos desarrollados, do-minados y aplicados eventualmente en otros campos de actividades, pero cuya puesta en práctica en un contexto organizativo, cultural, técnico o comercial diferente constituye una no-vedad" (Morin, 1998). En las empresas, la in-novación, como componente crucial de una es-trategia competitiva, es el resultado de un pro-ceso que combina elementos de la cultura y la organización empresarial, la investigación y el desarrollo, la transferencia de tecnología, la es-pecialización y la motivación de los recursos humanos, y el aprovechamiento de oportuni-dades tecnológicas y de mercado, entre otros aspectos afines (Bernal, 1998). Ella es hoy el activo corporativo más valioso para construir las ventajas competitivas sostenibles de una em-presa. Como estrategia de desarrollo empresa-rial, la innovación no sólo está orientada a la generación de nuevos productos y procesos, sino también a la adaptación y mejora de tec-nologías y a la adopción de cambios en la cul-tura empresarial, en fin, a la introducción per-manente de cambios que permitan incrementar la productividad y competitividad de las em-presas (Colciencias, 2000).
En una perspectiva global, la tecnología es un sistema que emerge de la sociedad como un pro-ducto social. "Es el sistema mediante el cual la sociedad satisface sus necesidades y deseos" (Steele, 1989). Sistema derivado de la evolución de la sociedad como un proceso más amplio y complejo, en un marco humano, económico, científico, social y cultural configurado por la his-toria. Es un producto social y un proceso social entre otros: "no es cuestión de que el desarrollo técnico ocurra por un lado y el social por otro, como si fueran dos mundos o dos procesos ente-ramente distintos. La sociedad se configura por los cambios técnicos que, a su vez, son configu-rados por ella" (Salomon, 1996). La complejidad es inherente a la tecnología, y su desarrollo hace
parte de una trama compleja sin costura con otros sistemas sociales como la ciencia, la economía, la educación y la política, que lo determinan y condicionan a través de una intrincada red de interacciones.

El desarrollo tecnológico está regido por una clara intencionalidad social que resulta de la convergen-cia de intereses y objetivos de la sociedad, en la cual se origina y despliega, de las características de ese entomo social y de los problemas y necesidades que dicha sociedad enfrenta en un momento históri-co dado. La intencionalidad también se manifiesta en la utilización de la tecnología como un instrumen-to para implementar la voluntad de cambio de es-tructuras y procesos sociales, económicos y natura-les (Bifani, 1994).

En el ámbito internacional se evidencia la intencionalidad en el desarrollo tecnológico, en la creación de los sistemas nacionales de innova-ción para articular en forma coherente las capa-cidades de organizaciones e instituciones, y de todos los agentes de cambio económico y tecno-lógico, para la puesta en marcha de procesos de generación, utilización y difusión de innovacio-nes, en la perspectiva de la satisfacción de aspi-raciones y expectativas de desarrollo de los paí-ses. Por ello, las características de la tecnología y la aparición y difusión M componente dinámico de este sistema, las innovaciones, no pueden examinarse únicamente en la dinámica interna de la tecnología como sistema, sino dentro del flujo global de cambios, donde el cambio tecnológico es sólo una de sus manifestaciones. Flujo que involucra los otros sistemas de actividades hu-manas, con los cuales la tecnología comparte ca-racterísticas e influencias en el contexto en el cual se desarrolla y se aplica (Bifani, 1994).

Tanto el sistema social corno el natural no son indiferentes a las intervenciones de la tecnolo-gía y reaccionan a ellas en una relación dialécti-ca y compleja. La concepción sistémica del de-sarrollo tecnológico y su interrelación con otros procesos sociales y con el sistema natural, cons-tituyen una perspectiva crucial para la gestión tecnológica, y, por tanto, para el análisis e inter-pretación de su objeto de estudio: el desarrollo tecnológico.

Desarrollo tecnológico

El desarrollo tecnológico o progreso tecnológico, como se denomina el proceso de evolución de la tecnología en este artículo, en el sentido más am-plio y probablemente el más importante, está rela-cionado con el desarrollo económico y de la socie-dad en su totalidad, mientras que en sentido res-tringido, se refiere al cambio de la tecnología en una unidad productiva o en un proceso determina-do. En términos generales, el desarrollo tecnológi-co se puede considerar como el "proceso de desa-rrollo y perfección de la tecnología dentro de rela-ciones de producción determinadas" (Martínez, 1994). Ello implica la introducción y difusión de conocimientos incorporados en elementos mate-riales, equipos y dispositivos, o en métodos, pro-cedimientos y procesos, en una actividad humana; como los procesos de producción, distribución o comercialización de bienes y servicios. Lo cual se manifiesta en un mejoramiento de la actividad o proceso, en un incremento de la productividad, en la creación de nuevos bienes y servicios o en el mejoramiento de su calidad.

El desarrollo tecnológico, como proceso social, está embebido en la trama de sucesos de la evolución de las sociedades, y muy estrechamente relacio-nado y determinado por el sistema económico; hasta el punto que hoy suele considerársele como un proceso endógeno de la dinámica del proceso de desarrollo económico. Es quizás este hecho lo que explica que hayan sido los economistas los primeros en reflexionar sobre este proceso.

Los efectos o consecuencias del cambio tecnoló-gico no han sido ignorados en las reflexiones teó-ricas y análisis del desarrollo económico. Kondratieff, por ejemplo, identificó el cambio tecnológico con los despliegues de los ciclos eco-nómicos que se han presentado en la producción capitalista, y Schumpeter asoció la aparición de estos ciclos a las innovaciones tecnológicas.

Perspectiva de la economía clásica

Martínez sostiene que el cambio tecnológico no fue ignorado en los análisis de los economistas clásicos, pero tampoco fue objeto de un análisis profundo en su naturaleza y dinámica, relegando su intervención a un papel secundario en sus teo-rías, en las que fueron consideradas como más importantes otras variables, de tal suerte que sus afinaciones sobre este proceso son incompletas o erradas. Y que tanto Adam Smith como David Ricardo reconocen el cambio tecnológico como una causa del crecimiento económico y como un proceso endógeno al proceso productivo, y pos-tulan que se lleva a cabo sin costo alguno, me-diante la realización de esfuerzos informales de personas vinculadas a las actividades producti-vas, aunque aceptan que algunos desarrollos son realizados por personas ajenas a las actividades productivas (Martínez, 1994).

El modelo neoclásico

Schumpeter es quien introduce la atención del cambio tecnológico en la escuela neoclásica. Si bien le otorgó un papel importante en sus análisis y explicaciones económicas, consideró el desa-rrollo tecnológico como un proceso exógeno -como inicialmente lo hicieron los neoclásicos-, que no tenía causas económicas fácilmente identificables (Martínez, 1994). Schumpeter ubica en las inno-vaciones las causas del desarrollo económico, y en particular de los desequilibrios y fenómenos cíclicos en la economía, y considera que los in-ventos o los conocimientos en los que se basan las innovaciones siempre están disponibles en una reserva interminable y creciente para aumentar la productividad. Así mismo, precisa la innova-ción en términos económicos como "la fijación de una nueva función de producción" e incluye en esta noción, además de la introducción de un nuevo producto o proceso, la apertura de un nuevo mer-cado, la conquista de una nueva fuente de materia prima y un cambio en la estructura organizativa de la industria (Schumpeter, 1939).

Es a partir del trabajo de Solow -en 1957- -sobre el impacto del cambio tecnológico en el cre-cimiento de la economía norteamericana en el período 1900-1940, que se reconoce el papel crucial que tiene este cambio como motor de la economía y la escasa comprensión y explicación que se tenía de este fenómeno. Esta evidencia suscita debate y revisión del modelo neoclásico tradicional, que suponía que los nuevos conoci-mientos tecnológicos fluían desde fuera del siste-ma económico como maná del cielo; es decir, concebía el cambio tecnológico como exógeno al sistema (Katz, 1996). Y es Arrow, en un trabajo pionero publicado en 1962, quien plantea por pri-mera vez en la escuela neoclásica la idea de que el proceso de cambio tecnológico es unfenóme-no endógeno al sistema productivo y que está profundamente interrelacionado con el funciona-miento global del mismo (Katz, 1990). Para Arrow, la empresa aprende a hacer mejor lo que hace con su experiencia. Con este "leaming by doing" de Arrow se plantea que hay que concebir la empresa como una organización que aprende de la experiencia a hacer mejor lo que hace y como una organización social que también pro-duce nuevos conocimientos tecnológicos, además de sus productos y servicios (Arrow, 1962).

Si bien los aportes de Arrow fueron importantes, al considerar el cambio tecnológico de la unidad productiva como un proceso endógeno que de-pende del comportamiento global de ella, su con-tribución no provee una explicación sobre los orí-genes y consecuencias del cambio tecnológico endógeno, como para integrar una teoría que pue-da utilizarse para la elaboración de estrategias tec-nológicas que puedan seguir a empresas o países (Katz, 1990).

Con la "curva de posibilidades innovativas" de Kennedy, se enriquece el modelo de proceso endógeno de la búsqueda de nuevos conocimien-tos tecnológicos, al contemplar la existencia de un espectro de conocimientos, "accesibles y en estado de espera ", el cual establece las nuevas posibilidades técnicas que el empresario puede elegir en un momento dado, dependiendo de los precios relativos de los factores clásicos de pro-ducción, capital y trabajo (Kennedy, 1964).

Todas las contribuciones a la concepción neoclásica del cambio tecnológico desde sus orí-genes, con la introducción de la función de pro-ducción de Cobb-Douglas, en los años 30, has-ta los refinamientos del modelo endógeno, son consideradas útiles por los neoclásicos para obte-ner un bosquejo preliminar de los efectos del cam-bio tecnológico sobre el desarrollo económico, pero no para dar respuesta cabal a algunos pro-blemas del desarrollo tecnológico, como lo de-muestran algunos estudios empíricos cuyos re-sultados se desvían considerablemente de la teo-ría (Martínez, 1994).

Una razón de la debilidad de las explicaciones neoclásicas, y quizás el problema más grave, es el concepto implícito de tecnología incorporado en la teoría y su concepción del proceso de inno-vación. Para ellos, la tecnología es información previamente disponible, con conocimiento per-fecto de las opciones y libre acceso a ellas, uni-versalmente aplicable y fácil de adquirir y repro-ducir. Su desarrollo se da en un continuo sin cos-to alguno para el empresario, guiado por una ló-gica puramente económica, que busca en ese es-pacio de posibilidades tecnológicas aquellas ahorradoras de capital o trabajo de acuerdo con el costo relativo de estos factores de producción.

A diferencia del pensamiento neoclásico, la tec-nología tiene un componente tácito importante que no puede organizarse ni explicitarse del todo. No es un producto que pueda empacarse para ser trasladado y usado como los bienes de con-sumo. Ella "no puede verse como un conjunto de conocimientos perfectamente integrado, deta-lladamente especificado, completamente codifi-cado y, en consecuencia, fácilmente repetible y transferible" (Ávalos, 1993). Significa esto que una tecnología adquirida por una empresa nunca será "una réplica exacta de la tecnología desarro-llada por su dueño y utilizada por otros, lo cual a su vez implica que el receptor siempre va a tener que desarrollar un conjunto de conocimientos adicionales a los que recibió del proveedor" (Ávalos, 1993) para adecuarla a sus condiciones. Además, durante su uso la tecnología sufre adap-taciones y mejoras, como resultado de la solu-ción de problemas y esfuerzos de mejoramiento continuo para explotar su máximo potencial y para dar cuenta de los cambios en el mercado y en la disponibilidad de insumos y recursos.

Nuevas teorías

La necesidad de comprender mejor el proceso de desarrollo tecnológico y su relación con los fenó-menos económicos de la posguerra, y la imposi-bilidad de los modelos conocidos para explicar-los, han aportado "nueva vida a los debates acer-ca de la existencia y la explicación de los ciclos de larga duración y, particularmente, acerca del papel de la innovación tecnológica como fuerza impulsora de los ciclos económicos prolongados" (Rodrigues, 1996). El abanico de teorías va des-de las neomarxistas con Mandel, pasando por las "evolucionistas" de Nelson y Winter, hasta las neoschumpeterianas de Mensch, Dos¡, Freeman y Pérez entre otros. La mayoría de ellas le asig-nan un papel central a las innovaciones para ex-plicar los cielos económicos de Kondratieff, y en particular los neoschumpeterianos le otorgan una importancia capital a la difusión de los nuevos sistemas tecnológicos y al agotamiento de los vie-jos, en la estimulación del crecimiento económi-co en las ondas largas.

En el marco de las nuevas teorías, el cambio tec-nológico es un proceso evolutivo e interactivo, en el que la tecnología evoluciona mediante formulaciones sucesivas de problemas técnicos y soluciones propuestas, y a diferencia de la con-cepción neoclásica se considera como un proceso que evoluciona con discontinuidades producidas por los cambios de paradigmas. En este nuevo es-pacio de reflexiones sobre el desarrollo tecnológi-co se concibieron las innovaciones como vincula-das entre sí, y se concentró el análisis en la estruc-tura que rige tales vínculos, más que en las inno-vaciones, supuestamente independientes, que for-man parte de dicha estructura (Cassiolato, 1994).

La perspectiva evolucionista del cambio tecnológi-co se inicia con los trabajos de Nelson y Winter, y se continuó desarrollando con el concepto de los paradigmas tecnológicos aportados por Dos¡. Nelson y Winter utilizan los conceptos de regímenes tecno-lógicos y trayectorias tecnológicas, para referirse a la estructura intelectual que guía el cambio tecnoló-gico en un sector y a la ruta correspondiente por la que transita el cambio, respectivamente.

La conceptualización de la tecnología y del cam-bio tecnológico basada en paradigmas, ayuda a resolver un viejo debate sobre la importancia del mercado y del conocimiento científico y tecnoló-gico en la generación de las innovaciones, otor-gándole a cada uno de estos factores su papel en la configuración, ritmo y trayectoria del cambio tecnológico. Cada paradigma tecnológico, como modelo o patrón de solución de los problemas tecnológicos, o como conjunto de conocimientos y reglas, determina tanto las posibilidades u op-ciones del progreso tecnológico, como los límites dentro de los cuales las variables del entorno, como la demanda, los precios relativos o la aceptabilidad social ejercen sus influencias. Los paradigmas explican en cierto sentido los impera-tivos tecnológicos -posibilidades de dirección del cambio tecnológico o lo que es factible intentar-, los cuales establecen la inevitabilidad de la búsqueda de las innovaciones en ciertas direcciones permitidas por los conocimientos que configuran el paradigma.

Los paradigmas tecnológicos forman un universo de posibilidades del cual pueden surgir, mediante una heurística altamente selectiva, unos diseños concretos o soluciones básicas, que le dan for-mas tecnológicas específicas a productos y pro-cesos que fijan las normas tecnológicas o patro-nes tecnológicos por un tiempo determinado. En la infancia de un paradigma tecnológico se pue-den encontrar en competencia varias versiones de estos diseños concretos o productos tecnoló-gicos. La adopción y difusión de uno de ellos como solución tecnológica dominante es media-da por la aceptación social, en la que las empre-sas, los mercados y las relaciones sociales des-empeñan un papel importante, actuando como ambiente de selección (Cassiolato, 1994).

Se plantea también en el ámbito de esta perspec-tiva del desarrollo tecnológico, que el desarrollo económico de los países capitalistas, desde lo que se conoce como revolución industrial en Inglate-rra hasta hoy, se ha dado por ciclos, con perío-dos de auge y de depresión que se repiten aproxi-madamente cada 50 a 60 años, de acuerdo con la evidencia empirica registrada por Kondrafieff. Esos modos de desarrollo económico se conside-ran impulsados por uriparadigma tecnoeconómico configurado alrededor de una revolución tecnoló-gica. La producción textil mecanizada, el modo de producción organizado alrededor del motor eléc-trico y el motor de combustión interna, y la pro-ducción en línea y masiva, intensiva en uso de material y energía, son tres ejemplos de paradigmas tecnoeconómicos por los que ha evolucionado la producción capitalista.

La difusión o despliegue de cada revolución tec-nológica, formada por una constelación de siste-mas tecnológicos -familia de tecnologías interrelacionadas con una dinámica común que afecta todo el aparato productivo, se interpreta como guiada por un paradigma tecnoeconómico, orientada por un conjunto de conocimientos, re-glas, modelos, valores y procedimientos que con-figuran una lógica general, para la toma no sólo de decisiones de inversión sino también sobre las innovaciones y los cambios tecnológicos. Se dice que es tal la fuerza de ese conjunto de criterios e ideas para la toma de decisiones, en la práctica productiva óptima y en la gestión de la produc-ción, que resulta penetrando la conciencia colec-tiva y convirtiéndose casi en sentido común de científicos, ingenieros, gerentes, inversionistas y de todos los que se vinculan a las actividades eco-nómicas. Las revoluciones tecnológicas condu-cen a profundos cambios estructurales, no sólo en el modo de producir y el modo de vivir sino también en la geografia económica mundial. Ellas requieren de nuevos marcos socioinstitucionales, los cuales se producen mediante transformacio-nes en el terreno de lo social, lo organizativo y regulatorio; en todas las instancias, desde la em-presa pasando por el estado, hasta las relaciones internacionales (Pérez, 1986).

Los cambios producidos por un paradigma tecnoeconómico son complejos y trascienden los simples cambios técnicos. El universo de cam-bios comprende un nuevo concepto de eficiencia y organización de la producción, un nuevo mo-delo de gerencia y organización empresarial, per-files diferentes de la fuerza de trabajo, maneras diferentes de hacer el trabajo, nuevos patrones de inversión, reconcepción de las escalas ópti-mas de producción, nuevas industrias y activida-des económicas, nuevo patrón de localización geográfica de la inversión; en fin, unas nuevas relaciones y prácticas sociales. Pero estas trans-formaciones no se limitan al ámbito del sistema económico, sino que se extienden también al mar-co socio-institucional y a toda la sociedad. Los paradigmas tecnoeconómicos generan imperati-vos sociales, requisitos o condiciones del entorno social que son imprescindibles para el funciona-miento del modo de producción impulsado por el paradigma (Winner, 1979). Las instituciones so-ciales y el marco general de regulación deben transformarse mediante vastas innovaciones so-cio-institucionales que faciliten el establecimien-to de nuevas reglas de juego, nuevos mecanis-mos de regulación y nuevas instituciones, y por tanto, la estructuración de un contexto coherente con el nuevo paradigma.

Son visibles los síntomas de agotamiento del último paradigma tecnoeconómico y la transi-ción hacia uno nuevo, producido por la revolu-ción tecnológica impulsada por los desarrollos tecnológicos en la microelectrónica, la infor-mática y las telecomunicaciones. Las tecnolo-gías que se han usado con el último paradigma han alcanzado su madurez y agotado sus posi-bilidades de innovaciones increméntales, de acuerdo con los límites de sus propias trayec-torias. Se reconoce hoy la capacidad que tie-nen las tecnologías de la microelectrónica, la informática y las telecomunicaciones para su-perar las limitaciones enfrentadas por el para-digma anterior y la oportunidad inédita de de-sarrollar nuevas trayectorias tecnológicas que generen nuevos productos, nuevos servicios, nuevas industrias y el aumento de la producti-vidad, aun en las viejas actividades producti-vas y en las tecnologías maduras (Pérez, 1986).

El ciclo de vida de la tecnología

Una tecnología tiene un cielo de existencia, y por analogía con los seres biológicamente constitui-dos ella evoluciona en una secuencia de estados. Es decir, a una tecnología se le puede asociar una gestación, un nacimiento, un crecimiento y desa-rrollo, y finalmente una muerte u obsolescencia.

La gestación está asociada con la idea de un nue-vo producto, un proceso o una nueva manera de realizar actividades establecidas, y está íntima-mente vinculada con las oportunidades tecnoló-gicas, necesidades y deseos existentes o latentes. Como resultado de la gestación se obtiene el in-vento, por medio de un proceso que involucra todos los esfuerzos orientados a la creación de nuevas ideas y al logro de su funcionamiento y utilidad (Roberts, 1989). El nacimiento lo consti-tuye la innovación radical, definida ésta como la primera aplicación de la invención en un pro-ceso productivo o en el mercado. La innovación es un hecho económico, mientras el invento es tecnocientífico. Esta innovación, que pone en el mercado o en el sistema productivo un producto o proceso verdaderamente novedoso, no surge como una transformación de una tecnología exis-tente. "Es prácticamente imposible que resulte de los esfuerzos por mejorar una tecnología existen-te" (Pérez, 1986). Ellas generan verdaderas trans-formaciones en la economía y la sociedad, pues los nuevos rumbos tecnológicos que inauguran no sólo dan nacimiento a nuevas industrias y ac-tividades económicas, sino también a nuevas ins-tituciones y relaciones sociales.

El crecimiento y desarrollo lo experimenta la tec-nología con la adopción, propagación o difusión masiva de la innovación radical. La difusión, que transforma una innovación radical en un fenó-meno económico-social, es un proceso que se lle-va a cabo a ritmo variable y en el cual influyen variables sociales, económicas, políticas y de mercado.

A medida que una tecnología se difunde, experi-menta sucesivas mejoras o cambios. Estos cam-bios, introducidos deliberadamente, se denomi-nan innovaciones incrementales. Con ellas es-tán asociados la disminución de los costos y el aumento de la productividad en los procesos pro-ductivos, y el mejoramiento del desempeño de los productos tecnológicos o el aumento de la gama de sus posibles aplicaciones. La velocidad de introducción de las innovaciones incrementales en una tecnología es variable. En los primeros años o infancia de la tecnología este ritmo es len-to, luego se acelera en la adolescencia, para final-mente decrecer cuando ella se hace madura. Este límite en el potencial de cambio o mejora de una tecnología es lo que estimula el surgimiento de innovaciones radicales.

La muerte u obsolescencia de una tecnología se vislumbra cuando las empresas que las usan van agotando las posibilidades de innovaciones incrementales, y ven estancarse su productividad y amenazados sus niveles de rentabilidad. En es-tas condiciones el aparato productivo abandona gradualmente una tecnología y adopta una nue-va. Justamente, este proceso de abandono de un modelo productivo por uno nuevo caracteriza el descenso de las ondas largas de Kondratieff (Pérez, 1986). La muerte u obsolescencia de una tecnología se puede presentar en cualquier mo-mento de su ciclo de vida. La tecnología puede morirse aún en su infancia, si es sustituida por una tecnología que tiene mejor desempeño o mayor aceptación social.

Modelos de innovación

En los intentos de definir los elementos del pro-ceso de innovación radical y los factores que in-fluyen e inducen a la actividad innovadora, se encuentran en la literatura económica dos pers-pectivas antagónicas: las fuerzas del mercado, como el principal determinante de las innovacio-nes, y el desarrollo de ellas, como un proceso autónomo vinculado al desarrollo del conocimien-to científico y tecnológico.

El elemento común de estos modelos es la con-cepción del desarrollo tecnológico como un pro-ceso lineal-secuencial, en la que se interpreta que la innovación es un proceso que encadena en una secuencia lineal la investigación básica, la investi-gación aplicada, el desarrollo experimental, la pro-ducción y la comercialización. Modelo que supo-ne la finalización de una etapa para iniciar la si-guiente. Según estos modelos, el proceso de in-novación radical se "entuba" y se conduce en un flujo lineal desde la investigación básica hasta la aplicación industrial y su difusión. La diferencia estriba en que un modelo supone que la demanda del mercado es la que origina el proceso, mien-tras el otro se lo asigna a los descubrimientos (Martínez, 1994).

El modelo basado en el empuje del conocimiento científico y tecnológico enfatiza el rol de la cien-cia en la producción de los inventos, o la depen-dencia de éstos de anteriores adelantos en la tec-nología; en cambio, el modelo de arrastre de la demanda acentúa la necesidad percibida y la eva-luación de necesidades potenciales o latentes, como el evento que precede la secuencia inven-ción-innovación.

Ambos modelos son simplificaciones teóricas, que no pueden explicar satisfactoriamente todos los detalles del proceso del cambio tecnológico y las causas de las innovaciones. Algunos estudios empíricos confirman indistintamente ambas hi-pótesis básicas, mientras que otros reconocen la variabilidad de la génesis del proceso entre el des-cubrimiento y la necesidad percibida; con lo que se comprueban las limitaciones de los modelos lineales secuenciales tradicionales. En su lugar, se ha propuesto que el proceso de innovación sea considerado como un flujo concurrente e interactivo de eventos, que incluye tanto eventos técnicos como sociales (Martínez, 1994), sin que exista necesariamente un evento privilegiado que inicie el proceso.

Ya Schumpeter había señalado que no existía una conexión necesaria entre invención e innovación radical. Si bien una innovación puede incorporar un gran número de invenciones de componentes, materiales y subsistemas, ellas también pueden resultar de una nueva combinación, o de un nue-vo uso de conocimiento técnico existente. Aun-que se reconoce que las invenciones surgen de fuentes variadas y difusas, en un juego complejo que interrelaciona la inspiración genial, una nue-va combinación de elementos acumulados durante mucho tiempo, o la síntesis acumulativa de in-venciones sencillas (Usher, 1954), se acepte que es la selección social la que predomina finalmente en la generación y difusión de innovaciones. Por ello, es ingenuo pensar que la investigación científica y tecnológica genera los inventos que la industria recoge y convierte en innovaciones en forma automática (Martínez, 1994).

El proceso de innovación radical involucra todas las actividades para convertir en una realidad co-mercial una idea novedosa sobre un producto o proceso, pero estas actividades no se desarrollan necesariamente siguiendo un flujo lineal entre la investigación básica, la concepción de la innova-ción y la puesta en el mercado del producto de la innovación. Tampoco es plausible suponer que haya una nítida división social del trabajo en la innovación, con unas instituciones o actores es-pecializados e independientes para ejecutar unas etapas, como lo suponían los modelos lineales. División del trabajo donde las etapas del proceso de innovación pueden ubicarse en organizacio-nes distintas, y que asigna a los institutos o cen-tros de investigación la supuesta misión de gene-rar los inventos y a las empresas la tarea de su explotación comercial. Un modelo más realista es el que se apoya en la teoría de los paradigmas tecnoeconómicos, que reconoce la variabilidad del origen de la innovación y concibe el proceso de innovación como un flujo de actividades combi-nadas, integradas e interactivas, para convertir en una realidad comercial un producto, servicio o proceso; en general, para hacer realidad una tecnología.

La innovación tecnológica es un proceso multietapa, con variaciones significativas en las actividades iniciales, así como en los aspectos y problemas de gestión en sus etapas. Ella se realiza mediante esfuerzos técnicos, llevados a cabo esen-cialmente en el contexto de una organización, pero involucra intensas interacciones con el entorno tec-nológico y el mercado. En su desarrollo, son críti-cas la búsqueda proactiva de los insumos del mer-cado y de contribuciones tecnológicas externas, y es inevitable la retroalimentación y la reiteración que ocurre entre sus etapas (Roberts, 1989).

El número preciso de las etapas que forman el proceso es arbitrario, pero en términos generales involucra "la generación de una idea o un inven-to y la conversión de la invención en un negocio u otra aplicación útil" (Roberts, 1989). Roberts, por ejemplo, considera el proceso integrado por: el reconocimiento de una oportunidad de merca-do o tecnológica, la formulación de la idea de la innovación, la solución del problema, la produc-ción del prototipo, el desarrollo comercial, la uti-lización y la difusión. En cambio, Rosenthal lo concibe, para el desarrollo de un nuevo producto industrial, como formado por la validación de la idea, el diseño conceptual, las especificaciones y el diseño del producto y del proceso, la produc-ción y las pruebas de los prototipos, y la manu-factura y comercialización (Rosenthal, 1998).
En síntesis, el proceso de innovación es un pro-ceso multietapas interactivas, con una diversidad significativa de tareas específicas, así como de actividades gerenciales y prácticas de gestión tec-nológica efectivas, que involucra una fuerte interacción con el entorno tecnológico y el mer-cado. Así mismo, para que una innovación sea exitosa debe conjugar, necesariamente, la posibi-lidad técnica, la factibilidad económica y la aceptabilidad social.

Ese proceso integral-interactivo se lleva a cabo con un traslapo, o con cierto grado de simulta-neidad en la ejecución de las actividades, y con la consideración simultánea de todas las interacciones y relaciones internas relevantes en el proceso y entre éste y su entorno. Es decir, la innovación avanza mediante un flujo en codesarrollo y combinación de actividades y con el trabajo cooperativo o colaborativo de todos los actores que intervienen en una innovación. En algunos casos, esta concurrencia de fases lle-ga, inclusive, a las fases ascendentes de la inno-vación: la investigación básica y la investigación aplicada, y a que en cualquier momento se retor-ne a actividades ya ejecutadas, pero también a la anticipación de otras que en la lógica secuencial se ubican en fases posteriores. El modelo inte-gral-interactivo rompe la linealidad de los mode-los secuenciales y estructura el proceso de inno-vación en multietapas, con un flujo natural de actividades interactivas, con cierto grado de iteración, que casi nunca avanza en secuencia li-neal.

El otro aspecto relevante de este modelo integra-do e interactivo de la innovación, es que a nivel empresarial no sólo se vinculan al proceso todas las unidades funcionales: investigación y desarro-llo, ingeniería y diseño, producción, mercadeo, finanzas, servicios, compras, etc., para poner al servicio de la innovación todas las capacidades tecnológicas de la organización, sino que también se involucran usuarios potenciales, proveedores de tecnologías, asesores, centros e institutos de investigación, para disponer de aquellas capaci-dades tecnológicas que no se tienen, y para dis-minuir los riesgos y problemas técnicos y de mer-cado que son inherentes a toda innovación (Rosenthal, 1998).

Este es un escenario conceptual claramente dis-tinto del neoclásico, el cual provee una visión interpretativa de la naturaleza y dinámica del de-sarrollo tecnológico más integral, con la que se pueden orientar mejor las decisiones y acciones deliberadas relacionadas con el desarrollo, uso y difusión de la tecnología de un país, sector, orga-nización o empresa. La complejidad y riesgos in-trínsecos de la innovación, así como la importan-cia estratégica que ella tiene en la competitividad de empresas y naciones, hacen de la innovación un proceso clave que debe estar en el centro de la gestión empresarial e integrado a las estrate-gias competitivas, y por tanto planeado, organi-zado, dirigido, ejecutado, controlado y evaluado; en síntesis, gestionado.

Gestión tecnológica

¿Qué es gestión tecnológica? ¿Cuál es su ámbito de problemas? ¿Cuál es el alcance de las activi-dades de la gestión tecnológica? ¿Quién, y con cuáles conocimientos y competencias, se ocupa de estas actividades en las organizaciones? Son preguntas que todavía no tienen una respuesta definitiva y, por tanto, son tema de debate y aproximaciones en eventos académicos, como el realizado en septiembre de 1998 en Arlington, Virginia U.S.A., organizado por la National Science Foundation (NSF) y la Universidad de Miami para discutir temas atinentes a la gestión tecnológica.

No tienen respuestas definitivas debido a lo re-ciente de las reflexiones sobre ellas, así como por la dependencia que tienen de los cambios en co-nocimientos, reglas, modelos, valores, procedi-mientos e instituciones requeridos para configu-rar la nueva lógica general, que guiará las prácti-cas de gestión empresarial en el contexto del nue-vo paradigma tecnoeconómico en cierne. La com-plejidad y velocidad de los cambios que se están produciendo, el uso intensivo del conocimiento y la innovación como factores dominantes y res-ponsables del éxito de las empresas en el nuevo ambiente empresarial, demandan nuevas prácti-cas de gestión. Nuevas lógicas y procesos de ges-tión para la efectiva producción e incorporación de conocimientos a las actividades de la empre-sa, y la integración de estrategias tecnológicas en las estrategias empresariales para crear ventajas sostenibles y prosperidad. Esta necesidad de bús-queda intencionada y sistemática del desarrollo de innovaciones, al ritmo impuesto por la veloci-dad de cambios de conocimientos y del mercado, están promoviendo la gestión tecnológica como la función más importante en la gestión empresa-rial, por ser ella la responsable de la gestión del recurso clave para la competitividad: el conoci-miento.

En la literatura no se encuentra una definición universalmente aceptada para gestión tecnológi-ca. "Para muchos significa gestión de ingeniería. Para otros significa gestión de información, ges-tión de la investigación, gestión del desarrollo, gestión de operaciones de manufactura, gestión de actividades de ingenieros y científicos, o ges-tión de actividades funcionales sin importar el espectro total de actividades que abarcan los pro-cesos empresariales, desde el concepto del nego-cio hasta la comercialización" (Gaynor, 1996). Lo que sí se observa, en la práctica de la gestión tecnológica en las empresas, es una evolución desde el alcance limitado de la gestión de la in-vestigación y el desarrollo, a una función integradora y holística, que extiende sus actividades al diseño, la manufactura, el mercadeo, las ventas, la distribución, el servicio al cliente, los sistemas de información, los recursos humanos, las finanzas, las compras, los clientes, los pro-veedores, las relaciones públicas y la administra-ción general (Gaynor, 1996). Es decir, la gestión tecnológica en las organizaciones está evolucio-nando hacia un sistema de gestión que cumple una función integradora y holística en la gestión empresarial. En esencia, está evolucionando ha-cia un sistema cuya función última es el desarro-llo, la integración y el uso efectivo de recursos tecnológicos, para la creación de valor en la bús-queda de la satisfacción competitiva de necesida-des y demandas de los clientes.

Es justamente con esa interpretación sistémica y holística que se aborda en este artículo la gestión tecnológica. Ella será concebida como un sistema de conocimientos, pero también como un sistema complejo formado por un conjunto de procesos interrelacionados e integrados para la producción de innovaciones y ventajas competitivas, en la pers-pectiva del desarrollo de países y empresas.

La gestión tecnológica:
un sistema de conocimientos

La gestión tecnológica es conocimiento y es una práctica. Es un sistema de conocimientos y prác-ticas relacionados con los procesos de creación, desarrollo, transferencia y uso de la tecnología. Algunos conciben este sistema como "una colec-ción de métodos sistemáticos para la gestión de procesos de aplicación de conocimientos, exten-der el rango de actividades humanas y producir bienes y servicios" (Kanz and Lam, 1996). Mien-tras otros, como el National Research Council (NRC) de Estados Unidos, lo considera integra-do por los conocimientos de "ingeniería, ciencias y disciplinas del área de gestión, para planear, desarrollar e implementar capacidades tecnológi-cas en el diseño y el logro de los objetivos estra-tégicos y operacionales de una organización" (Khalil, 1998). Es un sistema de conocimientos o región de conocimientos, en los términos que plan-tea Mario Díaz (1995) la organización del cono-cimiento; constituido por conceptos y proposiciones sobre relaciones entre estos conceptos, modelos y teorías sobre los procesos de toma de decisiones y ejecución de acciones relacionados con las tecnologías, en organizaciones, empre-sas, países y regiones.

Pero la gestión tecnológica no es un campo del saber meramente especulativo sobre la tecnolo-gía y su desarrollo. Es también una práctica so-portada en un conocimiento derivado del análisis y la interpretación de las observaciones del com-portamiento del desarrollo tecnológico, como pro-ceso social, y resultado de las observaciones de este proceso en organizaciones y países, y de su relación con el proceso de desarrollo global de las sociedades modernas.

La gestión tecnológica como "dominio" de expli-caciones, como conjunto de conocimientos que la identifican, es una reconstrucción o reformulación interpretativa de los procesos de generación, transformación y difusión de la tec-nología, que a su vez constituye y determina un "dominio" de acciones legítimas y de prácticas profesionales para la intervención de estos pro-cesos. Estos dominios, el teórico y el de la prácti-ca, constituyen una unidad dialéctica. Las teorizaciones se desarrollan sobre las prácticas de decisiones y actividades tecnológicas; es de-cir, la práctica como origen del conocimiento, y este conocimiento, configurado en modelos de las mejores prácticas, sirve como guía de la prác-tica de la gestión de los procesos del desarrollo tecnológico.

Los procesos objeto de estudio de la gestión tec-nológica, en tanto procesos sociales, son proce-sos complejos, multidimensionales, inseparables de su contexto y de la globalidad de los procesos sociales; y, por tanto, sus estados y característi-cas involucran dimensiones históricas, económi-cas y sociológicas. Si bien ellos han sido conside-rados bajo ángulos y perspectivas distintas por disciplinas como la historia, la economía, la so-ciología y la sicología, cada una con su enfoque particular y sin pretensión alguna de una explica-ción total, es la gestión tecnológica, como región de saberes y un campo de conocimiento transdisciplinario, la que conjuga y relaciona es-tos saberes parcelados, mediante su recomposi-ción y recontextualización, para construir una mejor visión que incorpora la totalidad de carac-terísticas del proceso.

Los procesos de los cuales se ocupa la gestión tecnológica son diversos y dinámicos, en cuyo comportamiento y desarrollo se reconoce la exis-tencia de ciertos patrones estructurales que son recurrentes y que constituyen la clave para com-prender su evolución, pero también para enten-der las singularidades que le son inherentes. Este reconocimiento de los patrones subyacentes per-mite organizar la complejidad de este proceso en una exposición coherente para comprenderlo e intervenirlo, pero también para tratar sus dife-rencias.

En la dimensión económica del desarrollo tecno-lógico, afirma Katz, resulta obvio que no pueden usarse los mismos modelos teóricos para descri-bir las complejidades e idiosincrasia de socieda-des con grados extremadamente diferentes de madurez y desarrollo económico.

La organización de la producción en el ámbito de la empresa, la extensión de los mercados, su fraccio-namiento y grado de imperfección, la naturaleza y comportamiento de las instituciones encargadas de la regulación, entre otras variables, son diferentes entre países, y resulta dificil aceptar que un sólo modelo pudiera utilizarse con la misma eficacia para comprender y dar cuenta del desarrollo tecnológico de las sociedades que difieren en aspectos impor-tantes de su organización social (Katz, 1996).

El proceso de gestión tecnológica

La gestión tecnológica es, en su esencia, tecnolo-gía, de acuerdo con el concepto global que de tecnología se ha presentado en este artículo; pues es conocimiento que se usa en los procesos de toma de decisiones y de ejecución de las accio-nes derivadas de estas decisiones en los procesos de desarrollo tecnológico. El conjunto de teorías, modelos y herramientas que integran la gestión tecnológica, permiten la planeación, organización, operación, orientación, control y coordinación de los mecanismos y sistemas, el flujo de acciones e interacciones que constituyen el proceso de de-sarrollo tecnológico, y sus interrelaciones con otros procesos sociales.

En el "dominio" de la práctica, las actividades de la gestión tecnológica configuran un proceso glo-bal cuyo objetivo último es la incorporación deli-berada y sistemática del cambio tecnológico para el desarrollo de países, empresas u organizacio-nes. En este sentido la gestión tecnológica se asu-me como el "proceso de adopción y ejecución de decisiones sobre políticas, planes, estrategias y acciones relacionadas con la creación, difusión y uso de la tecnología" (Szabó, 1995). El proceso incluye, además de los procesos de toma de de-cisiones, los procesos para coordinar la ejecución de estas decisiones y los procedimientos mismos de operación para la ejecución de las decisiones. Procesos que están integrados por actividades que pueden catalogarse, de acuerdo con la clasifica-ción tradicional, como gerenciales, administrati-vas y operativas propiamente dichas.

El proceso de gestión tecnológica, así como su objeto -el proceso de desarrollo tecnológico -y el uso de la tecnología misma, sólo pueden dar-se con el dominio de conocimientos, habilidades y destrezas asociados a esos procesos. Conoci-mientos, habilidades y destrezas que constituyen las capacidades tecnológicas; que son las que po-sibilitan y soportan todas las actividades involucradas en el desarrollo tecnológico, pero también todo lo que una organización o empresa hace en su cadena de valor. Ellas hacen parte de los recursos tecnológicos, junto con el conjunto de medios materiales (maquinarias, equipos, etc.) y otros elementos inmateriales como la propie-dad intelectual, las bases de datos y de conoci-mientos. Son estas capacidades las que sustentan las características de los productos y servicios, los procesos y métodos de producción, los mate-riales que se usan, los métodos de organización, y los procesos gerenciales y administrativos; y con las cuales se operan, mejoran, transforman, reemplazan y crean los sistemas productivos y los productos. "El desarrollo y consolidación de tales capacidades permite saber acerca de las tecnologías que se requieren, acerca de cómo evaluarlas y comprarlas y acerca de la manera de usarlas, mejorarlas y adaptarlas, o de crearlas si fuere el caso" (Ávalos, 1993).

En esta perspectiva, el desarrollo, adquisición, utilización efectiva y consolidación de las capaci-dades tecnológicas pasa a tener una importancia capital en la gestión de la tecnología. Se hace mucho más relevante esta función de la gestión tecnológica a partir del reconocimiento de que los recursos tecnológicos son los elementos esen-ciales que habilitan a las empresas y los países para participar en forma estable y creciente en los mercados. Son ellos los que les permiten a empresas y países desarrollar competencias dis-tintivas, con las cuales construyen y sostienen su competitividad (Bessant, 1995). Y es justamente con esta interpretación que se ha otorgado a la gestión tecnológica no sólo el papel motor en la gestión moderna de las organizaciones, sino tam-bién el rol de función institucional holística e integradora, en términos organizativos, de la ges-tión empresarial.

La gestión tecnológica
en el Sistema Nacional de Innovación

La gestión tecnológica se realiza en diferentes ni-veles del sistema de innovación de los países, y la lógica y los objetivos generales de los procesos de gestión son los mismos, independientemente de donde se localicen dichos procesos, ya sea en el sector productivo o en las entidades de la in-fraestructura científico-tecnológica.

En el campo de las funciones del gobierno -se-gún el modelo de Sábato- la gestión tecnológica se manifiesta en los planes y las políticas científi-cas y tecnológicas, así como en sus acciones coor-dinadoras, promotoras y de financiamiento de los esfuerzos de desarrollo que realizan las em-presas e instituciones que forman el sistema. Pero también se extiende a la creación de un ambiente macroeconómico y un clima de competencia fa-vorable en el mercado, que estimule a las empre-sas a invertir recursos y esfuerzos en el desarro-llo y uso de capacidades tecnológicas para el de-sarrollo tecnológico. De igual manera, la gestión del gobierno se expresa en la intervención en el sistema educativo para la formación de recursos humanos con las competencias apropiadas, y en la creación de instituciones específicas -reglas, regulaciones, rutinas, códigos, estándares, meca-nismos, arreglos estructurales, organizaciones -para configurar un marco institucional adecuado, que regule y promueva vínculos entre las empre-sas productivas y comerciales y las instituciones educativas y de servicios tecnológicos, para jun-tar las capacidades necesarias y hacer posible el desarrollo tecnológico endógeno (Lall, 1996).

En la infraestructura científica y tecnológica del sistema nacional de innovación --configurada por los centros de investigación y desarrollo tecnoló-gico, las instituciones y entidades de servicios tec-nológicos, las instituciones educativas, etc.-, la gestión tecnológica también se expresa en pla-nes, políticas, programas y acciones, alineados con los planes y políticas nacionales, formulados sobre la base de atender los problemas y necesi-dades sociales y de los sectores económicos. Si bien estas organizaciones se concentran en la ges-tión de proyectos para la producción de conoci-miento -su producto esencial también en ellas se realizan todas las actividades de gestión tecno-lógica, sólo que se hacen más frecuentes e inten-sivas y tienen un peso relativo más alto las activi-dades de gestión tecnológica relacionadas con la investigación y el desarrollo. Por ello, es aplica-ble en estas entidades las prácticas y procesos de gestión tecnológica que se ejecutan en las empre-sas, con las singularidades propias de la naturale-za de los procesos que ellas desarrollan y los insumos y recursos que utilizan.

Las actividades específicas de gestión de la in-vestigación y desarrollo, y en particular de la in-novación, son independientes de la localización del proyecto; ya sea en una empresa, instituto de investigación, centro de desarrollo tecnológico o centro académico, ellas recorren todas las deci-siones y acciones desde la selección de los pro-yectos, organización, procura y aseguramiento de los recursos para su ejecución, hasta las activida-des de protección de la propiedad intelectual y su comercialización.

La gestión tecnológica
en la empresa

En el ambiente empresarial la gestión tecnológica se revela en sus planes, políticas y estrategias tecnológicas para la adquisición, uso y creación de tecnología, así como cuando se asume la innova-ción como eje de las estrategias de desarrollo de los negocios. También es evidente cuando en la cultura de las empresas se ha logrado "crear una mentalidad innovadora, enfocada hacia el apren-dizaje permanente que sirva de sustento al creci-miento de la competitividad en el largo plazo" (Colciencias, 1998).

En una empresa que ha incorporado la gestión tecnológica en su cultura, las actividades propias de ella están incorporadas en su cadena de valor y son realizadas en forma sistemática mediante unos procesos básicos que desarrollan funciones de gestión tecnológica. Procesos que integran competencias tecnológicas, competencias de ges-tión y recursos disponibles para la empresa en el cumplimiento de sus propósitos, objetivos, estra-tegias y operaciones. Procesos que involucran también el uso de datos, información y conoci-mientos, y la interacción social de personas en la creación de conocimiento y el desarrollo de inno-vaciones para la creación de valor y de ventajas competitivas (Gaynor, 1996). Entre estos proce-sos pueden mencionarse: la gestión del conoci-miento, el monitoreo y la inteligencia tecnoeconómica, la evaluación de alternativas tec-nológicas, la negociación de tecnología, la trans-ferencia de tecnología, la asimilación y adapta-ción, y la investigación y el desarrollo.

En términos generales, los procesos de gestión tecnológica en la empresa involucran funciones básicas, como: "identificación, evaluación y se-lección de tecnologías, desagregación de paque-tes tecnológicos, negociación de tecnologías, construcción y puesta en marcha de sistemas pro-ductivos, uso y asimilación de tecnologías, adap-tación y mejoramiento de la tecnología, genera-ción y comercialización de nuevas tecnologías" (Ávalos, 1993). El alcance de las actividades de gestión tecnológica va más allá de las consideradas como básicas. El espectro es más amplio e incluye: suministro, monitoreo, análisis y evalua-ción de información técnica y prospectiva tecno-lógica; evaluación tecnológica de la empresa; pla-nificación del desarrollo tecnológico; gestión del financiamiento del desarrollo tecnológico; identi-ficación, selección y reclutamiento de asesores técnicos; formulación y ejecución de políticas de capacitación del recurso humano; planteamiento, prevención y protección de derechos de propie-dad intelectual; y muchas más.

Ávalos (1993), por ejemplo, agrupa los procesos de gestión tecnológica en la empresa en tres ám-bitos: el de la adquisición, el de su uso propia-mente dicho y el de la realización de actividades de investigación y desarrollo, en los que ubica algunas de las funciones de gestión tecnológica antes señaladas.

La adquisición de tecnología tiene un papel im-portante en el proceso de acumulación de capa-cidades tecnológicas y por ello se le asigna el pro-pósito general de convertir los procesos de com-pra de tecnología en procesos que permitan una verdadera transferencia de tecnología; orientan-do la gestión a adquirir las capacidades tecnológi-cas para usar adecuadamente la tecnología, adap-tarla y mejorarla, más que a adquirir una capaci-dad productiva. En las etapas globales para la ad-quisición de tecnología, Ávalos incluye: búsque-da de información, selección, evaluación, nego-ciación y adopción de tecnología; y considera fun-damentales para el proceso de adopción: el dise-ño de ingeniería, la compra de maquinaria y equi-pos, la construcción, el montaje, la prueba y pues-ta en marcha de los sistemas productivos.

Destaca también Ávalos la necesidad de hacer gestión tecnológica durante el uso de la tecnolo-gía, desarrollando estrategias diseñadas para con-vertir la experiencia en producción y manteni-miento, y en procesos de aprendizaje delibera-dos, mediante la observación, registro y análisis de esa experiencia. 0 sea, que la gestión tecnoló-gica en el uso de la tecnología, tiene el objetivo de usar la experiencia como fuente de aprendiza-je consciente, racionalizándola para adquirir conocimientos complementarios a los que se reci-bieron del proveedor de tecnología. Procesos de aprendizaje planeados, organizados y desarrolla-dos para una asimilación plena de la tecnología, y lograr así una explotación de su máximo poten-cial, con la optimización, adecuación y adapta-ción a las condiciones cambiantes del mercado donde opera.

En la gestión de la investigación y el desarrollo, la empresa debe realizar actividades de gestión tecnológica a fin de crear nuevos y mejores pro-ductos y procesos, pero también actividades para el mejoramiento de los productos y procesos exis-tentes por medio de programas de mejoramiento continuo o de actividades propias de un sistema de aseguramiento y mejoramiento de la calidad. La empresa puede desarrollar actividades de ges-tión de la investigación y desarrollo, así no disponga de una unidad especializada dentro de la organización para realizarlas, si ha desarrollado capacidades de vinculación con unidades de la infraestructura del sistema de innovación. Pero sea cual sea el estado de desarrollo y madurez de la gestión tecnológica en la empresa, los proce-sos genéricos que debe ejecutar en el ámbito de la investigación y el desarrollo son similares a las de un instituto o centro de desarrollo tecnológi-co, pero con un portafolio de proyectos de una alta composición de proyectos de desarrollo de nuevos productos y procesos, más que de pro-yectos de investigación básica y aplicada.

La gestión de la innovación tecnológica en las empresas no se reduce únicamente al ámbito de la investigación y el desarrollo de los productos y procesos productivos. Ella se extiende a todas las actividades de la cadena de valor donde se pueda mejorar la productividad y la competitividad. "Una empresa ya no puede basar su competitividad exclusivamente en la innovación de sus procesos sustantivos. Las funciones de apoyo, al adquirir un carácter estratégico, también deben incorpo-rar innovaciones" (Ramírez, 1999). Son múlti-ples las posibilidades de innovación en estas otras actividades, aunque en la práctica son más visi-bles las que se logran en los cambios organizacionales, las que se producen con los programas de aseguramiento de la calidad, las que se buscan con los programas de reducción de desperdicios de insumos y materias primas, las que se persi-guen con los programas de incremento de la efi-ciencia en el uso de energía, e inclusive, las que se introducen con los cambios de estilos y prácti-cas gerenciales y administrativas.

El valor estratégico que tiene el conocimiento en la construcción y sostenimiento de la compe-titividad en una economía basada en el conoci-miento, hace del proceso de gestión del conoci-miento un proceso clave en la gestión tecnológi-ca de la empresa. La empresa debe sistematizar deliberadamente los esfuerzos para encontrar, reunir y organizar el capital intelectual -conocimiento- que hay en ella (Datz, 19999), para usarlo en la creación de valor y de ventajas competiti-vas. Ella debe aprender a mejorar el conocimien-to actual, aprender a crear un nuevo conocimien-to y a difundirlo o transferirlo a donde se requie-ra en la organización (Nayak, 1998). Este proce-so tiene el propósito de hacer de la empresa una organización inteligente que sea capaz de tomar decisiones rápidas, para responder oportunamente a los cambios que se producen en el entorno: cambios económicos, cambios demográficos, cambios tecnológicos, cambios en el mercado y, muy especialmente, cambios en los gustos, nece-sidades y expectativas de los clientes.

Como soporte del proceso de gestión del conoci-miento, la empresa debe disponer de un sistema nervioso digital, equivalente al sistema nervioso biológico, que sea capaz de aportar un flujo de información, bien integrado al lugar oportuno de la organización, y en el momento oportuno (Gates, 1999). Sistema que integre las fuentes de infor-mación corporativa y las fuentes externas, y per-mita encadenar estrechamente la base de conoci-miento de la empresa y la inteligencia de las per-sonas al obtener y transformar información en conocimiento y en acción inmediata para crear valor; todo ello en la perspectiva de construir una ventaja competitiva.

El proceso de gestión del conocimiento, en su objetivo de crear valor a partir del empleo e incremento del conocimiento estratégico que posee una organización, debe integrar virtualmente los procesos de socialización, externalización, com-binación e internalización del conocimiento, para aumentar la base de conocimiento, con los pro-cesos de recolección, creación, distribución y uso del conocimiento, para que efectivamente se co-necte la base de conocimientos con la creación de valor en la empresa (Arteche, 1999).

Son críticas, en todos los procesos de gestión tec-nológica, las actividades para la vinculación e interacción de los distintos actores y agentes involucrados en el proceso de desarrollo tecnoló-gico. Son ellas, actividades requeridas para hacer efectiva la integración de capacidades tecnológi-cas, y para la búsqueda proactiva de insumos del mercado, así como de información, de contribu-ciones tecnológicas externas y de recursos finan-cieros. Resultan cruciales para el éxito de las in-novaciones las vinculaciones con otras empresas, con proveedores de insumos, materiales y tecno-logía, con clientes y usuarios potenciales del re-sultado de la innovación, con universidades y cen-tros de desarrollo tecnológico, con firmas de ingeniería y consultoría; que no pueden dejarse a la generación espontánea o casual, sino que de-ben ser planeadas, organizadas y ejecutadas en forma deliberada, es decir, gestionadas.

Conclusiones

Una gran conclusión que se deriva de este ensa-yo es que la tecnología es un sistema de conoci-mientos que evoluciona en estrecha relación e influencias con otros procesos sociales, con gran-des discontinuidades y guiado por paradigmas tecnoeconómicos. Proceso de evolución que ge-nera profundas y complejas transformaciones en la sociedad, con efectos dramáticos, y que re-quiere de un marco socio-institucional que mol-dea, selecciona, regula y orienta el rumbo defini-tivo del potencial que ofrece cada paradigma tecnoeconómico.

Hoy es más evidente que el desarrollo tecnológi-co está regido por una clara intencionalidad so-cial, que conjuga intereses y objetivos de los distintos actores que en él intervienen; y que es usa-do como un instrumento para implementar la vo-luntad de cambio de estructuras y procesos so-ciales, económicos y naturales. Y si bien el pro-ceso de desarrollo tecnológico se encuentra em-bebido en la trama de sucesos de la evolución de las sociedades, suele considerársele actualmente como un proceso endógeno del proceso de desa-rrollo económico, y como un proceso no lineal que avanza con discontinuidades producidas por los cambios de paradigmas.

Del análisis del desarrollo tecnológico y de los modelos analíticos de la innovación, se colige que los procesos de innovación son los principales agentes del cambio tecnológico. Innovaciones que hoy se interpretan como procesos integrados por un conjunto de múltiples etapas interactivas, con una diversidad de tareas específicas y de prácti-cas gerenciales y administrativas, y que involucran una fuerte interacción con el entorno tecnológico y el mercado. El otro aspecto relevante de este proceso, es que en las empresas no sólo se vin-culan prácticamente todas las unidades funciona-les, sino que también se involucra a potenciales usuarios y proveedores de tecnologías, asesores, centros e instituciones de investigación y desa-rrollo, para acceder a capacidades que no se tie-nen en la organización, en la perspectiva de dis-minuir los riesgos y problemas y de asegurar el éxito de las innovaciones.

Se ha dicho en este ensayo que la gestión tecno-lógica es un sistema de conocimientos transdisciplinarios que determina un dominio de prácticas, pero también que es un proceso multidimensional cuya función es la planeación, la organización, la dirección, la ejecución y el control del desarrollo tecnológico en los sistemas nacionales de innovación y en las empresas.

Igualmente se deriva, como corolario de la expo-sición, que como la gestión tecnológica lo que gestiona finalmente es conocimiento, pues la tec-nología es en esencia conocimiento aplicado, las organizaciones que existirán en el futuro serán las que aprendan a gestionar el conocimiento como recurso y como producto para incorporarlo en los bienes y servicios que ponen en el mercado. En consecuencia, debido al carácter estratégico que tiene hoy el conocimiento, las empresas de-ben convertirse en organizaciones inteligentes, incorporando en forma deliberada procesos y prácticas de gestión del conocimiento, para crear conocimiento y explotar su potencial en la crea-ción de valor y de ventajas competitivas.

Es claro, que cualquiera sea la organización que se dé a los procesos de gestión tecnológica en las empresas, su alcance debe extenderse a activida-des de investigación y desarrollo, diseño, manu-factura, mercadeo, ventas, distribución, servicio al cliente, sistemas de información, recursos hu-manos, finanzas, compras, clientes, proveedores, relaciones públicas, administración general y de vinculación externa con todos los agentes de de-sarrollo tecnológico.

Y, finalmente, con la visión de conjunto que se ha presentado en esta síntesis sobre la tecnolo-gía, su desarrollo y la manera de intervenirlo y conducirlo a los propósitos de desarrollo social, es claramente visible cómo la gestión tecnológi-ca, y particularmente la gestión de la innovación y el conocimiento, pueden efectivamente alterar la posición competitiva de países y empresas cuan-do ella se adopta como eje articulador de sus de-sarrollos.

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El Concepto y Alcance de la Gestión Tecnológica

Guillermo Restrepo González*

RESUMEN

A partir de los conceptos de gestión y tecnología se presenta el de gestión tecnológica. También se contextualiza su marco de acción en la empresa. De allí se pasa a identificar las funciones y actividades propias tales como prospectiva, plan tecnológico, innovación tecnológica y transferencia de tecnología.

Palabras claves: gestión tecnológica, tecnología, gestión.
 

ABSTRACT

In order to present the concept of Management of Technology, Management and Technology have been treated separately. After that, the ambit where it can be used is presented, as well as its functions and main activities, like prospective, technology plan, innovation and transference of technology.

Key words: management of technology, management, technology.
 

INTRODUCCIÓN

El Comité de Currículo de la Facultad de Ingeniería propuso como objeto propio de la ingeniería: "La gestión tecnológica de los sistemas productivos" [1], expresión ésta que no compartimos muchos profesores y estudiantes, por no representar la esencia de la profesión.

Como contrapropuesta hemos planteado desde el año anterior: "El objeto de la ingeniería es la aplicación de las matemáticas, las ciencias naturales y la tecnología en el diseño, construcción, operación, mantenimiento, control, administración e innovación de procesos, productos, servicios, equipos y materiales en todos los sectores de la economía".

Creemos, que además de hacer ingeniería nuestros profesionales requieren conocimientos, habilidades y actitudes de gestión que aunados a su experiencia le permitan desempeñarse en cargos como los de la gerencia funcional (tecnológica, de producción, de personal…) hasta el de gerencia general.

El presente artículo está referido al concepto, alcance y actividades propias de la gestión tecnológica. Para ello nos hemos apoyado en publicaciones del Centro Interuniversitario de Desarrollo (CINDA) con sede en Chile y que lleva más de veinte años impulsando la teoría y aplicación de los temas de desarrollo tecnológico. También han sido útiles escritos del BID, OEA y ONU y las opiniones de expertos nacionales como Félix Moreno, Campo Elías Bernal y Jorge Robledo.
 

1. EL CONCEPTO DE GESTIÓN TECNOLÓGICA

Antes de definir gestión tecnológica, puede ser muy útil tratar por separado los conceptos de gestión y de tecnología.

1.1. Gestión

En términos generales los conceptos de administración, gerencia y gestión, son sinónimos a pesar de los grandes esfuerzos y discusiones por diferenciarlos. En la práctica se observa que el término managementes traducido como administración pero también como gerencia. En algunos países la administración está más referida a lo público y la gerencia a lo privado. En los libros clásicos se toman como sinónimos administración y gerencia. En el glosario del CINDA, por ejemplo, aparece gestión como equivalente a administración.

Lo esencial de los conceptos administración, gestión y gerencia está en que los tres se refieren a un proceso de "planear, organizar, dirigir, evaluar y controlar" como lo planteara H. Fayol al principio del siglo o Koontz [2].

Queremos destacar que en los textos de administración así como en sus funciones prácticas no aparece la palabra ejecución, pues si somos esquemáticos podríamos decir: unos hacen y otros administran. El gerente busca que los grupos y personas logren objetivos específicos en desarrollo de la misión de la organización.

A pesar de la esencia común a los tres conceptos, algunas personas le dan un alcance diferente a la administración, la gerencia y la gestión. A la gerencia, muchos expertos le están dando una connotación más externa, más innovadora y de mayor valor agregado en contraste con la administración que la consideran más interna, más de manejo de los existente o de lo funcional. Algún conferencista hacía un símil con la famosa alusión bíblica: "Al administrador le dan tres denarios y conserva tres denarios. Al gerente le dan tres y devuelve más".

El profesor Augusto

El sistema de las relaciones económicas internacionales ha devenido en la actualidad en un proceso altamente complejo, donde la actuación de los intereses económicos, políticos y militares del capitalismo desarrollado lograron incidir decisivamente en la recomposición del Orden Económico Internacional existente.
En efecto, en el escenario mundial, los países capitalistas desarrollados lograron ocupar su soñada posición preponderante a través de un hábil e impetuoso proceso de utilización y desarrollo de su potencial científico-técnico, del manejo de políticas macroeconómicas que alargan los ciclos expansivos coyunturales y mediante la búsqueda y ampliación de los espacios económicos regionales sobre la base de una convergencia de intereses económicos y geopolítico.
En definitiva, la revolución tecnológica de los procesos y de la organización productiva ha promovido un mayor nivel de integración e interdependencia económica en el ámbito internacional, especialmente entre los países industrializados. A éste fenómeno de la economía mundial se le denomina globalización, el cual tiene una estrecha relación de causalidad con el proceso universal de internacionalización del capital. Así pues, la actual tendencia hacia la "aldea global" no es nueva ni casual y mucho menos fruto de la voluntad divina, sino por el contrario constituye un proceso objetivo que emana del propio desarrollo lógico e histórico del capitalismo como sistema.
La globalización abarca diferentes ámbitos de la vida, incluyendo tanto el aspecto socioeconómico y político como el científico-técnico, el teórico-conceptual, el medio ambiental y el institucional. Sin embargo, la tendencia más sobresaliente es, sin dudas, la globalización e internacionalización de la actividad económica.
No obstante, la imbricación de los mercados y la consiguiente destrucción de los sistemas estatales actuales en que encajan las actividades económicas, están generando grandes cambios estructurales que se traducen en la creciente concentración del ingreso y en formas de exclusión social que se manifiesta en todos los países. Estos negativos resultados, en ocasiones son presentados como condiciones previas para una nueva forma de crecimiento económico cuyos contornos aún no están definidos.
En otras palabras, en este fin de siglo, el crecimiento económico tendría imperativamente como contrapartida el nacimiento de una nueva forma de organización social. Puede interpretarse esa simple observación como una amenaza o como un desafío, o por lo menos, como el presagio de una era de transición, y también de incertidumbre.
El aumento del comercio intraindustrial, la deslocalización y los sistemas regionales de producción, son solo algunos de los aspectos que dan cuenta del proceso de integración global del comercio.
Por otra parte, en los últimos años la liberalización y desregulación de los flujos financieros acompañado del aumento de la IED y de las nuevas formas de internacionalización (NFI)(1), especialmente entre los polos de la llamada tríada (Estados Unidos, Japón y la Unión Europea), han provocado un cambio importante en la internacionalización de las economías. La interdependencia económica se ha reforzado y se han creado nuevas redes y alianzas estratégicas entre las transnacionales a escala mundial y regional.
El enorme monstruo del Mercado Financiero Globalizado ha creado una piramidación de transacciones que se alejan o, si se quiere, se independizan tanto de la base real de operaciones a la que supuestamente sirven, como de las regulaciones y políticas nacionales. El dominio financiero constituye quizás, la expresión más clara de la integración planetaria de los mercados. Se estima que ese Mercado Financiero maneja 70 veces más dinero que la Economía Real.
Ahor
a bien, la seguridad y la rentabilidad de las operaciones financieras del mercado, no siempre coinciden con los objetivos más relevantes de la economía internacional en general y de los países en particular: contribuir y cerrar la brecha del atraso, atemperar los desequilibrios entre las naciones industrializadas, facilitar el ajuste estructural y la estabilización del Tercer Mundo y favorecer el crecimiento conjunto de la producción y el empleo a escala mundial, Valgan algunos ejemplos ilustrativos.
En 1960 el 20% más rico de la población mundial obtenía el 70.2% de los ingresos , mientras el 20% más pobre recibía el 2.4% lo cual significa una relación de 30 a 1, para 1996 esta proporción era casi de 60 a 1.(2)
Como se sabe, la Globalización Neoliberal supone además, serios límites a la acción del Estado, especialmente para los países subdesarrollados. La transnacionalización de los flujos de comercio, tecnología y capital ha provocado la pérdida de importancia de las fronteras nacionales de los países, haciendo más complejo y difícil el diseño y efectividad de las políticas macroeconómicas.
Como resultado de todo los anterior, el margen de acción de los países subdesarrollados se ha reducido. Los planes de desarrollo son cada vez más condicionados por la inserción del país en el escenario internacional.
Esta realidad compleja y contradictoria del proceso de Globalización, está en la base del proceso que se está verificando en la Cuenca del Caribe, a partir del reconocimiento de dos tipos de fenómenos: -Un mundo globalizado que aplana y excluye a los no elegidos y a su vez la necesidad de tener bases propias de sustentación como las que están en el fundamento de los procesos integracionistas de la región. Esto es, el Mercado Común Centroamericano y la Comunidad del Caribe y en los Acuerdos de Concertación política y económica como el Grupo de los Tres, (México, Venezuela y Colombia) y la Asociación de Estados del caribe, (AEC).
El fin de la gran confrontación global de cuatro décadas, ha conllevado una drástica reducción de la importancia estratégica de la región caribeña para las grandes potencias, y en particular para Estados Unidos. El Caribe ve así disminuida su capacidad de negociación y, cuando Estados Unidos, y por primera vez en la historia de cinco siglos de la región, es la potencia hegemónica incuestionable, sin tener que enfrentar desafíos estatales a su supremacía, ahora incompartida: A lo sumo Washington debe enfrentar solo el reto de actores no estatales como los narcotraficantes, verdaderos piratas modernos.
Y este cambio estratégico sustancial se produce cuando la globalización impulsa la conformación de grandes bloques geoeconómicos, que dominan la dinámica internacional, Unión Europea, Tratado de Libre Comercio de América del Norte, y el mas informal agrupamiento en torno a Japón y los llamados "tigres" en el Este de Asia. También cuando la concepción neoliberal dominante en la economía mundial, impone una tendencia al libre comercio en condiciones de reciprocidad, y la virtual supresión de los regímenes preferenciales, en el marco de una "aid fatigue", como algunos analistas han calificado eufemísticamente a la reducción sustancial de la ayuda al Tercer Mundo, proveniente de los centros capitalistas desarrollados.
Los estados del Caribe han disfrutado de varios mecanismos preferenciales en las últimas décadas. Así Caribe anglófono, que integra la CARICOM ha desfrontado de, los beneficios, junto a países de África y el Pacífico, de la Convención de Lomé, y con Centroamérica desde principios de los 80, de la Iniciativa para la Cuenca del Caribe (ICC), establecida por Estados Unidos bajo la administración Reagan, y del acuerdo con Canadá, CARIBCAN, aproximadamente del mismo corte. Cuba, por su parte, por razones en cierta medida diferentes, se ha beneficiado de las preferencias comerciales y la amplia cooperación de la Unión Soviética y los países del bloque socialista europeo.
La última edición de Lomé, la IV, tocó a su fin en Junio del 2000, cuando se firmó en Cotonou, Benin un nuevo Acuerdo preferencial siguiendo los lineamientos del anterior. Las exigencias de la Organización Mundial de Comercio (OMC), se suman a un desinterés creciente de Europa en el Caribe, por diversas razones, tales como el atractivo inversionista que representan los países del otrora bloque socialista europeo; la falta de vínculos caribeños de algunos nuevos miembros de la UE, y la tendencia a desviar la ayuda para el desarrollo a regiones del Tercer Mundo mas necesitadas como África, dado que se percibe al Caribe como un espacio de mayor desarrollo relativo.
La ICC y CARIBCAN, por sus limitaciones intrínsecas (dejaban fuera de las preferencias comerciales una lista de productos importantes de los países de la Cuenca), no tuvo los resultados esperados y propagandizados por Washington en su momento, y la firma posterior del Tratado de Libre Comercio (TLC) en América del Norte, puso en crisis este régimen por las mayores preferencias que obtuvo México, en evidente detrimento de Centroamérica y el Caribe insular, que han visto detenerse o reducirse el flujo de inversiones, y sufrido el traslado de fábricas, y la subsiguiente pérdida de miles de empleos.
El colapso del sistema socialista europeos, y ante todo de la Unión Soviética, sumió a Cuba de inmediato en la peor crisis de su historia independiente, de la que va recobrándose, en medio de un recrudecimiento de la hostilidad norteamericana.
Para los países de la Cuenca en su conjunto, con excepción de Cuba por razones esencialmente políticas, un objetivo y al propio tiempo, un desafío central, lo constituye la proyectada Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) esbozada por la administración Bush y comenzada a instrumentar por el gobierno Clinton. Estados Unidos constituye para casi todos estos países, tal vez con la excepción de los microestados del Caribe oriental, mas vinculados a Europa a través de Lomé, el mercado principal para 70 u 80% de su comercio exterior, y seguramente la fuente principal de las inversiones y el turismo.
Washington espera que el ALCA quede instalada para el 2005, lo que, sin duda, no es una meta fácil de cumplir, si se tienen en cuenta las resistencias internas dentro de EE.UU., tanto Congresionales como de significativos actores sociales.
Para el Caribe, sin embargo, y en particular el Caribe insular, el ALCA ha sido hasta ahora, en cierta medida, mas una amenaza, que una expectativa fructífera, en la medida en que el proceso negociador en curso, no ofrece respuestas para la problemática de las pequeñas economías, que no pueden, sino en un proceso gradual, incorporarse a esquemas de libre comercio. El tema no ha sido abordado en profundidad, dada la resistencia mostrada parcialmente por Estados Unidos, y algunas grandes economías latinoamericanas a considerar el caso particular de las pequeñas economías, y apenas un Comité Consultivo da seguimiento a la cuestión.
Como consecuencia, y en particular los países de CARICOM, que han funcionado como eje integrador de la región, se plantean la profundización de ese proceso, a través de la creación de un verdadero mercado común, la aceptación de nuevos países, y la proyección hacia toda la Cuenca. Como es sabido, CARICOM ha sido exitoso en el terreno de la cooperación funcional y la coordinación de políticas exteriores, pero no ha avanzado sólidamente en el terreno de una integración económica efectiva. Intereses particularistas, y eso que algún historiador ha llamado el "nacionalismo de pequeñas islas" que dio al traste con la Federación de las Indias Occidentales creada por Inglaterra al momento de las independencias en los primeros años 60, sigue influyendo negativamente en la creación del mercado común caribeño. CARICOM trata ahora de impulsar el proceso, y se amplió con la admisión de Haití y Surinam. Por otra parte, la "West Indies Commission" lanzó a comienzos de los 90 la idea de ampliar la integración al resto de los países de la Cuenca, y así nació en 1994 la Asociación de Estados del Caribe (AEC), con la participación activa de Cuba, pese a la hostilidad de Estados Unidos.
La AEC, sin embargo, avanza lentamente en su proceso de consolidación institucional, y hasta ahora los mayores resultados se han obtenido en áreas de cooperación funcional. Se trata de un agrupamiento de estados muy heterogéneo, si se atiende a sus características etno-históricas, culturales, lingüísticas y las asimetrías geográfico-económicas. Las tres potencias medias de la región, México, Venezuela, Colombia, involucradas en un proceso de especial relacionamiento económico entre ellas, el llamado "Grupo de los Tres"(G-3), y que pudieran constituir un motor dinámico del proceso integracionista en el área, no
carecen de contradicciones entre ellas y ambigüedades frente al conjunto AEC.
Por la lenta evolución de la AEC, el CARICOM siguiendo en esto una iniciativa de República Dominicana, aún aspirante a ingresar en ese agrupamiento, busca estrechar relaciones, y establecer un acuerdo de libre comercio con Centroamérica, como núcleo básico de un polo integrador que realce las posibilidades negociadoras del área en el proceso del ALCA. El proceso no carece de dificultades dadas las escasas relaciones tradicionales entre los países del istmo y el caribe anglófono, las diferencias etno-histórico-culturales, el hecho de que constituiría un mecanismo que duplica en cierta medida a la AEC, y que Centroamérica fortalece sus vínculos con México.
Mientras tanto el Caribe anglófono e insular firmó el nuevo Acuerdo de Cotonou .Las negociaciones con Europa se enmarcan en el objetivo de que éste nuevo Acuerdo le conceda a la región un tiempo de adaptación a la tendencia mundial al comercio en condiciones recíprocas, mediante el mantenimiento de algunas ventajas comerciales y formas de cooperación. Si bien los países europeos han mostrado, al igual que Estados Unidos, un mayor desinterés por la región después de la terminación de la guerra fría (con la excepción tal vez de Francia, con sus Departamentos de Ultramar, y su instalación naval y coheteril en Cayena), los vínculos históricos, y algunos fenómenos mas recientes, han contribuido al sostenimiento de los vínculos, e incluso a una cierta renovación del interés.
En general, Europa coincide con el criterio caribeño que vincula la seguridad a la problemática económica y el desarrollo, y acepta, al menos en principio, la necesidad de estas pequeñas economías de un período de gracia para adaptarse a las nuevas exigencias de la economía mundial.
En esto la posición europea difiere, de la sostenida por Estados Unidos. Por ello, por los vínculos históricos y culturales, y por la necesidad de equilibrar de alguna manera el peso desmesurado de Estados Unidos, en la región, para los estadistas del Caribe anglófono y su activa diplomacia, la relación con Europa es estratégica.
Para el Caribe, la conformación del TLC ha significado el cuestionamiento de los muy limitados beneficios ofrecidos por la Iniciativa de la Cuenca del Caribe (ICC) e incluso de su segunda versión, la ICC II. Las preferencias otorgadas a México en el bloque de América del Norte, la mano de obra más barata de ese país y las facilidades de transportación hacia EE.UU., se han traducido para el Caribe en el traslado de plantas y la pérdida de miles de empleos. A esto se añade la actitud norteamericana contra las preferencias comerciales, su poco interés en abordar el problema de las pequeñas economías en las negociaciones ALCA y su apoyo a la "Chiquita Brand Corp." en el litigio del banano ante la OMC que afecta intereses vitales de los microestados del Caribe Oriental. En contrapartida, EE.UU. ha exigido una colaboración activa del Caribe en la lucha contra el narcotráfico y el lavado de dinero, imponiendo el llamado "ship rider agreement", que permite a sus fuerzas armadas penetrar en los territorios caribeños en persecución de los delincuentes. Este acuerdo, que no todos los estados del Caribe anglófono han aceptado, ha contribuido, por otra parte, a socavar la estrecha coordinación diplomática, que ha sido uno de los logros mas destacados de CARICOM. En suma; arrogancia, miopía, egoísmo de gran potencia, signaron en los 90 la actitud de Estados Unidos hacia el Caribe, aumentando las contradicciones con una región que ellos mismos han considerado su tercera frontera y llevando al Caribe anglófono a multiplicar sus esfuerzos a favor de diversos esquemas de integración regional ampliada.
Desde la firma del TLC y el inicio de las negociaciones ALCA, la diplomacia del Caribe anglófono ha venido insistiendo ante Washington para lograr alguna forma de inclusión en el bloque de América del Norte o al menos, alcanzar algún arreglo que otorgue a los productos de la región, alguna forma de paridad con las preferencias otorgadas a México. En la Cumbre de Barbados entre el Presidente Clinton y los líderes caribeños en mayo de 1997, el mandatario norteamericano se comprometió a obtener la aprobación congresional de un paquete de medidas que amplia el contenido de la ICC en beneficio del Caribe. Al fin, el Congreso aprobó y el Presidente firmó en mayo del 2000 la "Trade Development Act of 2000" que otorga una serie de beneficios a países de África y el Caribe, y a juicio de algunos analistas, el paquete legislativo más importante sometido al Congreso desde la Ronda Uruguay de 1994 y que ya es considerado una victoria comercial para la administración demócrata. En lo que al Caribe se refiere, la nueva legislación otorga un régimen de virtual paridad con el TLC a los países beneficiarios de la ICC, principalmente en el importante renglón de los textiles, vestimentas, hilado, y para algunos productos no textiles. La medida debe estimular las inversiones, y el empleo en los países de la región. Al incluir a África, aunque no al Pacífico, la "Trade Act 2000", remedia una suerte de limitado Lomé norteamericano para el Tercer Mundo.
Un aspecto significativo del Acta es que extiende los beneficios hasta el 2008, lo que permitirá a estos países disfrutar de sus beneficios en espera de la conclusión del ALCA que se prevé para el 2005. Implícitamente, con esto el gobierno norteamericano parece atender los reclamos de las pequeñas economías de que se atienda a sus demandas en el complejo proceso de negociaciones hemisférico.
Todo indica que el régimen preferencial otorgado por el "ACTA 2000" aunque limitado a una serie de productos, es beneficioso para los países Centroamericanos y Caribeños, y, de hecho, los inserta parcialmente en el bloque de América del Norte, como una solución intermedia, hasta su inserción definitiva en el acuerdo de libre comercio hemisférico de la Administración Clinton, que rectifican las posturas miopes seguidas hasta aquí por Washington, en una región que, en última instancia, continua siendo estratégica para Estados Unidos. No obstante, también es de prever que la activa e inteligente diplomacia del Caribe anglófono, continúe promoviendo los vínculos con Europa y los diversos esquemas regionales de integración, dirigidos a crear economías de escala y capacidades competitivas en el área. El regionalismo de nuevo tipo, abierto y multilateral, es también una tónica de los tiempos, aunque no dejan de existir propugnadores de una mayor imbricación con la "economía postindustrial más avanzada del mundo" en un "West Atlantic System" que englobe a Estados Unidos-Canadá y el Archipiélago Caribeño, como dijera el académico de Harvard, Orlando Patterson, oriundo de la región.
Desde comienzos de la década de los 90, el Caribe anglófono en particular ha estimulado y apoyado enérgicamente la incorporación de Cuba a los esquemas integracionistas regionales, Como lo ha expresado claramente, Sir Edwin Carrington, Secretario General de CARICOM, "no podemos permitirnos pensar en un Caribe sin Cuba, Haití, República Dominicana o Surinam". Por sus dimensiones geográficas, como la isla más grande y poblada del archipiélago, sus recursos y capacidades humanas, desarrolladas gracias al esfuerzo revolucionario de cuatro décadas, y su posición central estratégica en la región, Cuba, sin duda, está llamada a desempeñar un papel de mayor significación en los desarrollos caribeños.
La integración constituye una necesidad incuestionable para los países subdesarrollados y por ende para elevar el nivel de vida de toda la población y comenzar a satisfacer las apremiantes necesidades sociales acumuladas en toda la región.
La integración hay que verla con una óptica de integralidad y en ese sentido reclaman cada vez más atención las formulas de cooperación e integración en sectores sociales que hasta hace poco se creía que nada, o casi nada, podían hacer en el marco de un esfuerzo integracionista.
Hoy hay cada vez más comprensión de que uno de los puntos más débiles que han tenido los esfuerzos unitarios en toda la región ha sido el no haber logrado el verdadero efecto social. Siendo los aspectos socio-culturales menos conflictivos para lograr concertar posiciones y esfuerzos conjuntos, esta resulta un área donde es necesario avanzar en profundidad y contribuir así a rescatar y a afirmar la credibilidad en el objetivo de integración.
Los sectores de educación y salud pública, toda la amplia gama que supone el desarrollo espiritual mas pleno del ser humano, reclama atención priorizada y privilegiada.
Las naciones caribeñas tienen que poner en primer plano al ser humano. Solo así se logrará que todos y cada uno sienta como suyo, como algo esencial para si mismo y para su progreso y bienestar, la acción integracionista. Se podrá in forjando una conciencia colectiva de carácter y perfil militar.
La sociedad civil del Gran Caribe tiene que participar activamente en este esfuerzo de concertación e integración que sea capaz de adaptarse a las condiciones surgidas en el planeta en los últimos años y enfrentar los principales desafíos que se levantan en el mundo de hoy, que es ya de por sí un reto colosal. Tratar de despojar de las insuficiencias y limitaciones que han experimentado los mecanismos integracionistas existentes y subsanar sus fallas supone sabiduría y audacia.
La integración caribeña tiene que llegar a ser capaz de involucrar en su trabajo y gestión con acciones apropiadas, al más amplio espectro de la sociedad civil caribeña. Lograrlo significa el éxito.
Diciembre del 2000
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Notas:
1- Se refiere específicamente a los acuerdos de colaboración, fusiones y adquisiciones y a las alianzas estratégicas entre los trres principales centros del capitalismo mundial.
2- PNUD. Desarrollo Humano Informe 1996

 

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