| Costumbres de pueblos, ciudades,
civilizaciones... En algunas
partes de Oriente, durante algún tiempo la virginidad de
la mujer estaba mal vista y se consideraba incluso
perjudicial para la salud del marido. Por este motivo,
los hombres ricos preferían "desflorar" a la
novia con una barra de hierro o dejar ese "trabajo
sucio" para un esclavo. En la Grecia Clásica, para saber si una mujer era estéril o no, se le colocaba un ajo en la vagina y si al día siguiente le olía la boca a ajo, la mujer se consideraba fértil. De lo contrario, se creía que los conductos vitales estaban cerrados. Para controlar la natalidad en el antiguo Egipto, mezclaban excrementos de cocodrilo con una pasta especial e insertaban la mezcla en la vagina de la mujer, donde impedían el paso del esperma. En la Edad Media, las ejecuciones de presos eran fuente de un particular mercado negro debido a las creencias. Se comerciaban las sogas de las horcas que se suponía tenían virtudes curativas. También con el sebo de los ahorcados, para fabricar velas que, según se creía, podían alumbrar tesoros ocultos; y con la mandrágora, planta considerada la panacea contra todas las enfermedades, que crecía, según la creencia popular, al pie de los patíbulos, regada con el semen de los ahorcados. Hasta inicios del siglo actual, en
algunas zonas de Alemania, el hombre que enamoraba a una
mujer y tardaba demasiado en fijar la fecha de boda, era
sometido al castigo del humo y del agua. El nombre de la popular "Luna de miel", proviene de una antigua costumbre del norte de Europa: ingerir vino con miel durante el primer mes del matrimonio. |