El Infierno
"Y
todo el que no se halló escrito en el libro
de la vida fue arrojado al lago de fuego"
Apocalipsis 20:15

El Infierno es un
lugar terrible. La mayoría de las muertes son asuntos desagradables, pero ir de
una muerte desagradable directamente a un lugar tan horrible como el Infierno
acaba siendo una tragedia desastrosa. Este es más, especialmente, el caso
puesto que el Dios no nos desea en el Infierno. No importa si usted, su pastor,
su maestro, sus padres o cualquiera cree en el Infierno o no. Su existencia es
tan segura como la de la luz del sol. El hecho es que el Infierno realmente
existe, además, ¿por qué entonces la Biblia da tantas menciones de él? Si no
existiera, la Biblia no lo mencionaría tanto. Usted puede preguntarse que por
qué un Dios cariñoso enviaría a hombres al Infierno. La respuesta a esa
pregunta miente en el hecho de que el Dios es perfecto en cada aspecto, y su
amante no lo hace perder su calidad de justicia; debemos entender como El
simplemente ha balanceado sus atributos perfectos. La cosa más importante para
que entendamos es que debemos intentar la salvación del Dios para evitar los
horrores del Infierno.
Cuando mueres siendo lo suficientemente malvado para entrar al Infierno, dejas
de existir. Es una puerta al sufrimiento y hacia el dolor eterno; el Infierno es
el castigo para los que no fueron dignos de entrar al Cielo, a nuestra salvación.
Hay dos declaraciones aparentemente triviales con las cuales quisiera
presentarle:
1-El Infierno es caliente.
2-La eternidad es por siempre.
Estas declaraciones son solamente tan triviales como la consideración que usted
les dá. Si usted responde a ellas profundamente, garantizo que usted comenzará
a conseguir una ojeada de la sabiduría verdadera. El Infierno es una puerta a
lo desconocido ya que nadie jamás y nunca ha vuelto de ahí para contarnos con
exactitud pero nuestras juguetonas mentes se quedarán con la duda sobre que hay
allá, como es ese lugar y quien nos recibirá; cuando nos llegue el momento de
morir, lo descubriremos.

MUCHA GENTE Y
MUCHAS SECTAS RELIGIOSAS han suprimido lo que no les conviene escuchar. En
consecuencia existe un sin número de personas las cuales, en vez de considerar
la existencia y palpabilidad del infierno, simplemente castigan o acusan a
aquellos quienes por amor les advierten acerca de esto. No obstante a que un
ministro tenga docenas de títulos universitarios, aún se le considera como un
oscurantista, a quien hay que ignorar, si el mismo se EMPECINA en predicar con
respecto a la existencia del INFIERNO. Yo particularmente me he dado cuenta de
que los argumentos de los NO-CREYENTES consisten en una sola cosa:
Emocionalismo, demostrado como una erupción de hostilidad y falta de deseo en
considerar racionalmente un hecho de tan vital importancia para sus ALMAS
ETERNAS.
Algunas personas y sectas
religiosas parecen estar bajo la ilusión de que el infierno se ha evaporado, o
que al menos TODAS las personas inteligentes han dejado de creer en su
existencia. Pero les pido, que antes de continuar manteniendo esas creencias
consideren estas palabras del gran teólogo de Princeton, A. A. Hodges: "El
Antiguo Testamento estuvo en las manos de los judíos antes de que Cristo
naciera. Lo judíos, en su totalidad, entendían que las Escrituras enseñaban
que los "malvados" sufrirían para siempre."
Hasta el historiador Josefo,
cuyas obras completas están en la posesión de un servidor, declara que hasta
los FARISEOS, desde antes del tiempo de Jesús, creían en el concepto del
infierno.
Los cristianos cuentan con la
Biblia desde hace 20 siglos. Leen que los "grandes padres de la iglesia,
los reformadores, y las iglesias históricas, con sus sucesivas translaciones de
las Cartas enviadas a ellas por los Apóstoles, además de en sus liturgias e
himnos de alabanza; junto a los grandes teólogos evangélicos contemporáneos,
eruditos bíblicos, con sus gramáticas, diccionarios, comentarios y sistemas clásicos,
TODOS están de acuerdo en que las Sagradas Escrituras enseñan que los malvados
que mueran en tal condición sufrirán por una eternidad. " Tomado de
Leslie D. Weatherhead, After Death (Después de la Muerte), New York, Abingdon
Press, 1936. Página 19. Además, tomen en consideración que esto ha sido
mantenido a través de los siglos y de todas las corrientes del pensamiento
humano que intenta apabullar la idea de un sufrimiento eterno.
La Biblia nos dice que el
impenitente irá a sufrir por una eternidad como castigo por su incredulidad y
pecados. Y yo me pregunto: ¿No es esto consistente con lo que cualquier ser
racional concluiría a partir de lo que conocemos como teología natural, o lo
que es lo mismo decir, en la revelación de Dios para con nosotros en este
mundo, en el gobierno moral, en nuestras propias constituciones humanas y en
nuestros códigos morales? ¡Por su puesto que sí! Joseph Stiles nos indica que
las leyes de nuestra naturaleza demanda que exista un infierno. Stiles nos dice:
"Fija tus ojos en el más vil de los pecadores en la tierra, a través de
la muerte, y en ese preciso instante imagínalo en el cielo - con toda su
codicia, odio, mentiras, lascivias, pasión desmesurada - ¿En realidad crees
que ese pecador podría ser feliz allí? Por las leyes mismas de su naturaleza,
la felicidad yace en una correspondencia entre la mente y sus objetivos. Por el
otro lado, debido a otra ley de su naturaleza, la miseria y desdicha yacen en la
oposición entre la mente y sus objetivos. El promiscuo corazón de tal pecador
siente, y por siempre debe sentir, la aversión más profunda a todo lo que
existe o transpira santidad en el cielo." Tomado de Joseph C. Stiles,
Future Punishment (Castigo Futuro), Saint Louis, MO; n.p. 1968), Página 4.
SERÁ EL CASTIGO DEL PECADOR
TEMPORAL
Si el castigo del malvado es
temporal, entonces ha de venir un día cuando Dios dejará de existir, ya que la
misma palabra es usada para la eternidad de Dios y la eternidad del sitio de
castigo del que estamos hablando. Si estos términos no describen eternidad,
entonces no existe palabra alguna en el Hebreo o el Griego que signifique
eternidad, lo cual es imposible. Cada palabra que pudo ser usada fue usada.
"Si alguno añadiere a estas
cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este
libro..." Apocalipsis 22:18
¿Por cuánto durará el castigo
en el infierno?
William Munsey
describe algo que nos ayuda a entender el tiempo envuelto en el término
eternidad. "Eternidad no puede ser definida. Algo sin principio ni fin no
puede ser medido. Es pasado aumentado al infinito y futuro aumentado al
infinito. Algo así no tiene pasado, ni tiene futuro, no tiene fin, no tiene
medio, no tiene partes; es una unidad indescriptible e imposible de analizar. La
concepción de una eternidad es un pensamiento inconcebible para el cerebro
humano... no tiene origen, no tiene inicio, no tiene fin, no puede ser medido,
no perece, no puede ser descrito, no puede ser definido. Su definición es sí
misma. Si alguien me preguntara. ¿Qué es la eternidad? La respuesta solamente
sería: "Eternidad". Nuestras respuestas confiesan nuestras
debilidades y limitaciones." (Elbert Munsey, Eternal Retribución,
(Retribución Eterna), Murfreesboro, IN, 1951. Página 62. 
La eternidad es un círculo
infinito. Debido a que es infinita, la eternidad tiene un centro imponderable,
portentoso "el ahora". ¡AHORA! es el centro y puede ser establecido a
lo largo de la circunferencia en cualquier momento o punto de la circunferencia
delineada por el compás. Este es un concepto difuso y a la vez atónitante para
el cerebro humano. Cuando hayas estado en el infierno por un billón de años o
por un cuadrillón de años, aún te resta por estar allí el tiempo que ya has
estado, pero elevado al infinito. En otras palabras, estarás perdido para
siempre.

EL INFIERNO ES EL TORMENTO ETERNO DE LOS QUE MUEREN SIN ARREPENTIRSE DE SUS PECADOS MORTALES.
El infierno es el conjunto
de todos los males sin mezcla de bien alguno. La existencia del infierno eterno
es dogma de fe. Está definido en el Concilio IV de Letrán. Siguiendo las enseñanzas
de Cristo , la Iglesia advierte a los fieles de la triste y lamentable realidad
de la muerte eterna, llamada también infierno . «Dios quiere que todos los
hombres se salven».
Pero el hombre puede decir no al plan salvador de Dios, y elegir el infierno
viviendo de espaldas a Él. El pecado es obra del hombre, y el infierno es fruto
del pecado. El infierno es la consecuencia de que un pecador ha muerto sin pedir
perdón de sus pecados . Lo mismo que el suspenso de una asignatura es la
consecuencia de que el estudiante no sabe.
Jesucristo habla en el Evangelio quince veces del infierno, y catorce veces dice
que en el infierno hay fuego . Y en el Nuevo Testamento se dice veintitrés
veces que hay fuego. Aunque este fuego es de características distintas del de
la Tierra, pues atormenta los espíritus , Jesucristo no ha encontrado otra
palabra que exprese mejor ese tormento del infierno, y por eso la repite. La
Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe dijo, el 17 de mayo de 1979, que
«aunque la palabra "fuego" es sólo una "imagen", debe ser
tratada con todo respeto».
En el infierno hay otro tormento que es el más terrible de todas las penas del
infierno . Según San Juan Crisóstomo , es mil veces peor que el fuego.
San Agustín dice que no conocemos un tormento que se le pueda comparar.
Los teólogos lo llaman pena de daño . Es una angustia terrible, una especie de
desesperación suprema que tortura al condenado, al ver que por su culpa perdió
el cielo, no gozará de Dios y se ha condenado para siempre. La Biblia pone en
boca del condenado un grito terrible: «Me he equivocado».
Ahora, como no entendemos bien ni el cielo ni el infierno, no comprendemos esta
pena, pero entonces veremos todo su horror .
No hay que confundir «el infierno» con «los infiernos» a los que fue Cristo
después de morir.
Rezamos en el credo de los Apóstoles: «Descendió a los infiernos».
Aquí «los infiernos» se refiere al «lugar de los muertos», como se dice en
el Canon IV de la Misa. Era el «Sheol» para los judíos. Allí fue Cristo a
anunciarles la Redención. A la morada de los muertos también la llamamos «el
limbo de los justos».
Los Testigos de Jehová niegan la existencia del infierno basados en que Cristo
, a veces, empleó la palabra «sheol» que significa tumba.
Pero la palabra «sheol» significa infierno en el sentido teológico,
pues si las almas de los justos son librados por Dios del «sheol», éste no
podemos considerarlo como domicilio común de todos los muertos . Pero la
doctrina católica sobre la existencia del infierno no se basa en palabras metafóricas
que Cristo pudo emplear en alguna ocasión, sino en la doctrina que desarrolló
repetidas veces en sus enseñanzas, tal como se contiene en el Evangelio.
El infierno es la
negación del amor y el fracaso de nuestra libertad . El infierno es la
condenación eterna. Es el fracaso definitivo del hombre. Aquel que, con plena
conciencia de lo que hace, rechaza la palabra de Cristo y la salvación que le
ofrece; o quien , luego de aceptarla, se comporta obstinadamente en contra de su
ley; o aquel que vive en oposición con su conciencia: éstos tales no llegarán
a su destino de bienaventuranza y quedarán, por desgracia suya, alejados de
Dios para siempre .
A algunos, que no han estudiado a fondo la Religión, les parece que siendo Dios
misericordioso no va a mandarnos a un castigo eterno . Sin embargo, que el
infierno es eterno es dogma de fe.
Pero hemos de tener en cuenta que Dios no nos manda al infierno; somos nosotros
los que libremente lo elegimos. Él ve con pena que nosotros le rechazamos a Él
por el pecado; pero nos ha hecho libres y no quiere privarnos de la libertad que
es consecuencia de la inteligencia que nos ha dado. Jesucristo nos enseñó clarísimamente
la gran misericordia de Dios. Pero también nos dice que el infierno es eterno.
Cristo afirmó la existencia de una pena eterna, entre otras veces, cuando habló
del juicio final: «Dirá a los de la izquierda: apartaos de mí, malditos, al
fuego eterno preparado para el diablo».
Y después añade que los malos «irán al suplicio eterno y los justos a la
vida eterna».
Es dogma de fe que existe un infierno eterno para los pecadores que mueran sin
arrepentirse.
Aunque Dios es misericordioso, también es justo. Dice la Sagrada Escritura: «Tan
grande como ha sido mi misericordia, será también mi justicia».
Y su misericordia no puede oponerse a su justicia.
Como es misericordioso, perdona siempre al que se arrepiente de su pecado; pero
como es justo, no puede perdonar al que no se arrepiente.
La justicia exige reparación del orden violado. Por lo tanto, el que libre y
voluntariamente pecó y muere sin arrepentirse de su pecado, merece un castigo.
Y este castigo ha de durar mientras no se repare la falta por el
arrepentimiento; pues las faltas morales no se pueden reparar sin
arrepentimiento. Sería una monstruosidad perdonar al que no quiere
arrepentirse.
Dice Santo Tomás que Dios no puede perdonar al pecador sin que éste se
arrepienta previamente.
Ahora bien, como la muerte pone fin a la vida, el arrepentimiento se hace ya
imposible , porque después de la muerte ya no habrá posibilidad de
arrepentirse.
Después de la muerte no se puede merecer nada: con la muerte se acaba el tiempo
de merecer.
La falta del pecador que murió sin arrepentirse queda irreparada para siempre,
luego para siempre ha de durar también el castigo .
En el infierno no es posible el arrepentimiento, lo mismo que en el cielo no es
posible pecar . Los bienaventurados del cielo se sienten tan atraídos por el
amor de Dios, que el atractivo del pecado les deja indiferentes .
Dios es infinitamente justo y no puede quedar indiferente ante las maldades que
se hacen en este mundo. Cómo van a estar lo mismo en la otra vida, el asesino,
el ladrón, el egoísta y el vicioso, que el honrado y caritativo con todo el
mundo» Evidentemente tiene que haber un castigo para tanta injusticia, tanto
crimen y tanta maldad como queda en este mundo sin castigo. El temor al infierno
no es el mejor motivo para servir a Dios. Es mucho mejor servirle por amor, como
a un Padre nuestro que es. Pero somos tan miserables que a veces no nos bastará
el amor de Dios, y conviene que tengamos en cuenta el castigo eterno, porque es
una realidad. Cristo nos lo avisa para que nos libremos de él.
Se oye decir de labios irresponsables: Hoy a la juventud no le interesa la
religión del miedo o de las seguridades . Depende: tener miedo a cosas irreales
es de idiotas; pero cerrar los ojos a los peligros reales es de imbéciles. Lo
mismo: buscar seguridades ficticias es de idiotas; pero despreciar seguridades
reales y preferir inseguridades, es de imbéciles.
El concepto de eternidad se opone al concepto de tiempo, que supone un antes y
un después. La eternidad supone una duración ilimitada, una permanencia
interminable . Una imagen que puede ayudar a entender la eternidad es un reloj
pintado a las nueve en punto. Por mucho que esperemos, nunca señalará las
nueve y cinco.
El infierno existe,
no porque lo quiera Dios, que no lo quiere; sino porque el hombre libre puede
optar contra Dios. No es necesario que sea una acción explícita. Se puede
negar a Dios implícitamente, con las obras de la vida. Si negamos la
posibilidad del hombre para pecar, suprimimos la libertad del hombre. Si el
hombre no es libre para decir NO a Dios, tampoco lo sería para decirle SI. La
posibilidad de optar por Dios incluye la posibilidad de rechazarlo .
El gran misterio del infierno es que aunque Dios desea la salvación de todos
los hombres, nosotros somos capaces de condenarnos. Dios nos ha creado libres y
quiere que nos comportemos como tales. Negar la posibilidad de condenarnos es
negar la libertad del hombre. Es anular al hombre. Afirmar que existe el
infierno es tomar en serio la libertad del hombre. Dios ofrece la salvación, no
la impone. El infierno es el respeto de Dios por tu última voluntad. Si tú
libremente elegiste el pecado, mientras no te retractes, Dios te respeta. Y como
con la muerte se acaba tu libertad, no cambiarás eternamente.
Se presenta el problema del mal .
El mal es un misterio que supera el entendimiento humano. Nos debe bastar el
saber que Dios saca bienes de los males . Por ejemplo, para que el pecador
reconozca su falta y se arrepienta; para que el justo expíe sus faltas en este
mundo, gane así mayor gloria en el cielo, y dé buen ejemplo al prójimo con su
paciencia; para que los hombres vivan más despegados de las cosas de la Tierra,
porque esta vida es tiempo de prueba y no de premio, etc.
A veces, es difícil consolar a unos padres que han perdido a su niño
angelical. Pero no podemos olvidar que Dios es padre amorosísimo, y no permite
nada que no sea en bien nuestro. Dios conoce el futuro, y sabe si esa criatura
angelical va a perseverar así o se va a torcer con gran daño para sí y para
sus padres. Puede ser que la muerte angelical de ahora sería muy diferente el día
de mañana.
Confiemos en que los planes de Dios son siempre para nuestro mayor bien.
Puede ser que en un caso concreto, no alcancemos a ver el bien que Dios saca de
ese mal. Pero ya nos dice San Pablo que para los que aman a Dios, todo coopera
en su bien .
Dios en su infinita Sabiduría subordina un bien inferior a un bien superior, el
bien material al espiritual, el físico al moral, el profano al religioso, el
terreno al celestial; porque no estamos hechos para la tierra sino para el
cielo, no para el tiempo sino para la eternidad .
Sin negar el problema del mal, vamos a dar algunas ideas aclaratorias.
Mal es la carencia de un bien debido. Para la piedra no es un mal el no poder
ver, pero sí lo sería para mí. En cambio para mí no es mal no tener alas,
pero sí lo sería para un águila. Por eso dice Santo Tomás que el mal no es
cualquier carencia de un bien, sino la carencia de un bien propio de una
determinada criatura.
El único mal absoluto es el infierno: Todos los demás males son relativos:
para unos sí, y para otros no; en un sentido sí y en otro no. Un terremoto
puede ser un mal para mí, que en él he perdido mi casa y algunos seres
queridos; pero no lo es para la Tierra que ha conseguido más estabilidad en su
masa. Una enfermedad es un mal para mí en el sentido de que me hace sufrir,
pero puede ser un bien si con ella me santifico y merezco más para el cielo.
En el hombre el mal físico produce dolor, y el mal moral es producido por el
pecado. El mal físico es consecuencia de las leyes de la Naturaleza. El mal
moral es consecuencia del mal uso de la libertad humana. Para evitar el mal
moral, Dios tendría que quitar la libertad al hombre. Todo hombre libre es
capaz de pecar . Y un hombre sin libertad dejaría de ser hombre. La libertad
para ser bueno o ser malo es lo que hace meritorio ser bueno . Y hacer méritos
para la vida eterna, es para lo que Dios nos ha puesto en la Tierra. Dice San
Pablo : «Sabemos que Dios hace converger todas las cosas para el bien de
aquellos que le aman».
Si Dios impidiera al hombre hacer el mal, violentaría su libertad.
Dios tiene sus razones para permitir el mal. A nosotros nos basta con saber que
Dios tiene Providencia, aunque desconozcamos sus caminos. La fe nos da la
certeza de que Dios no permitiría el mal si no hiciera salir el bien del mal
mismo, por caminos que nosotros sólo conoceremos plenamente en la vida eterna .
Evidentemente
que Dios pudo haber hecho un mundo con otras leyes físicas. Pero todo mundo
imaginable es perfectible. Para no poder ser superado hay que ser Dios, que es
el único ser Omniperfecto. Dios ha pensado que este mundo es suficientemente
bueno para que en él viva el hombre, y gane la gloria eterna que es el fin para
el cual ha sido creado.
Pero, sobre todo, la respuesta al dolor es Cristo , que quiso pasarlo primero
para animarnos a sufrir. Como la madre que prueba primero la sopa delante del niño,
que no quiere comer, para animarle. El sufrimiento humano, individual o
colectivo, a veces sólo tiene una respuesta: Cristo crucificado.
La Redención de la humanidad se ha hecho por el dolor. Por eso muchos santos
han amado el dolor. El calvario se ha convertido en la meta ideal, según
aquello de San Pablo que «no quería gloriarse de otra cosa que no fuera la
cruz de Cristo».
Y por extraña paradoja, el sufrir por amor a Cristo es una fuente inefable de
consuelo. También lo dijo San Pablo : «Sobreabundó de gozo en medio de mis
tribulaciones».
Y es que el sacrificio realizado por amor pierde toda su dureza.
Incluso se convierte en alegría cuando se ama de verdad . Y además, la
esperanza de la gloria. El dolor pasará, las tribulaciones se acabarán, el
sufrimiento se extinguirá para siempre. Y todo ello quedará substituido por
una sublime e incomparable gloria que no terminará jamás . Por eso dice San
Pablo : «qué tienen que ver las amarguras y tribulaciones de la tierra si las
comparamos con la inmensa gloria que nos aguarda en la eternidad»».
El cristiano no permanece pasivo ante el dolor propio o ajeno, y procura
prevenirlo con todos los medios lícitos de que dispone. (...)
Cuando los recursos humanos se han venido abajo, cuando la CIENCIA Y EL AMOR SE
HAN DECLARADO IMPOTENTES, EL CRISTIANO TIENE TODAVÍA un refugio. Para él, el
cielo no está vacío. En él vive un Dios bueno, sabio y omnipotente del cual
dependen todos los acontecimientos de la vida y todos los fenómenos del
universo. Un Dios que conoce nuestras miserias y oye nuestras voces de auxilio,
y puede, si le parece bien, socorrernos y consolarnos.
Y cuando la oración no es oída enseguida, el cristiano no se desanima.(...)
Sabe aceptar con serena resignación los designios inescrutables de Dios, que es
el más amoroso de los padres .
Todas las cosas tienen pros y
contras . La electricidad nos trae muchos bienes (iluminación, telecomunicación,
motores, etc.); pero también puede provocar un incendio por cortocircuito y
matar por electrocución. A pesar de los peligros que supone la electricidad no
por eso dejas de poner en tu casa instalación eléctrica. El mundo que Dios ha
hecho tiene muchas cosas buenas, pero a veces ocurren adversidades y
contratiempos. Son consecuencias de que el mundo es un ser en evolución. La dinámica
de la evolución provoca contrastes y conflictos . A veces ocurren cosas que no
comprendemos. Pero es absurdo querer entender a Dios al modo humano. Es como si
un animal quisiera entender las ideas filosóficas humanas: es imposible. Es lógico
que el hombre no entienda a veces el proceder de Dios. A nosotros nos basta
saber que Dios es Padre, y permite el sufrimiento para nuestro bien. Lo mismo
que una madre le pone a su hijo una inyección que éste necesita, aunque le
duela. Dios deja actuar las leyes de la naturaleza y la libertad de los hombres,
y no los mueve como el jugador de ajedrez las piezas.
Sin embargo, ha de ser un consuelo para nosotros saber que en igualdad de
circunstancias, en el cielo gozan más, los que más han sufrido en este mundo
con cristiana resignación. Es consolador saber que el sufrir pasa, pero el
premio de haber sufrido por amor a Dios durará eternamente . En el cielo
bendeciremos a Dios por aquellos sufrimientos que nos han merecido tanta gloria
eterna .
No nos engañemos con el aparente triunfo de algunos malos. En primer lugar,
porque el triunfo del malo se limita a esta vida, donde la experiencia enseña
que no se da triunfo completo y libre de mal. Pero, sobre todo, porque el que
peca es un fracasado para la eternidad, que es donde el fracaso es completo e
irremediable. El único que triunfa es quien se salva.
Extraido
de "Enciclopedia del Católico" Todo lo que al católico le
puede interesar sobre la Fe y la Moral. Jorge
Loring S.I

El Apocalipsis nos revela el mundo espiritual y la verdad espiritual usando imágenes
de nuestro mundo terrenal, pero desde el punto de vista del cielo (xxxx). Nos
muestra el gran esquema de la historia, desde el jardín del Edén hasta el
cielo nueva y la tierra nueva. El propósito del libro es alentar a los
cristianos en tiempos difíciles, mostrarles que Dios está en control, a pesar
de que parezca que los regímenes totalitarios están en control y que pueden
perseguir a los cristianos y aun matarlos a voluntad. No está hecho con la
intención de mostrarnos el futuro de la historia en términos de eventos específicos,
o para permitirnos predecir el futuro, pero sí nos muestra que la historia del
mundo seguirá unos principios generales. Por ejemplo, seguirá habiendo
guerras, hambre, pestilencias y otros desastres; la iglesia será perseguida por
los poderes del mundo que martirizarán a los cristianos. Apocalipsis también
nos muestra que los desastres naturales son las advertencias de Dios al mundo.
El simbolismo del libro permite que sea interpretado a la luz de las
circunstancias a lo largo de la era del Evangelio. La bestia puede ser Roma en
el tiempo de Juan; en otros tiempos podría ser la Iglesia Católica, o Rusia o
China. A lo largo de la historia de la iglesia siempre han existido aquellos que
han perseguido a la iglesia de Dios. Es para estos cristianos perseguidos que se
escribe el libro. Puede ser visto como secciones paralelas, cada una de las
cuales se concentra en un aspecto en particular de la era del Evangelio,
comenzando desde el nacimiento de Jesús hasta el fin de la era. El libro se
concentra en el comienzo al principio pero a medida que avanza se concentra más
y más en el final que en el comienzo.
Apocalipsis está
escrito al principio de un período de persecución que duró más de 200 años,
y específicamente a una iglesia en momentos en que el Imperio Romano estaba en
control y era exigida la adoración del emperador, la pena de muerte. Se podía
lograr una vida fácil sólo siguiendo a la multitud y transigiendo con las
normas de Dios. Un poco de adoración al Emperador haría tanto más fácil la
vida. Claramente todo alrededor el mal estaba atacando todo lo bueno; la
licenciosidad abundaba; la gente malvada controlaba la sociedad. Parece como si
Dios no puede ser encontrado en ningún lugar; Él no está haciendo nada con
esto. Los cristianos están siendo perseguidos y algunos hasta han sido hecho mártires,
y la fe de los cristianos está bajo un ataque intenso. Los cristianos están
esperando la vuelta de Cristo, pero Él no ha llegado aún. El libro está
escrito para mostrarle a los santos en tiempos tan desconcertantes que Dios el
Creador está en control de los eventos del mundo y es responsable por el juicio
de la humanidad. Él permite el mal en el mundo pero Él triunfará al final
sobre las fuerzas del mal, junto con los Santos. Muestra que los santos deben
seguir el ejemplo de Jesús y poner sus vidas en defensa de su fe y como un
testimonio a Jesús. Los enemigos de los santos serán derrotados al final: el
diablo, los poderes políticos, los falsos poderes religiosos, los perseguidores
de la iglesia, la seducción del mundo y sus filosofías. Los juicios de Dios
sobre la humanidad son Su respuesta a las oraciones de los santos. Los creyentes
deben soportar pacientemente hasta el final y permanecer fieles aun hasta la
muerte, en donde está la victoria sobre el enemigo, así como Jesús mismo tuvo
que morir a fin de ser victorioso sobre Satanás. Dios al final reivindicará a
sus elegidos y podrá verse que se cumple la justicia, pero esto podrá no
ocurrir en el transcurso de la vida de la mayoría de los santos. Satanás es el
gran engañador, el que engaña al mundo para que se incline ante sus aliados,
la bestia y el falso profeta. Sólo aquellos que conocen a Dios y a Su palabra
los resistirán. Jesús volverá y sus enemigos serán derrotados, juzgados y
castigados por la eternidad. Los creyentes irán a estar con su Señor por
siempre y Él morará con ellos. Apocalipsis trata de la historia completa del
mundo, desde la ascensión de Cristo hasta el final de los tiempos. La acusación
contra el hombre es que no glorifica a Dios como Creador y Señor, persigue a la
Iglesia y no se arrepiente de sus pecados. Apocalipsis es el último libro de la
Biblia y las llaves de su interpretación están arraigadas en el resto de la
Biblia, tanto el Nuevo Testamento como el Antiguo Testamento, y en la comprensión
de los eventos contemporáneos de ese tiempo.
El principal
mensaje de Apocalipsis está resumido en la carta a la iglesia de Esmirna
(2:10):
No
temas en nada lo que vas a padecer. He aquí, el diablo echará a algunos de
vosotros en la cárcel, para que seáis probados, y tendréis tribulación por
diez días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida.
Aquí
encontramos la primera advertencia de Juan referida a la persecución de la
Iglesia. La iglesia es advertida para que sea fiel aun hasta la muerte y recibirá
la corona de vida, representada por la Nueva Jerusalén y el río de vida que
fluye del trono. No hay nada que temer en la muerte porque después de la muerte
irán a estar con el Señor y reinarán con Él por siempre. Hay una muerte que
hay que temer y esa es la segunda muerte, que es el lago de fuego, y aquellos
que adoran a la bestia irán allí. El cuadro de los santos que se nos da
muestra que son perseguidos por su testimonio a favor de Jesús y por la palabra
de Dios, y los dos testigos muestran que su testimonio es parte del plan de
Dios, porque sin él la séptima trompeta que hace entrar el reino de Dios no
podría ser sonada.
Si las
advertencias acerca de la persecución son uno de los propósitos de
Apocalipsis, otro es advertir acerca de transigir con el mundo. Esto está
presentado en las cartas a Pérgamo y Tiatira. Jesús advierte a sus siervos que
no deben transigir con el mundo para no compartir sus pecados y sus plagas
resultantes (18:4). Su iglesia, Su novia, debe ser sin mancha (14:4 ff). El
libro es acerca de dos conjuntos de personas en el mundo. Primero, aquellos que
adoran a la bestia y a su imagen reciben la marca del nombre de la bestia y serán
atormentados para siempre. Segundo, aquellos que no adoran a la bestia pero
guardan los mandamientos de Dios y su fe en Jesús, reinarán con Él para
siempre en el paraíso de Dios. Es, también, una advertencia para que los
cristianos adormecidos y complacientes se despierten.
También nos
advierte acerca de nuestras obras hechas en la tierra para determinar nuestro
destino después de la muerte, sea para castigo o recompensa. Las recompensas
para aquellos que vencen están detallados al final de cada una de las cartas a
las siete iglesias, en tanto que el castigo para los cobardes está descrito en
21:8. Ante el gran trono blanco los muertos son juzgados de acuerdo con lo que
han hecho. En 22:12 Jesús anuncia que Él viene pronto: "He aquí yo vengo
pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su
obra." En la introducción a la mayoría de las cartas Él anuncia:
"Yo conozco tus obras". En 2:23 Él anuncia a la iglesia de Tiatira
que recompensará a cada uno de ellos de acuerdo con sus obras. En 14:13
aquellos que mueren en el Señor descansarán de sus trabajos porque sus obras
siguen con ellos. La única cosa que podemos llevar a la próxima vida son
nuestras obras hechas mientras teníamos el cuerpo. En 14:9 aquellos que adoran
a la bestia y a su imagen serán atormentados con fuego y azufre para siempre,
mientras que aquellos que son victoriosos frente a la bestia, su imagen y el número
de su nombre cantan la canción de Moisés y del Cordero (15:2,3) y los siervos
de Dios reinarán por los siglos de los siglos (22:5).
Es, también,
un libro acerca de aquellos que adoran a Dios y aquellos que adoran a los ídolos.
Juan es claro acerca de que sólo Dios debe ser adorado (ver el comentario sobre
9:20). Aquellos que adoran a la bestia y a su imagen son culpables de idolatría
y son castigados con el tormento eterno. En 13:4 Juan pone en claro que los
hombres adoran al dragón, que es Satanás, quien le da su autoridad a la
bestia. Los capítulos 4 y 5 describen la adoración, tanto de Dios como del
Cordero. El ángel en 14:7 ordena a aquellos que viven en la tierra a que
"adoren a aquél que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las
aguas" y en 14:9-12 vemos el castigo de aquellos que adoran a la bestia y a
su imagen y reciben la marca en la frente o en la mano. Dos veces Juan es
reprendido porque adora a un ángel en vez de a Dios. Los idólatras son
consignados al lago de fuego y azufre y son excluidos de la Nueva Jerusalén. La
primera copa es vertida sobre aquellos que adoran a la bestia y a su imagen.
Aquellos que no adoran a la bestia y a su imagen reinan con Cristo por mil años.
A veces se dice
que Apocalipsis no es relevante para el día de hoy, pero debemos ver un vínculo
cercano entre lo que se describe en el libro y la Segunda Venida que por cierto
es relevante hoy. El libro describe "las cosas que deben suceder
pronto" (1:1), es decir los eventos que preceden la segunda venida. El
libro está repleto de advertencias sobre esta segunda venida inesperada,
finalizando con "Ciertamente vengo pronto" (22:20). En cada generación
Cristo podría volver y la iglesia debería estar esperando y preparada para Su
vuelta en su generación. El libro está hecho para preparar al pueblo de Dios
para los eventos que preceden su retorno y para Su retorno. En este sentido su
mensaje habla a todas las generaciones porque cada generación puede ser la última.
Considere la bendición para aquellos que leen y escuchas y guardan la palabras
de esta profecía porque el tiempo está
cerca (1:3) y la bendición para aquellos que guardan la palabras de esta
profecía, habladas en relación con la Segunda Venida (22:7). Cualquier
interpretación debería hacer que fuera relevante ahora para que el pueblo de
Dios esté preparado para los eventos que preceden a la venida y esté preparado
para la venida, porque el tiempo está cerca. Las cartas a las siete iglesias y
las promesas para los que vencieren deberían ser vistas en esta luz,
especialmente la carta a la iglesia de Sardis (3:1 ff.) donde se le advierte a
la iglesia que se despierte o Cristo vendrá a ellos en inesperadamente. La
iglesia también es advertida que la bestia hará guerra contra los santos y los
conquistará. Este hecho inevitable hace que los santos deban tener paciencia y
ser fieles (13:7, 10). El tormento de aquellos que adoran a la bestia también
hace que los santos que obedecen a Dios y permanecen fieles a los mandamientos
de Dios tengan paciencia y se mantengan fieles a Jesucristo (14:12). En 16:15
Jesús nos advierte acerca de su Segunda Venida inesperada y bendice a aquellos
que permanecen despiertos y guardan sus ropas con ellos. En 18:4 nos advierte a
que salgamos de Babilonia para que no compartamos sus pecados y sus plagas. En
19:7 nos indica que la novia debe preparase para el novio. Ap. 21-22 muestra la
recompensa celestial para aquellos que vencen y el castigo para aquellos que
adoran a la bestia. A la luz de esto, cualquier interpretación de este libro
debe hacerlo relevante para el pueblo de Dios ahora.
Con relación a
la bestia, la iglesia es advertida de que éste silenciará su testimonio (11:7)
y que librará una guerra contra el pueblo de Dios y los vencerá (13:7) y que
serán puestos en prisión y muertos (13:10). También se nos advierte acerca de
un falso Cristo, la bestia que sale de la tierra, que será la máquina
propagandística para la primera bestia y ejercerá un control económico. También
se nos advierte que no debemos adorar a la primera bestia o a su imagen. Esto
tendría implicaciones para la iglesia. Como ejemplo, tome la iglesia en
Alemania antes de la segunda guerra mundial, cuando Hitler estaba en ascenso. La
iglesia, en su mayoría, lo siguió. Pocos estaban dispuestos a denunciarlo.
[Para un relato, lea "The Body" por Charles Colson, publicado por Word
Publishing]. Como otro ejemplo, tomen el de China, donde hay persecución. ¿Deberían
unirse a la iglesia "estatal" (Three-Self Patriotic Movement) o la
iglesia subterránea? Para los alemanes, los chinos o para nosotros, una
comprensión correcta del simbolismo de Apocalipsis nos permitirá interpretar
los eventos alrededor nuestro y preparar nuestros corazones para lo que va a
ocurrir. ¿Quién puede decir que la persecución no surgirá en el Occidente?
Pero, para nosotros, tal vez sea la copa de oro seductora de la prostituta la
mayor amenaza a la iglesia en el Occidente.
Es también un
libro de contrastes. Considere la novia y la prostituta. Considere el destino de
aquellos que adoran a la bestia y que son atormentados por los siglos de los
siglos con la de aquellos que adoran a Dios y reinarán por los siglos de los
siglos. Contraste la bestia con el Cordero. Hay milagros falsos del falso
profeta, y los milagros auténticos de los dos testigos. Está la ciudad
celestial de la Nueva Jerusalén y la ciudad terrenal de Babilonia, la grande.
Está Jesús quien es, y que fue y que será, y la bestia que una vez fue, ahora
no es y que subirá del Abismo para ir a su destrucción. Está la segunda
muerte en contraste con la corona de vida. Están aquellos con la la marca de la
bestia en la frente y aquellos con los nombres del Cordero y el Padre en sus
frentes. Compare Babilonia, que nunca tendrá la música de arpas en ella, y los
redimidos que tienen sus arpas en el cielo. Babilonia nunca tendrá la luz de
una lámpara en ella de nuevo, pero en la Nueva Jerusalén el Cordero es su Lámpara.
Babilonia nunca tendrá la voz del novio y la novia en ella de nuevo, mientras
que en la Nueva Jerusalén la novia cantará por siempre Aleluya al Cordero. Está
la gran cena de Dios y la cena de las bodas del Cordero. Están los cobardes que
irán al lago de fuego y aquellos que vencen, que tienen el agua de vida. Están
los siervos de Dios que lo sirven día y noche y el Diablo que los acusa día y
noche. Compare al Cordero como inmolado y la bestia con la herida mortal. Están
aquellos que no tienen descanso día y noche y aquellos que descansan de sus
labores.
Vencer o
conquistar (gr. nikao:G3528) es una
palabra clave en el libro. Al final de cada una de las cartas a las siete
iglesias se les insta a que venzan
para que puedan recibir su recompensa celestial, así como Cristo venció
y se sentó con su Padre sobre el trono (3:21). En 21:7 "El que venciere
heredará todas las cosas" refiriéndose a la visión de Juan del cielo. En
12:11 los santos han vencido al diablo
por medio "de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de
ellos". En 6:2 vemos un caballo blanco cuyo jinete "tenía un arco; y
le fue dada una corona, y salió venciendo,
y para vencer". En 13:7 a la bestia "se le permitió hacer guerra
contra los santos, y vencerlos".
En 17:14 los diez reyes hacen guerra contra el Cordero, "pero el Cordero
los vencerá, porque él es Señor de señores y Rey de reyes; y los que
están con él son llamados y elegidos y fieles". Apocalipsis puede ser
considerado como una expansión o comentario de Rom. 8:35-39 en el que somos más
que vencedores por medio de aquél que nos amó (Rom. 8:37).
(Rom.
8:35-39) ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia,
o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? {36} Como está
escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; somos contados como
ovejas de matadero. {37} Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores
por medio de aquel que nos amó. {38} Por lo cual estoy seguro de que ni la
muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente,
ni lo por venir, {39} ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra creada nos
podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.
Otra frase
clave es "paciencia" que ocurre cuatro veces en el libro (1:9, 3:10,
13:10, 14:12) que se refiere a la paciencia bajo la persecución.
Apocalipsis está
escrito a los siervos de Dios para mostrarles lo que pronto sucedería. Hay una
bendición para todos los que leen, escuchan y guardan las cosas escritas en él.
Esto incluye a los siervos de Dios desde la generación de Juan hasta la
generación que esté cuando vuelva Cristo. Insta a todo el que escucha a que
venza para que pueda comer del libro de la vida en el paraíso de Dios. El libro
pone en un lugar prominente la segunda venida de Cristo, mientras que el
futurista considera a la mayor parte como inmediatamente anterior a la llegada
de Cristo. Cristo realmente viene de nuevo a todos los que mueren antes de su
segunda venida; para algunos, la muerte traerá regocijo y alabanza, en tanto
que para otros traerá lamentación. Este libro está escrito a los mártires,
para decirles que en la muerte se vuelven vencedores, quienes "han vencido
por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y
menospreciaron sus vidas hasta la muerte" (12:11).
Los cristianos
que viven entre la primera y segunda venida de nuestro Señor viven en un estado
de tensión entre las realidades espirituales, que son percibidas por fe, y la
vida de los sentidos vivida sobre la tierra (xxxx). Apocalipsis nos muestra la
realidad celestial de Dios sobre su trono gobernando el universo (Cap. 4). Nos
declara que Jesús es el testigo fiel, el primogénito de los muertos y el
soberano de los reyes de la tierra (1:5). Que Jesús resucitó de los muertos
nos garantiza que nosotros también resucitaremos de los muertos; Jesús es el
soberano de los reyes de la tierra aunque esto no parezca ser así. Cuando Jesús
vuelva todos los santos muertos resucitarán de entre los muertos y los enemigos
de Dios serán derrotados. Así, nuestra fe en las realidades celestiales
descriptas en Apocalipsis y en el resto de la Biblia será reivindicada. La
tensión está ilustrada más todavía en 1 Juan 3:2: ahora somos hijos de Dios,
pero no sabemos cómo serán nuestros cuerpos futuros, excepto que cuando venga
Cristo "seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es".
Pablo también habla acerca de la esperanza cristiana de la redención de
nuestros cuerpos (Rom. 8:23-25), que ocurrirá con Su venida (1 Cor. 15:12 ff.,
1 Tes. 4:13-18). Note que Cristo ya ha resucitado de los muertos, pero los
muertos en Cristo no resucitarán de los muertos hasta que Él venga de nuevo.
Hasta entonces vivimos por fe en el Hijo de Dios quien murió por nosotros y
resucitó por nosotros. Ahora vivimos por fe y no por vista (1 Juan 5:4-5, 2
Cor. 5:1-7).
Así como Génesis
nos cuenta el comienzo de la historia, Apocalipsis nos dice cómo terminará. En
un sentido Apocalipsis no es nada nuevo, pero enfatiza y repite en una forma
nueva y vívida, en imágenes, lo que el resto de las Escrituras le dicen a la
iglesia. Es el último mensaje de Dios a la iglesia, diciéndole que será
perseguida, pero que Él - Dios - está en control y que ella finalmente será
victoriosa sobre sus enemigos. Al final del primer siglo Dios sabía que había
siglos de persecución por delante de la iglesia, y ésta es la forma de
preparar a la iglesia y consolarla en sus problemas. Le muestra que hay un final
feliz para aquellos que venzan.
Para aquellos
que no conocen al Señor, que no conocen su amor y no han sido liberados de sus
pecados (1:5), su mensaje está dado en Salmos 2:
(Salmos
2:10-12) Ahora pues, oh reyes, sed prudentes; Admitid amonestación, jueces de
la tierra. {11} Servid a Jehová con temor, y alegraos con temblor. {12} Honrad
al Hijo, para que no se enoje, y perezcáis en el camino; pues se inflama de
pronto su ira. Bienaventurados todos los que en él confían.
Y también por
el ángel en 14:7
Diciendo
a gran voz: Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha
llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de
las aguas.
Apocalipsis
describe la imagen espantosa del lago de fuego para aquellos que no están en el
libro de la vida del Cordero. Apocalipsis declara a Dios como Creador y a Jesús
como redentor y es a Jesús a quien debemos venir para la salvación. El cuadro
del Cordero que fue inmolado muestra al mismo Jesús que murió en la cruz por
nuestros pecados ahora exaltado a la mano derecha de Dios. El uso del término
Cordero en Apocalipsis es un recordatorio constante de que Jesús murió por
nuestros pecados. Es también un recordatorio entre mucha aflicción para el
mundo de la gracia de Dios que está disponible para todos los que se vuelven de
sus pecados hacia Jesús.
Ap. 5:9 indica
que Jesús murió por cada grupo de personas en la tierra y por lo tanto Su
salvación está disponible libremente para cualquiera. Ver también 7:9 que
indica que las personas de cada grupo de personas estarán representadas en el
cielo, y 14:6 en donde un ángel proclama el Evangelio a cada grupo de personas
sobre la tierra.
(Ap.
5:9) Y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de
abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido
para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación.
En 21:6 y 22:17
Dios, el Espíritu y la iglesia invitan a aquellos que tienen sed, los que
quieran, a tomar el don gratuito del agua de la vida.
(Ap.
21:6) Y me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y el Omega, el principio y el fin.
Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida.
(Ap.
22:17) Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que
tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente.
Él esta parado
a la puerta de nuestros corazones y está golpeando, y nosotros necesitamos
invitarlo a que entre y tener comunión con Él (3:20).
Apocalipsis da
por supuesto el resto de la Biblia, que es el motivo por el cual no da un plan
detallado de salvación. Las siguientes escrituras pueden ser de ayuda para
aquellos que quieran descubrir a Dios y a Jesús por sí mismos: Isaías 53,
Lucas 5:31-32, Hebreos 11:6, Juan 3:16-17, 6:44, 20:31, 1 Timoteo 2:3-6, Hechos
3:19, 17:30-31, 20:21.
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