Las malas experiencias

 

   Estaba pensando en las relaciones entre hombres y mujeres (qué novedad...). Me resisto a emplear la expresión “relaciones sentimentales”, porque donde suelen verse sentimientos, yo por lo general veo otra cosa, en algún sentido algo más simple, y en otro algo mucho más complejo. Esto parte del análisis de esos supuestos sentimientos, los cuales llevan a dos personas a verse de manera constante por espacio de varios meses o años, entre otras cosas (o principalmente) con fines sexuales. “Vamos, qué tanta delicadeza, decilo bien claro: ¡para realizar empalamientos!”, dice mi amigo El joven pajilla, aquí presente, completamente borracho (su estado habitual).

   Como decía, pensaba en ese tipo de relaciones, y me parecía que es más factible aprender algo de una mala experiencia que de una buena. Eso además serviría para explicar el que todas mis experiencias sean malas. O por decirlo de otro modo: tal vez me interesa más aprender algo que pasarla bien.

   Yo sé que es muy común que un tipo y una mina anden durante un tiempo, y de un día para el otro no se hablen más. Pero salvo algún suceso excepcional y catastrófico, ese día suele llegar tras meses de desgaste en la relación. Si bien sé que eso es muy común, al menos en teoría, mis relaciones no tendrían que ser así, por mi manera de ser, tan sensata y lógica, y si además me detengo a pensar en algunas de las minas que conocí, personas muy razonables, coherentes ellas, y en teoría “buenas personas”, bueno... definitivamente las cosas no tendrían que terminar tan mal. 

    Un psicólogo podría decir que estoy equivocado, que lo que ocurre es que no soy capaz de tener relaciones serias, adultas, que soy incapaz de amar....  Pero un mejor psicólogo (por ej. yo mismo), que me conociera más, diría que tal vez, en lugar de arruinar las relaciones porque tengo “miedo al compromiso”, a amar o ser amado, o por un incontenible impulso a la soledad (el cual de hecho existe), lo que me lleva a eso es un impulso más fuerte, más profundamente arraigado en mi ser, que de tanto en tanto se erige en tirano entre mis otros impulsos (algunos de los cuales son muy fuertes), y que se caga en todo, inclusive en mi propio bienestar: el impulso de conocimiento.

   Según la manera de ver las cosas, las relaciones perfectamente normales y saludables, las relaciones buenas, podrían llegar a ser consideradas como, además de perfectamente aburridas, poco instructivas. Una relación en donde todo salga bien, en donde no haya conflictos... ¿no sería, además, engañosa? Al menos para quien como yo vea en la mera existencia un conflicto. De modo que las relaciones interpersonales tendrían que ser, de algún modo, un reflejo de ese carácter conflictivo de la existencia. Tal vez toda mi visión de la realidad esté condicionada porque para mí la vida supone un conflicto, desde que tengo trece años...  

   No me interesa mucho tener relaciones normales, adultas, convivir con una mina, proyectar a futuro, todo eso. No es que no puedo, no quiero. ¿Qué tiene eso de malo? Sólo porque no sea lo más típico en un “adulto”, no significa que esté mal. Yo diría, si se me permite, que todo lo contrario: soy muy independiente y autosuficiente, por eso no me la paso buscando una pareja con la cual compartir mi vida, o peor aun, que le de sentido a mi vida. Que quede bien claro que mi vida ya tiene sentido, desde hace rato, y si acaso no lo tuviese, no creo que una mujercita viniera a dárselo/otorgárselo.

   ¿Cuál es el estado natural de las cosas? El caos. ¿No se engañan a sí mismas las personas cuando tienen relaciones en las que proyectan mucho hacia el futuro, aunque sea hacia la semana que viene? ¿No será que tienen miedo al desorden, a la “naturaleza”...?

   Al fin y al cabo, ¿quien sabe por qué diablos las cosas suceden como suceden? Queda por ver si tal como explico, yo mismo, de manera inconsciente, provoco que mis relaciones sean malas o si las cosas salen de ese modo por otros factores, pero como sea, el resultado es que yo aprovecho todo para ampliar mis conocimientos, en la medida de lo posible.

   Y por mínima que fuere la sabiduría que yo obtuviera mediante estos complejos procesos en los cuales arruino mis relaciones personales, la juzgo más valiosa que cualquier clase de felicidad conyugal y estabilidad emocional burguesa que pudiera conseguirse. En cualquier caso, esa clase de felicidad me parece algo común y corriente, asequible a cualquiera. Mi felicidad, aquella que puedo conseguir con mi arte y con mi ciencia (por llamarlo de alguna forma), me parece muy superior. O podría ser menos categórico y decir simplemente que se corresponde mejor con mis intereses particulares.

 

   Tal vez al analizar las cosas de este modo no hacía más que echar una mirada poética sobre mi vida, una mirada que viniera a transfigurar la realidad, en definitiva, una labor de artista. Lo que me lleva a preguntarme si acaso son incompatibles la labor psicológica y la artística. ¿Y si fuera cierto que, como dice Nietzsche, la vida no tiene sentido más que como fenómeno estético, y se necesitara aplicar la óptica del arte para comprenderla?

 

 

 · 2007 ·

 

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