La única manera
Sobre la posibilidad
de la amistad entre el hombre y la mujer
“Las mujeres pueden muy bien entablar amistad con un hombre, pero para mantener esa amistad ha de darse cierta antipatía física.”
Nietzsche
- Humano, demasiado humano
Yo como hombre sé muy bien que uno no puede elegir el desear o no a otra persona – pero lo que sí puede elegir es enfrentarse a los hechos, hablar con suma franqueza, y así evitar cualquier clase de malentendido.
La única manera de que dos bellos ejemplares de la especie (un hombre y una mujer) tengan alguna clase de amistad es hablando claramente sobre este asunto, hablando inequívocamente, llamando a las cosas por su nombre.
Propongo lo siguiente, a cada hombre que desee a una “amiga” suya; que en un momento de total sobriedad y lucidez de ambos, recite esta frase, en un tono desprovisto de todo sentimentalismo:
“Tenés cierto atractivo y lo sabés. Del mismo modo lo sé yo, y por tanto no debería resultarte ninguna sorpresa el que ahora te confiese que actuás como estimulo para mi deseo sexual. Poco importa que quieras hacerlo o no: la mera presencia de la belleza puede resultar de gran estimulo para los hombres provistos de una sensibilidad como la mía en lo referente a la pasión.
Ahora bien: nada me gustaría más que tomarte por la cabellera, ponerte de cara contra la pared, desgarrarte las vestiduras y cogerte con toda la brutalidad que me permita mi potencia física.”
Tras esta proclama, la señorita deberá hacer saber cómo se siente al respecto. Es decir, si se quiere revolcar con uno o no (también podría guardar silencio y directamente comenzar a desvestirse). Después de eso se verá que sucede, qué clase de relación se tiene, pero al menos ya estarán las cosas más en claro, ya no habrá estúpidas maquinaciones y juegos de esos en los que la gente se pierde la vida entera... Está claro que dirijo estas palabras a quienes tengan por objetivo en esta vida perder el menor tiempo posible con tonterías.
En lo personal, me tomo el trabajo de dejar las cosas en claro desde el comienzo, y jamás me hago amigo de una mujer que me guste sin antes decirle expresamente que me gusta. De ese modo, si acaso surge después una amistad, estará siempre dentro del marco de esa atracción, la cual inclusive puede dejar de ejercer su influencia por completo, o bien pasar a un plano secundario, si el vinculo que se genera luego adquiere los reflejos dorados de la mas pura y noble amistad. Por supuesto que no cualquiera es capaz de poseer (o mejor: soportar) sentimientos tan elevados. Por sobre todas las cosas, se necesita una total madurez emocional – la adolescencia anula de plano la posibilidad de esta clase de sentimientos, que de todos modos constituye algo raro y excepcional.
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2006 ·