El laberinto de las sombras

I

Mírala pasar por la ventana;
perderse en la oscuridad temprana.
Parece su níveo rostro tocar
esa ilusión que siempre ha de invocar.

Pero el gran Helios tiene que arribar,
mas mi etéreo sentir no ha de avivar.
Su calor sofoca mi letargo,
hace mi añorar mucho más largo.

II

Mientras dura mi sutil condena
y arrastro esta leve cadena,
las noches serán algarabía,
y espera de la noche los días.

Por la noche, lejano es cercano;
el intento deja de ser vano.
Lo imposible se hace tangible;
la realidad es algo miscible.

III

Todo esto es gracias al sueño,
donde nadie de sí mismo es dueño.
Donde te guía la fantasía;
donde la verdad está vacía.

¡Vierte en la oscuridad el asunto!
¡Tiñe de negro tu tibio manto!
Permite que entre en tus ojos.
Déjalos perderse en las estrellas.

IV

Escrito en tinta color penumbra,
el mensaje de la flor que alumbra.
Quejido sollozante del viento
que acude a mí en todo momento.

Luz y umbra son fino tejido.
Ya todo farol muy aflijido
dan su clamor a nuestra pupila
que, siempre confundida, vacila.

V

Escucho lo que dices, nocturna,
ya se aproxima nuestra faz diurna.
Te contaré lo que me ocurre,
pues aún tu duración trascurre.

"Tal como en el aire excavan
       [de un árbol las fuertes ramas,

taladra bifurcándose
       [un sortilegio en mis entrañas.

De hilo madeja que hechicera
       [hábilmente desenreda.

Haz continuo, maraña
       [diestra, torrente que no cesa,

corre libre en mis adentros
       [si que yo hacer algo pueda.

Imposible es detenerlo e
       [increíble su gran fuerza."



Desde hace tiempo ha crecido y
       [seguirá creciendo.

En cada espacio ganado más
       [poder irá adquiriendo

mientras mi alma se corroe al
       [no lograr comprenderlo

y mientras no exista paz
       [en la soledad del momento.

VI

Ya me vez, cúpula infinita
que me hallo en condición inaudita.
Espejo que pende del silencio,
dale respuesta a mi cuestionamiento.

Mientas siga este comportamiento
continuará todo sufrimiento:
seguiré perdido en mis obras
por el laberinto de las sombras.

Austeridad

      A Tania Pleitez

Tú, sencilla en el prado
y tendida en el viento,
el ocaso polvoriento
nunca te ha visitado.

He visto flores. Se elevan
de cien colores adornadas
y otras acompañadas
por la noche, se desvelan.

Esas naves de locura
nada saben, nada importan;
ya que jamás soportan
la quietud de la pintura.

Tú, solita en el bosque,
guardada en la llanura,
no te llega la espesura
que no quiero que te toque.

Es que yo sólo te admiro
en tu lugar, tan serena.
Tú no vives en la pena
de las hojas y el papiro.


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Última actualización: 9 de Enero del 2001.

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