De la última gota que se
deslizaba entre mi mano,
con el brillo vítreo y cercano
del ver, nada puede hacerse.
Con esa final vibración
del tiempo frío y presente,
aquí en mi pecho ausente,
deja de arder corazón.
Me quito las manos del rostro.
Enjugo el fluir del alma
que en la blancura de la calma
se borra sin dejar su rastro.
Porque estas lágrimas de tinta
se han secado al calor
del maravilloso esplendor
de una nueva luz muy distinta.
Ya veo cantar a los árboles.
Puedo escuchar su poesía
libre de la melancolía
que baña los días sin soles.
Respiro música del viento
que sopla fresco e impasible.
¡Ahora me parece imposible
lo grande que es mi contento!
Pero se rasgaron las telas
de la más dulce ensoñación.
¡He regresado a mi prisión
donde en realidad me flagelas!
Mi ser te llamó muchas veces
aunque la voz no lo hiciera.
Reté a mi censurante fiera
intentando liberar mil voces.
Así hurté música del
hálito
febril de mi seca imaginación
e incluso tañí una canción
recordando un gozo infinito.
No debí nunca de tomarlo
a fin de regalarte mi espíritu.
Ni siquiera pensé si tú
desearías escucharlo.
Aquí llega mi alegoría.
Olvido solamente, busca
vibrando cual chispa negruzca:
iniciando cuando moría.
Extirpada y ya vacía
déjola sobre la nada.
Oiré del eco la llamada,
mas cortaré su travesía.
Tu boca es puerto
en mar abierto
de sol cubierto
con firmamento...
y del tormento
de un sentimiento.
Anclan los barcos.
Caen las olas.
Cual caracolas
tienen alientos
pues de los vientos
ya salen solas.
Roer de roca,
tu puerto es boca.
La playa toca y,
si bien retoca
sirena loca
allí convoca.
De arena brinco
con sólo cinco,
y con ahínco,
pues la marea
no deja letra
de esta tarea.
¿Quieres que siga
de cinco en cinco?
Nadie me obliga,
ni el diablo bisco.
Nadie castiga
que haga un circo.
La flor canta
cuando brota.
La rana tiñe
la luz que ciñe
el negro charco.
¿Gustas un barco
hecho de hojas
con manchas rojas?
Esto es la broma
de un sano ingenio
que se asoma,
habladuría
que es una mofa
de la poesía.
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Última actualización: 9 de Enero del 2001.