Tareas sobrehumanas

El número de verbos
para expresar el amor
en todo idioma
es, claramente, finito.
Quisiera que hubiera tantos
(idiomas o palabras, da igual)
como estrellas en el cielo,
para regalarte uno distinto cada día.

Las estrellas han callado.
Ya se agotaron los verbos.
De infinito numerable
el disfraz falló de nuevo.
Estos cíclopes ignoran
que apareció primero:
su número incalculable
o la vejez del Universo.

Si te quiero medio día
y del resto no te quiero
la mitad, ¿qué pasará
de continuar el proceso
al llegar la media noche?(1)
No puede salir ileso
un corazón que imagine
amar de este modo inquieto.

Puede darse otro ejemplo
de comportamiento demente.
Siendo el tiempo continuo
y decidiera quererte
cada instante racional,
la oscilación simplemente
sin alma me dejaría.(2)
Esto, dime, ¿lo comprendes?

Con el infinito, de plano,
no se puede ni jugar.

Notas:

  1. Si pudiera realizarse tal locura, de cualquier modo te amaría las dos terceras partes de un día.
  2. En este caso, te amaría de un modo interesante, pues entre dos instantes en que te amara siempre mediaría otro igual. Esto es, te amaría de una forma densa.

Quiromancia

La hebra de un instante
urdida entre tus palmas:
lugar desconcertante,
voraz ficción del alma.
Refugio solamente
de quien tu pulso reclama.

Camino ensortijado
es la táctil retina
que llevas en las manos.
¿Valdrá toda esta vida
visión que restringida
se siente valer tanto?

Vacuidad

Es de mi pensamiento lo mudo
que puede ser sin labios un vocablo;
aquél que como vampiril zancudo
perece si por ventura lo hablo.

Como él son cada uno de tus besos,
que fueron dulces y también insípidos.
¡Dime uno que así no haya sido!
(No puedes, porque no hubo tales besos.)


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Última actualización: 27 de Febrero del 2003.

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