Ostinato

Mas no era ésta, sin duda,
su auténtica naturaleza.

Engullió el espacio-tiempo.
Pues cada una de sus sílabas
rezaba el nombre de su cuerpo.

Mas no era ésta, sin duda,
su auténtica naturaleza.

Cayó así quien, pronunciándole,
vació la soledad de golpe
y no la llena desde entonces.

Mas no era ésta, sin duda,
su auténtica naturaleza.

Aquél creyó mar la palabra.
Aquella mar se hizo nombrar
sin dejar ni una sola gota.

Y no era ésta, sin duda,
su auténtica naturaleza.

Faltara verte...

Quisiera que la palabra "adiós"
no supiera cuánto me entristeces.
Así, tal vez, pagaría con creces
la deuda que conmigo tiene Dios.

¿Qué más merecen unos labios mudos
sino la repetición, múltiples veces,
de tristes y llorosas contricciones
que borren para siempre los recuerdos?

Mueren los ojos, ignoran el llanto.
Atragántase el color gris de lágrimas
redondas, cántaro hasta el canto.

Ígneo sentir falto de una rima
a donde precipitar su espanto.
Furia falaz, sin dimensión ni cima.


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Última actualización: 4 de Enero del 2002.

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