Dos Sonetos Extemporáneos

1

Si en el deleite de la vista siento
la falsedad de tus dones mortales
medita un instante si es que tu vales
lo mismo que polvo dejado al viento.

Que sólo el flujo de pensamiento
despoja al ser de actos banales
y lo deja, en condiciones tales,
que no se diluye en el firmamento.

Absurdo es, quizá, dicho consejo
¿Lograrás convencerle algún día,
inmisericorde y tenaz espejo?

Cifro mi esperanza en la agonía
interrumpida al primer reflejo.
Acude pronto, trágica ironía.

2

Soy gris lago de luz desmoronada.
El viento no llama y quieto contemplo
el cielo... la nube, ambos ejemplo
de mi alma pálida y conmocionada.

Eres interna, boscosa en la nada.
Ágil subyaces, consuetudinaria,
dentro de mi vida tan solitaria.
Eres externa, simple y complicada.

Llueves adentro sin ser confinada.
Quemas. Mojas la sangre y memoria.
Tú separada, yo siempre mezclado

en espiral que viaja, inacabada,
hacia la inexplicable aporía
de mi dolor y la sangre quebrada.

Cincuenta silencios

Salí con cincuenta silencios de mi casa hacia la tuya.
Perdí diez en el camino.

Y frente a tu puerta, me pediste otros diez para dejarme entrar.
No pude negártelos.

Me cobraste diez por cada hora que hablara contigo.
El reloj dijo que fueron tres horas en total.

Al final, ya no me alcanzó el silencio para callar.
No hay silencio que pague ni medio gramo de olvido.


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Última actualización: 21 de Septiembre del 2001.

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