Palabra, triste y terminal,
clavada contra el cielo
quedas muerta y quedas muda.
Entonces, entonces quiero
olvidar todas las cosas.
¡Y gritar tras de mi pecho
que deje ya de llorar!
Que siempre estuve deshecho;
que siempre estuve advertido.
Evoco los versos y siento
perder a trozos el pecho.
Para ti el turbio acento
como de gruta infinita.
A ti mi pesar y duelo,
por ti mi tenaz olvido.
Tu nombre es llanto de pedernal
que se confunde con el viento.
Es ágil y continuo movimiento
dibujando un cielo gris, invernal.
Tus manos atenazan mi presente
que no estalla (¡yo no quiero!) Porque
una vez más la realidad hirviente
haría de tu piel vapor y embarque.
Tus ojos ámbar, canto de madera
que me miran en unísono perfecto,
son melodía y zumbador insecto
que no dejan respirar siquiera.
Me obligaste a escribir tu nombre
sobre pliegos foliados de silencio,
a mezclar tus manos y mi sangre
en el licor nocturno de mi cuerpo.
Y, en fin, a encordar con tus ojos
el triste sonido de tu recuerdo.
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Última actualización: 22 de Mayo del 2001.