El decir que nada quiero decir
equivale a perder la cordura;
mas escucharéis una verdad pura:
sólo es que nada puedo decir.
Tal vez no tenga sentido alguno
si mucho escribo en lo que pienso
o si mucho pienso en lo que escribo;
menos me importa si no es ninguno.
Al fin y al cabo, intención me falta.
Largo es el arte, la vida breve...
inútil con aspiración tan alta.
Con mucha pena me veo, así, tan
ignorante con todas mis preguntas.
¿Acaso alguna es importante?
Quien mira de lejos vivir no puede,
porque une sus manos e implora gracia.
Nadie sabe la enorme desgracia
de existir si el sentimiento no cede.
Porque entonces la razón no domina
y, dejando al descubierto todo
aquello que pretendieses mudo
se expone, te acusa y te extermina.
Anda buscando de cualquier manera
levantarte cuando quieres dormir,
inspirándote horribles pesadillas.
Contando las sílabas yo quisiera
impedir a su labor proseguir,
aunque sea peor que duras astillas.
Las delicadas flores del jardin
saludan a los arboles frutales
mientras esperan a sus comensales
acudir en un enjambre sin fin.
Mariposas juegan en la floresta
de un campo pintado con holgura,
pero su vida muy poco les dura
si el invierno aparece entre su fiesta.
Antes de llegar la brisa por la tarde
llevando mi voz colgando del vestido
intenta, Luna, fijar tu blancura.
Como una llama bailarina que arde
intacta y sobre su lecho derretido
aleja de mis ojos la espesura.
Hoy, que casi puedo tocar la Luna,
te doy un poema de color negro,
porque toda la luz que le llegó
hizo en mis sueños su cálida cuna.
Hoy, que casi puedo mirar al Sol
te ofrezco este poema de color blanco,
porque ni una sombra montada en zancos
lo pudo borrar con su nocivo alcohol.
Atrevida noche, llena de centellas,
llévate de mí estas crudas ojeras
impresas en mi piel por el desvelo.
¿Cuántas de tus doncellas
irrumpen en la esfera, cual tijeras,
afiladas para cortar tu pelo?
Esta página y todo su contenido son propiedad ©1999-2009 Octavio Alberto Agustín Aquino.
Última actualización: 9 de Enero del 2001.