EL MISTERIO DE UN HOMBRE

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Qui�n puede decir ciertamente
�Qu� es un hombre?

�Qu� siente?...
�Qu� piensa?...
�A qu� le teme?...
�Por qu� vibra?

�Qu� es lo que m�s le interesa en la vida
y en el mundo?

Hasta d�nde es capaz de amar sin pensar que est� loco
o que es rid�culo.

�Qui�n puede decir que realmente conoce a un hombre?...

�Qui�n puede decir que verdaderamente lo comprende?...

A veces pareciera que si, que es posible,
que atravesando el complicado laberinto de sus pensamientos
uno ha llegado al fondo de ese lugar secreto, escondido,
protegido por los cinco sentidos y lo ha encontrado...

Pero un minuto despu�s se rebela...
cambia todas las huellas, las borra,
cambia de voz, de piel, cambia la intensidad de la mirada.

Se vuelve hosco, lejano, inalcanzable...
y otra vez estamos fuera... otra vez comenzando.

Con un hombre nunca se est� en camino.
Siempre se est� empezando a caminar.

Un Hombre... ���qu� dilema!!!

Amamos a un hombre y nos abrimos con una daga,
para darle el coraz�n desnudo en la palma de nuestra mano.

Desnudo y tembloroso, y �l tiene miedo de abrirse el pecho
para cobijar ese coraz�n que se le est� brindando.
Y cuando oye que su propio coraz�n late solo,
dice que est� solo como siempre
"sin darle importancia al otro coraz�n".

Es que tal vez el no quer�a que le di�ramos el coraz�n,
tal vez quer�a una sonrisa,
y nosotras exageradas como siempre,
le dimos nuestra vida.

Es probable que �l buscaba la suavidad de nuestra piel,
para sembrar en ella unos luceros
que s�bitamente le crecieron en la sangre
y nosotras exageradas como siempre le dimos nuestra sangre.

Quiz�s tan solo quer�a tener cerca nuestro silencio,
para poder pensar que estaba acompa�ado,
y nosotras exageradas como siempre,
le dimos nuestros pensamientos.

�Acaso no es cuando no damos nada
cu�ndo m�s recibimos de un hombre?...

�Acaso no es cuando damos solamente
un poco de nuestra piel,
cuando recibimos todo de �l,
su piel, sus nervios, sus m�sculos tirantes, su clamor, su hoguera?

�Acaso no es cuando le damos solamente el silencio
cu�ndo recibimos su grito y su llamado, su pedido de rodillas?

�No es cuando le dejamos la duda,
que nos ofrece todo con certeza,
nos promete la luz, el agua, las estrellas?

Y cuando vamos por nuestro camino sin detenernos,
�l quiere llevarnos a su camino,
dejarnos transitar por �l,
mostrarnos su puerto,
y cuando no lo vemos...
quiere que lo miremos
cuando no lo amamos...
quiere amarnos
y hace lo imposible para que dejemos caer sobre �l
una peque�a gota de amor,
peque�a y transparente como una l�grima.

Y sus manos son nido,
cuando no somos p�jaros...

Y su ternura es vino,
cuando no somos c�ntaro...

Y su pasi�n es llama,
cuando no somos le�a...

Y su cari�o es un mill�n de luci�rnagas,
cuando no somos noche.

Y su presencia es sol, cuando no somos cielo,
ni d�a, ni le pertenecemos.

Cuando nuestro jard�n est� sin siembra,
�l quiere recoger rosas.

Cuando el muro es resbaladizo y alto,
�l quiere treparlo,
y llegar hasta el final para ver
qu� hay al otro lado.

Lo que un hombre quiere, es ser ni�o,
cuando lo necesitamos hombre del todo.

Ser hombre cuando inventamos para �l
un parque con una calesita y un mont�n de hamacas.

Y quiere que volemos cuando �l mismo
ha cortado nuestras alas.

Es por eso que no s�;
verdaderamente no s� de qui�n nos enamoramos las mujeres.

Si de un hombre
o de la idealizaci�n del hombre
que tenemos en mente.

Si de un hombre o de la imagen
que tenemos guardada
o inventada en nuestro coraz�n.

Y creemos que le teme a la soledad...
pero eso es lo que �l m�s ama...
"su soledad"...
�l teme perderla.

Por eso,
�Qui�n cree que conoce a un hombre?...

Son imprescindibles...
y tan esenciales,
as� como nosotras...

Pero ellos creen que siempre van a ganar...
A veces lo hacen.

Pero todos... alguna vez perdemos...
mucho o poco... pero perdemos...

Es cuanto

Autor: An�nimo

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