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Nahuel Moreno

PARTIDO MANDELISTA O PARTIDO LENINISTA

Edición electrónica: Secretariado Centroamericano, Centro Internacional del Trotskismo Ortodoxo. Julio, 2001
Tomado de Grupó Socialista Guérnica, 2001


Dos olvidos: los militantes profesionales y el centralismo democr�tico


s notable que el furibundo ataque del camarada Germain a Camejo acerca de su concepci�n de partido no se vea complementado con otro a Mandel, que olvid� dos de los pilares de la concepci�n leninista del partido bolchevique: los militantes profesionales y el centralismo democr�tico. Estos dos olvidos de Mandel tienen una explicaci�n. Ya hemos visto que para �l la superaci�n de la conciencia de los obreros avanzados se produce por una v�a intelectual y efectuada por intelectuales: es un proceso subjetivo de aprendizaje de la filosof�a, la sociolog�a, la econom�a y la historia marxistas. Es decir, del "marxismo como ciencia". Este proceso, que s�lo puede cumplirse individualmente, tiene sus ejecutores siempre siguiendo a Mandel en los intelectuales, cuyo papel, como sector de clase, es llevar 46. . . hacia los estratos despertados y cr�ticos de la clase obrera lo que por ellos mismos no pueden llevar a cabo, debido al estado fragmentado de su conciencia: el conocimiento cient�fico y la conciencia que les posibilitar� reconocer la verdadera faz de la escandalosamente velada explotaci�n y de la opresi�n disfrazada a que son sometidos. " [ 63 ]

�Sobre qu� bases objetivas se realiza este aprendizaje de los "sectores despertados y cr�ticos de la clase obrera", es decir de la vanguardia obrera? 0 dicho, de otra manera, �c�mo tiene que organizar su vida el obrero de vanguardia para convertirse en militante revolucionario? Mandel nos responde, en otro de sus trabajos, diciendo que uno de los privilegios pol�ticos de los militantes revolucionarios" es el de. . . ". dedicar a la actividad social una fracci�n de su vida mucho m�s grande que la de los otros trabajadores. " [ 64 ]

Aqu� el camarada Mandel nos est� diciendo (por lo que no dice) que el obrero de vanguardia debe seguir en la misma situaci�n objetiva que antes, s�lo que sacrific�ndose mucho m�s. Es decir, que debe organizar su vida de la siguiente manera: cumple su horario de todos los d�as en la f�brica, despu�s recibe en su casa a un intelectual que le explica y le hace estudiar el socialismo marxista y trotskista, y despu�s tiene que ir a visitar a otros obreros, o al sindicato donde luchar� por sus compa�eros y por el partido. En s�ntesis: en la transformaci�n de un obrero de vanguardia en militante revolucionario, el partido no tiene nada que ver; la tarea de educaci�n en el marxismo la cumplen los intelectuales; la tarea de arregl�rselas para poder vivir la cumple el propio obrero continuando con su trabajo en la f�brica; y si los intelectuales cumplen con su tarea y el obrero con la suya, �ste habr� logrado el "conocimiento cient�fico" y, por lo tanto, la "conciencia". Esto no es ni marxismo ni teor�a leninista de la organizaci�n.

Los militantes profesionales

El marxismo es materialista, Lenin tambi�n lo era. Para Lenin, la superaci�n de �a conciencia fragmentada del obrero avanzado era esencialmente un proceso material, y no intelectual: era darle tiempo libre al obrero para que �ste se capacitara en todos los aspectos (tanto te�ricos como pr�cticos) como revolucionario profesional. No era una penosa y terrible obligaci�n que se sumaba a las ya penosas y terribles obligaciones que ten�a el obrero por el s�lo hecho de ser obrero. Era una tarea que empezaba por darle tiempo libre al obrero avanzado para que dejara de ser obrero fragmentado en la vida real y comenzara a ser revolucionario en la vida tambi�n real.

Porque Lenin era materialista y dial�ctico no pod�a concebir que se pudiera superar una conciencia derivada de una situaci�n material (la alienaci�n del trabajo parcelario durante 8, 11 ó 14 horas diarias) por, medio de cursos. Es decir, mientras el obrero dedicara tantas horas de su vida a hacer un trabajo que le era in. diferente, dentro de una cadena de producci�n cuyo mecanismo desconoc�a, para elaborar un producto cuyo destino final no le importaba, su conciencia deb�a reflejar estas caracter�sticas de su actividad, deb�a ser una conciencia fragmentada, parcializada. los cursos que le pod�a ofrecer el partido (�y no los intelectuales como sector social, camarada Mandel!) pod�an aliviar el problema, pero no lo pod�an solucionar. La �nica forma de solucionarlo era partiendo de la modificaci�n de sus condiciones de vida materiales.

La soluci�n marxista hasta los tu�tanos que ofrece Lenin a este problema es su teor�a, de los revolucionarios profesionales. Esta teor�a es para �l casi una obsesi�n: "Y nosotros no debemos preocuparnos s�lo de que la masa "plantee" reivindicaciones concretas, sino tambi�n de que la masa de obreros "destaque", en un n�mero cada vez m�s grande, estos revolucionarios profesionales. As� pues hemos llegado al problema de las relaciones entre la organizaci�n de revolucionarios profesionales y el movimiento puramente obrero". "Todo agitador obrero que tenga alg�n talento, que "prometa", no debe trabajar once horas en su f�brica. Debemos arregl�rnoslas de modo que viva por cuenta del partido. "Y sabremos hacerlo precisamente porque las masas que despiertan espont�neamente destacan tambi�n en su seno m�s y m�s "revolucionarios profesionales" ". "No comprendemos que es nuestro deber ayudar a todo obrero que se distinga por su capacidad a convertirse en agitador profesional. . . " "El obrero revolucionario, si quiere prepararse plenamente para su trabajo, debe convertirse tambi�n en revolucionario profesional. [ 65 ]

Este "olvido" del camarada Mandel de la transformaci�n por el partido de los obreros en militantes profesionales de vanguardia, no se limita al plano te�rico. Hay una estad�stica muy ejemplificadora al respecto, que va unida a una pol�mica subyacente" , a�n no formulada, entre los camaradas de la mayor�a y el SWP y nuestro partido. La estad�stica es la siguiente: de todos los militantes profesionales que tiene nuestra Internacional, entre el 70 y el 80% como m�nimo, pertenecen a la minor�a. Adem�s, si tomamos las direcciones de las dos secciones num�ricamente m�s fuertes de la IV Internacional -la francesa y nuestro partido argentino- veremos que la proporci�n de camaradas que viven o han vivido de una profesi�n liberal en la Liga Comunista es de 20 � 30 a 1, en relaci�n a los camaradas del PST; es decir que, tomando los cien dirigentes m�s importantes de la secci�n francesa y de la direcci�n del PST, por cada 20 � 30 doctores y profesores en la secci�n francesa, hay uno en nuestro partido argentino. Concretamente, en nuestro Comit� Central de 120 miembros, hay s�lo 3 miembros con profesiones liberales, siendo casi 100 profesionales del partido, de los cuales el 800/o han sido dirigentes del movimiento obrero. En el Comit� Ejecutivo, la m�xima direcci�n de nuestro partido, exceptuando cuatro compa�eros, es en su totalidad formada por militantes profesionales que han sido importantes dirigentes del movimiento obrero. Finalmente, hay una tradici�n en nuestro partido, que el vertiginoso crecimiento actual nos impide aplicar al pie de la letra, que estipula que nadie puede llegar a la direcci�n sin haber cumplido con dos a�os de actividad destacada como militante profesional en el seno del movimiento obrero. Si comparamos otras secciones de la mayor�a con el SWP, existen relaciones y situaciones parecidas.

Hay un �ltimo aspecto del problema de los militantes profesionales: ellos deben ser la base de sustentaci�n del partido. Esto es as� porque la actividad revolucionaria exige una atenci�n y un aprendizaje totales, no parciales. Un militante revolucionario cabal, un cuadro de direcci�n del partido, de una zona o de un frente importante, es aqu�l que puede resolver por sus propios medios los problemas pol�ticos (no los "cient�ficos") que le plantee cualquier situaci�n de la lucha de clases. Debe saber analizar una situaci�n, formular las consignas precisas que responden a ella, plantear las formas de organizaci�n convenientes, distribuir las fuerzas del partido en general o en su zona o frente, definir los sectores fundamentales de trabajo, orientar los ejes de la propaganda sobre la vanguardia, dar cursos de formaci�n marxista elementales, captar para el partido y organizar convenientemente dentro del partido a los nuevos sectores que ingresan. Ser�a absurdo exigirle a un solo cuadro partidario que sea la m�xima expresi�n en todas estas tareas, puesto que la labor de direcci�n es una labor de equipo, donde se combinan las capacidades y experiencias desigualmente desarrolladas de quienes lo integran. Pero un cuadro de direcci�n debe ser capaz de dar una primera respuesta, aunque sea elemental, a estas tareas.

Es absolutamente imposible que la especializaci�n como revolucionario cabal, marxista, pueda obtenerse de otra forma que no sea tomando esta actividad como una profesi�n hecha y derecha. Para eso es necesario ser un militante profesional, un revolucionario "full-time". Y estos militantes profesionales son, insistimos, la base fundamental sobre la que se asienta el partido. Por eso es tanto m�s imperdonable que el camarada Mandel se haya "olvidado" de ellos.

El centralismo democr�tico

En su definici�n de partido leninista de combate, Mandel comete otro olvido no menos peligroso: el centralismo democr�tico, que es una forma organizativa que hace a la esencia del partido bolchevique. Significa que, junto a una vida democr�tica interna, nuestra organizaci�n necesita una direcci�n centralizada dotada de poder ejecutivo, y una estricta disciplina interna.

La necesidad de disciplina estricta y centralizada se debe a dos razones objetivas que nos impone la lucha de clases. La primera es que nuestro m�ximo objetivo partidario es dirigir o postularnos para dirigir las luchas de las masas en forma permanente hasta la toma del poder y, despu�s, hasta la construcci�n del socialismo. Y esta lucha mortal s�lo podemos llevarla a cabo como un ej�rcito f�rreamente organizado; no nos podemos dar el lujo de ofrecerle al enemigo la menor desconcentraci�n o falta de coordinaci�n de nuestras fuerzas. La segunda raz�n es la existencia de partidos contrarrevolucionarios y aparatos burocr�ticos en el seno del movimiento obrero, que tambi�n forman parte del enemigo. A la organizaci�n del enemigo no podemos oponerle un desorden ni siquiera en nombre de la democracia. Ante un ataque fascista a un local, no vamos a consultar telef�nicamente a todo el partido lo que hacemos. En una asamblea donde la burocracia trata de dividirnos, no vamos a esbozar posiciones diferentes, aunque dentro del partido la discusi�n no est� acabada.

La necesidad de vida interna democr�tica tiene que ver con la relaci�n objetiva que el partido tiene con el movimiento de masas y con la dial�ctica de esa relaci�n. En primer lugar, el partido necesita democracia porque la elaboraci�n de su l�nea pol�tica es colectiva. No es obra de algunos individuos particularmente inteligentes o preparados, sino del choque de las opiniones de todos aquellos que componen el partido; de todos esos militantes que expresan al sector del movimiento de masas sobre el que desarrollan su actividad. Pero una vez elaborada, esa l�nea debe ser confrontada con la realidad, lo que se hace a trav�s de la actividad militante de cada uno de los equipos e individuos y del partido en su conjunto. Esta actividad pr�ctica es la �nica que nos indica los aspectos correctos e incorrectos de la l�nea votada, y la discusi�n democr�tica de ese balance es la que permite las rectificaciones necesarias de la pol�tica.

Sintetizando, la democracia es la que establece la relaci�n del sujeto (partido revolucionario) con su objeto (movimiento de masas) y, por lo tanto, la �nica garant�a de una elaboraci�n objetiva (cient�fica) de la l�nea pol�tica y de su confrontaci�n objetiva (cient�fica) con la realidad de la lucha de clases. Pero la f�rmula "centralismo democr�tico" se descompone en dos polos que, en sus l�mites, son antag�nicos: el m�s absoluto centralismo significa que la direcci�n resuelve todos los problemas, desde teor�a y caracterizaciones hasta los m�s �nfimos detalles t�cticos, pasando por la l�nea pol�tica general. Cuando esto ocurre, la democracia desaparece. Al mismo tiempo, la m�s absoluta democracia significa que todos estos problemas se resuelven a trav�s de discusiones que s�lo pueden desenvolverse en un permanente estado deliberativo de todo el partido; y esto es decir que desaparece el centralismo. La proporci�n en que ambos elementos se combinan en cada momento determinado, no puede ser fijada de antemano; no constituye ni una receta ni una f�rmula aritm�tica. Nadie puede decir, por ejemplo: en todo momento el partido debe ser un 50 % centralista y un 50 % democr�tico o algo parecido. Nuestros partidos son una realidad viva, un proceso de construcci�n permanente; por eso el centralismo democr�tico es una f�rmula algebraica. La combinaci�n espec�fica del elemento centralista y el democr�tico es diferente en cada momento de su construcci�n y debe ser precisada en cada momento.

Pero, �como hacemos para encontrar siempre esa justa proporci�n? Actualmente hay en nuestra Internacional una discusi�n pendiente con los camaradas Frank y Krivine. Ellos opinan que hay que fortalecer en nuestro partido mundial el polo centralista de la f�rmula; nosotros, que hay que fortalecer el democr�tico. Daremos un primer paso en esta discusi�n. "

Una de las grandes virtudes de esta f�rmula es, precisamente, que sea algebraica. Es decir, que deje libradas a las circunstancias de la lucha de clases y del desarrollo del partido su precisi�n "cuantitativa", "aritm�tica". Para lograr esa precisi�n debemos tener en cuenta, como uno de los elementos esenciales el prestigio pol�tico ganado por la direcci�n del partido ante la base. Esquem�ticamente, podemos decir que, a mayor prestigio mayor centralizaci�n.

Decimos esto porque cuanto mayores sean los aciertos pol�ticos de la. direcci�n, tanto mayor ser� la confianza de la base en ella; y cuanto mayor sea la confianza, tanto m�s fuertes, . Ser�n la disciplina y la centralizaci�n. A la inversa, menores aciertos provocan desconfianza, y esta desconfianza atenta, lo queramos o no, contra la disciplina y la centralizaci�n. En �ltima instancia, la f�rmula del centralismo democr�tico es una expresi�n pol�tico-moral-organizativa, y no s�lo moral-organizativa. No es una f�rmula alejada de la lucha de clases y del desarrollo del partido, sino �ntimamente ligada a ellos. No se confunde con estos dos factores, porque a�n en los peores momentos de una direcci�n, debemos esforzarnos conscientemente por mantener lo m�s posible el centralismo, as� como en sus mejores momentos debemos vigilar atentamente que siga existiendo la democracia. Pero, aunque no se confunda con los vaivenes de la lucha de clases y del proceso de construcci�n del partido, la precisi�n de la f�rmula centralista democr�tica est�, insistimos, fuertemente influida por ellos.

Nosotros estamos construyendo la m�s formidable arma organizativa revolucionaria que ha conocido la historia: un partido mundial bolchevique. Precisamente por eso, la tarea es tan dificultosa y lleva tanto tiempo. En este proceso de construcci�n del partido se impone, para esta etapa, fortificar el polo democr�tico y no el centralista, justamente porque nuestras direcciones, tanto nacionales como internacionales, todav�a no han ganado un gran prestigio pol�tico ante las bases de nuestras secciones por sus �xitos en la direcci�n del movimiento de masas. S�lo ese prestigio podr�a fortalecer el polo centralista y disciplinario; mientras tanto, debe primar el aspecto democr�tico.

Esto no quiere decir que abandonemos todo centralismo y toda disciplina; seguimos siendo centralistas y democr�ticos, pero dando predominio al factor democr�tico. La lucha actual entre dos tendencias, constituidas en fracciones, claramente delimitadas, se�alan que este an�lisis nuestro se ajusta a la realidad y a las necesidades de la IV Internacional. Intentar imponer actualmente un fuerte centralismo, existiendo dos fracciones que discrepan en aspectos fundamentales de la pol�tica que debemos seguir, implicar�a fatalmente la ruptura de la Internacional, cualquiera que fuera la fracci�n que ganara la direcci�n en el pr�ximo congreso.

Volvamos al partido leninista-trotskista

El ataque m�s original de Germain es el que hace cuando dice que la definici�n de Camejo del partido revolucionario le atribuye a �ste las mismas caracter�sticas de los partidos socialdem�cratas de la primera preguerra. Recordemos que, para Camejo, el partido revolucionario "trata de promover luchas de masas, d�ndoles confianza en su propia fuerza al movilizarlas en torno a demandas transitorias, democr�ticas o inmediatamente relacionadas con su presente nivel de conciencia y promueve cualquier forma de lucha que sea apropiada, usando t�cticas que van desde marchas pac�ficas hasta la lucha armada (incluyendo la guerra de guerrillas)" [ 66 ] Estas ser�an pues para Germain las caracter�sticas de un partido socialdem�crata.

Sin embargo, Mandel, el maestro de Germain, asegura que lo que caracterizaba a la socialdemocracia de la preguerra era, por un lado, que hac�a ". . . actividades electorales y parlamentarias, y por otro, una lucha por reformas inmediatas de naturaleza econ�mica y sindicalista". [ 67 ] �Est�n de acuerdo los camaradas Mandel y Germain en que las "reformas inmediatas" y las "actividades electorales y parlamentarias" son lo opuesto a las "luchas de masas" y la movilizaci�n "alrededor de demandas transicionales, democr�ticas e inmediatas"? �Cu�l de estos tipos de actividad realizaba realmente la socialdemocracia? Ser�a deseable un pronto encuentro entre Mandel y Germain para que se pusieran de acuerdo sobre esta cuesti�n. Aunque no les ser� f�cil, ya que sus discrepancias no terminan all�: Mandel, en su "Teor�a leninista de la organizaci�n" afirma que la pol�tica actual del stalinismo es similar a la de la socialdemocracia; Germain, como ya vimos, afirma que la definici�n de Camejo tambi�n coincide con lo que fue la socialdemocracia. Por car�cter transitivo, si Germain es igual a Mandel, definici�n de Camejo es igual a stalinismo. Conclusi�n para Mandel-Germain, los partidos stalinistas contempor�neos. . . "son construidos en torno a un programa revolucionario; trata de promover la lucha de masas, d�ndole confianza en sus propias fuerzas, al movilizarlas en torno a demandas transitorias, democr�ticas o inmediatamente relacionadas con su presente nivel de conciencia; el partido promueve cualquier forma de lucha apropiada, usando t�cticas que van desde las marchas pac�ficas hasta la lucha armada, (incluyendo la guerra de guerrillas); busca dirigir a la clase obrera y sus aliados hacia el poder del estado como su objetivo fundamental, pero no trata de sustituir �l mismo a las masas. Cada partido nacional es parte de un �nico partido internacional del proletariado mundial". [ 68 ]

Si Germain hubiera dicho todo esto claramente, nuestro movimiento habr�a estallado un�nimemente en estruendosas carcajadas, y habr�a comprendido que la descripci�n de Camejo es, efectivamente, la de un partido revolucionario, trotskista, opuesta por el v�rtice a la de los partidos stalinistas y reformistas. Para evitarlo, Germain trat� de confundir a los j�venes camaradas asegurando que la descripci�n de Camejo coincid�a con lo que hac�an y dec�an los socialdem�cratas de la preguerra (a quienes los j�venes camaradas no conocieron directamente como conocen a los stalinistas). Pero la maniobra le sali� mal al olvidar (como le est� ocurriendo muy frecuentemente) que su maestro Mandel hab�a afirmado que el stalinismo tiene actualmente la misma pol�tica que ten�a la socialdemocracia. Nosotros no hemos hecho m�s que unir una afirmaci�n del disc�pulo a una afirmaci�n del maestro y as� hemos dejado al descubierto toda la falsedad de su ataque a Camejo.

Hay un solo programa revolucionario

Camejo dice: "El partido se construye alrededor de un programa revolucionario". Germain responde: "�Un programa del partido revolucionario? Despu�s de todo, �no fue el programa de Erfurt de la socialdemocracia alemana corregido y aceptado por el propio Engels?" [ 69 ]

Concretamente, Germain no cree que el partido revolucionario est� esencialmente caracterizado por el programa revolucionario; no cree que �sta sea la primera caracter�stica de un partido revolucionario. Sin embargo, Trotsky dice, categ�ricamente, lo mismo que Camejo: "No se pueden formular los intereses de clase de otro modo que por medio de un programa, como tampoco se puede defender un programa de otro modo que creando un partido". [ 70 ]

No sabemos si Germain est� a favor o en contra de esta afirmaci�n, pero si sabemos que en el desprecio que siente por el programa revolucionario como base de sustentaci�n del partido hay un t�pico error idealista: creer que el programa es siempre el mismo, por encima de las etapas de la lucha de clases. Por eso hace su analog�a con el programa de Erfurt. Pero no la lleva hasta el final.

Lo que ocurre es que el programa no est� por encima de las etapas; cambia con ellas y se supera al comp�s de las, luchas de la clase obrera y de los cambios en la situaci�n objetiva. El programa de Erfurt fue revolucionario para una etapa del capitalismo y de la lucha de clases; comenz� a dejar de serlo despu�s y termin� superado por otro, el que l�gicamente impon�a la nueva etapa. Baste con decir que ese programa no defin�a al imperialismo.

Lo mismo ocurri� con los programas m�nimos de los partidos socialdem�cratas: fueron �tiles, "revolucionarios" para la �poca de la organizaci�n pol�tica y sindical de la clase obrera. Esta organizaci�n se dio durante la primera fase de la �poca imperialista, que permiti� el mejoramiento del nivel de vida de la clase obrera en los pa�ses metropolitanos. En ese momento, y alrededor de la tarea de la organizaci�n pol�tica de clase, los programas socialistas fueron �tiles y "revolucionarios" pero s�lo en ese momento y en ese sentido.

Los grandes l�deres e intelectuales que llevaron a cabo esa tarea progresiva, los Bebel, Kautsky, Jaur�s, sufrieron el mismo proceso que los programas socialistas: de progresivos a centristas, y de centristas a oportunistas. Programas y l�deres siguieron una pendiente que reflejaba la supervivencia, por peso de inercia y por la existencia de una aristocracia obrera agente del imperialismo, de un programa y unas direcciones que hab�an dejado de ser progresivas y revolucionarias una vez que se hab�a logrado la organizaci�n pol�tica independiente de la clase obrera.

Desde su concepci�n idealista y est�tica del programa, Germain le contrapone, como algo mucho m�s importante, "las perspectivas y las luchas revolucionarias". Esta oposici�n es incomprensible: no puede haber un programa revolucionario que no sea justamente la s�ntesis de las tareas que plantean, en una determinada �poca de la lucha de clases, las perspectivas y las luchas revolucionarias de esa �poca. Cuando esas luchas y esas perspectivas no son contempladas en un programa, dicho programa ha dejado de ser revolucionario, o nunca lo fue (como el de Bernstein).

En esta �poca de transici�n del capitalismo al socialismo y de decadencia del sistema mundial capitalista, existe un solo programa que plantea las tareas generales de la clase obrera y el movimiento de masas, que surgen de las "perspectivas y luchas revolucionarias": nuestro programa de transici�n. Diga lo que diga Germain, este programa es la base de todo partido revolucionario contempor�neo: sin �l no puede haber partido revolucionario.

�Qu� es para Germain la IV Internacional?

Camejo dice que "cada partido nacional es parte de un �nico partido internacional del proletariado mundial". Germain responde: "La necesidad de ser "parte de un partido internacional del proletariado mundial". �No fue la socialdemocracia alemana el sost�n principal de la Segunda Internacional? [ 71 ]

�Qu� quiere decir Germain con esto? �Que la condici�n que pone Camejo es falsa porque la socialdemocracia alemana fue el sost�n de la II Internacional? Esto lo �nico que demuestra es que hubo una II Internacional cuyo partido m�s fuerte, que tuvo papel dirigente, fue el alem�n, pero no demuestra que Camejo est� equivocado. �O quiz�s Germain nos est� haciendo una analog�a, pues concibe a la II Internacional como un "partido internacional del proletariado mundial" del cual eran "parte" los partidos socialdem�cratas nacionales?

Esta �ltima es la �nica explicaci�n racional. Podemos decir que el silogismo es el siguiente: hubo un "partido internacional del proletariado mundial", que fue la II Internacional; la socialdemocracia alemana formaba parte y era sost�n de dicho partido mundial; la socialdemocracia alemana no era revolucionaria sino oportunista: por lo tanto, la exigencia de Camejo de que un partido revolucionario forme parte de un partido internacional del proletariado mundial no es tan importante, pues la socialdemocracia alemana la cumpli� y no por ello se transform� en partido revolucionario.

Lamentablemente, este silogismo falla por la base. Hasta ahora, todo el movimiento trotskista pens�, siguiendo a Trotsky, que la II Internacional fue una "suma de partidos nacionales" y nunca un "partido internacional del proletariado mundial" del cual son "parte" las secciones nacionales, como interpreta Germain. Lo concreto, �y Camejo vuelve a tener raz�n! es que actualmente el hecho de formar parte de un "�nico partido internacional del proletariado mundial" es un requisito indispensable para que cualquier partido nacional sea realmente un partido leninista de combate. Y el �nico "partido mundial" que existe, el �nico que puede llamarse as� porque no es una federaci�n de partidos nacionales, es nuestra IV Internacional.

Las caracter�sticas esenciales de los partidos leninistas-trotskistas

Toda esta discusi�n sobre las caracter�sticas y el papel de nuestros partidos nos obliga a ratificar las seis caracter�sticas que da Camejo y que no repetiremos, y a ampliarlas sum�ndoles otras cuatro, esenciales, de los partidos leninistas-trotskistas, que son las siguientes:

Primera: El partido utiliza un an�lisis marxista �cient�fico de las relaciones entre todas las clases y su probable din�mica antes de darse una l�nea para una etapa, con su estrategia y sus t�cticas, su propaganda y su agitaci�n, su programa y sus consignas. Este an�lisis debe sintetizarse en definiciones precisas del car�cter de la etapa a que se refiere. El partido rechaza el an�lisis obrerista que toma en cuenta fundamentalmente las relaciones internas del movimiento de masas para definir las etapas. Tambi�n rechaza el an�lisis economicista que pretende extraer las caracter�sticas de la etapa esencialmente de los procesos que se dan dentro de la econom�a burguesa. Y finalmente, rechaza la falta de an�lisis que proviene de invertir el proceso, fijando primero la estrategia o defini�ndose por lo que piensa o quiere la vanguardia, e imaginando luego un seudo an�lisis para justificar dicha estrategia.

Para hacer el an�lisis marxista el partido utiliza la herramienta conceptual m�s perfeccionada por el marxismo, la ley del desarrollo desigual y combinado.

Segunda : La pol�tica del partido se dirige hacia todo el movimiento de masas, con todos sus sectores, aunque reflejando los intereses de la clase obrera y promoviendo a �sta como caudillo de la revoluci�n. Su actividad se centra en el movimiento de masas y no en la vanguardia. Su objetivo es movilizar a las masas y no a la vanguardia. (Camejo se�ala esta caracter�stica, pero no subraya suficientemente que el partido pretende elevar a la clase obrera al papel de caudillo de la revoluci�n).

Esta pol�tica del partido tiene una teor�a-programa, el de la revoluci�n permanente, que se sintetiza en una frase: el objetivo del partido es movilizar a la clase obrera y a las masas en forma permanente hasta la sociedad socialista. Y tiene un programa y un m�todo, el programa de transici�n, que tambi�n se sintetiza en una frase: el partido debe lanzar aquellas consignas que movilicen a las masas contra los explotadores a partir de sus necesidades y Conciencia inmediatas e ir elevando dichas consignas a medida que la propia movilizaci�n eleve la conciencia de las masas y les cree nuevas necesidades, hasta culminar en la consigna y la lucha por la toma del poder.

Tercera: El objetivo del partido hacia dentro del movimiento obrero y de masas es transformar a los elementos de vanguardia en militantes profesionales, como la �nica forma de convertirlos en revolucionarios trotskistas cabales y totales, ya que el trabajo alienante les impide lograr ese nivel.

Este objetivo hacia la vanguardia responde a otro objetivo mucho m�s general: el partido debe tener como columna vertebral a militantes profesionales, ya que hacer la revoluci�n debe ser, es, una actividad total, y no un hobby, una actividad ben�fica o intelectual.

No hay partido leninista-trotskista con diletantes, amateurs, miembros de las profesiones liberales, sino con militantes profesionales, cuya mayor parte haya surgido del movimiento de masas, principalmente del movimiento obrero.

Cuarta: La construcci�n de cada partido es parte de la construcci�n del partido mundial de la revoluci�n socialista. Ambos, partido nacional y partido mundial, se construyen bajo las normas del centralismo democr�tico. Es obligatoria la m�s estricta disciplina dentro del partido, en primer lugar porque su aspiraci�n de dirigir a las masas en su lucha contra los explotadores le exige actuar como un solo hombre, sin la menor vacilaci�n; en " segundo lugar, por la feroz lucha que tiene que desarrollar contra los aparatos burocr�ticos, que tambi�n hace del centralismo una necesidad. Pero esa centralizaci�n debe ir unida a las mayores garant�as democr�ticas, porque la elaboraci�n democr�tica de la l�nea pol�tica es la �nica garant�a de que �sta exprese las necesidades y el nivel de conciencia del movimiento de masas, y porque la discusi�n democr�tica de los resultados de su aplicaci�n es la �nica garant�a de que �sta sea ratificada total o parcialmente con la misma objetividad.

La centralizaci�n debe tambi�n ir unida a las mayores garant�as morales y de lealtad militante. Tambi�n est� ligada al prestigio pol�tico que haya logrado la direcci�n que aplica el centralismo, ya que �ste no es un juramento o un compromiso meramente moral, sino una consecuencia pol�tica. Por eso, a menor prestigio de la direcci�n mayores garant�as democr�ticas, dentro de esta f�rmula que deber� llenarse de contenidos diferentes seg�n sean las etapas de construcci�n del partido leninista-trotskista nacional o mundial, y de solidificaci�n de sus direcciones

Estas diez caracter�sticas del partido leninista-trotskista se sintetizan en una sola: la relaci�n entre la movilizaci�n de las masas y la clase obrera con el partido revolucionario. Movimiento obrero y de masas por un lado, partido por otro, son los dos polos esenciales del movimiento revolucionario. Son los dos polos en los que se dividi� la izquierda europea de principios de siglo: Rosa Luxemburgo y Trotsky opinaron que la movilizaci�n de las masas era omnipotente; Lenin no lleg� a creer que el partido lo era, pero algunos de sus disc�pulos s�. El m�rito de Lenin fue comprender que con un �nico polo, el de la movilizaci�n de la clase obrera Y de las masas, no era suficiente, , mejor dicho, era total y absolutamente insuficiente si no exist�a el otro polo, el partido.

Cuando el reflujo del movimiento obrero de los pa�ses industrialmente desarrollados y el "boom" econ�mico de la postguerra dificult� hasta el l�mite el trabajo revolucionario sobre el movimiento de masas, surgieron tendencias seguidistas a las organizaciones burocr�ticas, del movimiento, que plantearon que deb�amos abandonar por un largo per�odo la tarea de construir el partido revolucionario. En ese momento luchamos duramente contra ellas, reivindicando la necesidad de seguir en la tarea central de construir el partido leninista-trotskista.

Actualmente, en los primeros pasos del ascenso revolucionario m�s grande que ha conocido la historia, surgen concepciones peque�oburguesas, subjetivas, que tienden a plantear que el papel fundamental es el de la vanguardia, la organizaci�n armada, el hero�smo de los dispuestos a la lucha. Contra estas concepciones subjetivas de la revoluci�n hay que volver a reafirmar que el factor decisivo es la movilizaci�n de las masas, y que estas movilizaciones se dan por profundas necesidades objetivas, independientemente de nuestra voluntad. Pero tambi�n reafirmamos que hay una relaci�n dial�ctica, din�mica entre el movimiento de masas y el partido revolucionario que condiciona toda nuestra pol�tica. Esta relaci�n determina que el factor decisivo, la movilizaci�n de las masas, es insuficiente por s� solo, necesita imperiosamente de un partido revolucionario que dirija esas movilizaciones. Por eso, antes como ahora, mantenemos la �nica estrategia que permanece aun cuando cambien las condiciones de la lucha de clases: la de movilizar a las masas y la de construir el partido bolchevique, leninista-trotskista.


Notas:


[ 63 ] Mandel, Ernest: "Teor�a leninista de la organizaci�n", ob. cit. , p. 61.

[ 64 ] Mandel, Ernest: "El debate sobre el control obrero", ob. cit. , p. 55.

[ 65 ] Lenin, Y. I. :� hacer, pp. 177, 209, 179, 209 y 208.

[ 66 ] Germain, Ernest: "En defensa del leninismo, en defensa de la IV Internacional ", ob. cit. , p. 91.

[ 67 ] Mandel, Ernest: "Teor�a leninista de la organizaci�n", ob. cit. , p. 38.

[ 68 ] Germain, Ernest: "En defensa del leninismo, en defensa de la IV Internacional", ob. cit. , p. 91.

[ 69 ] Idem, p. 91.

[ 70 ] Trotsky, en "El ultimatismo burocr�tico", en La lucha contra el fascismo en Alemania . ob. cit. , p. 111.

[ 71 ] Trotsky, en "El ultimatismo burocr�tico", en La lucha contra el fascismo en Alemania . ob. cit. , p. 111.


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