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SALUDO AL SANTO PADRE, CON MOTIVO DE LA VISITA A ROMA DEL MOVIMIENTO APOSTOLICO DE SCHOENSTATT DURANTE LA CELEBRACI�N DEL CENTENARIO DEL NACIMIENTO DEL PADRE JOS� KENTENICH (Sep-85)
Los meses pasados han estado marcados por el recuerdo vivo de cuanto obr� el Padre de los Cielos, y con El Mar�a Sant�sima, en nuestro fundador y mediante su paternidad sacerdotal. Por eso han sido meses de gracia y de profunda gratitud, como tambi�n meses de renovaci�n en su esp�ritu.
Venimos de concluir en el lugar de origen, junto al santuario de la Madre y Reina tres veces admirable de Schoenstatt, una jornada dedicada a este cometido. Desde all� hemos peregrinado hasta los lugares santos de Roma, movidos por la voluntad de seguir los pasos de nuestro fundador. Sus huellas nos traen hoy hasta el Vicario de Cristo, a este encuentro tan anhelado por nosotros. As� queremos expresar que nuestro movimiento apost�lico, como miembro vivo de la Iglesia, existe para amarla y servirla. El debe su existencia a la acci�n del Esp�ritu Santo, quien continuamente renueva a la Familia de Dios y la impulsa en cada �poca a ser alma y luz del mundo. Su iniciativa es la que reconocemos en la vida y la acci�n de nuestro fundador.
Por eso, Santo Padre, llegamos a este encuentro con tres grandes anhelos:
Santo Padre, gracias por vuestra invitaci�n y por vuestra presencia en esta tarde; gracias, sobre todo, por vuestro Pontificado
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MONSE�OR FRANCISCO JAVIER ERRAZURIZ
1. Al recordar cien a�os de vida, quisi�ramos celebrarlos con el Padre com�n. Para ello, hemos tra�do un gran �lbum de familia, en cuyas hojas se encuentran la peque�ez de los instrumentos y la misericordia de Dios, la vida del fundador y la de sus hijos, la bondad maternal de Mar�a - hasta la cruz - y su misi�n para el mundo contempor�neo.
2. Tambi�n queremos expresar a Vuestra Santidad que mantenemos y renovamos la palabra dada por nuestro fundador a los Vicarios de Cristo. Lo que �l prometi� es hoy nuestra promesa. Con la gracia de Dios queremos cumplirla, ayudando a superar las m�ltiples necesidades de nuestro tiempo.
3. Sobre todo venimos para ser enviados. Con esp�ritu de fe y �nimo dispuesto y comprometido, recibiremos vuestras palabras de env�o, para ser fermento de renovaci�n que ayude a forjar, en Cristo y en Mar�a, las culturas del tercer milenio. La presencia, que nos honra y compromete, de algunos Cardenales, de Obispos y de otros colaboradores suyos, manifiesta nuestra dependencia de la jerarqu�a, como movimiento de Iglesia. Tambi�n nos acompa�an hoy representantes de otros movimientos y comunidades. Les agradecemos profundamente. Este hecho expresa nuestra voluntad de realizar el encargo recibido en colaboraci�n con todas las iniciativas del Esp�ritu del Se�or para nuestra �poca.
"Querido Santo Padre, con mucha alegr�a hemos peregrinado a Roma para dar t�rmino con Vuestra Santidad a las celebraciones internacionales del centenario de nuestro fundador, el P. Jos� Kentenich.
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