| SALUDO DEL STO. PADRE A LOS PEREGRINOS DURANTE LA VISITA A ROMA CON MOTIVO DEL CENTENARIO DEL PADRE (Sep-85) |
| 1. Os saludo cordialmente con las palabras del ap�stol Pablo: 'El Dios de la esperanza os llene de cumplida alegr�a y paz en la fe, para que abund�is en la esperanza por la virtud del Esp�ritu Santo' (Rom 15,13). Con esta peregrinaci�n al centro de la cristiandad cat�lica y a la casa del Padre com�n, hab�is querido culminar la celebraci�n internacional de primer centenario del nacimiento de vuestro fundador, P. Jos� Kentenich. Me alegro que hay�is venido y agradezco sinceramente las palabras del Presidente del Consejo Internacional, as� como la presentaci�n de algunos aspectos de la historia y del mensaje de vuestro movimiento y los testimonios de vida en im�genes y c�nticos. |
| 2. Desde muchas naciones os hab�is reunido para agradecer el don que Dios os hizo en la persona del P. Kentenich. Por medio del recuerdo vivo de su persona y mensaje hab�is querido renovar vuestro esp�ritu para as� prolongar y transmitir su legado, para convertiros m�s profundamente en una familia espiritual que vive con la fuerza de su carisma fundacional y realiza as� su misi�n de servicio a la Iglesia y al mundo. En la oraci�n de preparaci�n a este centenario hab�is implorado la 'gracia de la fidelidad creadora al encargo prof�tico' de vuestro padre y fundador. La experiencia secular de la Iglesia nos ense�a que la �ntima adhesi�n espiritual a la persona del fundador y la fidelidad a su misi�n - una fidelidad que est� siempre de nuevo atenta a los signos de los tiempos - son fuente de vida abundante para la propia fundaci�n y para todo el pueblo de Dios. Por eso os recuerdo las palabras de mi predecesor Pablo VI a las comunidades de vida consagrada: Mantened la fidelidad 'al esp�ritu de vuestros fundadores, a sus intenciones evang�licas, al ejemplo de su santidad... Es precisamente aqu� donde encuentra su medio de subsistencia el dinamismo propio de cada familia religiosa' (Pablo VI, Evangelica testificatio, 11-12). Vosotros hab�is sido llamados a ser part�cipes de la gracia que recibi� vuestro fundador y a ponerla a disposici�n de toda la Iglesia. Porque el carisma de los fundadores se revela como una experiencia del Esp�ritu, que es transmitida a los propios disc�pulos para que ellos la vivan, custodien, profundicen y desarrollen constantemente en comuni�n y para el bien de toda la Iglesia, la cual vive y crece en virtud de la siempre renovada fidelidad a su Divino Fundador. |
| 3. En esa experiencia del Esp�ritu que ha dado origen a vuestro movimiento, ocupa un lugar central la alianza de amor que el fundador y la primera generaci�n sell� con la Sant�sima Virgen en el santuario de Schoenstatt el 18 de octubre de 1914. La vivencia fiel y generosa de esta alianza os conducir� a una plena realizaci�n de vuestra vocaci�n cristiana. Experimentar�is cu�n verdadera es la afirmaci�n del Concilio Vaticano II: 'Mar�a, que por su �ntima participaci�n en la historia de la salvaci�n re�ne en s� y refleja, en cierto modo, las supremas verdades de la fe, cuando es anunciada y venerada, atrae a los creyentes a su Hijo, a su sacrificio y al amor del Padre' (Lumen Gentium, 65). Mar�a, en electo, ha recibido de Dios el encargo de ser imagen preclara y educadora materna del 'hombre nuevo' en Cristo (cf. Col 3,9-1 O). El amor a ella os debe conducir a asimilar y reflejar su ejemplo de vida en vuestra propia vida. Haced vuestras las actitudes de Mar�a: su entrega confiada a la voluntad del Padre, su incondicional seguimiento de Jesucristo hasta la cruz, su docilidad a las insinuaciones del Esp�ritu Santo, su amor servicial a los hombres - especialmente a los m�s pobres y necesitados -, su creativa cooperaci�n como colaboradora en la redenci�n del mundo. La oraci�n de vuestro fundador en el campo de concentraci�n de Dachau sea siempre vuestra s�plica a Mar�a: 'Asem�janos a ti y ens��anos a caminar por la vida tal como t� lo hiciste: fuerte y digna, sencilla y bondadosa, repartiendo amor, paz y alegr�a. En nosotros recorre nuestro tiempo prepar�ndolo para Cristo Jes�s'. |
| 5. La fidelidad al esp�ritu del Vaticano II nos lleva a dirigir la mirada a la vasta tarea de evangelizaci�n del mundo de la cultura. Nos encontramos en un tiempo de cambio y en el comienzo de una nueva etapa de la historia. En vuestra oraci�n del centenario hab�is pedido a Mar�a: 'Danos, Reina, esperanza y valent�a para llevarte al coraz�n de nuestros hermanos y as�, con todo el pueblo redimido, gestar en Cristo Jes�s las culturas del tercer milenio'. |
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| SS. Juan Pablo II |
| 4. Una aut�ntica espiritualidad mariana hace crecer un profundo y s�lido amor a la Iglesia. La vida de vuestro fundador dio testimonio de esta verdad. Precisamente este amor a la Iglesia os ha impulsado hoy a este encuentro con el Sucesor de Pedro, a fin de renovar las promesas que el fundador hizo a mis antecesores P�o XII y Pablo VI. Por ellas expres�is vuestra voluntad de corresponder a las exigencias del Evangelio por medio de la santificaci�n del d�a de trabajo. Os compromet�is a colaborar en la construcci�n de un orden de la sociedad conforme al Esp�ritu de Cristo. Manifest�is vuestro �nimo de colaborar, en el �mbito de vida de cada uno, a la realizaci�n de las orientaciones del Concilio Vaticano II. Por �ltimo, quer�is colaborar para que cada autoridad querida por Dios en la Iglesia sea reconocida y sea valorada como paternidad espiritual. |
| Con alegr�a y gratitud acepto la renovaci�n de estas promesas y os pido: �Empe�ad todas vuestras fuerzas para que tan altos prop�sitos se hagan cada vez m�s realidad! Me uno a vuestra oraci�n implorando las gracias necesarias para ello. Ya sab�is la actualidad y trascendencia que poseen estas metas para la vida de la Iglesia. Los temas de los dos pr�ximos S�nodos lo demuestran inequ�vocamente. En mi �ltima Enc�clica he recordado que el "Concilio Vaticano II, hace 20 a�os, tuvo como objetivo principal el de despertar la autoconciencia de la Iglesia y, mediante su renovaci�n interior, darle un nuevo impulso misionero en el anuncio del eterno mensaje de salvaci�n, de paz y de rec�proca concordia entre los pueblos y naciones, por encima de todas las fronteras que todav�a dividen nuestro planeta destinado, por voluntad de Dios creador y redentor, a ser morada com�n para toda la humanidad" (Enc�clica "Slavorum apostoli",l6). |
| El Papa Pablo VI se�al� con clarividencia cu�l era el medio m�s apto para lograr esa ansiada y necesaria renovaci�n: "Para el aggiornamento de la Iglesia no bastan hoy directrices claras o abundancia de documentos; hacen falta personalidades y comunidades, responsablemente conscientes de encarnar y transmitir el esp�ritu que el Concilio quer�a" (Pablo VI, discurso a los responsables y miembros de los institutos seculares el XXV aniversario de la 'Provida Mater Ecclesia', 2 de febrero, 1972). En uni�n con todas las fuerzas apost�licas de la Iglesia e insertados lealmente en vuestras Iglesias locales, procurad ser vosotros esas personas y esas comunidades que encarnan y anuncian el esp�ritu del Vaticano II. |
| "Venerables hermanos en el episcopado, queridos miembros del Movimiento Apost�lico de Schoenstatt: |
| Graves cuestiones en la sociedad actual reclaman soluciones v�lidas: la pobreza de millones de hermanos nuestros, la carrera armamentista, el desarraigo religioso y cultural de tantos hombres, la discriminaci�n racial y religiosa, el hambre y la desocupaci�n, la falta de respeto a la vida - incluso la de los no nacidos -,la falta de respeto a la dignidad y a los derechos del hombre, la promoci�n de la mujer, los problemas ecol�gicos... Es necesario crear estructuras sociales m�s conformes a la dignidad del hombre. Pero no ser� posible sin una profunda renovaci�n religiosa y moral. Este desaf�o hist�rico nos llama a aunar esfuerzos para que el hombre - y, a trav�s suyo, las culturas - asuman en libertad el conjunto de v�nculos humanos y religiosos con que Dios lo uni� a s�, a la familia humana y al mundo, de tal manera que viva y act�e seg�n su vocaci�n y dignidad de hijos de Dios, hermano de los hombres y se�or de la creaci�n. En ese conjunto de v�nculos vuestro fundador acentu� la importancia de la experiencia del v�nculo paterno filial y del cultivo del esp�ritu de familia como medios privilegiados para la vivencia del mensaje revelado: Dios es Padre, Dios no es una soledad, sino familia. |
| Esta fidelidad os llevar� por consiguiente a acoger respetuosamente y elevar los aut�nticos valores humanos, en cualquier lugar y situaci�n donde se manifiesten. Pues como he dicho recientemente, 'cada hombre, cada naci�n, cada cultura y civilizaci�n tienen una funci�n propia que desarrollar y un puesto propio en el misterioso plan de Dios y en la historia universal de la salvaci�n' (Enc�clica Slavorum apostoli, 19). El car�cter federativo y plural, as� como la difusi�n internacional de vuestro movimiento os ser� una ayuda para saber construir la unidad en la diversidad, valor esencial para la catolicidad de la Iglesia, el encuentro profundo entre las confesiones cristianas y la solidaridad del g�nero humano. |
| Os animo, pues, a redoblar vuestros esfuerzos para ser, all� donde la Providencia os ha colocado, instrumentos de Dios en la evangelizaci�n de la cultura actual y venidera de vuestros diferentes pueblos. La realizaci�n de esta tarea os exigir� perseverar en la lucha cotidiana por encarnar el hombre nuevo y el esfuerzo por ir siempre en di�logo filial con el Dios de la historia, atentos a los signos de los tiempos, como lo hab�is implorado en vuestra preparaci�n a estas celebraciones jubilares. |
| Al daros de coraz�n mi bendici�n apost�lica quiero incluir en ella a todos los miembros del movimiento y todas las obras apost�licas que realiz�is en el mundo. Que el Dios Trino os acompa�e con su protecci�n y os bendiga con su amor misericordioso y fiel." |