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ORDENACIÓN SACERDOTAL DE FR. JULIO CESAR HERNÁNDEZ

El viernes 5 de septiembre del 2003 a las 9:35 hrs., 42 personas salimos de Tampico rumbo a la ciudad de México a la ordenación sacerdotal de Fray Julio Cesar Hernandez Ramírez.

A las 6:48 hrs. del sábado 6 de septiembre llegamos al estacionamiento de la casa del peregrino en la ciudad de México, bajamos del autobús y nos encaminamos a la Basílica, llegando a las 7:00 hrs., ahí ya nos esperaba el Sr. José Luis, pasamos al interior de la Basílica a dar gracias por haber llegado con bien y regresamos al autobús para trasladarnos al seminario, alrededor de las 10:30 hrs. llegamos al seminario, desayunamos, nos asignaron dormitorios, nos bañamos y nos arreglamos para salir a la parroquia de Santa Mónica (contábamos con 45 min. para ello) donde seria la Ordenación Sacerdotal de Fray Julio.

ORDENACION SACERDOTAL

La ceremonia comienza con unas palabras que realzan la importancia del sacramento que va a recibir Fray Julio, de parte de Fray Ignacio (Liturgo) menciona además que el encargado de presidir la ceremonia es el Obispo de Costa Rica.

Comienza la procesión. 35 sacerdotes Agustinos, 1 Sacerdote Diocesano y el Sr. Obispo Ángel acompañan a Fray Julio.

Julio recibe la bendición de sus padres.

El padre superior Fray Sergio Sánchez Moreno pide la ordenación de Fray Julio Cesar ante el Sr. Obispo Ángel.

El Sr. Obispo menciona en su homilía la realidad de este mundo; el pesimismo existente, y aun en contra de lo que opine este grupo de gente (pesimista) la iglesia sigue viva, y hoy Fray Julio Cesar Hernandez Ramírez ofrece libremente su vida, alma y cuerpo para que Cristo Sacerdote este presente entre nosotros por medio de el, quiere ser presencia, voz, amor y fortaleza de Cristo ante sus hermanos.

De hoy en adelante será catequista, educador, consejero, razonador de la palabra de Cristo, portador de su cuerpo y su perdón, profeta de la vida verdadera y de la autentica humanidad y dentro de la comunidad de sacerdote será signo de unidad, centro de convocatoria, presencia de Cristo que ilumina, exige, conforta y anima a su comunidad.

Por ultimo le pide a Dios que conserve en el (Fray Julio) la ilusión de ser sacerdote, ya que en el momento en que se pierde la ilusión, se hacen las cosas solo por hacerlas y cuando esto sucede pronto se seca.

Se realiza un dialogo de aceptación y compromiso de Fray Julio con el Obispo Ángel, se canta la letanía de los santos. Imposición de manos. Oración de consagración.

Fray Julio es revestido por sus papas.


El Sr. Obispo unge las manos de Fray Julio.


Al termino de la ceremonia los fieles presentes besan las manos de Fray Julio en señal de respeto.


Al regreso de la ceremonia tuvimos una comida en el seminario. Dormimos en el seminario de México. Desayunamos en el seminario y salimos rumbo a la Basílica para la misa.

MISA EN BASÍLICA

El Padre Julio recibe a la peregrinación de Santa Maria y Itlaxtepec Tlaxiaco Oaxaca. En esta ceremonia el Padre Julio nos exhorta a seguir nuestro camino y llevar nuestra vocación con amor a Dios reflejado en nuestros hermanos con humildad.

Regresamos al seminario, comimos y descansamos. Salimos a las 18:00 hrs. a Querétaro, llegamos a Querétaro a las 10:00hrs y cenamos y nos asignaron dormitorios.

El lunes después del desayuno el Padre Fray Carlos nos llevo a recorrer Querétaro a pie, después regresamos, comimos y descansamos (vimos el video de la ordenación de Fray Julio) y esperamos a que llegara la hora de la misa.

MISA EN CAPILLA DEL SEMINARIO DE QUERETARO.

Misa celebrada por el Padre Julio, lo acompañan 8 sacerdotes Agustinos Recoletos.


Abre el Padre Julio, nos dice que por medio de la oración diaria nos llegara la fuerza necesaria para cumplir fielmente con nuestra vocación y nos da el ejemplo de la vida de Maria.

Nombramiento de Fray Julio Cesar Hernandez Ramírez como promotor vocacional de la zona Querétaro norte, vice-prefecto del aspirantado San Pio X, por el consejo de la vicaria el 10 de julio de 2003 y de acuerdo al protocolo No. 682003.

CANTA MISA

Procesión. 8 Sacerdotes Agustinos 1 sacerdote Diocesano, acompañan a Fray Julio Cesar. El Sr. Obispo Dr. Dn. Rafael Gallardo García felicita a Fray Julio Cesar por su nueva vida sacerdotal, a los papas de Julio, a los padres Agustinos presentes y al párroco Cngo. Isaac Jaramillo Perez. Le pide ore por el ya que pronto se retirara y le desea que a través de su vida ministerial honre y santifique a la orden Agustiniana.

El Padre Julio relata como descubre su vocación a través de los grupos juveniles, grupos de catequesis, vida familiar, etc.;pide la ayuda de la comunidad con oración para que todos los sacerdotes cuenten con la fuerza necesaria para seguir con su ministerio.

El Padre Sergio Sánchez Moreno agradeció de parte de la orden de Agustinos Recoletos. Menciono que aunque Julio no estaría corporalmente con esta comunidad de Tampico si estará con los frutos de su trabajo y en su oración ya que su orden es una orden misionera que abarca todo el mundo.


Otra Reseña

El pasado 6 de Septiembre, en el Templo de Santa Mónica en la Ciudad de México, se llevo a cabo la Ordenación Sacerdotal de Fr. Julio César Hernández Ramírez, presidida por Monseñor Angel San Casimiro Fernández Obispo de Cd. Quesada Costa Rica.

En esta ceremonia tan significativa para Fr. Julio César Hernández, sus familiares y amigos, estuvo llena de momentos emotivos, rodeados de un gran número de hermanos Agustinos, así como diferentes personas de los distintos ministerios de nuestras casas en México. La parte musical estuvo a cargo de los chicos del seminario; pudimos apreciar tambien que una gran mayoria de los presentes fueron las comunidades JAR de las casas del D.F.

El vicarío de México Fr. Sergio Sánchez Moreno y el Obispo de Ciudad Quesada, Costa Rica Monseñor Angel San Casimiro Fernández, dirigierón unas palabras llenas de aliento al nuevo Presbítero, mismas que contagiarón a propios y extraños; el propio vicarío dijo: "ME HAN DADO GANAS DE VOLVERME A ORDENAR" y por supuesto Fr. Julio César Hernández Ramírez, habló de lo maravilloso que fue este gran momento.

Damos gracias a Dios, por el gran ejemplo que nos han dado, sabemos que este nuevo Presbítero, tendrá en sus oraciones las vocaciones, para que muchos mas así como él tomen el camino de la vida consagrada a Dios.

PREPARANDO EL CENTENARIO DE SAN NICOLAS DE TOLENTINO

 

 

1245

Nace en Sant'Angelo in Pontano (Italia) san Nicolás de Tolentino

1256 "Gran Unión" de distintos grupos de ermitaños italianos: constitución de la Orden de San Agustín
1257 Nicolás entra como interno en el convento agustino de su pueblo
1261, 4 marzo Tras hacer el noviciado, profesa como agustino
1269 Ordenación Sacerdotal. Durante seis años se dedica, seguramente a la predicación
1275 Es destinado como conventual a Tolentino. Aquí permanecerá hasta su muerte
1305, 10 sept. De madrugada, fallece santamente

NICOLAS DE TOLENTINO


EL PRIMOGENITO DE LA FAMILIA AGUSTINIANA

Los tiempos que entonces corrian.


San Nicolás no ha pasado a la historia como hombre ilustre por sus escritos o su ciencia; ni fue predicador renombrado, o un personaje memorable por sus dotes de gobierno. Al contrario, fue más bien un fraile llano, que nunca salió de su tierra natal de Las Marcas, la región centroitaliana que mira al Adriático; un farile que vivió la mayor parte de su vida en la pequeña ciudad de Tolentino, al margen de los grandes núcleos y movimientos ciudadanos del siglo XIII.

Nada de ello fue obstáculo para que el Santo de Tolentino se convirtiera en el prototipo del religioso agustino. Debido, en primer lugar, a su temprana fama de santidad y a su gran popularidad como taumaturgo. Cosa que no habría conseguido de haber vivido en otra época.

La orden agustina es una de las mendicantes. Se constituye como tal en 1256, en una "Gran Unión" de grupos eremíticos preexistentes. Y la santidad de Nicolás es la prueba de garantía del carisma que se ha empezado a vivir. Por eso, lo representarán siempre con el libro de las reglas en la mano; libro que, en ocasiones, mostrará abierto en la leyenda: "Observé siempre los preceptos de mi padre san Agustín".

Como es natural, por otra parte, que san Nicolás sea punto de referencia de todos los movimientos y momentos de reflexión y reforma a lo largo de la historia de la Orden. Observancias y recolecciones han tratado siempre de volver a los orígenes, y siempre han visto en este santo la personificación mas lograda del carisma agustiniano.

Infancia y Juventud.


Los padres del futuro santo tienen nombres muy al gusto de la época; nombres que, ya de po sí, dan al hogar un cierto ambiente cálido y afectivo: su madre se llama Amada; el padre, Compagnone, "Compañero" en su equivalencia castellana.

En lo ecnómico, no pasabn apuros; vivían, más bien, con desahogo y tranquilidad. Eran, por lo demás, buenos cristianos, de fe sencilla y honda, muy dados a las prácticas de oración y caridad.

Cuando los años de matrimonio iban pasando sin que tuvieran descendencia, Amada y Compagnone, preocupados, decidieron encomendarse a san Nicolás de Bari, uno de los santos más populares en aquel entonces. Le prometieron, incluso, consagrar a solo Dios el hijo tan deseado, para lo cual fueron en peregrinación a Bari, casi en el extremo sur de Italia. Pronto tuvieron un niño, que atribuyeron a la intercesión del santo, por lo que le pusieron su nombre. Así vino al mundo el año 1245 el futuro Nicolás de Tolentino; y, tras él, al menos dos hermanos más con que el cielo colmo de felicidad a aquella pareja ejemplar.

Las pocas noticias que tenemos referentes a la infancia de Nicolás, nos hablaban de un niño formal y piadoso. y nos conservan un detalle muy significativo: él era en casa el encargado de dar la limosna a los pobres.

Desde niño en el convento.


El temperamento dulce y profundo del niño, lo mismo que los ánimos y el ambiente que en casa encontraba, lo empujaban al convento; su aspiración era vivir retirado para Dios, al estilo de los ermitaños agustinos de su pueblo.

Apenas conocemos detalles de este tiempo, ni de los años siguientes, que Nicolás debe dedicar a la formación filosófica y teológica. Si podemos decir que va forjando su mente y su espíritu para la vida sacerdotal y religiosa; y, rn fin, que su físico alcanza la plenitud y se hace el de un joven notablemente más alto de lo normal -de unos 173 o 175 cms. de talla-, de masnos delicadas y dedos bien formados, con un rostro perpetuamente abierto a la sorpresa a través de grandes ojos almendrados.

Primicias Sacerdotales.


Había llegado el tiempo de la cosecha. Concluida su formación, Nicolás fue ordenado presbítero en 1269; lo consagró un santo obispo de la época: san Benito de Cíngoli. Se extendían ante él los anchos sembrados de Dios en el mundo; misión suya será esforzarse para recoger la mies, y ofrecerla sobre el altar al dueño de ella.

De los seis primeros años de Nicolás como sacerdote solo sabemos con seguridad una cosa: que cambio de residencia muchas veces. En su proceso de canonización declaran testigos que, durante este periodo, lo han conocido en al menos diez conmventos distintos repartidos por toda la región de Las Marcas.

La explicación más probable de esta falta de estabilidad es que los superiores dedicaron a nuestro Santo a la predicación.

Apenas cocnocemos particulares de este primer ministerio suyo. Sí sabemos por declaración de un testigo que Nicolás era de trato afable, muy accesible y caritativo; y que todos le apreciaban y honraban.

En 1275, Nicolás es destinado de forma estable al convento de Tolentino, donde residirá los treinta años que faltan hasta su muerte.

Oración.


No es difícil describir la jornada de oración de nuestro santo. No tenía horario de rezos. En realidad, de pocos personajes se podrá decir tan fundadamente que toda su vida era oración. A tenor de las declaraciones de los testigos en el proceso de canonización, hemos de concluir que Nicolás de Tolentino consagraba a la oración no menos de 15 horas al día. Toda la jornada, a excepción de tres horas de sueño -de 11 de la noche a dos de la madrugada-; otras tres -por la mañana, de 9 a 12- que dedicaba a confesar, hacer otros trabajos o leer y meditar en su celda; y, en fin, los tiempos correspondientes a las comidas, más algún rato de recreación comunitaria. Un horario tan sencillo como terrible.

Jamás descuido la asistencia al coro, al oficio divino, ni aun en lo mas critico de sus enfermedades. Era el primero en entrar y el último en salir. Ni dejo nunca la misa, su alimento. A veces llegaba al altar a duras penas, ayudándose de un bastón. Siempre, después de confesarse, cosa que hacía cada día. Lo que la eucaristía era para él lo entreveían las muchas personas que acudían a su misa, por ver al padre Nicolás, llorando, a cara descubierta ante su Dios.

Personalidad.


Por cuanto queda dicho, se ve ya que san Nicolás de Tolentino no se alinea en la legión de ascetas montaraces que ha poblado desciertos y leyendas en la historia de la Iglesia. Muy al contrario, nuestro Santo era por temperamento de corazón esponjado y espíritu manso. Y aun diríamos, atendiendo a su estatura, que fue toda su vida un "niño grande", por emplear el apelativo con que él recriminaba cariñosamente.

En la tradición agustiniana, san Nicolás ha quedado como el hijo más grande de san Agustín y el más parecido a él, justamente por su carácter afable y su exquisito trato de caridad. En esto coinciden los testimonios; todos ellos los reducimos a uno, de frases sencillas pero especialmente densas: "Era caritativo y comprensivo, y se apenaba mucho por las necesidades y enfermedades de los enfermos, y disfrutaba mucho con sus alegrías; y era muy afable y humano en el trato con los hermanos, y muy obediente no solo al prior, como era su obligación, sino también a todos los religiosos del convento".

Apostolado. La afabilidad como bandera.


San Nicolás era persona sumamente afectiva y afectuosa. Eso lo dejaba traslucir en su actividad sacerdotal. Hay en el proceso una sabrosísima declaración que se refiere al talante del Santo como predicador. Un miembro de la nobleza relata cómo, en su juventud, las damas preferían escuchar los frecuemtes sermones de fray Nicolás en vez de asistir a las competiciones en que los muchachos se exhibían ante ellas; confiesa que, en muchas ocasiones, él y sus compañeros se veían precisados -en un último recurso- a interrumpir al predicador hasta obligarle a callar, y así ser ellos objeto de la atención de las jovencitas. Añade el caballero que fray Nicolás, al revés que otros predicadores, nunca se enfadaba por ello; antes bien, cuando iban a pedirle perdón, lo encontraban muy afable y comprensivo.

Los frutos de la predicación los recogía en el confesionario. Casi todo Tolentino se confesaba con él; por tanto, debía estar todo el día a disposición de cualquiera, y pasar muchas horas en el confesionario. Pues bien, al cabo de veinte años, todavía lo recuerdan con emocíón sus penitentes, y nadie sabe de un gesto de impaciencia o una palabra que no fuera cálida. Muy al contrario, los testigos cuentan también cómo, sobre ser acogedor y entrañable, imponía penitencias mínimas; el propio confesor se encargaba de expiar después en su persona los pecados confiados.

Muerte y glorificación.


Después de 60 años de entrega espontánea y jubilosa a Dios y a los hombres, Nicolás estaba al límite de sus fuerzas. Como el bíblico ciervo sediento, venteaba la muerte cercana y la presencia del Amado.

El anuncio de la esterlla.


Una noche, tras larga oración, en duermevela mística, vio hacia oriente, en el cielo, una estrella muy brillante. Estaba justo sobre Sant'Angelo in Pontano, su pueblo natal. Absorto por el fenómeno, vio cómo la estrella descendía hacia el pueblo, al tiempo que aumentaba su fulgor. Luego volvió a levantarse y, trazando una parábola, vino a situarse sobre Tolentino, sobre el oratorio del convento. Así, varias noches, Nicolás siguió al ritmo de su corazón emocionado el curso de la estrella, idéntico siempre.

El padre estaba perplejo: intuía que había de ser signo importante, pero no sabía interpretarlo. Al fin se decidio a consultar a un religioso venerable. La respuesta de este lo dejo atónito: "La estrella es símbolo de tu santidad. En el sitio donde se detiene se abrirá pronto una tumba; es tu tumba, que será bendecida en todo el mundo como manantial de prodigios, gracias y favores celestiales". Su humildad no le permitía dar crédito a la interpretación dada.

A partir de este día no volvió a ver en sueños la estrella, sino despierto, y a la luz del día. Cuando iba a celebrar la eucaristía, la encontarba a la puerta del oratorio. Lo precedía al altar y allí, sobre los candelabros, se mantenía toda la misa. Cuando el santo, tras la acción de gracias, se levantaba para salir, la estrella desaparecía.

Estaba claro que la estrella marcaba el final de la carrera, el reposo en el señor de la eucaristía. Nicolás, astro brillante de santidad, estaba llegando a la meta. Aunque la estrella no se extingurá, porque procede del cielo. "A los veinte años de la muerte del santo -dirá su primer biógrafo, que escribe en este tiempo-, el día del aniversario aún se hacía visible sobre el altar la estrella, y miles de peregrinos acudían a contemplarla". En la iconografía y en la fe del pueblo, Nicolás de Tolentino será ya para siempre el Santo de la estrella. Desde entonces, este signo celeste de su santidad ha orientado hacia Dios muchas miradas, y hacia el cielo muchas vidas.

Fallecimiento.


San Nicolás pronto dejo de ver la estrella. Pasada la fiesta de san Agustín, no pudo levantarse a celebrar. Sabía que la muerte le rondaba, y no cesaba de orar. A veces se quedaba absorto, con la mirada fija en la imagen que siempre presidió su celda: era la virgen -la bendita María, como él la llamaba-, cuyo nombre había llevado a flor de labios toda su vida.

Hasta la fiesta del nacimniento de la Virgen, el 8 de septiembre, se le vio inquieto, angustiado, sumiendo el cáliz amargo de la tentación. El día 8 se tranquilizó y pidió los sacramentos. En la madrugada del día 10 quiso despedirse de la comunidad y pedirle perdón. Inmediatamente suplicó al superior le trajera el lignum crucis; le tenía mucha veneración y le había costado muchas fatigas juntar limosnas para hacer, con sus propias manos, un valiosos relicario donde todavía hoy se custodia. Lo recibio con jubiló, lo besó, se lo colocaron enfrente, donde pudiera verlo, clavó en él la mirada y ya no la apartó hasta que, enseguida, expiró. Era el día 10 de Septiembre del año 1305.

Santo amigo y protector de todos.


El santo popular no lo es por accidente, sino por carisma divino. Dios lo ha situado en un punto al que confluyen las miradas de los fieles; de modo que es un centro de vitalidad de la Iglesia, un ganglio linfático en el cuerpo místico de Cristo. Por eso rompe las barreras de la muerte. El pueblo llano lo ha visto próximo a sus preocupaciones y problemas diarios, y recurrirá a él después de muerto. El santo actuará compasivamente a las dos orillas de la muerte; la intercesión y el milagro son carismas que él ha recibido para servir a la Iglesia, en esta vida y en la otra

San Nicolás de Tolentino tiende este puente de unión principalmente en dos puntos, los que le han hecho más popular en la historia

Abogado de las ánimas.


no sólo se preocupa san Nicolás de quienes sufren penalidades en esta vida. Seguramente, su patrocinio más característico es el de las almas del purgatorio. Así lo representan normalmente los artistas, y así lo reconocen los cristianos: sumido en la celebración eucarística, mientras, por su efecto, salen del purgatorio racimos de almas. También en este caso, el instinto de fe del pueblo ha condensado la personalidad benéfica del Santo en un episodio que de él se cuenta; y ha personificado en el Santo de la familiaridad la doctrina de la comunión de los santos

En 1274, en el segundo concilio de Lyon, la Iglesia declara por primera vez de modo solemne la doctrina católica sobre el purgatorio: "después de esta vida existen penas purificadoras para los que no están suficientemente limpios de sus pecados; penas que las oraciones de los vivos pueden aligerar". Pues bien, justamente por estas fecjas, Nicolás de Tolentino vive una intensa experiencia mística. Y por obra de este acontecimiento se va a convertir en personificación y símbolo de una doctrina y una espiritualidad en boga.

Ocurrió poco antes de pasar a residir en Tolentino. Un sábado por la noche, caldeado en prolongada oración, fray Nicolás vio junto a sí el alma de un religioso que había sido compañero suyo. Venía a pedirle que celebrara por él la misa, pues estaba sufriendo las penas del purgatorio. Nicolás le hizo ver como, a pesar de su voluntad, no podía darle gusto, pues esa semana estaba encargado de celebrar por la comunidad. El compañero, entonces, le hizo ver el purgatorio: una inmensa llanada repleta de individuos de toda condición, edad y estado, que se retorcían en un mar de fuego.

Conmocionado por la visión, Nicolás refirió al superior lo ocurrido y le pidió dispensa de la misa conventual. Obtenido el permiso, la semana siguiente se aplicó con oraciones y penitencias a interceder por los difuntos. A los siete días, se le apareció de nuevo el religioso, ahora resplandeciente de gozo y de gloria, para mostrarle la eficacia de sus súplicas y agradecerle la caridad.

Junto a esta historia se recuerda también la oración de Nicolás por un hermano carnal suyo asesinado en circunstancias sospechosas; la intercesión del Santo llega incluso a evitar la condenación de su hermano.

 

 

 

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