Las
mujeres obesas son más reticentes a
la hora
de repetir una mamografía
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Un número mayor de mujeres vuelve a hacerse una mamografía si el
trato que recibió la primera vez fue adecuado. Las habilidades del
radiólogo a la hora de hablar con las pacientes y su correcta
actuación resultan determinantes.
El estudio, publicado en la revista 'Cancer' , se basó en 625
mujeres, de 50 o más años de edad, a las que se les hubiese realizado
una mamografía. Se las sometió a un cuestionario con la intención de
conocer las diferencias entre las mujeres que volvieron a realizarse la
prueba en los 2 años siguientes y las que no.
La experiencia obtenida en las mamografías anteriores resultó ser
determinante a la hora de diferenciar a las mujeres que volvieron y las
que no. Esta prueba fue valorada como positiva por un 66% de las mujeres
que no volvieron a realizarse una mamografía y por un 50% de las que
sí repitieron.
Por otro lado, un 9% de las mujeres que no se volvieron a realizar la
prueba afirmó que su experiencia fue negativa, frente a un 29 % de las
mujeres que sí volvieron. Los motivos que ofrecieron estas féminas,
por los que no querían volverse a realizar esta técnica diagnóstica,
fueron distintos según los grupos.
Razones para no volver
Las mujeres que continuaron realizándose mamografías hicieron
referencia a la dificultad de conseguir una cita, mientras que las
mujeres que no volvieron a realizarse la exploración se refirieron al
dolor que, por otro lado, es la queja más común.
La doctora Patricia A. Carney, directora de la investigación, y su
equipo señalan que las mujeres con un índice de masa corporal más
alto son las que menos suelen repetir la mamografía. Esto puede
deberse, según señala Carney, a la vergüenza o a la mayor
sensibilidad en relación a cómo son tratadas.
Por lo tanto, el estudio concluye que las experiencias negativas
previas, sobre todo aquellas en las que están involucrados los
radiólogos, parecen influir en la periodicidad con que se realiza la
mamografía. Además, el peso de la paciente también puede ser un
factor fundamental a la hora de considerar negativamente la prueba.
La Asociación Americana del Cáncer aconseja a las mujeres de 40 años
que comiencen a realizarse mamografías anuales. Sin embargo, algunos
expertos aseguran que no es necesario realizarlas hasta cumplidos los 50
años de edad.
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La mamografía tiene
beneficios, pero modestos
ISABEL ESPIÑO
Continúa el debate sobre las mamografías. A pesar de que en
los últimos tiempos algunos expertos han cuestionado la eficacia
de estas pruebas de diagnóstico para reducir la mortalidad
global, un trabajo sueco publicado en el último The Lancet
insiste en sus
beneficios a la hora de disminuir a largo plazo los fallecimientos
por cáncer de pecho, aunque no el número de muertes en general.
Los autores han revisado los datos de más de 247.000 mujeres,
procedentes de cuatro ensayos clínicos realizados en ese país,
con una media de seguimiento de casi 16 años. Algo más de la
mitad de las participantes se sometía a mamografías periódicas,
mientras que a las demás no se les instó a realizar estos
exámenes (grupo control). La prueba de imagen reducía la
mortalidad por cáncer de mama un 21%.
Hace dos años dos expertos daneses denunciaron en un trabajo,
también publicado en 'The Lancet', que estos exámenes no estaban
justificados: ninguno de los estudios que comparaba las tasas de
mortalidad entre las mujeres sometidas a esta prueba y las
féminas que no la utilizan demostraba que la mamografía
prolongase la vida.
El editorial que acompaña a la nueva investigación explica que,
aunque ésta no ha detectado menos fallecimientos generales entre
las mujeres sometidas a mamografías, como el tumor «sólo supone
en torno al 4% de las muertes anuales, una reducción de incluso
el 21% en la mortalidad por cáncer de mama apenas se puede
apreciar» si lo que se valora son los fallecimientos por
cualquier causa.
Este comentario añade que «las mamografías tienen un efecto
real, aunque modesto», en la disminución de las muertes por
estos tumores, si bien «estos resultados varían con la edad».
Entre las mujeres de entre 49 y 54 años sometidas a exámenes
rutinarios de mama las tasas de fallecimientos por la patología
sólo eran un 5% menores que en el grupo control de la misma edad.
Asimismo, la autora del editorial opina que es hora de pasar a
otro tema, de que las preocupaciones sobre el cáncer de mama
dejen de centrarse en las mamografías y se ocupen de cuestiones
como la selección de las terapias óptimas o la mejoría en la
supervivencia de las pacientes. |
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SUS BENEFICIOS SON CLAROS, AFIRMAN
Un grupo de expertos del
Gobierno de EEUU recomienda las
mamografías a partir de los 40
La
mamografía no es una prueba perfecta y sus beneficios, para las mujeres
de menos de 50 años, son menos claros que para el resto. Sin embargo,
la información que aporta hace que su realización cada uno o dos años
sea muy recomendable para todas las mujeres a partir de los 40 años,
según ha concluido un grupo de expertos convocado por el Gobierno de
EEUU después de una larga polémica sobre la utilidad de la prueba.
«Nuestro punto de partida es que la mamografía reduce las muertes
por cáncer de mama», ha dicho la doctora Janet Allan, del comité
gubernamental, el Grupo de Trabajo de Servicios Preventivos.
Sus miembros han revisado ocho grandes estudios sobre la mamografía y
han concluido que existe una evidencia clara de que, si se realiza con
regularidad, puede reducir alrededor de un 20% el riesgo de morir por
cáncer de mama en un plazo de 10 años.
Los beneficios son más claros en las mujeres entre 50 y 69 años. En
cualquier caso, la edad precisa a la que debe comenzar la realización
periódica de la prueba se debe discutir personalmente con el
especialista, según el grupo de expertos.
Polémica
El pasado mes de Enero, el comité de especialistas que vela por la
calidad de la información que ofrece en Internet el Instituto Nacional
del Cáncer de EEUU (NCI, en sus siglas en inglés) afirmó que existen
serias dudas sobre la utilidad de la prueba, según se deducía de
varios estudios, sobre todo una investigación danesa publicada en 'The
Lancet'.
Sin embargo, el grupo de expertos del Gobierno de EEUU ha desechado esta
opinión. A juicio del especialista del NCI Peter Greenwald, el trabajo
danes tiene varios fallos y, si se analizan las estadísticas de
fallecimiento por cáncer de mama de los últimos años, se comprueba
una reducción de un tercio gracias a la temprana detección de los
tumores, el objetivo principal de la mamografía.
Las recomendaciones del Grupo de Trabajo actualizan las de 1996, que
establecían la edad de comienzo de la prueba a los 50 años.
DIAGNOSTICO PRECOZ
Los especialistas en salud pública y
cáncer de mama españoles han acogido con sorpresa y disgusto la
noticia de que un panel de expertos de EEUU ratifica un estudio nórdico
que duda de la eficacia de la mamografía para reducir la mortalidad por
esta enfermedad. Afirman que este método de cribado sí salva vidas
Mamografías bajo sospecha
ISABEL PERANCHO
Peter Gotzche y Ole Olsen, dos investigadores daneses, acaparan desde
hace dos años la atención de una gran parte de la comunidad médica
internacional. En enero de 2000, las páginas de la prestigiosa revista
científica The Lancet recogían un estudio en el que ambos afirmaban
que no hay pruebas claras de que las mamografías reduzcan la mortalidad
por cáncer de mama femenino. Esta aseveración convulsionó a la
mayoría de los oncólogos, radiólogos, ginecólogos y especialistas en
salud pública del mundo entero, que cerraron filas en defensa de esta
prueba de diagnóstico precoz. La batalla de réplicas y
contrarréplicas continua aún hoy.
Pero un nuevo suceso puede agudizar todavía más esta controversia.
Un comité independiente de expertos estadounidenses les ha dado la
razón esta semana: «No existe suficiente evidencia de que la
mamografía prevenga las muertes por cáncer de mama», han declarado. Y
han anunciado su intención de revisar sus recomendaciones previas, en
las que aconsejaban a todas las mujeres que sometiesen periódicamente a
este método diagnóstico a partir de los 40 años, con el fin de
reducir sus probabilidades de fallecer a causa de la enfermedad.
Los expertos estadounidenses forman parte de un panel de asesores del
Instituto Nacional del Cancer de este país, que se reúne regularmente
para revisar las evidencias científicas sobre la enfermedad tumoral con
el fin de elaborar información para los médicos y la población. De
acuerdo con sus conclusiones, es posible que las mamografías sean
beneficiosas, pero admiten también que puede que no lo sean.
Según la edición del New York Times del pasado jueves, estos
especialistas sostienen que siete de los grandes estudios sobre los que
se sustentaba la certeza acerca de la eficacia de este método
diagnóstico para reducir en hasta un 30% la mortalidad por el más
letal de los tumores femeninos (es la primera causa de muerte por
cáncer y la tercera por cualquier motivo en EEUU y Europa), presentan
serios defectos metodológicos, lo que arroja serias dudas respecto a su
validez.
Deficiencias
El panel, que dará a conocer su informe definitivo el próximo mes de
abril, corrobora así las deficiencias que ya habían sido denunciadas
por Gotzche y Olsen y que tanta polémica habían suscitado.
Los investigadores, que forman parte del centro nórdico Cochrane en
Copenhague (Dinamarca), una de las instituciones que abandera la
denominada medicina basada en la evidencia, subrayan que ninguno de los
ensayos en los que se compara las tasas de mortalidad entre las mujeres
que se someten a esta prueba y las que no la utilizan demuestra que el
diagnóstico precoz prolonga la vida.
Incluso cuando se unifican los resultados de todos los trabajos en un
metaanálisis, aquellas que se hicieron el test no viven más y fallecen
como consecuencia de otras enfermedades.
Los autores razonan que el motivo por el cual los resultados obtenidos
eran, en su opinión, falsamente positivos se debe al uso de métodos
incorrectos en el diseño y la realización de la mayoría de los
estudios, entre otros, porque se utilizaron muestras heterogéneas de
mujeres que restan eficacia a la comparación.
Los asesores del Instituto Nacional del Cáncer de EEUU creen que,
efectivamente, estos trabajos presentan serios problemas en la
metodología empleada. Aún así, mantuvieron opiniones dispares durante
la discusión de este asunto.
Mientras algunos como Donald Berry, jefe del departamento de
Bioestadística del Centro Oncológico M.D. Anderson de Houston,
consideraron «poco probable» que finalmente se demuestre que la
mamografía sea útil, otros manifestaron serias dudas y auguraron que
será duro y difícil, y se tardará varios años en alcanzar un acuerdo
acerca del significado real de los errores detectados en las
investigaciones que han soportado hasta el momento la validez de esta
prueba.
Precisamente, estos trabajos han favorecido que los programas de
detección precoz se hayan extendido en los últimos 10 años a millones
de mujeres de entre 40 y 70 años de todo el mundo.
«Esta información ha contribuido a debilitar, al menos en mi mente, lo
que pensaba que era cierto», afirmó a 'The New York Times' Isra Levy,
especialista de la Asociación Médica Canadiense. «Todavía creo que
pueda tener algun beneficio para las mujeres de entre 50 y 69 años.
Pero nuestra confianza se ha quebrado», agregó.
Los especialistas en salud pública y cáncer de mama españoles han
acogido la noticia con sorpresa y disgusto. Reconocen la sacudida
mundial que ocasionó el estudio nórdico en este sector de la medicina.
Entonces se celebraron numerosos foros para discutir y, sobre todo
rebatir, los polémicos resultados. Los detractores (muy numerosos)
aducen que algunos estudios revisados datan de 1963, cuando la técnica
estaba en sus inicios y acusan a los daneses de caer en el mismo error
que denuncian, el fallo metodológico.
Así,algunas cartas de réplica aparecidas en 'The Lancet' insisten en
que comparan trabajos cuyas muestras no son tampoco homogéneas y se
basan en programas de diagnóstico precoz que presentan importantes
diferencias en su desarrollo. El propio centro Cochrane en el que
prestan sus servicios Gotzsche y Olsen mostró su desacuerdo con las
conclusiones de sus empleados y éstos, a su vez, acusaron a la
institución de intentar maquillar parte de sus hallazgos restándoles
gravedad.
«Salvo unos pocos, nadie admite el trabajo», subraya Nieves Ascunce,
directora de Salud Pública del Departamento de Sanidad del Gobierno de
Navarra. «Puede que sea cierto que el método empleado en los estudios
no fuera óptimo», admite Chris de Wolf, coordinador desde 1989 y hasta
hace poco de la red europea de programas de detección precoz del
cáncer de mama.
Sin embargo, este experto sostiene que los resultados obtenidos en los
países que desarrollan esta actividad a nivel nacional desde hace, al
menos, 10 años muestran una reducción significativa de la mortalidad.
«Para mí», dice, «esta evidencia es más sólida que la de siete
ensayos clínicos que incluyen a sólo 200.000 mujeres».
En su opinión, la mejor manera de afrontar este asunto es «decir que
los expertos no se ponen de acuerdo, como tampoco lo están en otros
campos de la ciencia».
Más de tres millones y medio de españolas se encuentran en el grupo de
edad (45 a 69 años) susceptible a someterse a una mamografía. Todas
las comunidades autónomas han iniciado programas de diagnóstico precoz
en los últimos 10 años (ver gráfico) y actualmente 150 unidades de
exploración ofrecen cobertura a más del 82% de ellas.
El índice de participación real, es decir de mujeres invitadas a
hacerse la prueba que finalmente la realizan, supera el 70%. El coste de
la prueba por individuo oscila entre los 18 y 30 euros (3.000 y 5.000
pesetas).
Navarra fue, en 1990, la primera comunidad que puso en marcha un
programa de este tipo. Actualmente, cerca del 90% de las mujeres de 45 a
69 años se somete a ella cada dos años. Los datos correspondientes a
1999 y 2000 han permitido certificar, por primera vez, una reducción en
las tasas de mortalidad por cáncer de mama en esta región.
«Los fallecimientos han sido un 37% inferiores respecto a la cifra de
muertes esperada en todas las mujeres de la comunidad. La diferencia es
aún mayor en los grupos de edad que se someten a mamografías»,
explica Ascunce.
Es la única de las 17 comunidades españolas que puede asegurar que su
programa salva vidas. El resto se fue incorporando más tarde y aún no
ha transcurrido tiempo suficiente (unos 10 años) como para poder
evaluar el impacto de esta técnica sobre la tasa de óbitos.
Otros países que iniciaron antes estas actividades, como Reino Unido y
Holanda, muestran igualmente una tendencia favorable. Los programas
desarrollados en Inglaterra y Gales durante 1990 y 1998 redujeron un
21,3% la mortalidad esperada.
Comparación
Sin embargo, estas cifras se han obtenido comparando el número de
muertes acaecidas en el grupo que se sometió a las radiografías frente
a la tasa de muertes que podría haberse esperado proyectando las cifras
de mortalidad que existían antes de que se introdujesen estos
programas. Y este sistema de cálculo encierra una pequeña trampa.
Es cierto que la mortalidad por este cáncer está dibujando una curva
descendente en los últimos años en los países desarrollados y es
probable que, al menos en parte, se deba al diagnóstico precoz.
Pero otros factores han contribuido a este fenómeno y podrían restar
protagonismo a la mamografía. Uno de ellos es la mejora del tratamiento
antitumoral y otro el perfeccionamiento de la técnica quirúrgica.
Ambos están permitiendo prolongar la expectativa de vida de estas
pacientes. Y, además, muchas mujeres, aun cuando han sido citadas para
una revisión, acuden voluntariamente a su médico ante la más mínima
sospecha, como apunta Ascunce, «gracias en gran parte a la campaña de
educación sanitaria y sensibilización que los programas de
diagnóstico han propiciado».
¿Cómo discriminar cuál es el valor real de la mamografía? ¿Qué
parte de este logro se le puede atribuir? Los especialistas consultados
coinciden en que la respuesta sólo se obtendría a través de un
estudio que comparase la mortalidad a largo plazo de un grupo de mujeres
sometidas a revisiones periódicas con otro similar al que no se le
practicasen. Pero este trabajo, que no ofrecería resultados antes de 10
años, es prácticamente inviable por razones éticas.
«A pesar de todas las dudas, ¿cómo se le puede negar a un grupo de
mujeres en edad de riesgo una prueba que podría detectarles un cáncer
en una etapa en las que las posibilidades de curación son muy
importantes?», argumenta Javier Dorta, presidente de la Sociedad
Española de Oncología Médica.
Aproximadamente el 95% de las mujeres que reciben su diagnóstico en las
primeras fases de la enfermedad puede sobrevivir más de cinco años.
Cuando el tumor se ha extendido, la supervivencia media es de 18 a 30
meses.
De hecho, «antes de la mamografía, sólo un 40% de los tumores se
detectaba en una etapa curable, ahora es el 70%», añade Ana Lluch,
oncológa del Hospital Clínico de Valencia que lleva 25 años de
dedicación profesional a esta enfermedad. «Que no exista suficiente
evidencia, no significa que no sea beneficiosa», recalca.
De la misma opinión es Montserrat Casamitjana, coordinadora del
programa de detección precoz del Instituto Municipal de Asistencia
Sanitaria de Barcelona, que destaca la utilidad de esta prueba para la
salud psicológica y para la calidad de vida de la población femenina
afectada. «Gracias a este método conseguimos que el 80% de las mujeres
con un resultado positivo no requiera que se le extirpe la mama. Antes
sólo se libraba el 49%».
«La batalla será larga», prevé Dorta. De hecho, hace sólo unos
meses Gozsche y Olsen volvieron a publicar una carta en The Lancet en la
que ratificaban sus resultados y daban a conocer nuevos datos que,
según decían, habían sido censurados en su primer escrito: las
mamografías periódicas están asociadas a un uso mayor de terapias
agresivas. Un ejemplo, el número de mastectomías aumenta un 20%.
De nuevo, la respuesta no se hizo esperar y un nutrido grupo de
investigadores objetó aportando datos en sentido contrario. «Hay que
aceptar y asumir que la radiografía de la mama tiene efectos
secundarios. Puede aumentar la necesidad de biopsias que, en hasta un
50% de los casos pueden ser negativas. Pero es la mejor prueba de
diagnóstico que tenemos. No hay nada mejor para detectar un cáncer en
una fase potencialmente curable. Y la práctica demuestra que beneficia
a las mujeres y a su calidad de vida. No hay razón para parar ahora»,
subraya Nieves Ascunce. Muchos más apoyan esta tesis.
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Los dogmas de la
ciencia
Que en la portada del 'New York
Times' se haya publicado hace dos días que un grupo de expertos,
que asesora al Instituto Nacional del Cáncer en EEUU, cuestiona
que las mamografías de rutina puedan reducir la mortalidad del
cáncer de mama es un asunto serio. El 'New York Times' es el
medio con más influencia del mundo.
La mayoría de la población asume que uno de los grandes avances
contra los tumores de mama ha sido, precisamente, la posibilidad
de detectarlo precozmente mediante la periódica repetición de
una radiografía en todas las féminas. La razón de que esta
técnica se haya generalizado se debe a que su supuesta bondad
viene avalada por algo que también ha permitido avanzar
definitivamente a la práctica médica: la medicina basada en la
evidencia.
Sin embargo, que todo esté escrito y que la calidad de los
estudios clínicos y epidemiológicos pueda ser revisada con lupa
años después de su publicación por especialistas de prestigio
probado trae como consecuencia que dogmas científicamente
sólidos durante largo tiempo puedan desmoronarse.
Un número elevado de científicos, que no dudan de la importancia
de la medicina basada en la evidencia, cuestiona muchas veces la
calidad de la misma y está de acuerdo en que se revisen con
frecuencia todos los paradigmas.
A pesar del revuelo que ha creado, y creará, las dudas sobre la
mamografía, y a pesar de las críticas apasionadas que genere
poner en entredicho algo tan arraigado en la sociedad, para la
biomedicina es bueno que se cuestione cualquier dogma.
La ciencia jamás avanzará si es incapaz de modificar sus dogmas,
aunque esto suponga debate y controversia. Ya no será posible
sustraer la discusión sobre el cómo, cuándo y a quién de una
prueba conocida por todos. Richard Horton, editor de 'The Lancet',
lo dijo hace pocas semanas: «No hay evidencia que apoye la
mamografía de rutina».
José Luis de la Serna es médico, subdirector de
EL MUNDO y responsable del área de Salud.
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DIAGNOSTICO
Mamografías: el debate continúa
I.P.
La controversia sobre la eficacia de la mamografía para reducir la
mortalidad por cáncer de mama ha experimentado una nueva vuelta de
tuerca. The Lancet, la revista científica que desató hace dos años la
polémica tras publicar un estudio danés que concluía que las
revisiones rutinarias de la mama no estaban justificadas, recoge esta
semana otro trabajo norteamericano que trata de desmontar esta tesis y
defiende la validez de la prueba de diagnóstico precoz.
Tras revisar de nuevo uno de los ensayos analizados por los daneses
(un estudio sueco), los autores afirman que éstos cometieron un error
al valorar la mortalidad global a los pocos años y no tener en cuenta
las muertes específicas por cáncer de mama a largo plazo.
Subrayan que, para que se pueda percibir la relación entre un
diagnóstico precoz, y el consiguiente tratamiento, con una menor tasa
de mortalidad por esta enfermedad, debe transcurrir el tiempo suficiente
(unos siete años). Así, dicen que el ensayo sueco muestra que las
muertes se redujeron en un 55% entre las mujeres de más de 55 años
sometidas a mamografía y seguidas entre ocho y 11 años.
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