Esto catapultó a los Slayer, Anthrax y Megadeth al estrellato y comenzó el auge del trash metal en círculos comerciales. Muchas bandas muy buenas nunca llegaron a alcanzar el número de ventas que se merecían. Coroner, Flotsam & Jetsam, Wrathchild America, los sólidos y bien encauzados Sacred Reich y los primeros Anvil, pese a sus poderosos discos y a su originalidad, nunca consiguieron que se les pusiera en la radio lo suficientemente.
Otra moda que de repente adquirió una impresionante influencia durante los últimos ochenta fue el Power Metal: un estilo que cogió del "speed metal" su urgencia y su rollo heavy y lo combinó con canciones épicas típicas del metal clásico y que podríamos dividir en dos tipos. El estándar, o estilo americano, que era el que tocaban bandas como Metal Church, Savatage y los Manowar. Pese a sus proporciones épicas era claro heredero del speed metal.
Por otro lado está el Power Metal melódico, o europeo, que era un estilo que se concentró principalmente en la combinación de la velocidad y elementos de heavy clásico, con alguna que otra inclusión de tendencias progresivas. Un estilo tocado por bandas como Rage y Running Wild. El Power Metal no iba a alcanzar notoriedad mundial hasta que el disco de los Helloween, "Keeper of de seven keys", logró sobrepasar el millón de discos vendidos.
Liderados por la asombrosa voz de Michael Kiske, Helloween produjo algunas de las armonías y melodías más memorables del género a velocidades sólo imaginadas por Iron Maiden en ese entonces.
Esto provocó una repentina adoración hacia nuevos grupos como